¿Quiénes todavía no tienen acceso a la red?

Los últimos uruguayos sin luz

Pequeños productores aislados, sobre todo en tierras poco productivas, argumentan que no les dan los costos para electrificarse. El Estado financia hasta el 40% de las obras de tendido, pero ellos no pueden remontar el 60%. El dilema no tiene salida a corto plazo.

Los últimos uruguayos sin luz
Según estimaciones oficiales, 1.500 hogares de la campaña no tienen acceso a la red de energía eléctrica. Foto: Fernando Ponzetto.

Si algún día llega la energía eléctrica, el mayor deseo de María sería un lavarropas. Con 43 años, casada, dos hijas, María Torrente lava como en la década de 1950, a pileta de hormigón hasta que deja de sentir las manos y le quedan moradas, sobre todo en invierno. Padece de lupus, una enfermedad que vuelve más violeta la piel expuesta al frío, y vive en un caserío perdido de Lavalleja, lo que hace más utópico al lavarropas.

Según estimaciones oficiales, 1.500 hogares de la campaña no tienen acceso a la red de energía eléctrica. Uruguay es el país más electrificado de la región y las cifras de casas sin luz han bajado a una mínima expresión del 0,3%. Pero dentro de ese guarismo hay familias desparramadas por el territorio a las que, en las condiciones actuales, no alcanza ni alcanzará la red a corto plazo.

El problema es de bolsillo. El costo promedio de un tendido eléctrico es de 7.200 dólares por kilómetro. UTE aporta los materiales básicos y la OPP subsidia el 40% de la obra. El 60% restante deben pagarlo los interesados hasta en 60 cuotas en pesos, con un interés del 21% anual. Sin contar la discusión por una tasa que es del doble de la inflación pero la mitad de cualquier préstamo al consumo, nunca hubo condiciones tan favorables para el acceso a la energía.

Sin embargo, la combinación de pequeñas extensiones poco productivas con el aislamiento y el suelo rocoso (más caro de perforar para los postes del tendido) vuelven críticas ciertas zonas de Tacuarembó, Lavalleja, Treinta y Tres, Cerro Largo y Rivera, los departamentos con mayor cantidad de hogares sin luz. De todos modos, salvo en Montevideo, se reportan casos de todos los departamentos.

El problema también es de perspectiva. En un contexto de despoblamiento sostenido del campo, en la mesa de muchos de estos hogares se debate todas las noches, a la luz de la vela o de bombita a 12 voltios, si vale la pena seguir o no en la campaña.

"Los últimos kilómetros son los más difíciles", reconoce Pedro Apezteguía, director de descentralización e inversión pública de OPP. Desde su formación en 2012, la Comisión Interinstitucional de Electrificación Rural (CIER) integrada por el organismo, UTE y varios ministerios, subsidió el 40% de la electrificación de unos 1.000 hogares rurales y está en proceso con otros 673. Pero el remanente está muy, muy lejos, geográfica y económicamente.

A un siglo después de la creación de UTE, ¿quiénes son esos uruguayos a los que en 2018 la luz les resulta aún inalcanzable?

En penumbras.

A 85 kilómetros de Minas, Los Tapes se llama el caserío rural donde vive María Torrente, en la sexta sección de Lavalleja. Del kilómetro 162 de Ruta 8, hay que tomar un camino a la izquierda bastante bueno (si no llueve) por unos 37 kilómetros. Hay ocho casas habitadas, una escuela y una pulpería. Un arroyo, una cañada, canteras de talco abandonadas, sierras y forestación en toda la circunferencia de la mirada. Hermoso: ni una columna a la vista.

La red de UTE pasa por un camino a siete kilómetros, así que los ocho vecinos de Los Tapes tendrían que reunir (o comprometerse a pagar) de 50.000 a 60.000 dólares para los postes y cables.

"El presupuesto más barato que nos pasaron, con todos los subsidios y beneficios posibles incluidos, era de 5.200 dólares cada casa. Aunque sea en cuotas, eso es imposible para nosotros", considera el dueño de la pulpería, Jorge Martínez.

