Por: Mariel Varela
La complicidad nació en el papel y se trasladó a las tablas. Él es un bicho de Carnaval; ella sabe poco de murga, y algo más de televisión y guiones. Él prefiere escribir cuplés y ella monólogos. Los acercó el detrás de cámara en 2007. El primer contacto sucedió en Canal 12 donde redactaron varias cosas a dúo. Esas escrituras derivaron en gran entendimiento, buena química, y más tarde, en una amistad "asexuada", como eligen definirla. Marcel Keoroglián es hombre y Manuela Da Silveira mujer, pero incluso en esa faceta se acomodan con ductilidad y a gusto: "Yo soy muy femenino y ella muy masculina", bromea Marcel.
Esta vez, dejaron de escribir para terceros, se dieron el gusto y la chance de crear un espectáculo compartido apelando a su mayor coincidencia: el humor. La dupla robó varias sonrisas el pasado 6 de mayo en el bar Tabaré, y hasta recibió aplausos del Toto Da Silveira, que se ganó al público tras subirse al escenario para cantar y bailar el fragmento de un texto de Asaltantes junto a Marcel. El papá de Manu le erró un par de veces a la letra pero zafó con simpatía y buena onda. Los dos humoristas vuelven por la revancha. Repetirán lugar, horario y función el jueves 27 de mayo. Por reservas comunicarse al 7123242.
Previo al debut, Marcel y Manu adelantaron a Sábado Show pormenores del espectáculo, hablaron sobre su amistad, y pusieron sobre la mesa puntos en común, diferencias, y destaparon cuestiones personales.
JUNTOS. "Somos dos amigos que nos tiramos centros", dice Manu a propósito del rol que cumplen en escena. Se conocen, se entienden, y sobre todo, se divierten al interactuar. Es la primera vez que comparten un espectáculo pero cada uno sabe qué potencia al otro, y es capaz de encontrar la palabra, el chiste o el remate justo para dar un perfecto pie de entrada a su compañero. Esa comprensión natural y ese "jugar de memoria" cooperan para generar una sintonía especial que surge producto de las horas de escritura en conjunto.
"Si uno deja un sketch abierto en la computadora, el otro sabe que puede meterle mano porque confiamos ciegamente en lo que uno u otro va a proponer. Puede decirte, esto apesta, y te lo vas a tomar a bien porque hay confianza", declara Manu. "Cada uno entrega el texto al otro para que lo mejore, y sugiera cosas que son siempre bienvenidas porque tienen el objetivo de mejorar el material", complementa Marcel.
EL SHOW. En el Tabaré hay espacio para todo: stand up, sketches, imitaciones, música, baile. E incluso psicoanálisis. Mientras él cena una rica milanesa, ella aprovecha para monologar. Comida, menús y gastronomía integran buena parte del discurso que el público disfruta mientras echa un vistazo a la carta. Se cuelan miradas y guiños cómplices entre padre e hija cuando Manu se dispone a contar peripecias de su juventud, y menciona las ventajas de ser la única mujer en la grilla de humoristas.
Ésta es la segunda vez de la chica en el género stand up, ya que también integra el elenco de Mucha Cháchara en el Under Movie. Esa labor le permitió otro "fogueo" pero no por ello le fue más simple cuando tuvo que encarar una nueva escritura. "Es mucho más fácil encontrar la voz del primer monólogo porque sabés lo que querés decir. Para éste tuve que encontrarle la vuelta y lo hice básicamente comiendo", cuenta.
Con el estómago lleno, Marcel está listo para tomar la posta con un monólogo dedicado a historias personales que colocan al Carnaval como protagonista. "Hablo de mí. Acerca de mis inicios y algunas actividades que realicé. Intercalo anécdotas reales con otras inventadas". Por ejemplo, la animación de fiestas infantiles, un hecho ficticio pero que resulta el punto más alto y acertado por lo gracioso y divertido del relato.
Marcel tiene su instancia reservada para dar cátedra: un taller de música con canto y baile asegurado. El objetivo: que Manu se reciba de murguista. Vuelven a compartir la escena en el sketch final, "más teatralizado", donde ella interpreta a la psicóloga, y él a un paciente que se mimetiza con las personas. Por ahí se mechan Puglia, Larrañaga, Mujica y Daisy Tourné, las mejores imitaciones del murguista. En esa instancia, Manu no logra esconder las carcajadas en escena y se tienta como un espectador más con cada chiste de su amigo y compañero Marcel.
Distintos. Pero unidos. "Somos de mundos muy diferentes pero confluimos en el humor y la buena amistad", destaca él. Y no puede disimular su esencia carnavalera. "Se me nota hasta en los andares", reconoce quien acumula "tablado arriba" desde los 8 años. Gracias a ese primer oficio se le abrieron varias puertas en los medios y descubrió nuevas vetas en su personalidad: "No sé si soy actor. Sí sé que soy murguista. Pero a partir del Carnaval tengo un perfil que puedo actuar en cine, teatro, televisión o una cuestión musical. Me adapto a los diferentes palos observando y preguntando mucho".
El trampolín de Manu no fue precisamente la murga. La pantalla chica fue su atajo para acortar camino. Primero estuvo detrás, con la escritura de guiones. Más tarde, se dio a conocer, mostró su imagen, y conquistó al público. "Soy consciente de que todo eso que ahora disfruto es gracias a la tele". Stand up en el Under Movie, shows en el Tabaré, y como si fuera poco, modelo y cara de Dove. "Fue el mejor halago que me pudieron hacer", comenta respecto a esa novedosa experiencia en su carrera. Marcel, que siempre tiene una broma en la punta de la lengua, en seguida apura un chiste: "Yo soy la cara de Bulldog".
Pasado. Apuntar directo e ir al grano es una pose que él reconoce como punto de contacto entre ambos. La actitud idealista es otro rasgo que la fémina del dúo elegir destacar cuando se le pregunta qué comparte con Marcel. "Creemos mucho. Si algo nos hace ruido ...mmm, no", responde ella.
Expresiva, creativa y extrovertida. Manu siempre se ofrecía para cambiar las letras de las canciones en los campamentos. Y decía presente cuando era tiempo de sugerir los nombres de los equipos en algún cumpleaños: "A ver, ¿cómo se llama este grupo? Y yo caía con propuestas", rememora.
Con un dejo más intimista y reservado, a Marcel se le daba por escribir "papelitos o cositas" desde pequeño. En los momentos más complejos y difíciles de su vida, el papel fue una descarga. "Me hago el poeta", dice un poco en broma y otro tanto en serio.
Escritura, guiones y buenas ideas los pusieron en un mismo camino. Así nació la amistad, y ciertos complementos que aderezaron la relación. En tiempos donde reinaba la tecnología, Marcel arribaba al canal con la cuadernola repleta de cuplés, recuerda ella. "Escribía los sketches a mano pero lo increíble era que el chiste estaba limpio", se asombra hasta hoy Manu.
Era hora de que cambiara papel y lápiz por teclado y monitor. Y la responsable fue ella. "Con Manu aprendí a usar la computadora. Yo no sabía ni enchufarla", redondea Marcel, que en la actualidad se modernizó hasta por demás y abandonó por completo el papiro.