Amy Winehouse, Back to black

Tiempo antes de comenzar las grabaciones de su nuevo disco, Amy Winehouse estaba hecha un desastre. Convertida en una especie de pequeña celebridad más famosa por sus excesos con el alcohol que por sus disco debut Frank (2003), encaraba las primeras tomas de un nuevo trabajo junto a Mark Ronson, su productor. Días antes, la gente de su sello discográfico le había pedido que considerara un tratamiento de rehabilitación. Fue caminando por una calle de Nueva York y con el productor a su lado, que esta cantante nacida al norte de Londres en 1983 comenzó, súbitamente, a cantar algo: "They tried to make me go to rehab, I say no, no, no..." (Trataron de hacerme ir a rehabilitación, y yo dije no...). En ese mismo momento, la cabeza de productor de Ronson se encendió y a los pocos días estaba pronta Rehab, primera canción del disco que es una auténtica patada. La voz sesentosa y "soulera" de Winehouse, acompañada de un contagioso ritmo de R&B en ese primer tema es sólo el principio. Porque la siguiente You know I´m no good, una divertida canción con la infidelidad como temática entre su oscuro registro de voz (que recuerda mucho a Nina Simone) y retazos del sonido que hizo famoso a Gnarls Barkley, aunque sin tanto efecto computarizado. Sugerente y a la vez muy moderno.

Luego llega Me & Mr. Jones, una clásica "balada para borrachos" o, al menos, para una pareja con unas copas de más que baila en algún pub. El resto de las canciones sigue la linea que se percibe al comienzo: el resultado de la conjunción entre el registro de voz de Winehouse - tan retro como actual al mismo tiempo - y el sonido delineado por Ronson, con instrumentos básicos al mismo nivel de volumen, en plan muro de sonido a la Phil Spector, es adicción. Back to black y Love is a losing game, quinto y sexto tema del disco, respectivamente, terminan de dejar claro que Winehouse no solo se mofa de sus problemas con el alcohol. Lejos de buscar rédito de una parodia de sí misma, en sus letras reside una sinceridad y unos recursos poéticos simples pero a la vez efectivos, fáciles de entender y sin caer en lugares comunes.

Para el final, el delirante bonus track llamado Addicted,, en el que Winehouse prioriza a los estupefacientes por sobre el amor de un amante. Declaración de principios, que le dicen.

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