Los campos son menores de 100 hectáreas y con un índice Coneat (productividad) muy bajo debido al suelo rocoso. Muchos son arrendatarios, es decir, alquilan el campo para trabajarlo. No hay estanciero de espalda ancha para afrontar la inversión.

"No podemos gastar los pocos pesos que tenemos en la luz", dice María. Su esposo Sergio César trabaja como esquilador y arrienda tierra (a vecinos que se han ido) para dedicarse a la producción ganadera de pequeña escala.

En familia: María Torrente y sus hijas en la casa de Los Tapes (Lavalleja). La tele a 12 voltios la alimentan con paneles y dura dos horas. Foto: Fernando Ponzetto.
María Torrente y sus hijas en la casa de Los Tapes (Lavalleja). Foto: Fernando Ponzetto.

Además, el matrimonio sabe que Sofía, la hija mayor, cursará el año que viene sexto de primaria en la escuela rural 77 de Los Tapes. Pero en 2020 ingresará al liceo, así que la familia evalúa irse con ella a Minas o Mariscala, los pueblos más cercanos. Sergio iría y vendría del campo a la ciudad.

"No queremos. Nos gusta la campaña. Pero si ella no estudia, no va a ser nadie en la vida", considera María.

En Paysandú, en un paraje contra el Río Daymán llamado Perico Moreno, hay tres productores ganaderos con la red a 18 kilómetros. "Por ahora ni miras de conectarnos", asegura José Estefan, uno de ellos. Esperan a que en el camino se sumen más interesados para hacer rentable la inversión.

Desde Cuchilla del Ombú (Tacuarembó), Pablo Menéndez reporta su caso y de tres productores más que están a unos tres kilómetros de la red. Viven y trabajan allí de lunes a viernes, con dos horas diarias de luz a generador. Ellos sí llegaron a un acuerdo y están encaminados a hacer la obra.

El caso más difícil es el de Latino Millán, un pequeño productor solito en el paraje Cuaró Chico (Artigas). Tiene 95 años. La luz le cuesta 24.000 dólares, según la última cotización, una cifra irreal para su bolsillo. Tampoco quiere endeudarse hasta los 100 años. Sus tres hijas, que hace tiempo se fueron de la campaña y viven en la ciudad de Artigas, lo incitan a que deje el campo.

Pero Latino no quiere. "Ahora un peón lo ayuda y logramos que pase algunos días a la semana a la ciudad. Allá no tiene confort", cuenta María Cándida, una de sus hijas.

Tira y afloje.

Jorge Martínez, de Los Tapes, espera que los costos bajen o que UTE se haga cargo como obra social. Su principal argumento es la escuela rural de la zona, hoy electrificada a medias con paneles solares. Se queda sin energía los días de lluvia. Pero la institución tiene tres alumnas y de no llegar nuevos niños a la zona, en pocos años no tendría estudiantes.

Martínez también deposita esperanzas en la difusión del caso. "Vos publicá todo lo que puedas", solicita.

Sin embargo, la perspectiva es dura. Apezteguía cree que el programa de subsidio de OPP está llegando a su etapa final y que no habría más facilidades subsiguientes. "Cuando terminemos con los grupos que estamos atendiendo (673), como país nos vamos a declarar virtualmente electrificados en un 100%", dice.

¿Pero qué va a pasar con el remanente? ¿Con los vecinos que no llegan? "Tienen que llegar", asegura el jerarca. "Las condiciones de hoy son las más accesibles que el país puede ofrecer".

Menciona que en caso de haber escuela o estaciones de Antel cercanas, la ayuda puede ser mayor. Añade que el costo dividido en 60 cuotas suele ser equivalente o menor al que ya tienen algunos productores en energía, con heladeras, calefones y cocina a supergás (dos a tres garrafas mensuales), baterías de 12 voltios que deben renovar o combustible para el generador.

La diferencia está en las consecuencias. En Los Tapes, si mañana Jorge o María no tienen para la garrafa, se arreglarán con leña o salando la carne. Pero cuando no paguen la factura de UTE, les cortarán la luz. "Los ingresos de los pequeños productores no son fijos y vivimos al día", dice Sergio.

