A LA CAZA DEL TURISMO INTERNO

Operadores proponen estadías rotativas, pulsera electrónica a argentinos y termas con agua fría

Colonia y Maldonado no se rinden y proponen ideas para que entren (algunos) argentinos. El circuito termal y el turismo rural quieren darle pelea al destino de sol y playa.

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Muchos comercios analizan si aforo les permite llegar a un equilibrio para abrir. Foto: Ricardo Figueredo

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El sector turístico siempre ha estado obligado a mirar hacia adelante. Por eso, si casi todos estamos pensando en el próximo verano, sus operadores ponen la mira en el año que viene y en el siguiente: en cómo hacer para atravesar la pandemia quedándonos con un país igual al que teníamos. Habrá cicatrices, lo saben; pero estas deberán ser imperceptibles si Uruguay pretende que el turismo siga siendo el principal generador de divisas individuales, peleando este podio con la industria agrícola y ganadera. Para ser el destino elegido por más de tres millones de extranjeros, que ingresen unos 1.800 millones de dólares al país —representando el 8% del PIB— y continuar generando 127.000 puestos de trabajo, el sector debe mantener su oferta intacta en cantidad y en calidad.

“Cuando llegue la dicha de la vacuna no podemos permitirnos una situación en la que el país tenga varios lugares a los que no se pueda ir porque no haya dónde alojarse. Ni eso, ni incrementar la informalidad en todos los rubros. El turismo está expuesto a un doble daño”, plantea Francisco Rodríguez, presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes del Uruguay (AHRU).

Por ejemplo, hoy el 98% de los trabajadores de las agencias de viajes están en seguro de paro y muchos están reconvirtiéndose en otras áreas. Capacitar a uno de estos agentes lleva al menos tres años de entrenamiento; no poder reincorporarlos pronto sería una pérdida costosa para la actividad. Además, para responder a la demanda del turismo de congresos —en crecimiento— se necesita una cantidad de camas que un destino como Montevideo no puede darse el lujo de seguir perdiendo. Hace poco dos hoteles se vendieron y pasarán a ser espacios de coworking, mientras que un tercero fue alquilado con el mismo propósito.

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Sector aspira a incrementar de 30% a 50% las divisas del turismo interno.

En los últimos días, mientras aguardaban a que el ministro de Turismo Germán Cardoso comunicara la batería de medidas que previó el gobierno para apoyar a la actividad que se verá más golpeada por la decisión de mantener las fronteras cerradas, los representantes de los distintos rubros que conforman a este sector repetían que las medidas, por un lado, deberían aliviar a las empresas —muchas de las cuales no abrirán—, y por el otro estimular al turismo interno.

En él está puesta la esperanza para “al menos seguir funcionando” porque, en palabras de Marina Cantera, secretaria de la Cámara Uruguaya de Turismo (Camtur), “nadie está pensando en rentabilidad, sino en que los emprendimientos sigan vivos y sus plantillas de empleados puedan reincorporarse”.

Tras una semana de reuniones continuas, el jueves pasado fue un día frenético para los operadores. Una fuente del ministerio relató que por la mañana se llegó a un acuerdo entre el ministro, el subsecretario Remo Monzeglio, el presidente Luis Lacalle Pou, el secretario de Presidencia Álvaro Delgado y el prosecretario Rodrigo Ferrés. Por la tarde se reunieron Cardoso y la ministra de Economía Azucena Arbeleche. Sobre las 17 horas llamaron a Juan Martínez, presidente de Camtur, desde Torre Ejecutiva y le pidieron que fuera hasta allí para ponerlo al tanto de las medidas antes de hacerlas públicas en la conferencia.

Hacía falta recuperar la armonía entre los gremios y el gobierno. Estos llevaban siete meses reclamándole medidas específicas y a la altura de la relevancia que el sector tiene para la billetera del país. Su problema de liquidez era de 20 millones de dólares —le recriminaban unos meses atrás—, lo que representa el 1% de las divisas que generó el sector en 2019. Si bien los operadores expresaron que blindar la temporada era una decisión correcta, había sido un trago amargo que esa noticia no viniera acompañada de un plan de respaldo para las empresas afectadas.

