Una foto con Bush

En Uruguay todavía se preguntan si Bush es buena compañía y si hay que firmar o no con él un Tratado de Libre Comercio (TLC). Por su alcance y amplitud, lo que se decida en el futuro no dependerá de Bush ni de sus herederos políticos, en gran parte gracias a la catástrofe llamada Irak.

Ampliar al máximo el comercio con Estados Unidos parece un hecho razonable. Hay consenso en Uruguay de venderle a quien sea, incluso a países acusados de financiar el terrorismo como Irán, al que exportamos buena parte de nuestro arroz.

Los gobernantes que mencionan la presunta calidad de execrable y genocida de Bush no tienen ninguna autoridad: ovacionaron gobiernos como el de Stalin que mató a 20 millones de personas en 30 años.

Otra cosa es sentirse cómodo con Bush como le acaba de ocurrir a Tabaré Vázquez. Salir en la foto con él representa una señal política muy importante en estos días sin demasiados amigos, muy especialmente a raíz del saldo de la invasión a Irak.

La guerra preventiva de Bush nació con los atentados del 11-S. La mayor fuerza militar de la historia no tuvo suerte con Bin Laden. Hasta ahora sólo pudieron verlo en video. Su búsqueda en Afganistán fue tan grotesca como la decisión de señalar a Sadam Husein -un dictador sin capacidad de respuesta militar- como el principal objetivo.

El 21 de marzo de 2003, Estados Unidos tomó la decisión militar más equivocada de su historia después de Vietnam. El 9 de abril se cumplirán cuatro años del ingreso de las tropas estadounidenses a Bagdad para derribar la estatua de Sadam Husein.

Lo peor estaba por venir. Los muertos locales documentados suman 65.000, pero según otras versiones, mueren más de 15.000 iraquíes cada mes. Más de dos millones de personas han perdido sus casas o tuvieron que irse del país. Murieron 3.465 soldados, 95 periodistas y 389 empleados de empresas extranjeras.

La guerra preventiva de Bush logró ahorcar a Sadam, pero poco más. No encontró una sola arma química en Irak. Generó un avispero del que Estados Unidos no sabe cómo salir. Una salida generaría más violencia interna y significaría la entrega de la riqueza petrolera al albedrío de los cuatro o cinco bandos que se disputan el poder.

La guerra preventiva de Bush golpeó en el lugar equivocado, pero además fortaleció a sus enemigos y multiplicó casi por diez su capacidad de muerte y de reclutamiento.

Entre el ataque a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001 y el 20 de marzo de 2003, los atentados yihadistas habían asesinado a 789 personas.

Entre la invasión del 21 de marzo de 2003 y el 30 de setiembre de 2006, los ataques yihadistas mataron a 5.420 personas.

La guerra preventiva de Bush logró que la influencia de Irán creciera en la región. El nuevo gobierno iraquí instalado bajo el padrinazgo de Estados Unidos ya negocia con Irán la compra de electricidad, combustible y un préstamo de 1.000 millones de dólares.

Se estima que la invasión a Irak costará 500.000 mil millones de dólares, el peor negocio y el más absurdo que Estados Unidos realizó en años, incluido el excesivo interés actual en el mercado comercial uruguayo.

En su próximo retiro tejano, es seguro que Bush recordará con más cariño su jornada de pesca con Tabaré, que los resultados de la "guerra preventiva". El TLC también será apenas un lindo recuerdo. Nuestro tren ya habrá pasado. Estará paseando por Irak.

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