Actriz en estado puro

Entrevista con Roxana Blanco.

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Por: Mariángel Solomita

Hay un personaje que Roxana Blanco no quiere dejar de ser. No puede. Es un travesti. Es griega y habla es un inglés de inmigrante. Arrastra una historia mítica y la cuenta en el presente, el tiempo más necesario. La cuenta: mira a los ojos a esas personas sentadas en las butacas de un cabaret. Les dice amigos, porque son amigos por escucharla. Dramática. Sensual. Caótica. Un cuerpo desbordado de muchos tiempos, de tristezas y alegrías, de emociones que suceden en dos lugares, y en todos, siempre.

"No quiero dejar de hacer Kassandra nunca".

-Contame por qué actuás.

-Por qué actúo...

-¿Te lo preguntás?

-Tú sabés que no. Hace muy poco me encontré con una gran amiga que vive en Polonia. Ella está casada con un discípulo de Grotowski, uno de los teóricos del teatro más importantes del mundo. Entonces empezamos a hablar desaforadamente en un español que él no entendía casi nada y yo decía que si alguien me preguntara por qué actúo yo no sabría qué responder, y él me dijo `para ser felice` , porque habla italiano. Ante esa pregunta tan inmensa que uno podría decir tantas cosas, y como falsas en el fondo, me parece que es eso.

-¿Podrías hacer otra cosa?

-Antes todo era el teatro. Me calza, me completa, me expresa, o sea, hay algo en mí y en la actuación que van muy juntos, desde que soy chica sabía que quería ser actriz. Ahora me doy cuenta de que podría hacer otra cosa, que si mañana la vida me cambiara podría perfectamente dejar de actuar.

-¿Te preocupa mantener intacta esa pasión por actuar?

-No, se traslada un poco, a la docencia, a la dirección. Yo empecé a dar clases hace dos años y eso me relativizó mucho el tema de la actriz. No sé si es que me vi a mí misma en los otros, vi las dificultades que yo tenía, mis pavadas, el estar en un lugar de contención, de cuidar al otro, de guiar, me sentí mucho mejor en ese lugar como persona que actuando.

-¿Cuáles son esas pavadas?

-Cuando se ponen a llorar antes de un estreno, cuando se ponen nerviosos, cuando les preocupa un vestuario, esas pavadas que no importan nada...

-¿Y qué es lo que importa?

-`Ser felice`. Doy clases en la Escuela de Comedia Musical. Dos días antes de un estreno un alumna se esguinzó un pie y estaba llorando porque no iba a poder actuar, entonces la senté en una silla e hizo todo el personaje sentada en una silla. Y yo le dije `Pina Bausch haría eso`, y les mostraba sus videos...o sea, no importa la verdad en escena y es lo único que buscamos: la verdad en la escena. Yo iba a la Escuela de Danza de chica y no podía comer y me apretaban los tobillos; yo la escuela del rigor no me la creo más. Ese fue un espectáculo divino, incorporar las dificultades, me parece que eso es lo que hacemos todo el tiempo, todos estamos llenos de dificultades, de carencias: la búsqueda de la perfección sí, pero lograrla no.

En un "salón de juegos clandestino", el único de Villa del Totoral una de las ciudades más pequeñas del norte argentino, unos cineastas españoles colocaron luces de cine para iluminar a Kassandra. " (José) Sacristán me dijo que ni Ana Magnani lo había emocionado así, y yo me sentí encantada de darme cuenta que Kassandra cumple esa misión, de que el teatro se puede hacer en cualquier lado, que se reduce al concepto del teatro puro: alguien que se sienta a mirar a otro que le cuenta algo".

Fue un regalo para el equipo de rodaje de El muerto y ser feliz. "A mí esta película me hizo más feliz, me hizo sentir mejor persona. Para esta profesión te diría que es necesario mucha paciencia, mucho trabajo y mucha claridad de tratar de estar bien y de hacerle fácil las cosas a los otros, todo eso aprendí con Javier".

Javier Rebollo es español, pero él ha dicho que también es uruguayo, "porque uno es de donde son sus amigos". A Roxana la conoció en una edición del Festival de Punta del Este, y entonces escribió -junto a su esposa Lola Mayo- un guión para ella y para José "Pepe" Sacristán. El año pasado, un domingo, le envió el libreto junto a una serie de instrucciones que Roxana cumplió como si él la estuviera mirando. Bajar las persianas, desconectar el teléfono, apagar la música, no interrumpir la lectura. Érika, la protagonista, es Roxana según los ojos de Rebollo.

-¿Te reconociste en el personaje?

