Redacción El País.
Ángel Armagno tenía a su hermano y a su madre en Venezuela. Era el año 2000: el programa de humor Plop! (Canal 12) cuyo elenco integraba y que había alcanzado la cúspide del éxito, había entrado ya en una inexorable última etapa de agotamiento, propia de aquel tiempo para los formatos de humor nacional. Armagno armó las maletas aquel año con el doble propósito de una visita familiar y también para tirar puentes con miras a producir un programa para el mercado centroamericano.
Tenía todo para triunfar y convertirse en una especie de nuevo Don Francisco: era actor, músico, guionista, y pionero de la animación. Portaba un carisma tal que era de esas personas que entraba a cualquier sitio y se llevaba todas las miradas, antes de decir nada. Creativo nato, autodidacta en todo, cuando llegó a Venezuela tenía 50 años y una carrera llena de pergaminos en la música, el teatro y sobre todo en la TV. Casado con la también actriz Filomena Gentile (todavía en actividad), era padre de un hijo de 15 años, a quien, siguiendo la tradición familiar, había llamado Ángel.
Pero a poco de la llegada del actor a tierras venezolanas, el tabaquismo y el poco cuidado en la alimentación le pasaron una factura fulminante: el cáncer se lo llevó en pocas semanas. El 24 de abril se cumplirán 25 años de la muerte de Ángel Armagno, una noticia abrupta que en su momento conmovió al ambiente y a sus seguidores. Ese mismo año Plop! dejaría de salir al aire.
“Se fue muy joven. Pero vivió muy intensamente: viajó, hizo millones de cosas. Tuvo una vida de una persona de 80 años comprimidos en 50”, lo recuerda su hijo, el principal cuidador de su legado.
A Uruguay volvieron sus cenizas y quedaron sus personajes y segmentos memorables, como las noticias cantadas, los cuentos del tío Tin Tin o sus emprendimientos en el café concert.
Escribió un libro con crónicas de humor y cuyo manuscrito conserva su hijo Ángel Armagno Gentile y que espera editar. “No me importa si no lo compra nadie, es algo que quiero hacer por él”, asegura el también actor y al mismo tiempo docente universitario en Facultad de Arquitectura, de 40 años.
Hace no mucho, su compañero de Plop! Diego Delgrossi recordó los talentos de Armagno y lo definió como un “entrañable y extrañable amigo”.
#AngelArmagno fue Actor, tanto dramático como Comediante, músico, compositor, libretista, uno de los primeros diseñadores de animación por PC que hubo en la ROU, pero más que nada excelente compañero, entrañable y “extrañable” amigo. Gracias @christianfont por el grato recuerdo. https://t.co/BY6OZ5IUBc
— Diego Delgrossi (@DDelgrossi) January 19, 2024
“El gracioso es el músico”; la entrada de Ángel Armagno en la televisión
Ángel Armagno nació en el barrio Atahualpa: hijo de una familia humilde, de padre carpintero, siempre fue muy inquieto. En la adolescencia quedó cautivado con The Beatles y a los 15 años integró una banda como bajista, que se llamó Los Santos.
“Él no estudió nada pero tenía una gran facilidad para el aprendizaje”, cuenta Ángel Armagno (hijo). Otra banda que integró (Zócalo) editó un disco que el artista y arquitecto conserva entre el preciado legado de su padre.
La juventud de Ángel Armagno transitó en un convulsionado Uruguay de los ‘70 entre la bohemia y la falta de datos. “A los 16 años se fue de la casa de sus padres, siguiendo su vida de músico, muy nocturna, entre bares. Hay algunos años en los que no se sabe muy bien lo que hizo. Tenía un espíritu muy independiente”, recuerda el hijo.
Sentó cabeza luego de conocer a Filomena Gentile, actriz dramática de destacadísima trayectoria. Cruzaron miradas en el desarrollo del musical Gospel, que fue la obra con la que se inauguró el teatro Alianza y ambos integraron el equipo: él como músico y ella en el elenco de actores. Los unió el gusto por la música de The Beatles, aunque pasarían algunos años más para que retomaran la relación y se casaron en 1977.
En 1981, lo descubrió Jorge Denevi al acudir a un show de la banda de blues que integraba Armagno en ese momento. “El más gracioso es el músico”, fue el comentario que hizo el entonces director del programa de humor Teledoce, que en ese momento todavía se llamaba Telecataplum y en 1988 se convirtió en Plop!
Así fue que lo convocó y Armagno pronto se convirtió en una de las piezas fundamentales del programa hasta su última temporada.