Más que solicitar beneficios, el sector pasó a exigir soluciones. Finalmente, cuando se detallaron, hubo conformidad. Después de todo, la mayoría de las medidas respondían a solicitudes previas al escenario que trajo la pandemia.

Hay que mirarlo así: ahora, para sacar cálculos de cuánto pesará el sacrificio de mantener las fronteras cerradas, se observa la balanza comercial de 2019, que había arrojado un saldo positivo de 553 millones de dólares, pero no se debe obviar que un año atrás la ganancia había sido del doble. Las últimas temporadas habían sido problemáticas. De esta forma, algunas de las medidas saldan reclamos viejos para volver al país más competitivo en una región devaluada.

Sin embargo, a pesar de la conformidad inicial, se apuesta a más. Los operadores consultados advierten que harán uso de esa puerta abierta que dejó el gobierno para discutir la incorporación de nuevas medidas.

Bienvenido a casa.

El turismo interno representa el 30% de las divisas del país. En 2019 se registró un incremento del 11,7% con respecto al año anterior, lo que se traduce en 513.000 uruguayos que vacacionaron en casa. La meta está en lograr que este verano ese porcentaje trepe al 50%.

Esto implica un doble desafío para los operadores: por un lado conquistar el bolsillo y por el otro la imaginación de los uruguayos, especialmente de aquellos que habitualmente eligen salir del país para veranear (el año pasado hubo más de dos millones de salidas al exterior, según las cifras oficiales). Empecemos por ahí. Para algunos implicará volver a enamorarse de paisajes conocidos, para otros un flechazo con geografías que ignoraba.

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Con sus espacios públicos restringidos, la Intendencia de Maldonado dice que aplica "una vigilancia celosa".

“Se trata de reimaginarte. En Rocha lanzamos una campaña que apunta a que reconectes con tu naturaleza, porque acá no tenemos que inventar nada, tenemos todos los condimentos para atraer a los turistas de todos los gustos. Lo que pasa es que había muchos lugares olvidados que venían trabajando en silencio (como el ecoturismo) y ahora están ganando en protagonismo. Acá es así, ya tenemos todo preparado: lo quieres y lo tienes”, dice Delvair Amarilla de la Corporación Rochense de Turismo.

Más de la mitad de la oferta hotelera y gastronómica de Rocha ya abrió —aunque trabaja con entre el 20% y 30% de su personal—, un porcentaje que tiene sentido considerando que es una de las opciones preferidas por los uruguayos para vacacionar. Si las cifras dicen que el 60% de sus turistas son locales, el objetivo es mantenerlos e incrementarlos. Por eso sus operadores quieren demostrar que tienen más que 180 kilómetros de sol y playa y amplían el menú.

De hecho, el turismo rural se convirtió en la vedette inesperada del relax en tiempo de pandemia. Este es un sector pequeño, con unas 50 empresas agremiadas, por lo general de tipo familiar. Esto hizo que se acogiera a las primeras medidas genéricas que lanzó el gobierno —como la inactividad— y lentamente, a medida que la demanda fue sorprendiendo, retomó al personal en seguro de paro. Hoy, el sector registra entre 80% y 90% de ocupación, cuando en un año normal, en esta época, andaría por 70%, y el índice anual es de 30%.

Pero las reservas de extranjeros para el verano empezaron a caer en agosto pasado, y ahora estos negocios deberán salir a competir con la costa, preparando paquetes atractivos que venderán, en parte, junto a las agencias de viaje que debieron aprender a “vender Uruguay para los uruguayos”.

En esta competencia “entre hermanos”, cada destino sale a dar su pelea. El circuito termal de Paysandú y el de Salto no quiere quedarse atrás. Es una paradoja, pero los responsables de los establecimientos de la zona dicen que el cierre de las fronteras es un golpe de suerte ya que evita que los turistas migren hacia las termas del lado argentino, donde el precio es mucho más atractivo.

