Te la hago corta

Uruguay hacía alarde de una clase política de oratoria florida y argumentación contundente. Ahora eso empieza a ser remplazado por los 140 caracteres de un invento llamado Twitter.

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Fabián Muro

Cuando el martes, el Senado debatía sobre la anulación de la Ley de Caducidad, hubo una nueva forma de enterarse qué estaba pasando dentro la cámara alta: Twitter.

La misma discusión, cuando ocurrió en 1986, se pudo seguir en directo desde las barras o a través de la radio. Esta vez no fue necesario. Durante la larga sesión, algunos legisladores -pero también asistentes y periodistas- informaron al instante lo que ocurría en sala en un limitado párrafo de 140 caracteres. Así, se informó desde cosas triviales ("Agazzi se levanta de su silla y se sienta en un escalón") a asuntos un poco más interesantes como la renuncia de Eleuterio Fernández Huidobro a su banca, un suceso que, de hecho, fue el otro gran evento Twitter de la semana además del desacatado "gordo de la Colombes".

Así, con su primera transmisión en directo de una sesión del Senado, Twitter (la red social creada en 2006 que ya tiene cerca de 200 millones de usuarios en el mundo y por donde se pasan unos 150 millones de mensajes por día) confirmó su ascendente protagonismo en la habitualmente más conversadora escena política uruguaya. Es el reino de la retórica parca.

Por ejemplo, en los últimos meses y sin intermediarios, los principales líderes de los dos partidos tradicionales uruguayos han intercambiado mensajes políticos, un canciller argentino nos lanzó dardos diplomáticos y hasta un ex legislador colorado ha buscado su consagración como comediante. Todo puede pasar cuando se combina Twitter y la farándula política uruguaya.

El mundo ya sabe de esto hace un rato. Barack Obama, por ejemplo, anunció su victoria en las presidenciales de Estados Unidos en Twitter y también a través de él, acaba de avisar que va por otros cuatro años. No esperó que llegaran las cámaras.

La incidencia local es muy limitada y más teniendo en cuenta que Facebook, la otra red social, tiene un millón y medio de cuentas de uruguayos, según un informe de este propio suplemento. El martes, El País publicó en la columna del especialista David Gómez las más recientes estimaciones de usuarios en Uruguay: 40.000 personas. En 2009, un estudio concluía que, en cantidad de usuarios, Uruguay estaba antepenúltimo en América Latina con 1,15% de los que tenían conexión a internet. El informe lo realizó el experto en redes sociales, Jorge Oyhenard, uno de los primeros usuarios de Twitter en Uruguay, quien desde @elquique ya escribió más de 12.000 mensajes.

A pesar de lo limitado del público, Twitter se ha convertido en el Ateneo favorito de dos de los principales protagonistas de la política. Pedro Bordaberry y Jorge Larrañaga han sido los interlocutores más prolíficos, llevando sus diferencias, que en otras épocas solían declamarse en foros públicos, a la simpleza de Twitter. Lo hacen con un entusiasmo que parece olvidar que, por ahora, le hablan a una tribuna poco concurrida y en general convencida de antemano. Quizás sea porque en Twitter es más importante lo que se dice y su repercusión en los medios más tradicionales, que cuánta gente lo lee directamente.

"No sé si fui el primer político uruguayo en abrir una cuenta, pero sí uno de ellos", explica Bordaberry (no lo fue, Larrañaga lo hizo antes). "Lo hice porque en el mundo actual hay muchas formas de comunicarse con la gente".

Para el senador colorado, Twitter significa la posibilidad de masificar la comunicación y al mismo tiempo personalizarla. "Parece contradictorio, pero no lo es: uno puede comunicarse mano a mano con miles", dice. "Uno pone un mensaje y de los miles a los que le llega alguien puede contestarme y yo contestarle".

Bordaberry, precisamente, prefiere Twitter a Facebook, la otra red social, más usada como un sitio de promoción o relaciones amistosas que de debate. "La maravilla de esto son los 140 caracteres, que te obligan a ser concreto", dice.

Para Larrañaga, que comenzó a "twitear" (es decir, escribir tweets, las frases o los links que los usuarios comparten en el sitio) varios meses después de haber abierto la cuenta, Twitter es "una forma de ponerle un oído a todas las voces. Puedo comunicar lo que pienso y también escuchar".

Es más complicado, sin embargo, para politólogos, analistas y ciudadanos saber si realmente es posible debatir y confrontar ideas en esa oratoria de apenas el largo de una oración.

"Cualquier discusión que se lleve por ese canal tiene la superficialidad que permiten 140 caracteres", estima el director de marketing y experto en redes sociales, Daniel Carranza. "Ese tipo de discusiones alimentan además el `periodismo de declaraciones` donde las noticias dejan de ser las cosas que pasan o se hacen y pasan a ser lo que se dice".

