No lloren por mí, fraybentinos

| Fray Bentos se aferra a Botnia, su última esperanza. La ciudad es una babel llena de turcos y polacos. Los comercios venden 30 celulares por día. Aunque para la vecina Gualeguaychú los uruguayos son culpables hasta que se demuestre lo contrario.

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CÉSAR BIANCHI, EN FRAY BENTOS Y GUALEGUAYCHÚ

EL 21 DE SETIEMBRE el presidente de la fábrica papelera española Ence, Juan Luis Arregui, anunció en Presidencia de la República que su firma se retiraría de Fray Bentos, pero que eso no significaba su alejamiento del país. Por el contrario, aseguró que se relocalizaría en otro departamento y que incluso duplicaría su producción hasta alcanzar un millón de toneladas anuales de pulpa de celulosa.

Ese día, Arregui se irritó en el Edificio Libertad cuando algunos periodistas le preguntaron por los despidos o los contactos mantenidos con el gobierno argentino.

El día anterior, el consejero ejecutivo de la firma, Pedro Oyarzábal, le había comunicado a 60 trabajadores de sus oficinas en Montevideo que 40 de ellos serían cesados. La reducción de la plantilla también afectó a 11 empleados en Río Negro: siete guardias de seguridad, tres de M`bopicuá y una contadora del vivero.

Uno de los dos grandes emprendimientos industriales que enamoraron a los fraybentinos los había traicionado. Ellos y muchos obreros y comerciantes de todo el país que se habían puesto la camiseta de las papeleras, empezaban a sentir que podían quedarse con las manos vacías.

Mientras en Montevideo dirigentes políticos de todos los partidos criticaban la decisión de Ence -la defensa de las papeleras es un asunto de Estado que unificó a todo el sistema político-, y sugerían revisar la concesión de zona franca al predio lindero a la terminal portuaria, algunos de los 300 trabajadores de la empresa en Río Negro analizaban ocupar el vivero de Eufores.

El alejamiento de Ence sorprendió a algunos lugareños, pero no a la mayoría, que sospechaba que algo así estaba por suceder. Igual, coinciden, ellos tenían puestas sus ilusiones en Botnia, la finlandesa que nunca les dio señales de incumplimiento.

La prosperidad tendría que acotarse al trabajo directo e indirecto de Botnia.

Pero allí tampoco era todo color de rosa.

La protesta de los trabajadores de la firma finlandesa comenzó el 19 de setiembre y al día siguiente la empresa detuvo sus obras. Además del paro, los trabajadores impidieron el ingreso de camiones a la planta y que un buque que transportaba material amarrara en el puerto. Los obreros reclamaron que se equipararan sus ingresos a los de los extranjeros.

Pulp fiction, tiempo muerto

La misma noche del primer día del paro, un ciudadano finés que supuestamente conducía ebrio un Chevrolet Corsa rojo atropelló a Oscar Dos Santos, de 23 años, un empleado de la subcontratada Stiler, y se dio a la fuga. El joven fue trasladado al sanatorio Americano de Montevideo en estado "delicado", según el parte policial. El finlandés, un gerente de Botnia, dijo a la Justicia que pensó que era un perro.

El 29 de setiembre unos 1.200 trabajadores en asamblea debatieron sus diferencias con la dirigencia del Sunca a nivel nacional primero, y los puntos centrales de sus reclamos después. Lo que en un principio había sido un intransigente "no a los gringos" dio paso a la consigna "equiparación salarial con los extranjeros", especialmente en viáticos, tiques de alimentación y un fondo de cesantía.

Durante los 16 días de conflicto sindical los fraybentinos temieron lo peor: volver a la "ciudad fantasma" que era antes, a la pobreza, la miseria y a un nuevo caso de engaño industrial al pueblo que carga en su mochila las decepciones del frigorífico Anglo, los "empresarios" vestidos de árabe en tiempos de dictadura y la más actual frustración del frigorífico Incur S.A..

Una primera visita a Fray Bentos durante la huelga laboral permitió comprobar algunas cosas: la incertidumbre de muchos por el futuro de Botnia, la vital dependencia del departamento al destino de ese proyecto y el asombro de los locales por la increíble tolerancia alcohólica de trabajadores y patrones europeos.