En Daymán y en Arapey, casi todos los hoteles abrieron (aunque con menos camas, el 65% del personal y en algunos casos menos días a la semana) y también los parques acuáticos. Para este fin de semana, en Daymán, está todo ocupado, cuenta Diego González, de la asociación que reagrupa a sus servicios turísticos. Por eso el intendente reelecto de Salto (Andrés Lima) se reunió con Lacalle Pou para plantearle la posibilidad de ampliar el aforo, reduciendo así la distancia de cuatro metros que se exige en las piscinas abiertas y seis metros en las cerradas.

“El verano es una temporada floja porque se asocia el calor del norte y el agua caliente”, plantea González. Pero después agrega: “Nosotros queremos competirle a la playa comunicándole a la población que enfriamos el agua de las piscinas y que además acá no tenés problema con el clima: si te llueve no se te arruinan las vacaciones porque a las piscinas las podes usar igual”.

Qué vengan, aunque pocos.

En el sur del país, el reto de los balnearios y ciudades turísticas es más duro. Al oeste está Colonia, que al igual que Maldonado depende de los turistas argentinos primero y de los brasileros después para mantener uno de los ingresos económicos principales del departamento.

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Estadías rotativas y uso de pulseras electrónicas: las ideas de Maldonado para que ingresen argentinos.

Andrés Castellano, presidente de la Asociación Turística de Colonia, explica que si bien en los últimos meses se duplicó la presencia de uruguayos, el número sigue pesando poco. “Tenemos el doble de uruguayos, pero en la mitad de las camas y comiendo en la mitad de los restaurantes porque el resto aún no abrieron”, afirma.

Desde la intendencia, la directora de Turismo Cristina Otero dice que a pesar de que un sondeo reciente entre inmobiliarias les permite proyectar que el turista interno elegirá este departamento, el aforo que exigen los protocolos sanitarios no permite que varios empresarios lleguen al punto de equilibrio y por eso muchos evalúan si abrir o no. Además, de hacerlo, deberán “reconvertirse para el bolsillo uruguayo”, es decir abaratar la oferta.

Para competirle al este —“la opción por inercia del uruguayo”— Castellano tiene agendada una reunión con la agencia de publicidad del ministerio. “Tenemos que contar una historia regional, proponer un verano distinto o complementario que escape de pasar un ratito en el barrio histórico y proponga pasar cuatro o cinco días recorriendo el patrimonio, pero también las bodegas, emprendimientos rurales, queserías, conocer los chocolates de Colonia Suiza y las playas hermosas que tenemos”. Santa Ana, por ejemplo, ya tiene varias reservas. Parece que finalmente su habitante ilustre, Luis Landriscina, tendrá vecinos.

Pero no alcanza. Castellano y Otero coinciden en sugerir que debería abrirse el puerto —con 1.200 trabajadores en seguro de paro— para así mejorar la logística que motivaría a venir aquellos argentinos propietarios con residencia —que están habilitados a ingresar— y, por qué no, permitirles entrar a los que aún no tienen la residencia.

Otero dice que en los últimos días se reforzó el control para que cumplan la cuarentena y además —aporta Castellano— otro sondeo les indicó que habría interés del otro lado del río en venir, concretar inversiones como la compra de propiedades e incluso experimentar una residencia de mediano plazo.

En Maldonado se piensa parecido. La invasión de turistas que tradicionalmente ocurre luego de Navidad “es impensable”, pronostican los operadores. Y esto, en parte, no es solo por culpa de la pandemia y las fronteras cerradas. “La diferencia cambiaria con Argentina iba a impedir de todas formas que llegara masivamente la clase media, que es la que realmente mueve la aguja. Pero no sería un obstáculo para los bolsillos más holgados”, opina Javier Sena, presidente de la Cámara Inmobiliaria Punta del Este-Maldonado.