Emprendedor nato, el actor también produjo en los ‘90 el ciclo Humor nacional, en Canal 5, junto a Adhemar Rubbo, Alberto Mena, entre otros compañeros. Hizo teatro de comedia y también dramático y fue pionero en lo que hoy se conoce como stand up.
“La casa de Ángel Armagno” fue un emprendimiento que encabezó en su propia casa y que había ambientado como un reducto de café concert, donde recibía a los espectadores con una propuesta gastronómica y de humor.
“Grabó un disco como músico solista, también escribió un libro que no se editó formalmente, y que para algún día tengo el compromiso de hacerlo. Es de ficción y humor genial, totalmente genial. Mi viejo leía muchísimo”, recuerda su hijo.
Pucho, café y máquina de escribir o luego en las primeras computadoras portátiles, era habitual encontrar a Armagno escribiendo en mesas de café de Montevideo en los años ‘80 y ‘90. Era guionista también de Plop! y de Humor nacional, además de escribir varias obras de teatro. Además, se integró en ocasiones a agrupaciones de Carnaval.
“Sos lo mejor que hice”; el emocionado recuerdo de su hijo Ángel Armagno Gentile
Puertas adentro, Ángel Armagno era un hombre sencillo, tranquilo, de vínculos fraternos y un padre afectuoso y cercano. “Era malo para él”, rememora su hijo. El actor tenía cierta tendencia a la depresión, un tema tabú para aquellos años y para una estrella de televisión, además de algunos comportamientos autodestructivos. Fue gran fumador y muy poco cuidadoso de su alimentación, lo que le generó sobrepeso.
“A mí siempre me decía que me cuidara, pero él no podía. Esa generación como que estaba jugada”, dice Ángel Armagno Gentile, muy parecido físicamente a su padre.
Rememora la infancia con la figura de Plop! como “Disneylandia”. “Imaginate: sos hijo de una estrella de televisión en momentos en que no había Internet, no había otra cosa que mirar la TV. Yo lo acompañaba al al canal y jugaba muchas veces con el hijo de Laura y con otros niños. Todo era fantasía en ese sentido”, recuerda.
Además del amor, Armagno Gentile desarrolló idolatría hacia su padre. Tiene grabadas en la memoria varias conversaciones con él que le despiertan la emoción hasta hoy. “Un día me dijo: “Angelito, yo tuve una época en mi vida en que miraba el revólver con cariño porque si no fuera por vos, yo me hubiera matado”. Mi viejo tenía depresión y en esa época, era un tema del que no hablaba. Te decían: “Andá al estadio o tomate un helado”. Como si fuera un estado de ánimo”, recuerda el hijo, aunque para afuera, Ángel Armagno tenía bien puesto el traje de comediante y actor carismático.
Hijo de dos artistas, Armagno Gentile desarrolló desde siempre la inclinación por lo artístico. “Vos estudiá”, fue el consejo-advertencia que recibió de sus padres. Y así fue que se formó en Arquitectura y hoy es docente universitario en esa carrera.
Pero los genes pudieron más y en paralelo, Armagno Gentile también se dedica a la actuación: integra un grupo teatral que últimamente se enfoca en el género dramático. La última obra la estrenaron el año pasado, La doncella de Orleans, se inspiró en la vida de Juana de Arco.
El golpe de la muerte de su padre, en Venezuela en abril de 2000, fue duro pero pudo transitar el duelo con admiración y sin cuentas pendientes con su padre. “El último recuerdo que tengo de él es del aeropuerto”, recuerda Armagno Gentile. No vivió el proceso de la enfermedad del actor y de hecho, siendo un adolescente de 15 años, no le informaron del diagnóstico.
Claro que le hubiera gustado que la historia fuera otra y su padre viviese, hoy con 75. Pero le da orgullo cuando la gente lo recuerda y él siente orgullo de mantener el archivo de Ángel Armagno, con sus fotos, sus discos, sus VHS.
“Un día estábamos hablando de todas las cosas que hizo. Yo estaba maravillado y él me dijo: "Vos sos lo mejor que yo hice en mi vida". Imaginate, si mi viejo, que era mi ídolo máximo, me decía eso en el contexto de todo lo que había hecho, fue fuerte. Hasta hoy esa frase…”, intenta decir Ángel Armagno Gentile, emocionado. Se recompone: “Cuando hoy me pasa algo malo, me deprimo o pienso que la vida es una mierda, vuelvo a ese momento. Y esa frase me salva”.