Teen la vida

| Los 360.000 adolescentes uruguayos viven entre emos, skaters y planchas y lejos de la mirada adulta. Mientras exprimen el presente, se debaten entre salir a trabajar o seguir estudiando.

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Fabián Muro

Son algo más de 360.000. Casi uno de tres nace y vive en un hogar pobre. El 30% de los aquellos entre 15 y 19 años abandonan el sistema educativo para ingresar al mercado laboral, casi siempre en condiciones desfavorables. Y los que siguen en el liceo cuentan con insuficiente información y asesoramiento para elegir entre las opciones académicas.

Los adolescentes uruguayos crecen y viven en una sociedad que se interesa por ellos de manera intermitente. Y cuando repara en ellos, a menudo lo hace desde el desconcierto.

En el estacionamiento de un shopping a la salida de un supermercado se han juntado unos "emos". Una mujer que pasa se muerde el labio inferior y levanta las cejas. El gesto delata la incomprensión y la desaprobación ante los muy elaborados peinados -color negro impenetrable-, las caras perforadas y el maquillaje espeso.

Ellos, a su vez, ni siquiera registran la cara de la mujer. En ese desinterés está una de las claves del complejo relacionamiento entre el mundo adulto y el adolescente en Uruguay. En un libro de reciente edición, Adolescencias y vértigo civilizatorio, el psicoanalista Marcelo Viñar expresa esta distancia con la frase: "El mundo adulto es percibido como extraño por el adolescente, quien reacciona con actitudes de exclusión".

En la olla de skate del Buceo, los jóvenes consultados ni se detienen ante la pregunta de si a sus padres les preocupa que no usen protección: siguen de largo hablando de tablas, saltos, salidas y sueños de poder vivir de su pasión. Los que ya parecen con ganas de dejar de ser adolescentes están más ensimismados y es el porro el que concita el interés, no las preguntas del periodista.

La indiferencia no es unilateral. Una parte de la sociedad adulta tampoco parece demasiado ansiosa en saber qué piensan, quieren o rechazan sus adolescentes. Que hayan pasado 20 años entre la anterior Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud (Enaj) y la que hoy está terminándose es una señal sobre eso.

Es difícil aducir falta de recursos para explicar las pocas ganas de saber sobre ese mundo. El costo total de la Enaj es relativamente modesto: 150.000 dólares, según lo que informa el economista Jorge Campanella, número dos en la jerarquía de Infamilia, el programa del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) que atiende a la adolescencia.

Además, como lo dice el título, el estudio va más allá de esta etapa: la edad de los encuestados llega hasta los 29 años. El informe tuvo una publicación preliminar, difundida a fines de diciembre y Campanella calcula que para marzo estará completo.

Con todo, hay zonas en las cuales adultos y adolescentes dialogan: los planes acerca del futuro y lo que se hacen o dejan de hacer en el tiempo libre son los tópicos más frecuentes y eso se ha mantenido relativamente constante. Pero la participación en discusiones que involucran cuestiones políticas registra un descenso de 25 puntos porcentuales entre lo que se registraba hace 20 años y el presente.

Tal vez una de las expresiones más contundentes de esa brecha esté en el indicador que da cuenta de la participación de adolescentes en distintos aspectos de la vida social. Más de la mitad de éstos (y de los jóvenes) no practican deportes, no militan políticamente y no forman parte de ningún movimiento religioso, barrial o cultural.

La respuesta más frecuente a por qué no lo hacen es tan lacónica como reveladora: "No me interesa", dice un 63% de aquellos que tienen entre 12 y 19 años.

LÍMITES. Lo que sí les interesa es estar con sus pares. Juan Fernández, psicólogo social y catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, explica que los adolescentes necesitan y prefieren su grupo de amigos a cualquier otra alternativa recreativa. "Éstos, especialmente los de su mismo sexo, son los ámbitos privilegiados para otorgar sentido a sus nuevas experiencias".