Luis Borsari, el director departamental de Turismo, espera recibir un núcleo interesante de uruguayos residentes en el exterior (unos 200.000 suelen volver a veranear al país) y a extranjeros con propiedad en el departamento y residencia: “A ellos les tendría que pasar algo muy grave para faltar en la temporada”, confía.

A este grupo se le sumarían los cerca de 20.000 nuevos habitantes que ganaron Punta del Este y sus alrededores durante la pandemia: extranjeros que se vinieron a ocupar sus casas de descanso para pasar la cuarentena y uruguayos que se mudaron atraídos por precios de venta y de alquiler interesantes. Ellos ayudaron a que el balneario viviera “un invierno atípico con mucho movimiento”, reconoce.

El asunto es que, frente a un escenario completamente distinto al habitual, hay una “rendija” que podría ayudar a hacer una diferencia: dejar entrar a los propietarios por más que no tengan la residencia. “Reúnen todas las condiciones y están ávidos de venir. Algunos llevan 35 años veraneando acá pero jamás pensaron en sacar la residencia”, dice el director.

Para darle andamiaje a esta posibilidad, Borsari le planteó al viceministro Monzeglio una idea original. Cree que sería viable exigirles que ingresen con una pulsera electrónica —al estilo de las tobilleras—, a su costo. En caso de incumplir con la cuarentena obligatoria, ante una denuncia, la misma se activaría para chequear su localización. Para ello debería montarse una oficina de vigilancia, que Borsari opina que debería ser gestionada por las fuerzas armadas.

Por el momento cerca de un 40% de la hotelería abrió, pero la proyección es incierta ya que el 75% de la ocupación depende de los extranjeros y compite contra los alquileres que tienen un estatus casi de “parahotelería”.

Sena, desde la cámara inmobiliaria, considera que el turismo interno compensará entre el 25% y 30% de las divisas que dejan los extranjeros en el balneario, “porque por más que los precios se ajusten están pensados para otros bolsillos”. Por eso propone que habría que replantearse el ingreso de los que tienen propiedad y regular su presencialidad de forma rotativa, “como hace la enseñanza”.

Las medidas que faltaron.

Hay dos números que los operadores tienen entre ceja y ceja. Un análisis de Equipos Consultores predice que en el mejor de los escenarios, si los uruguayos que en el último año gastaron 1.200 millones de dólares fuera del país lo volcaran puertas adentro, alcanzaría para cubrir 40% de las ganancias que deja el turismo receptivo. Además, según el mismo estudio de esa consultora, 38% de los uruguayos que prevén vacacionar pretenden gastar menos que en 2019.

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Nadie espera una temporada rentable, se trata de sobrevivir.

¿Y entonces? Para armar paquetes y promociones, los operadores estaban expectantes de las medidas que finalmente fueron confirmadas este jueves por el gobierno de Lacalle Pou.

La hotelería —con el 50% de su personal en seguro de paro— tendrá una tasa de IVA del 0% desde diciembre y hasta el 4 de abril (es decir, después de la Semana de Turismo). Este descuento beneficiará el bolsillo del turista local, pero los empresarios aguardan la aclaración de si podrán usar ese IVA para descontar de sus ventas, como habían solicitado.

También pensando en conquistar clientes, se volvió a los nueve puntos de descuento en el IVA con el uso de tarjetas en locales gastronómicos —que se habían reducido a cinco puntos en marzo pasado—. El beneficio es válido para alquileres de autos.

Para que el sector reintegre personal o incorpore nuevo, por el mismo período de diciembre al 4 de abril, se descontará de los aportes mensuales 8.000 pesos por cada trabajador. Además, los alquileres serán exonerados de IRPF y se negocia una financiación hasta en 12 cuotas, lo que les permitirá a las inmobiliarias competir con el mercado de las plataformas. Las agencias de viaje y las empresas transportistas serán exoneradas de los aportes patronales.