-Fue muy bonito. Yo le decía `yo soy triste y melancólica` y él me decía `no, vos explotás en risa, en energía`, me hizo ver otra persona que soy yo también. Yo tenía como una imagen de mí distinta, y él me sacó la parte más etérea, más linda, yo me siento bellísima en la película, miro las fotos y no me reconozco, me alivianó. Me marcó muchísimo: aprendí otra forma de interpretar, cine, aprendí caminos poéticos más que naturalistas. Te diré que fue más cerca de lo que yo venía transitando por el teatro. Fue alguien que confió muchísimo en mí, a veces se hacían una o dos tomas nada más, a veces me decía `acá hacés lo que quieras, vos sos la que entendés esto`.

La película está dedicada a la Cinemateca Uruguaya.

-¿Te parece que tu entrega es diferente ahora?

-No sé, siempre es diferente. La entrega siempre tiene que ver con el equipo que tenés y cómo sea el personaje. Las experiencias fueron bien distintas en La demora (Rodrigo Plá, de próximo estreno) y esta. El tema de la película (La demora), el tema de la vejez, qué hacemos con nuestros padres, creo que nadie lo había tocado así, es un tema que el Uruguay debe tocar. Creo que eso me dejó abrumada, y tocar ese tema desde la actuación...hoy siento que soy la más apropiada para hablar, porque un guionista, un director, te parece como que todo el mundo está distanciado, parece que el actor sin querer creer que es más que nada, simplemente es así: el actor vive eso.

-Cuando te involucrás tanto con un tema como el de La demora, ¿sentís que pesa más tu rol como artista?

-Sí, sí, a mí me pesa. Me parece que hoy por hoy lo tengo más claro en teatro: el teatro político no es tanto en el mensaje sino en cómo se hace, y creo que eso es una posición política también y quiero tomarla. Pero no sé, ya los mensajes están todos rotos, están todos dados. A veces en una forma hay un mensaje.

-Es parte de un aprendizaje quizás...

-Te pasa algo, ¿sabés? Es rarísimo, y más en el cine que en el teatro, curiosamente, porque el teatro es tan presencia, es tan presente, es tan energía viva ahí. En el cine vos tenés que estar en estado, y no mostrarlo. Sos, y la cámara se encarga de mostrarlo, entonces hay que agarrar partes de uno. Yo recurro a mis cosas porque no podés componer a una angustiada. Me parece que va hacia lo tuyo, algo de eso hay que mueve tus mundos...

-¿Entonces cómo debe pesar el estado de ánimo para decidirte a interpretar a un personaje?

-Importa sí, en El muerto y ser feliz tuve la dicha, porque fue un personaje muy vital, es pura vida al lado de un hombre que va hacia la muerte, es impresionante el contraste, yo soy el contraste, me trajo vida, me doy cuenta de que es raro: te estoy diciendo que buscás adentro para el personaje y ahora te digo `ese personaje me va a dar vida a mí`, es un ida y vuelta que no sabés dónde empieza, es un trabajo especial, sin duda.

-Álvaro Buela (Alma Mater), Esteban Schroeder (Matar a todos) han hablado de tí como una colaboradora, una creadora más de la película...

-Qué lindo...

-¿Te gusta esa responsabilidad?

-Me gusta. Cuando a mí me hacen la famosa pregunta qué te gusta más el cine o el teatro, y todos los actores dicen el teatro, yo siempre digo, `me gusta más el cine si soy protagonista`, no en el sentido narcisista, ser protagonista es ir conduciendo la historia, hay momentos en que el personaje habla y vos misma le decís al director `no, no puede hacer esto, no lo haría`, y el director te sigue y te escucha como si fueras un vidente que está en un delirio. Y yo soy insoportable, me gusta estar, no soy una actriz tonta que contratan, porque a veces nos tratan así, como que te tienen que contener...y en el teatro, ¿cuál es el contrapunto? Y es maravilloso, en el teatro más que nunca sos la que hace la historia: sos el acontecimiento.

-¿Hasta dónde es favorable la intervención de un director en tu trabajo?

-A mí me gusta mucho, yo hay cosas que les critico mucho a los directores, cuando te dicen `no hagas nada, en cine no hagas nada`...y cuando veo los actores que me gustan, ¡hacen de todo! A mí me gusta cuando me dirigen. A veces siento que no saben mucho del actor los directores, es un mundo que siempre se les escapa, entonces cuando se sienten inseguros te dicen `no hagas nada, no seas teatral`, yo soy teatral, ¿no? La palabra teatral para mí es una bella palabra. A mí me encanta que se metan, además soy súper obediente. Javier me dirigió hasta la mirada, usa mis cosas, es como un voyeur que te roba cosas tuyas todo el tiempo, para mí es una mezcla perfecta cuando te dirigen y se meten mucho sobre lo que tú sos, porque te han observado, porque te han cuidado, porque te han querido.