Un razonamiento políticamente incorrecto sería plantearse si es viable un emprendimiento productivo incapaz de sostener una cuota mensual promedio de UTE de 150-200 dólares (obra más consumo básico) por cinco años. El mismo asunto, planteado desde la inclusión, el derecho igualitario a la energía y la libertad de residir y trabajar donde uno es feliz, vuelve indignante que cientos de familias estén obligadas a vivir como en el siglo pasado.

El 7 de junio, cuando se inauguró la electrificación rural en Cerro Amarillo (Artigas), un paraje cercano al de Latino Millán, el productor de 95 años se acercó a las autoridades y les planteó su problema. Si bien el programa subsidia a grupos (no a casos solitarios), el director de OPP, Álvaro García, se comprometió a estudiar soluciones.

Hágase la luz.

¿Cuál es la dimensión real de esta injusticia? El último dato absoluto de hogares sin luz proviene del censo 2011 y establece que ese año había 2.710 casas en esa situación en la campaña. Si se resta a los electrificados en los últimos años, da la estimación de 1.500 hogares que hizo García el mes pasado. El jerarca razonó además que si la CIER está en proceso de subsidiar a otros 673 a corto plazo, quedarían menos de 900 casos por solucionar.

Pero se trata de un número forzosamente estimado. ¿Cuántos de esos productores siguen en el campo? ¿Cuántos no quieren la luz? Y finalmente, el dato que importa: ¿cuántos la quieren y necesitan pero no pueden pagarla? Apezteguía cree que son "muy, muy poquitos".

En 2016, OPP puso al aire la campaña "Uruguay, todos con luz" para que la población reportara por web, redes o celular los casos de personas que aún no tienen acceso a la red. Sin contar que la mayoría de las devoluciones en Facebook o Twitter fueron comentarios irónicos sobre "los colgados" sin que UTE "haga nada", la campaña cumplió el objetivo. Apezteguía considera que el organismo está hoy en conocimiento del total de los casos y, a su vez, se informó a las personas de los trámites y lo que les cuesta la luz.

Obras: las hacen empresas privadas contratadas por los vecinos y supervisadas por UTE.  Este año habrá 529 km nuevos de tendido. Foto: Federico Estol
Obras: las hacen empresas privadas contratadas por los vecinos y supervisadas por UTE. Foto: Federico Estol

Por el lado de la obra, los costos son difíciles de bajar. La tecnología de electrificación era, es y seguirá siendo el poste y el cable. UTE no hace el trabajo, sino que los vecinos contratan a empresas privadas.

"Los que quedan sin luz son los lugares más recónditos, sobre todo de piedra, el territorio basáltico. Para hacer pozos allí hay que recurrir al explosivo. Parar cada poste tiene un sobrecosto de 100 dólares", asegura Marcelo Viazzi, director de una de las empresas dedicadas al tendido y que lleva más de 160 kilómetros electrificados.

Se trata de obras difíciles, a la vera de trillos en el medio del campo, obras muy sujetas a las inclemencias del tiempo. "A veces las empresas terminamos perdiendo por los imprevistos", dice Viazzi.

Para él, lo más difícil de la electrificación que aún resta es el acuerdo entre los vecinos. "Pasan años debatiendo porque para los pequeños productores no es fácil".

Aunque tiene las manos hechas "guasca", María Torrente está acostumbrada a la vida sin lavarropas. Es montevideana, pero llegó hace 20 años a Los Tapes y sigue eligiendo la campaña.

Las hijas Sofía y Milagros, de 10 y seis años, acceden a internet en la escuela y en casa miran una TV a 12 voltios alimentada con paneles. Con tiempo lindo, hasta dos horas anda. Por lo demás, las niñas leen mucho y son libres de jugar en el campo.

Requisitos para obtener la energía subsidiada

Agruparse. La Comisión Interinstitucional de Electrificación Rural subsidia con el 40% las obras de tendido pero solo a grupos. No se atienden casos individuales. El grupo debe ponerse de acuerdo en cómo pagar el 60% que resta para la obra. Puede financiarse hasta en 60 cuotas con la factura de UTE. El productor solitario debe esperar a que llegue algún nuevo vecino.