También se anunció una inyección de capitales a través de los créditos SIGA (que cuentan con garantía del Estado). Resta comprobar en su reglamentación si se contempló la ampliación del monto límite y del espectro de facturación de las empresas que pueden aplicar. Anteriormente esta iniciativa quedó chica, ya que entregaba hasta 160.000 dólares a comercios cuya facturación no podía superar los 7,5 millones de dólares.

Carlos Pera, presidente de la Asociación Uruguaya de Agencias de Viajes, explica que aunque el 93% de estas empresas cerró sus locales, mantenerse “en estado vegetativo” implica un desembolso de costos fijos que oscila entre 7.000 a 50.000 dólares mensuales, de acuerdo al tamaño de la firma, por lo cual el crédito no era suficiente. Además, este rubro factura el total del costo de venta, no solo de sus comisiones, así que un universo grande había quedado excluido.

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Cierre de fronteras favorece al circuito termal local.

Por último, el gobierno anticipó que en los primeros días de noviembre el Banco República emitirá una tarjeta con importantes descuentos. Según supo El País, la misma se llamaría “Recompensa” y tendría descuentos de hasta 30% para los usuarios, pero también será útil para dar “oxígeno” a los empresarios al adelantar la fecha en que cobran. Otros operadores mencionaron que se encontró “eco” en la tarjeta Visa para sumar beneficios que se anunciarán en breve.

Desde Camtur explican que todavía hay medidas por las que pelear. Cantera, la secretaria, recuerda que se busca algún acuerdo con supermercados, descuentos de IVA para más rubros y posponer el anticipo del pago de IRAE.

Desde el circuito termal, pretenden alguna devolución en los peajes y beneficios en el combustible para hacer más atractivo el viaje. Las empresas de turismo rural, que pagan aportes por su actividad agropecuaria y por el turismo, solicitaron que se les grave una sola vez. Y Audavi propone que el seguro de desempleo se extienda a 24 meses, además de agilizar el proyecto de ley de reprogramación de viajes. Las inmobiliarias también quieren agilizar la norma que regularía los alquileres en el país. 

Los intendentes electos, en tanto, saben que además de avanzar en el protocolo que definirá el aforo en las playas, deberán decidir qué hacen con la solicitud de descuento en las contribuciones, tributos y tasas de saneamiento que son “muy pesadas”, especialmente para los hoteles —según manifiesta Rodríguez, de AHR— y en las patentes de autos.

Desde la Asociación de Arrendadoras de Automóviles, su presidente Javier Franco plantea que pretenden recuperar el beneficio del 50% de exoneración que solían tener en las patentes (que luego pasó a ser de 32% y después se suprimió), para evitar así la competencia desleal que trepa a unos 8.000 vehículos que se alquilan sin pagar impuestos.

A la espera de más novedades, el sector se mueve con dos certezas. La primera, es que el turismo interno llegó para quedarse. La segunda, que hay que darle batalla y no bajar los brazos. Ya saben que deben mirar hacia adelante y estar listos para cuando llegue el tiempo de reencuentro con los turistas que eligen el país verano a verano.

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Montevideo en rojo: sin turistas en la capital

Francisco Rodríguez, el presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes del Uruguay, cuenta ocho hoteles cerrados en el camino que hace desde su casa a la oficina. Sabe que al menos hay otros cuatro que están en situación crítica. Algunos se vendieron o alquilaron para otros fines, o se reconvirtieron en residenciales para la tercera edad. Montevideo es el centro turístico más importante del país. En 2019, congregó más de un millón de visitantes que gastaron más de 574 millones de dólares. Ahora el desafío es cómo atraer al uruguayo a que la visite con interés y bolsillo de turista. “Tiene para ofrecer el turismo cultural, gastronómico, deportivo, patrimonio y el turismo de congresos, que es el que más dinero derrama. El asunto es que si no se mueve, Montevideo se liquida”, dice Rodríguez. La intendenta electa Carolina Cosse anunció que su gabinete trabaja en un nuevo plan.

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