Remando contra la corriente

| Un técnico argentino consiguió los mayores éxitos del remo uruguayo en décadas. Pero no hay dinero para pagarle. Y está por irse a El Salvador.

César Bianchi

En Uruguay se habla, vive y respira fútbol. Sin embargo, un deporte tan poco promovido como el remo es el que más medallas olímpicas le ha dado al país. De las diez preseas conseguidas por Uruguay en la historia de los Juegos Olímpicos, cuatro fueron ganadas en regatas.

Guillermo Douglas consiguió una medalla de bronce en Los Angeles 1932, en la categoría single scull. En Londres 1948, Eduardo Risso ganó la medalla de plata en la misma categoría y la dupla Juan Rodríguez Iglesias-William Jones obtuvo el bronce en dobles sculls. Cuatro años después, en Helsinki ’52 el propio Rodríguez Iglesias y Miguel Seijas volvieron a traer a Uruguay una medalla de bronce.

Después, el remo decayó y hasta se llegó a creer que estaba en vías de desaparición en Uruguay.

Pero no fue así y hoy, 52 años después de la última medalla olímpica, el remo vive un nuevo período de auge. Los últimos éxitos se deben —en buena medida— a la gestión del entrenador argentino Osvaldo Borchi. La mala noticia es que Borchi está a punto de irse de Uruguay.

Trabajo exitoso

El técnico llegó a Uruguay en junio como invitado por Solidaridad Olímpica para brindar una conferencia. Fue entonces cuando la Federación Uruguaya de Remo hizo gestiones para que Borchi se quedara aquí. Y lo consiguió.

La Federación Internacional de Remo y el Comité Olímpico Internacional, por intermedio de su programa Solidaridad Olímpica, se hicieron cargo del proyecto, del salario del argentino (2.000 dólares mensuales) y de la compra de seis botes profesionales, valuados en 40.000 dólares.

El compromiso tácito de la Federación Uruguaya de Remo consistía en darle vivienda, alimentación y transporte al técnico, pero no fue posible. "Como la Federación carecía de recursos, yo con mi sueldo tuve que hacerme cargo de todo para que el programa se hiciera", dijo Borchi.

Bajo la conducción del argentino, los remeros Ruben Scarpati, Rodolfo Collazo, Andrés Medina y Leandro Salvagno consiguieron una medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo en agosto, el máximo logro de la delegación uruguaya.

El objetivo que se había fijado el técnico era que un bote uruguayo compitiera en los Juegos Olímpicos de Atenas. Desde que en 1996 se comenzó a exigir una marca previa, Uruguay no lograba clasificar a los Juegos.

Y el objetivo se logró por partida doble. Leandro Salvagno en singles abierto y la dupla Rodolfo Collazo-Joe Reboledo en doble par ligero clasificaron en el Preolímpico de remo que se disputó en mayo en El Salvador.

Pero los problemas económicos ya habían comenzado: en 2004 la Federación Internacional redujo su presupuesto y suprimió la ayuda al programa de Borchi en Uruguay.

De todos modos, el entrenador logró reunir 10.000 dólares de Solidaridad Olímpica y 8.000 de la Federación Internacional para desarrollar su plan de trabajo con miras a los Juegos Olímpicos.

El plan dio resultado. En Atenas, Leonardo Salvagno, en singles scull, logró el lugar 20 del mundo entre 31 competidores. Y la dupla de Rodolfo Collazo y Joe Reboledo logró el puesto 19 entre 24. Fue de lo mejor de Uruguay en Atenas.

Tras la competencia olímpica, Borchi se quedó sin recursos para llevar a cabo su proyecto. Salvo una colaboración de 300 dólares que aportó la Intendencia de Colonia, el dinero se acabó: Borchi avisó que seguiría trabajando hasta el Sudamericano de noviembre en Viña del Mar, Chile.

Allí Uruguay consiguió su mejor actuación en la historia de los torneos sudamericanos: diez botes representaron al país y todos consiguieron medallas (tres de oro, una de plata y seis de bronce). Por primera vez, además, Uruguay ganó dos medallas sudamericanas en remo femenino.

El desempeño en Chile marcó un momento de gloria. Pero la fiesta se empañó por la posible desvinculación de Borchi.

"No sé si voy a seguir, porque no sé si van a poder seguirme pagando. Es muy difícil para mí dejar todo, después de trabajar poco tiempo, haber conseguido cosas y teniendo la esperanza de que se puede mejorar todo lo hecho", dijo Borchi desde Buenos Aires.

El entrenador, que vive en Carmelo, recibió una oferta de El Salvador, pero espera no tener que emigrar: "Me quiero quedar, pero necesito la seguridad de que voy a poder establecerme por lo menos un año. Estoy más cerca de irme que de quedarme".

De Carmelo a San Salvador

El presidente saliente de la Federación Uruguaya de Remo, Juan Oberti, se entrevistó con el director nacional de Deporte, Pablo Ferrari, y con el presidente del Comité Olímpico Uruguayo, Julio César Maglione. Ambos le manifestaron interés en retener a Borchi.

"Estamos haciendo gestiones. Tenemos poco tiempo porque él necesita responderle a la gente de El Salvador y este hombre tiene la mala costumbre de comer todos los días", bromeó Oberti. El dirigente dijo que se negociará una nueva asistencia de Solidaridad Olímpica y confió que su Federación podría llegar a ofrecerle un salario "algo menor" si consiguen el apoyo de las intendencias de Colonia, Soriano, Montevideo y el Ministerio de Deporte.

Los únicos recursos de la Federación Uruguaya de Remo consisten en la cuota mensual de 800 pesos que aportan sus ocho clubes.

Ferrari dijo que el Ministerio de Deporte quiso contratar a Borchi, pero una norma del Ministerio de Economía impide contratar a extranjeros.

Hasta el presidente Jorge Batlle le manifestó a Borchi que haría "todo lo posible" para retenerlo, en la bienvenida que le dio a la delegación que compitió en el Preolímpico de El Salvador.

El técnico le contestó que, si se quedaba, pelearía las finales en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

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