El politólogo Ignacio Zuasnábar, de Equipos Mori, es menos rotundo. Para él, Twitter es un herramienta válida para el debate político. "No tiene necesariamente que empobrecer la confrontación de ideas", opina. Habrá que ver.

Para descartar a Twitter como vehículo de una discusión habría que verificar la premisa de que el debate político sin esta herramienta es de por sí rico y sofisticado, agrega Zuasnábar, quien forma parte del equipo docente de la maestría de Comunicación Política de la Universidad Católica. "Un debate televisivo es esencialmente distinto al que pueda desarrollarse por escrito, pero hoy nadie cuestiona la validez de confrontar ideas en la televisión", dice. "Los medios nuevos no sustituyen a los viejos. Se complementan entre sí".

Hasta ahora, además de las peleas con repercusión mediática, la clase política uruguaya se ha limitado a dar opiniones sueltas y comentar trivialidades (el propio Bordaberry anunciando el menú de un almuerzo familiar) o actividades varias como el senador Gustavo Penadés quien básicamente lo utiliza, parecería, para hacer pública su agenda de reuniones.

Como si no quisieran ceder presencia en ningún medio, entre Bordaberry y Larrañaga copan prácticamente todo el espacio político uruguayo en Twitter. Son los que tienen más seguidores -o sea usuarios que se suscriben a los perfiles que ellos abrieron y que ganan así acceso a todo lo que publican- y los que más debaten, tanto con otros usuarios como, principalmente, entre ellos.

Al cierre de esta edición, Bordaberry con 5.264 seguidores, tenía 2.000 más que Larrañaga y con 3.457 tweets, también le lleva 1.800 mensajes de ventaja, quizás porque el colorado se considera un twiteador "minuto a minuto", y Larrañaga solo escribe de mañana luego de leer la prensa y alguna que otra vez "de tardecita", según cuenta. Será por eso que apenas roza los 700 mensajes.

Ambos se siguen mutuamente y terminaron utilizando esa plataforma para hacer notar sus posiciones encontradas en temas como la educación y los coordinadores municipales. El estilo conciliador con el gobierno del senador nacionalista chocó, en tan novedoso formato, con el porte de opositor que pretende desarrollar el senador colorado.

Durante el debate parlamentario por la Caducidad esta semana quedó claro una cosa: Twitter es un asunto de los partidos tradicionales. En su espontánea tarea de corresponsales dentro de la cámara alta se escribieron cosas como "pasamos a tratar el desconocimiento de lo que votó la ciudadanía uruguaya en dos plebiscitos; informa el senador López por el Frente Amplio" (@Pedro Bordaberry); "Estamos tratando la ley sobre anulación de la Ley de Caducidad. Este proyecto viola la soberanía de nuestro país" (@guapolarranaga); "Habla Larrañaga reivindica la soberanía e independencia de las leyes nacionales" (@GustavoPenades) y "Empieza ha (sic) hablar Saravia, todo el mundo se prepara a oírlo. Es una timba jurídica" (@Tabareviera). Hasta el ex parlamentario, Washington Abdala, un frecuente usuario de Twitter donde pasa con facilidad de la broma al enojo, comentó la sesión: "Ley de caducidad muere. Rafa la goza. Nin en un hoyo escondido. Saravia baila la cueca. Gallinal se enoja. Retorno al pasado". Pero nadie del Frente Amplio, más allá de funcionarios de nivel medio o de gente que se identifica con el partido de gobierno o que está en contra de la Caducidad, rebatió esos argumentos vía Twitter.

"Para mí es un tema fundamentalmente generacional", conjetura Bordaberry. "Gente como Lucía Topolansky, Ernesto Agazzi, Alberto Couriel... todos tienen al menos 15 años más que yo". Del gabinete solo Diego Cánepa tiene cuenta pero claramente no es de los que más la usa (lo último que escribió fue el 7 de abril, un hermético: "Mucha suerte a los muchachos de Pistacho", en referencia a la inauguración de una parrillada). Hay, eso sí, una cuenta falsa de su jefe, el presidente José Mujica, que tiene casi 1.800 seguidores. Casi todos los principales líderes tienen una cuenta falsa de Twitter y en algunos es difícil darse cuenta cuál es la real y cuál no.

