OSCAR J. SERRAT, AP
CÓMO COMBATIR la creciente ola de violencia delictiva, con fuerzas policiales poco confiables, es el dilema que agobia al presidente argentino Néstor Kirchner, y especialmente a Felipe Solá, gobernador de la provincia de Buenos Aires, escenario del mayor número de hechos criminales.
Tanto Kirchner como Solá admitieron haber quedado profundamente conmovidos por la manifestación pública del 1º de abril, en la que más de 150.000 personas colmaron el centro de Buenos Aires, en una manifestación pacífica convocada por el empresario Juan Blumberg, cuyo hijo Axel, un estudiante de 23 años, fue secuestrado y asesinado la semana anterior por delincuentes que podrían haber contado con alguna protección de policías bonaerenses, según la prensa. De confirmarse, no sería la primera vez que policías argentinos se involucran en secuestros.
La multitud reclamó a voz en cuello "justicia" y respaldó las demandas de Blumberg por penas más severas contra los delincuentes y policías corruptos.
El diario La Nación atribuyó a Kirchner haber dicho a sus ministros que "si me tiene que costar la Presidencia será así. Pero estoy convencido de que hay que terminar con los policías corruptos".
Solá, entrevistado también por La Nación, declaró que "los verdaderos enemigos del gobierno de la provincia son los delincuentes, y si están vestidos de azul (el color de la policía) mucho peor. Hay demasiados lobos sueltos en la calle".