Producir. El beneficio está previsto solo para productores. Quien vive en el campo por el aire puro y el contacto con la naturaleza, pero su fuente de ingreso es otra, debe abonar el 100% de la conexión.

Tramitar. Una vez que se conforma el grupo y acuerdan el pago (a menudo estancieros más grandes pagan mayor porcentaje de la obra), piden presupuesto a mínimo tres de las 86 empresas habilitadas. UTE y OPP deben aprobar el proyecto y los vecinos firman compromisos por la deuda, una vez que se deciden por una de las empresas.

Obra. Consiste en llevar la red desde el punto más cercano por donde pase a todos los miembros del grupo. UTE aporta los materiales básicos: postes, cable y transformadores.

Paneles, gas y el ingenio como energía cotidiana
Panel solar. Foto: PxHere

Cuando no hay acceso a la red de UTE, cada hogar rural debe pensar todos los días en cómo gestionar su propia energía.

En el paraje Los Tapes (Lavalleja) a 85 kilómetros de Minas y 40 de Mariscala, se emparchan las carencias energéticas con paneles solares, gas o combustible, según las necesidades y capacidad de cada uno.

Siempre y cuando no llueva, los paneles de uso doméstico cargan baterías capaces de alimentar bombitas nocturnas o algún pequeño electrodoméstico (radio, carga de celular, TV de hasta nueve pulgadas). La corriente generada es de 12 voltios (como la de los autos), por lo que no puede hacer funcionar grandes aparatos, como TV, heladera, calefón y demás.

Para refrigeración de alimentos, cocinar o calentar agua se usa el supergás. Estas heladeras son más caras (2.000 dólares en promedio) y más consumidoras. Como mínimo, hay que comprar dos garrafas al mes.

El generador a combustible es el recurso más costoso. Ellos sí hacen funcionar grandes aparatos eléctricos. En Cuchilla del Ombú (a 20 kilómetros de Tacuarembó), Pablo Menéndez tiene uno a nafta y gasta 100 litros mensuales, o sea, 5.000 pesos. Lo prende dos horas al día en la tardecita después de finalizadas las tareas del campo, para calentar agua de ducha y mirar TV.

Los recursos antiguos —velas, faroles o candiles a kerosén o balde-lluvia para bañarse— siguen igual de vigentes.

Computadoras, lavarropas, aire acondicionado, microondas, procesadoras, cafeteras y hasta un ventilador... son electrodomésticos de ciencia ficción en el campo recóndito.

Donde no hay luz, menos llegó OSE. El agua debe proveerse con pozo y bomba, pero estos aparatos requieren de electricidad. Así que hay que usar el ingenio.

En Los Tapes, el agua llega a las casas a través de una tecnología medieval que aprovecha los desniveles del terreno para traerla por gravedad de la cañada o arroyo más próximo. A menudo hay que usar bombas a nafta para ayudar el empuje o levantarla a los tanques en el techo.

La comunicación tampoco suele ser sencilla. Lo más confiable es Ruralcel, pero que también implica un consumo eléctrico a 12 voltios. En Los Tapes el paisaje serrano es poco amable para la señal de celular. Solo una compañía llega con un alcance aceptable y únicamente para llamadas o SMS (ni soñar con una señal 4G para datos). Los celulares de los vecinos son aquellos antiguos y rendidores, como el Nokia 1100 o el Motorola C115. Tienen mejor antena para la señal y la batería dura una semana.

Los últimos iluminados.

Dahiana Mederos
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Vive en Poblado 33 (Tacuarembó), caserío electrificado en 2017. Según dio testimonio al programa Uruguay todos con luz, el año pasado armó el primer arbolito de Navidad, gracias a la electricidad.

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Luego de la electrificación de Poblado Cañas (Tacuarembó) puede conservar carne de vaca. Los productores sin luz suelen consumir ganado ovino porque no pueden sacrificar una vaca y conservar tanta carne.

Denis Pais
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Vive en el paraje Alférez (Rocha). Desde el año pasado cuenta con energía eléctrica de UTE. Declaró a OPP que lo que más valora de su nueva vida es la luz nocturna y el acceso a las redes a través de una PC.

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