Hay además una voluntad de diferenciarse de otros. Cerca de un 60% de los adolescentes hacen una clara demarcación entre chetos y planchas de acuerdo a la Enaj.

Ese límite es a veces de apenas unas cuadras. Del otro lado del reducto de "emos" hay cinco "planchas" con edades de 14 a 18 años. De la moto de uno de ellos se escucha cumbia y reggaeton al volumen más alto del que son capaces los parlantes.

¿Qué hacen? Nada. "Venimos un rato y estamos acá. No hay mucho para hacer", cuenta otro. Ante la pregunta de por qué no van hasta el otro lado donde están los "emos", se empiezan a reír. "Tas loco. Te sacan corriendo. El otro día pasé y tuve que decirles, `mirá que a mí también me gusta el color negro ¿eh?` ¡Y se lo tuve que decir a una mina!", comenta entre carcajadas otro de la barra.

De todas formas, los contactos entre los distintos grupos siempre se dan. El propietario de la moto pasa después por donde están los cultores del negro. Por supuesto, lleva a todo volumen un tema de reggaeton. Y aunque el "emo" un rato antes había estado escuchando a Kanye West, conoce y entiende sobre ese estilo que tantos asocian únicamente a la condición de pobre y/o delincuente.

"La cumbia y el reggaeton es lo que más consumen los adolescentes, sin diferencia de clase", dice Álvaro Huluk, jefe de ventas de Palacio de la Música y DJ de fiestas de 15 con años de experiencia.

Consumir no es lo mismo que comprar, aunque pueda parecerlo. "El reggaeton y la cumbia es lo que escuchan cuando van a una fiesta o cumpleaños de 15, casi exclusivamente. Hoy, eso es casi lo único que funciona en una pista de baile. Pero cuando compran un disco, eligen La Vela o La Trampa. Hannah Montana y Jonas Brothers también venden".

La preferencia de los adolescentes por los polos cumbia/reggaeton-rock/pop se confirma parcialmente en el Segundo Informe Nacional Sobre Consumo y Comportamiento Cultural 2009. Ahí, los gustos por esos estilos son los predominantes entre aquellos que tienen entre 16 y 29 años

Los que esperan en la puerta de una discoteca y piden dinero para comprar alguna bebida alcohólica deambulan de acá para allá mientras conversan acerca de temas que siempre terminan en lo mismo: las chicas y cómo conseguirlas.

El sexo entre adolescentes es uno de los tópicos sobre los que existen las más variadas -y a veces contradictorias- opiniones entre los consultados. Aunque algunos expertos coincidan en la importancia de los pares a la hora de elaborar y darle sentido a las relaciones sexuales, esta relevancia no aparece nítidamente en las respuestas de los adolescentes en la Enaj. Ahí, las charlas con los padres superan en importancia y frecuencia a las que puedan mantener con sus amigos.

De ésta surge que los varones inician sus relaciones sexuales promedialmente a los 15 y ellas a los 17. Y que las principales fuentes de información sobre sexo, además de los padres con quienes un 40% dice hablar, son los establecimientos educativos (36%).

Más allá de las cifras, Fernández señala otros aspectos del sexo en los tiempos de la adolescencia. "Vivimos en sociedades hiper-erotizadas que cultivan la seducción sensual tanto como el exhibicionismo y el voyeurismo. Hablamos desembozadamente de la sexualidad. Complementariamente, el contacto temprano e inevitable con la pornografía lleva a visiones muy descarnadas del sexo".

POBREZA E ILUSTRACIÓN. "Pah, ta muerto esto. Están todos en la costa, de vacaciones. Nosotros no porque no tenemos plata", dice uno de los cinco planchas que quedaron rezagados en Montevideo y que charlan con Qué Pasa. La moto, y la ropa, de marca Nike o Reebok, matizan la afirmación.