La mañana del 2 de octubre un grupo de trabajadores de Botnia, en asamblea frente a la entrada a la obra, detenía a cada auto que pretendía ingresar a la planta por dos o tres minutos. Cuando quiso ingresar el vicepresidente de Botnia, Sami Saagrela, varios empleados patearon su Chevrolet Vectra y le rompieron los vidrios. Fuentes de Botnia dicen que se ensañaron contra él; Juan Sardella, del Sunca, afirma que el directivo aceleró la marcha llevándose dos "compañeros" por delante.

A la tarde en el centro todo era calma. Cuando Botnia para, Fray Bentos también.

La capital de Río Negro se parecía mucho a Zapicán o a Migues: pocos autos en la calle, escasos peatones y como no había trabajo, la siesta era obligada. Pero los comercios estaban abiertos.

Ta-Ta, Macri y Grandes Tiendas Montevideo son el ejemplo de cómo empresarios montevideanos repararon en las bondades que traerían las pasteras. Gabriel Almirón, gerente de Ta-Ta, dijo que del año pasado a éste pasaron de un local pequeño a uno enorme. "Ahora vendemos el doble de lo que vendíamos antes. Económicamente ha repercutido el alejamiento de Ence y el paro de Botnia, y no sólo acá: se ve menos gente en la calle, en las carnicerías, en las zapaterías".

Almirón dijo que todos en Fray Bentos habían cambiado su televisor y comprado motos o autos. Pero al momento de la entrevista, la incertidumbre también se palpaba. "Los comerciantes están malísimos porque invirtieron pensando que lo de las papeleras era seguro y ya ven que no. Los proveedores de este supermercado, por ejemplo, están preocupados porque invirtieron en cámaras de frío y ahora no saben qué pasará", agregó.

Otra fuente de Ta-Ta, que prefirió no identificarse, comentó por lo bajo que desde que Botnia estaba en huelga se había registrado un descenso del 60% en las ventas. Hasta el día anterior al conflicto ese local depositaba en el banco entre 200.000 y 300.000 pesos por día, y después de iniciado el paro estaba depositando en promedio unos 35.000 pesos. "Si sigue todo así, vamos a volver a lo que éramos en 2002", dijo.

El mismo efecto de auge y caída se vivió en Movistar con la venta de teléfonos celulares. La marca abrió en Fray Bentos en junio de 2005 y a partir de diciembre y hasta el mes pasado el promedio de teléfonos vendidos era de 30 por día.

Vivian Pereira, encargada del local, es una joven fraybentina que debió dejar la universidad en Montevideo para volver a sus pagos a trabajar para pagar las cuentas, y dice que está fervientemente a favor de las papeleras. "¡Trajeron trabajo! Abrieron locales de todo tipo: celulares, tiendas, hoteles, cibercafés. Desde que estamos de paro… quiero decir, desde que Botnia está de paro, bajó la venta de celulares". El lapsus evidenció la adhesión del pueblo a la causa celulósica. La huelga hizo que pasen de vender 30 celulares por día a un promedio de uno o dos.

"Si no se soluciona lo de Botnia -los fraybentinos no apoyamos al Sunca local en su protesta- esto va a volver a ser lo que era antes: pobreza, miseria, no había trabajo", dijo Pereira.

La periodista Sandra Dodera, editora del portal www.lafraybentina.com y militante pro-papeleras, fue aún más lejos: "Volverá a ser un pueblo fantasma, con los comercios de la 18 de Julio cerrados, con la población emigrando a otros departamentos o al exterior. No olvidemos que Río Negro era uno de los departamentos con mayor desocupación y había gente que comía de la basura".

Sin embargo, la propia Dodera apuntó una realidad comprobable: a pesar de las malas noticias, cada vez más comercios abrieron sus puertas entre los últimos días de setiembre y primeros de octubre. El 30 de setiembre en Fray Bentos abrió el truck center Recomer, que reconstruye neumáticos y ofrece servicios al transporte, y la tienda de ropa El Triunfo. Cinco días antes lo había hecho la empresa de telefonía móvil CTI.

Lo curioso es que falta exactamente un año para que Botnia comience a operar en su planta procesadora de celulosa pero ya se instalan inversiones "importantes" ligadas a abastecer las necesidades de los camiones que entrarán a la obra. Mauricio Labbadie, propietario de Reconstructora de Mercedes (Recomer), dijo que "el movimiento de Fray Bentos y la región estaba pautado por el crecimiento industrial de Botnia, no de Ence. La realización de Botnia ya justifica nuestra inversión", que prefirió no especificar.

Labbadie se jactó de haber sospechado la partida de Ence. "Teníamos algún dato extraoficial de que su obra industrial no se iba a hacer".

