En Uruguay nunca renuncia nadie. Puede subir la tasa de homicidios, pueden morir 12 presos incendiados en una cárcel, puede haber brutales motines en otras, puede haber enfermeros asesinos... Y no pasa mucha cosa. Pero un alto funcionario se sale del libreto y reconoce lo que el presidente y todos en el gobierno negaban (que habían intentado sobornar al embajador Francisco Bustillo por el dragado de canal Martín García) y sus horas están contadas porque afectó las relaciones con Argentina. Ahora, que tiene más tiempo libre, tal vez Julio Baráibar pueda explicar qué es eso de ser embajador itinerante.