Aún así, pobreza y adolescencia están ligadas estructuralmente en la actualidad. De acuerdo a Campanella, más o menos un 28% son pobres. "Si se compara eso con las cifras totales de pobreza de 2008, las últimas disponibles, los adolescentes son relativamente más pobres que el resto de los uruguayos", cuenta el economista.

En parte, la condición de pobre determina el fin de la adolescencia, el ingreso al mundo laboral y la despedida de los estudios. "Aquellos que abandonan Secundaria antes de completarla -que son más varones que mujeres- tendrán los trabajos peor remunerados y los menos formalizados", elabora Campanella.

El 5 de enero, el presidente electo José Mujica se refirió a las complicadas condiciones en la educación media. "Estamos enseñando de una forma que no atrae a los gurises, que no los incorpora. Sencillamente tenemos que empezar por revisar no ya el qué sino además el cómo estamos enseñando".

Aunque los planchas exhiben la misma desidia casi premeditada para hablar con un adulto, son muy rápidos para detectar cualquier figura de ese mundo que pueda representar un conflicto. Se cuidan de los guardias de seguridad y de un policía en particular, a quien apodaron "El chino". "Ese es el que está más salado. Siempre nos está corriendo de donde estamos", dicen.

Se sienten discriminados (sostienen que no los dejan entrar a las salas de videojuegos que están dentro del shopping: "Te ven con la gorrita y fuiste"). Por más que la Policía puede encarnar al "enemigo" para algunos adolescentes, las instituciones educativas son, por amplio margen, los lugares donde se sienten parias. 76% de los adolescentes entre 12 y 14, y 56% de los que están entre 15 y 19 declaran sentirse discriminados en el liceo (en segundo lugar, muy lejos, están los espacios públicos, con 11 y 15% respectivamente).

Las deserciones y las repeticiones, y lo que éstas implican para el futuro de los adolescentes, han tenido amplia difusión. Menos atención ha concitado otra problemática vinculada con una de las decisiones cruciales durante esta etapa: elegir qué estudiar luego del liceo.

Aunque este tema es uno sobre los cuales los adolescentes conversan regularmente con sus padres de acuerdo a la Enaj, la orientación vocacional es un área poco desarrollada en el sistema educativo uruguayo, tanto en el ámbito público como el privado.

FUTURO. El psicólogo Juan Elizalde realizó su tesis de doctorado sobre este tema en la Universidad del Salvador de Buenos Aires. Sus conclusiones son pesimistas y en cierto sentido relativizan algunos de los datos presentados en la Enaj.

Luego de estudiar exclusivamente el campo de la educación privada y encuestar a cerca de 1.000 alumnos (y entrevistar a 30 docentes), no sólo constató que hay desconocimiento acerca de la importancia de asesorarse y contar con información adecuada, sino que también confirmó que el diálogo con padres y docentes sobre el tema no es tan frecuente: 19% de los entrevistados lo hizo con un docente y 44% con los padres.

Además, comprobó que gran parte de los educadores no se sienten capacitados para orientar a los adolescentes a elegir un futuro trayecto académico.

"Partiendo de la base de que los colegios privados cuentan con un contexto educativo más favorable que los liceos públicos, no es descabellado pensar que los alumnos del sistema público están en aún peores condiciones para tomar este tipo de decisiones. Corroboré que en los liceos públicos, un 75% de los alumnos no acceden a información necesaria para tomar una decisión vocacional", comenta.

Imaginar un futuro auspicioso individual para ingresar al mundo adulto puede parecer complicado si se considera que la mitad de los adolescentes entre 15 y 19 años piensa que le llevará más de 20 años a Uruguay ser un país "desarrollado".

Y que entrar en la adultez requiere de disciplina y capacitación, como dice Juan Fernández. Eso, continúa, exige acostumbrarse a postergar cosas que otorgan gratificaciones instantáneas: "O sea resignar esa enorme tentación de placeres inmediatos: videojuegos, chats, fiestas, discotecas, películas, etcétera".