Los dueños de El Triunfo no tuvieron el mismo dato y abrieron el mismo día que Recomer. Facundo Michel, encargado de la tienda, dice Bosnia cuando quiere referirse a Botnia, la solución a todos los males. "Ha venido mucha gente a consultar precios desde que abrimos. Ese día vinieron dos extranjeros de Bosnia y compraron prendas. Creo que lo de Bosnia se va a solucionar, por suerte para todos", dijo Michel.

No le pasa sólo a él, son muchos los lugareños que confunden la empresa finlandesa con el país escindido de la ex Yugoslavia. Otro ejemplo es el de Ana Stagi, encargada de otra tienda de camisas y vaqueros de marca, Única Jeans. "Se notó en las ventas la llegada de Bosnia. Se siente el bajón comercial y las ventas no volverán a la normalidad hasta que no cobren una nueva quincena", dijo. "El público de la tienda es el obrero soltero y coqueto, no el que tiene que enviar su remesa al interior".

Pero no todos sintieron el bajón. Julio Gómez, al frente de Atala Motos, no para de venderle a los trabajadores europeos. Mientras que en el local de la firma en Mercedes vende un promedio de 20 motos por mes, en Fray Bentos vende 80. Y antes de que comenzaran a llegar obreros para emplearse en Botnia, vendía la misma cantidad de unidades que en Mercedes. Gómez dice que se vio venir la partida de Ence y tomó recaudos: "Cuando vimos que le daban largas al asunto decidimos acotar las ventas en créditos a seis cuotas como máximo. Y dio resultado".

El supermercado La Familiar también vivió la bonanza que trajeron las polémicas plantas pero, en cambio, las dudas estaban vigentes el 3 de octubre. Luján Barruta, cajera del negocio, aseguró que Ence se fue para no volver y que sería casi imposible que Botnia la imitara. En plena huelga y con un comercio vacío dijo que si la empresa llegara a irse "esto vuelve a ser la muerte". Su marido trabaja como albañil en Botnia y acató el paro aunque no estuvo de acuerdo, "como la mayoría de los trabajadores".

Barruta, embarazada, contó que su marido gana 10.000 pesos mensuales y cuando hace horas extras el sueldo llega a 18.000. Ella intentó sacarle alguna palabra a los finlandeses -que suelen pasar por las góndolas de bebidas alcohólicas blancas- pero sólo le contestaron: "complicado".

La fama de bebedores de los europeos (no sólo los fineses) fue confirmada por todos los consultados.

Uno de ellos fue Fabio Polaski, quien dirige la sucursal de Multicar en Fray Bentos, y le alquila una flota de 120 autos y camionetas a Botnia, desde enero. La rentadora sólo dispone de diez coches para otros clientes.

Hasta junio también le rentaba coches a dirigentes de Ence, pero éstos cambiaron de alquiladora. "Te puedo asegurar que Botnia no se va a ir porque le alquilamos a jerarcas de la empresa. Es lógico pensando que tienen un 65% de la obra terminada. Eso sí, cuando salen se divierten de lo lindo", dijo.

Rosana Magallanes, encargada de Grandes Tiendas Montevideo, aseguró que la filial había sido inaugurada en abril apostando a Ence y Botnia. "Los del interior compran cosas para llevarlas a sus hogares los fines de semana. Los extranjeros preguntan precios de cortinas para sus nuevas casas".

Los hogares a los que van a parar esas cortinas están en el barrio Jardín o "barrio de los finlandeses", que queda camino al balneario Las Cañas.

Contenedores, casas y casonas

En el barrio Jardín hay 79 construcciones de ladrillo muy bien terminadas, con gran iluminación, plantas al frente y hasta con servicio 222. En ese complejo de viviendas se quedan los jerarcas finlandeses de la empresa e ingenieros uruguayos. Algunos llegaron con sus parejas, otros matan la soledad con alcohol y prostitutas, dicen los fraybentinos.

Al lado del novel complejo se construirán 60 contenedores para que residan más trabajadores uruguayos.

Los obreros extranjeros viven en el llamado barrio 2000, junto a la ruta Puente-Puerto, como se conoce. Ahí hay turcos, rumanos, checos, polacos, croatas, suizos y griegos, entre otros, ocupando el 50% de un complejo de 108 viviendas que construyeron Campiglia e Insur (54 cada firma). Estas casas serán donadas a la Intendencia de Río Negro cuando ya no sean habitadas por trabajadores foráneos, explicó Carlos Faroppa de Botnia. "Son soluciones habitacionales para mucha gente, un gran alivio para la comuna", dijo el intendente Omar Lafluf.