El socialista Julio Bango, de los escasos parlamentarios oficialistas que tienen Twitter, no tiene una explicación de por qué los jerarcas frenteamplistas se mantienen alejados del recurso. "Creo que ahora somos algunos más, pero ellos son más notorios", dice Bango. "¿Será un problema de relacionamiento con las tecnologías? A mí me parece una herramienta de comunicación muy buena, tanto Twitter como Facebook, pero tampoco hago proselitismo entre mis compañeros para que se sumen". Bango abrió su cuenta el año pasado para "ampliar los vínculos de comunicación sobre lo que hago y alimentarme a su vez de otras fuentes de información". Tiene 365 seguidores, que es tirando a poco.

Bango afirma que se mide antes de lanzar algún mensaje al ciberespacio. "No mando tweets si no tengo algo sustantivo, desde el punto de vista político, para comunicar. Mientras estoy hablando contigo, no estoy escribiendo en mi cuenta de Twitter: `Entrevistado por el Qué Pasa`. En todo caso, cuando salga la nota publicaré el vínculo, si me parece importante. Pero creo que hay que comunicar lo que es relevante". Bango no ha escrito mucho y lo último que publicó fue el 9 de abril.

Te hablo, no te escucho. "Twitter parece haber nacido especialmente para los políticos, porque es algo para alguien que tiene muchos que quieren escucharlo, aunque a él o ella no le importe escucharlos", opina el sociólogo Alen Pérez, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y también experto en informática. Para él, Twitter sirve como un disparador, no como un lugar de discusión. "Si bien no es unidireccional, básicamente se trata de emitir", afirma. Bordaberry que es seguido por más 5.000 personas, solo le interesa seguir a 77 y en general son colegas o medios de comunicación.

El debate de esta semana en el Senado, para Zuasnábar, dejó claro que lo que antes podía parecer oscuro o inaccesible, hoy es más transparente gracias a esos tweets. "Luego, el ciudadano que así lo desee o necesite, tiene la opción de profundizar sobre el tema leyendo en un diario o un semanario", concluye.

Larrañaga, que integra un partido de larga tradición en el trato mano a mano principalmente en el interior, está jugado: "Lo mío es Twitter", dice. "Esa es mi plataforma de comunicación, donde transmito lo que me parece importante -que siempre tiene que ver con la política uruguaya- y donde respondo y dialogo, siempre y cuando se haga con respeto. Si bien tengo un perfil de Facebook, no siempre puedo ocuparme personalmente de eso. Pero de Twitter sí".

Esa practicidad del medio -tanto el colorado como el nacionalista escriben desde sus teléfonos celulares- a veces ha llevado al efecto algo paradójico de comunicarse vía Twitter mientras comparten la misma sesión. "No hemos debatido, aún por Twitter cuando los dos estamos en el Senado", explica Bordaberry, "pero sí le he mandado mensajes. Es, creo, un signo de estos tiempos, donde tenemos la tecnología tan incorporada, tan cerca". Si todo el mundo está mandándose mensajes de texto, por qué dos parlamentarios no iban a polemizar vía Twitter incluso dentro del recinto tradicionalmente dedicado a la retórica política.

"No hay que demonizar al medio en particular sino al eventual uso que cada uno -o los políticos en este caso- haga del medio", opina Zuasnábar. Por ahora, esos políticos, están empezando a agregar el arroba a la firma de sus nuevas y brevísimas proclamas políticas.

Una definición aproximada

Daniel Carranza es un experto en redes sociales y marketing, dos áreas que convergen en Twitter, una red que él define de esta manera: "Es un lugar donde yo comparto información para todos los que quieran escucharme y a cambio solo tengo que escuchar a quienes me interesa (a diferencia de Facebook, por ejemplo, donde las relaciones son recíprocas). La condensación de la información en 140 caracteres obliga a todos a ser claros y concisos. Por eso en Twitter prima la información y se minimiza el ruido".

El inventor

Jack Dorsey empezó a aprender programación de computadoras a los ocho años. Cuando tenía 29, había abandonado la universidad y trabajaba para una compañía de software. Obsesionado desde niño con los medios de transporte urbanos, se le ocurrió llevar al mundo digital las muy breves comunicaciones entre los taxistas de Nueva York. Convenció al director de la compañía para la cual trabajaba, quien lo nombró presidente del novel proyecto empresa. El primer tweet de Dorsey, el 21 de marzo de 2006, fue: "Preparando mi twttr". Tiene aspiraciones políticas: quiere ser el alcalde de Nueva York.

Jerga, terminos útiles

La brevedad de los mensajes obliga no solo a la síntesis. También proliferan siglas y signos. Acá, las básicas:

RT: Retwitear, pasar la voz. Cuando RT está al principio, se está repitiendo lo que escribió alguien. Si está al final, se está pidiendo que se pase la voz.