Sin embargo, la generación que hoy se encuentra en las etapas previas a la madurez cuenta con algunas ventajas que dejan espacios para el optimismo moderado. Una de ellas es la familiaridad con las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Más de la mitad de los adolescentes y jóvenes más pobres se conecta a internet (mientras que el 90% de los más ricos lo hace) y el 80% tiene celular. El martes, además, se comenzarán a dar los primeros pasos en la implementación del Plan Ceibal, ya que se dará a conocer el resultado del llamado a licitación realizado por el Latu para proveer las computadoras a los alumnos liceales.

Una computadora no asegura prosperidad ni un futuro luminoso. Pero en el mejor de los casos puede fomentar una tendencia hacia la búsqueda de la información y apoyar a los adolescentes a cumplir con la afirmación más frecuente -96%- de la Enaj: "Hay que aprovechar la juventud para capacitarse en algo que sirva en la vida".

Codiciados por el mercado

Aún cuando la gran mayoría de los adolescentes uruguayos sean "hijos de" y dependan de los ingresos de sus padres para su consumo -y la voluntad de éstos de aliviar la billetera-, no dejan de ser un target para empresas y marcas. Según un estudio de mercado llevado a cabo por la consultora Opción Consultores y reproducido en parte en El País por el suplemento El Empresario, los adolescentes forman "uno de los segmentos de mayor interés en el desempeño de las marcas". En esa investigación, se constató que seis de cada 10 jóvenes -entre los que se cuentan los adolescentes de 15 años para arriba- salen al menos una vez al mes y gastan hasta 500 pesos cada vez. Además, también seis de cada 10 se autodefine como "innovador" en sus hábitos de consumo (o sea, propensos a cambiar hábitos y además evitar lo tradicional y hegemónico) mientras que sólo un 13% de los encuestados se autopercibe como "independiente", clasificación que indica que son en términos generales indiferentes a los anzuelos publicitarios. Entre unos y otros están los complacientes, cuyas pautas de consumo intentan cumplir con el mandato de agradar a y no sobresalir de manera extravagante en relación a lo que impera entre sus pares.

Vicios que empiezan temprano

Una investigación llevada a cabo por la Junta Nacional de Drogas como parte de un trabajo a nivel mundial -Encuesta Mundial de Salud Escolar- indica que algunos vicios son incorporados a las costumbres de los adolescentes tempranamente. Casi un 20% de los relevados entre 12 y 16 años son fumadores, entre los cuales predominan las chicas. Son bastante menos aquellos que van más allá del tabaco en su curiosidad y ganas de experimentar con sustancias. Uno de cada diez afirmó haber fumado marihuana y sólo dos en cien reconoció haber probado pasta base. Eso sí, cuando se trata de alcohol, el panorama es muy distinto: casi 7 de cada 10 afirmó haberlo consumido alguna vez.

360.000

es el total de adolescentes -definidos como aquellos entre 13 a 19 años- en Uruguay.

30,6%

de los jóvenes entre 15 y 19 años deciden abandonar el sistema educativo formal.

70%

de los adolescentes reconocieron consumo de alcohol según la Junta Nacional de Drogas.

15

es la edad en la que el promedio de los varones inician relaciones sexuales, de acuerdo a la Enaj.

Puntos de partida y definiciones

Ubicar el punto de partida desde el cual una persona comienza a ser adolescente no es algo consensuado. "Coexisten varios modos de vivir la adolescencia según la región del país, el nivel socioeconómico, el nivel educacional e incluso el género. La adolescencia no es una etapa tan uniforme. No es lo mismo un adolescente tardío que un púber de trece", dice el psicólogo social Juan Fernández, docente universitario. En la Encuesta Nacional de Juventud y Adolescencia se dividen los grupos etarios estudiados en cuatro tramos: de 12 a 14, de 15 a 19, de 20 a 24 y de 25 29 años.

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