Al costado de este gran complejo, hay otras 32 viviendas del "proyecto Campiglia" para extranjeros. Los que vienen por menor tiempo se quedan en algunos de los 60 contenedores con aire acondicionado. Ellos también se divierten con meretrices, que se van a pie hasta el alejado complejo de viviendas a ofrecer sus servicios.

No es el caso del turco Ahmet Gol, de 46 años, según él mismo dijo. Gol es uno de los pocos que habla inglés (encontrar uno que hable castellano es una utopía). Llegó hace un mes y vino para realizar montajes para Botnia. En su país dejó una mujer y cinco hijos, y como todavía los extraña mata su tiempo jugando a las cartas o mirando TV cable. Por ahora se aguanta las ganas de conocer las decenas de prostitutas de todo el país que llegaron a Fray Bentos.

"Vine para hacer dinero", dijo. "No estamos de paro, estamos esperando que se solucione el conflicto con los uruguayos. No entiendo por qué es la huelga, no sabemos qué reclaman. Nuestros jefes nos dijeron que esperaramos que ellos nos avisarían". Gol gana un promedio de 1.500 dólares por mes, trabajando diez horas por día, con los domingos como franco.

Al final confesó tener "curiosidad" por conocer La Miel, el lugar del que tanto le han hablado sus amigos.

Los extranjeros como el turco Gol están por todos lados. Y sobre todo en confiterías, boliches y restaurantes tomando cerveza o tragos. Los más fácilmente identificables son los rubios de tez blanquísima.

Uno de los puntos obligados es el boliche de minutas El Paragua. Carlos Gilardoni, el dueño del lugar, los atiende hasta la noche. "¡Cómo chupan! Se sientan tres en una mesa y piden un litro de cerveza cada uno. Y no se dan con nadie. Los finlandeses se dan sólo entre ellos y no le dan bolilla a nadie, como hacían los ingleses del Anglo que iban a sus propios clubes a reunirse y no se juntaban con los criollos".

Una tarde en plena huelga, Gilardoni habló frente a tres mesas sobre la vereda: en una habían dos finlandeses muy rubios que bebían cerveza, al costado dos empresarios uruguayos que trabajan para una subcontratista de Botnia, y en una tercera un portugués que también tomaba cerveza y fumaba en la vereda. Ese portugués se llama Manuel Castro, tiene 36 años y hace tareas de logística y de montaje para Botnia. Es uno de los hombres de confianza de la empresa.

Castro reconoció el derecho sindical de los trabajadores uruguayos de luchar por sus derechos pero dijo que le parecía que estaban mirando el árbol y no el bosque. "Fray Bentos tiene una chance de vida mejor, no sé por qué hacen esto, no lo comprendo". Él se fue de Espinho, su ciudad natal a 20 kilómetros de Porto, hace unos cuantos años para especializarse en montajes de infraestructura metálica en Portugal, Austria y Finlandia, donde ahora vive con su pareja. Hace tres meses que está en Río Negro, en una casa que la empresa subcontratista le alquila en el balneario Las Cañas.

"Tienen que comprender que un omelette no se hace sin huevos y esta obra no se puede hacer sólo con mano de obra uruguaya. Si se pudiera, habrían contratado sólo uruguayos, porque es más barato, pero no se puede porque no están especializados".

Dijo lo mismo que el turco Gol, que dejó su país para venir a Uruguay a "ganar más dinero". Por eso prefiere estar trabajando sus 60 horas por semana sin chistar, y no estar tomando en un bar.

Para Castro está bien que las casas construidas para los jerarcas de Botnia sean mejores que las de los trabajadores en el barrio 2000. "No se pueden hacer todas casas iguales, si eres patrón querrás una mejor casa", dijo.

A esas viviendas se les debe agregar cuatro hoteles remodelados y uno que está siendo levantado de las cenizas. El Gran Hotel Fray Bentos, situado frente al río Uruguay y su rambla, pasará de 40 habitaciones a 64 con cuatro suites con hidromasaje. El capataz de la obra, Ángel Barros, encontró mesas de casino y algunas fichas sobre su paño cuando ingresó al abandonado hotel, que sucumbió cuando la crisis de 2002.