#: Lo que sigue al signo numeral se convierte en un "hashtag", un tema a seguir, a discutir. "#yonofirmo" fue uno de los temas que más mensajes generó en las últimas semanas. Y #elgordodelacolombes, claro.

@: Cuando se establece un diálogo en Twitter, uno se dirige hacia otro usuario no por su nombre real sino por el de usuario, que siempre lleva una arroba antes. Si uno le quiere enviar un mensaje a Jorge Larrañaga, debe empezar con "@guapolarranaga"

"Es para los ya convencidos"

Opinión calificada

Limitar el texto a 140 caracteres tiene ventajas y desventajas. La primera ventaja es que exige síntesis y disminuye la ambigüedad. Se puede ser ambiguo con pocas palabras, pero es más evidente y eso tiene un costo en términos de comunicación. Por el lado de la elocuencia, un mensaje corto que capture lo relevante de una idea, puede ser sumamente efectivo y fácilmente recordable, a la manera de un eslogan. En este sentido, no todos los políticos funcionan bien en este formato. Esta última ventaja apunta más a la efectividad retórica que a la solidez argumental. Por ahí podemos empezar a analizar las desventajas. El formato tiende más a la sentencia y a la simplificación de ideas complejas (cuando se trate de ellas) que al discurrir reflexivo. Los mensajes pueden tener un contenido informativo que sirva como punto de partida para que el lector saque conclusiones (por ejemplo por qué bajó el precio del petróleo pero la nafta sigue costando lo mismo) o directamente asume la forma de una conclusión no fundamentada. A veces se hace referencia a números sin mencionar fuentes ni las distintas formas en que pueden interpretarse. Parece ser más útil para reforzar a convencidos, que para convencer a escépticos u opositores. Muchas veces reenvía a artículos más largos, en los que puede haber un desarrollo más completo de las ideas, pero la lectura de esos artículos dependerá del interés de informarse que tenga el receptor. Mi opinión es que no contribuye a mejorar el nivel argumentativo de las discusiones políticas. No creo que las entorpezca, pero está más en la línea de la propaganda que de la reflexión.

Seguidores y mensajes

v Pedro Bordaberry

Al cierre de esta edición, contaba con 5.264 seguidores y 3.627 mensajes. No sólo escribe de política. También da consejos sobre la mejor manera de preparar morrones a la parrilla.

v jorge larrañaga

3.217 seguidores y 648 mensajes al cierre de la nota. Es más propenso a discutir con quienes le envían mensajes.

v pepe mujica. El presidente no tiene Twitter, pero una de las cuentas "truchas" abiertas en su nombre también supera en seguidores a todos los políticos excepto el dúo ya mencionado, con 1.797 seguidores. Y 2.118 tweets.

Jack Dorsey | Raquel Guinovart (*) | | |

Twitter en el escenario mundial

Resistir al poder desde el teclado

Para algunos fue el vehículo de las convulsiones en el norte de África, la herramienta que casi derriba al gobierno teocrático de Irán y lo que salvó a miles de los damnificados por el terremoto y tsumani en Japón. Ethan Zuckerman, en la revista Foreign Policy, desde el título de un artículo se pregunta si lo de Túnez puede ser "la primera revolución Twitter". La plataforma es tan reciente que muchos temen aseveraciones contundentes. De todas formas, muchos analistas toman nota de la importancia de Twitter en cuestiones políticas. Más allá de los países norafricanos e Irán, Twitter jugó un papel importante en dos hechos políticos: la ofensiva de Estados y grupos de presión contra las revelaciones de Julian Assange, y las protestas contra la española Ley Sinde, que regula las descargas en internet. En el primer caso, la red de activistas cibernéticos "Anonymous" logró comunicar las nuevas direcciones de Wikileaks para que la información siguiera goteando. En el segundo caso, Twitter ayudó a coordinar el descontento con la ley, defendida por celebrities como Jorge Drexler y Javier Bardem, y se generaron, según El País de Madrid, 80 grupos regionales para hacer campaña contra la ley y los partidos que la apoyan.

"Para llegar a las barricadas, hay que pasar por la red", escribió el sociólogo español Manuel Castells en el mismo diario. Desde Estados Unidos, el periodista Malcolm Gladwell tituló su ensayo en la revista New Yorker "Small change" (Cambio chico). "La mayoría de los twiteros durante las protestas en Irán mandaban sus mensajes desde otros países. Habría que corregir esto de una vez por todas: la revolución Twitter en Irán nunca ocurrió". Gladwell cita el ejemplo de la lucha organizada por los movimientos por los derechos civiles como ejemplo de campañas que logran, a diferencia del cambio chico, modificaciones sustanciales en la política. La discusión seguirá.

Y seguramente parte de ella se podrá ver en Twitter.

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