POR ANALÍA FILOSI
Volver a sintonizar TV uruguaya luego de dos semanas fuera del país no ha sido una experiencia reconfortante. Lo mejor del verano sigue siendo idea y realización de fuera de fronteras: Lalola, Son de Fierro, cualquier CSI, Vidas opuestas, Páginas de la vida, Lost... En tanto lo nuestro da para hacerse algunas preguntas que sé sin respuesta: ¿por qué se desaprovecha tanto a Graciela Rodríguez, ahora remando con un Carballo`s Inn que en los únicos momentos en que arranca una sonrisa (no dije risa) es cuando aparece la actriz? ¿Por qué el Tío Aldo después de dar a conocer un personaje con ribetes atractivos en La culpa es nuestra decidió hundirse en un Se mira y no se toca que avergüenza (no digo escandaliza, somos grandes) hasta a las cabezas más liberales? ¿Por qué Playa Bar TV convocó panelistas tan poco atractivos y con tan poca experiencia para salir de problemas en vivo (Verónica Lavalle fue claro ejemplo en el primer programa, culpando a la producción de un error en lugar de disimularlo)? Por suerte, hay algo muy rescatable y que proviene precisamente de Playa Bar TV: la probada experiencia de Metrópolis Films en realizaciones audiovisuales. La productora de Andrés Rosenblat viene de dotar de gran calidad a La oveja negra y ahora demuestra sus ganados conocimientos en realities de aventura (trabajó en The Amazing Race) en el armado del reality del 4. Esto último es lo que hace que Playa... se despegue de sus ediciones de piso, evidenciando que su costado más atractivo proviene de gente que prefiere aprender de las experiencias extranjeras antes que descansarse en ellas.