Se aprovecharon los dos grandes salones de la planta baja, con 28 habitaciones en ese piso y otras 34 en planta alta, mientras que el restaurante del hotel que estaba de cara al río, ahora estará detrás porque se privilegiará la vista para quienes estén en sus habitaciones. La inversión de la sociedad anónima Filemur le da trabajo a 85 obreros en la construcción.

"Esto nace como impulso de las papeleras", reconoció Barros. "Si no hubiera estado Botnia por acá este hotel seguiría estando abandonado. Si llegara a irse Botnia -hizo una pausa- perdería la razón de ser de este hotel, un emprendimiento que obedece a la necesidad del mercado, a instancias de la obra. Hasta casas faltan y se están pidiendo alquileres de 13.000 pesos".

Es cierto. Desde que está Botnia como una suerte de hada madrina de Fray Bentos, los precios de alquileres de viviendas se triplicaron y hasta cuadriplicaron, como explicó el agente inmobiliario Nelson Rosas.

"Hubo un boom en arrendamientos que se mantiene. Veníamos muy por debajo de lo aceptable, por la rentabilidad que tiene un alquiler. Acá no había un mercado y el mercado se creó con la llegada de las papeleras", dijo. Una casa de dos dormitorios y un baño que antes costaba 2.500 pesos por mes, ahora bien puede costar 9.000 o 10.000 pesos. "No fue un tema de oportunidad de los inmobiliarios, sino de la oferta y la demanda. Las leyes del mercado marcaron esos precios".

Nueve mil pesos es lo que paga una joven prostituta, por ejemplo, por una casa en Las Cañas. Es lo que paga Sol, una chica de Maldonado, de 26 años. Sol se vino a principios de año atraída por la enorme cantidad de trabajadores solos que se darían cita en el lugar nocturno por excelencia en Fray Bentos: La Miel.

Allí conoció a Carolina, de 24, que había llegado de Montevideo con las mismas intenciones de amor alquilado a europeos del este u hombres del interior. Sol dejó a su hijo de 7 años al cuidado de la abuela en Montevideo, y Carolina prefirió cuidar ella a sus hijos de 9 meses y 5 años, en la casa que alquila en Fray Bentos.

Ambas almorzaban hace unas semanas en el restaurante La Rotonda de Las Cañas. A unos metros, cinco hombres robustos hablaban en un idioma ininteligible.

La dulce miel

Vista de afuera, La Miel parece un viejo prostíbulo, de esos con damas entradas en años y en kilos, un cantinero con cara de pocos amigos y muchas arrugas, y música de Ricardo Montaner. Pero no. Puertas adentro es una whiskería con pretensiones, un plantel nutrido de mujeres y el doble de clientes… europeos.

Pablo, uno de los que atienden la barra, tiene 19 años y está "chocho" por no haber seguido los estudios. De día reparte vino por almacenes o puestos de venta y de noche oficia de barman. El joven comenta que La Miel cobró vida con la llegada de trabajadores que cuelgan el overol para tomar algo y ser mimosos por un rato. Dice que "los finlandeses", generalizando, suelen ir con billeteras grandes y no les importa pagar 1.000 pesos por una cerveza.

"No sé si es porque no entienden la plata o porque no les importa cuánto sea. Pero es así, y no esperan el vuelto. Incluso suelen pagar 3.000 o 4.000 pesos por una chica, entran al cuarto y a veces ni la tocan, sólo intentan entablar una conversación y hablan por teléfono a sus países por celular desde la habitación", reveló.

Sol y Carolina no opinan lo mismo que Pablo. Aseguran que los europeos sí conocen el dinero e incluso están un poco molestos porque algunas veces cuando han pagado con billetes de cuatro cifras, se quedan esperando el vuelto sin éxito. "No son giles. Y se están cansando, incluso algunos han dejado de ir", dijo Sol. Ella habla con propiedad porque tiene un cliente europeo preferencial, y a través de él simpatizó con sus compañeros.

Ese habitué VIP es polaco, se llama Robert y es una especie de "amigovio" de Sol: le da dinero constantemente, la ayuda con el alquiler, se ven de día y pasean por la playa de Las Cañas. Y hasta le dijo que cuando termine de trabajar en Uruguay quiere que ella lo acompañe de regreso a Finlandia, donde vive. "No sé si iré o no con él, veré. Pero hay buena onda, y él entiende que yo tengo otros clientes".

Ambas amigas afirman que los europeos las tratan mucho mejor que los uruguayos, que "los gringos" las respetan, dicen.