-Cuando una de tus películas no es bien recibida, por la crítica, por el público, ¿te pesa el fracaso?

-Sí, por eso mismo que yo me siento co-autora. Para mí las personas que les gusta- `qué les gusta`, es un término tan simple...- para mí una persona que considere Alma Mater -que para mí toca temas centrales- es una persona a considerar, quizás porque es mi primer película, yo la adoro, es el único afiche que tengo. Me pesa cuando separan el trabajo del actor del trabajo del director, es feo ese juego que hacen. Lees el guión y yo te confieso que leo el personaje primero, lo mismo cuando veo las películas, las tengo que ver de nuevo...es que una película armada es tan distinto a lo que hiciste. La edición hace una actuación, ¿sabés? Te puede hacer buena actriz o no. Sacristán me dijo `hay tres películas: la que uno escribe, la que uno filma y la que uno edita`. A mí me interesa eso de la edición, me gusta entregarme a que me corten, a que me saquen, a que me ayuden.

-¿Por qué dirigiste un musical?

-Me apasiona el distanciamiento, el actor está en una cosa y de golpe aparece un tema musical para expresar generalmente lo que está sintiendo el público. Me gusta considerar al público, hablarle, mostrar la mentira todo el tiempo. Me gusta esa cosa del teatro que se vuelca al espectador, y el teatro es eso, es la cosa más rara del mundo, y el musical es lo más ridículo, de golpe se ponen a cantar, y sin embargo es impresionante. Y la danza, ¿qué cosa más ridícula que alguien exprese una cosa bailando?, y sin embargo es una belleza.

-¿Sos de cuestionarte el tema del actor?

-Sí, mucho, todo el tiempo. Me parece eso: que el actor está en el presente y que el presente cambia mucho, ¿entonces cuáles son los mecanismos de representación?, y además el tema es dónde está el actor: si está contando la historia, si es un vector, si es un personaje. El tema del actor-personaje-persona siempre me intriga y me confunde.

Por eso dice que Kassandra la expresa. " Vuelvo al teatro después de todo un conocimiento que tengo, otra forma de pensar el tema del actor que me dio el cine y el teatro. Tanto viaje, tanta vida; vuelvo completa. Puedo manejar esos dos planos: mi realidad y mi ficción. La ficción más total como los momentos trágicos. Dos dimensiones: la terrenal, la trágica; la psicológica, la mítica. Y el público: te cuento una historia, te interpreto y te actuó. Te voy a contar que me mataron, y te muestro cómo fue. Y lo vas a ver aunque te duela".

-¿Nunca pensaste en escribir?

-No siento que tengo el don. Me asusta la nada, la hoja en blanco, es raro...

-¿Te asusta no ser buena en lo que te proponés?

-Sí, me angustia mucho. Siento que soy buena para algo y quiero quedarme en eso.

-¿Se te hace difícil llevar una vida con tanta actividad?

-Yo soy dos personas. Soy muy agradecida, siento que me va bien. Y tenés la otra con las valijas en el cuarto, con un nudo en el estómago, con pánico cuando piensa en dos meses con un rodaje y estar lejos de su casa.

-¿Pero se va cuando empezás a actuar?

-Se va un poco. Me parece que hay que pensar en vivir el día a día, pero me pasan esas dos cosas. Por un lado me siento y digo `pero si soy una privilegiada, vivo de esto, es lo que siempre soñé, me tratan divino`...

- `¿Por qué no estoy feliz?`

-¡Claro! ¡`Ser felice`! Y hay algo de esta vida de cine, viajes, teatro, inestable, porque llego a casa en Montevideo, ¿y ahora qué hago? Siempre estoy recomenzando, llego con mi valijita, empiezo a prender las cosas de mi casa, siempre estoy como llegando a una casa nueva. Es raro, tiene una parte también de cómico con la lengua triste...

-Pero es contradictorio, porque tú elegís viajar mucho, ir a festivales...

-Lo hago sí, creo que hay como una adrenalina en sentir eso en mí, lo necesito. Soy muy viva en el sentido de no distraerme, siento que me está pasando algo grande por delante. Logro esa paz, y estar en los lugares. Yo no sé si te viene un momento en la vida, que quizás sea este, cuando cruzás la franja de los 40, creo que pasa algo, que lo importante está en otro lado. Javier, esta película, me hicieron sentir esto, me dijo al final `las películas no importan, sólo para hacer amigos`. No importan las películas, importa cómo estés tú. Ser feliz, insisto en ese título.

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