Esa noche de lunes, en pleno conflicto sindical de Botnia, habían sólo siete chicas y unos diez hombres en La Miel. Era poca gente, pero muchas whiskerías del país envidiarían la cantidad. Los días de pago de quincena en Botnia, contó Pablo, hasta contratan servicio 222 porque seguro se arma lío. "Tenés que venir después que termine el paro y vas a ver lo que es esto".

Sigue Botnia, vuelven los cortes

El viernes 6 de octubre se solucionó el conflicto y el sábado 7 los obreros volvieron a trabajar.

Los diferendos con los gremios de la construcción (Sunca) y metalúrgico (Untmra) se demoraron una quincena. Tras maratónicas jornadas, llegaron a un acuerdo: el tique de alimentación diario pasó de valer 40 pesos a 69, se aumentó el monto de cesantía o "premio final de obra", se creó una comisión de seguimiento que permite a los obreros plantear incumplimientos de acuerdos, incrementar el número de obreros que pasen de la obra civil a la de montaje y priorizar la mano de obra nacional sobre la extranjera, a la espera de empleados que han realizado cursos de soldadura.

Los temores a que Botnia terminara hartándose de los problemas y siguiera el mismo camino que Ence, habían quedado atrás.

El escenario volvía a cambiar: se filtró en internet que la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial le daría el crédito de 170 millones de dólares a Botnia siguiendo el consejo de la consultora canadiense Ecometrix y la noticia puso de muy mal humor a los asambleístas (¿ambientalistas?) de Gualeguaychú.

El martes 10 a la noche, en un Teatro Gualeguaychú con 1.200 personas, se decidió volver a la medida de fuerza de los cortes de ruta durante el fin de semana largo del viernes 13 al domingo 15. La votación fue pareja: 55% a 45% en contra de volver a los cortes.

Esa misma noche, un ejecutivo finés de una subcontratista de Botnia, de 42 años, se intentó suicidar con una hoja de afeitar en el baño de un casino de Fray Bentos. El hombre ya volvió a su tierra nórdica. Lo que pudo haber sido una tragedia pasó a ser una simple anécdota más de "los finlandeses".

En los comercios de Fray Bentos se sintió alivio por la resolución del conflicto, aunque aún no veían los réditos inmediatos de la vuelta al trabajo. Eso recién llegaría cuando los obreros volvieran a cobrar una quincena, según dijeron encargados de tiendas de ropa, ventas de celulares o casas de electrodomésticos.

A modo de ejemplo, Gabriel Pérez, dueño de Gama Digital, casa de artículos electrónicos para el hogar, dijo que durante el paro vendió más DVDs, televisores y home theatre que luego de solucionado. "Ahora no tienen plata ni tiempo, y esos días tenían tiempo y la plata de la quincena anterior. Los finlandeses son austeros para comprar cosas, no para su recreación".

La excepción en lo comercial fue Ta-Ta: según su encargada Fernanda Rodríguez, solucionado el conflicto, ya estaban recaudando unos 250.000 pesos por día.

El regreso de los cortes de ruta en la 136 que une a Fray Bentos con Gualeguaychú causó malestar en la población de la localidad uruguaya, que de todos modos, estaba "acostumbrada", como muchos dijeron.

"¡Cómo son estos argentinos! ¡Vuelven con los cortes de ruta, qué barbaridad! Ellos porque querían las papeleras de su lado y las pusieron acá", dijo Alice Rohner, la propietaria del hospedaje R.R. de Fray Bentos. Palabras más, palabras menos, lo mismo dijeron varios comerciantes y vecinos consultados.

El intendente Lafluf, por su parte, comentó: "Lo que hemos sufrido ha sido brutal. Y el lobby argentino surtió su efecto. Si digo que por culpa de Argentina perdimos la inversión de Ence, por ejemplo, lo único que logro es exacerbar el ánimo de la gente de Río Negro y terminamos en un enfrentamiento con Gualeguaychú".

Carlos Faroppa, vocero de Botnia, en tanto, minimizó el daño que la medida le causa a la empresa. "Los cortes de ruta no influyen demasiado en nuestro trabajo, sí dañan a la sociedad uruguaya o a ambas sociedades porque es una sociedad de intercambio. Es un dato de la realidad que vuelvan los cortes. No nos hace dudar nada: ya lo sufrimos el año pasado, Uruguay ya lo sufrió", dijo. Y los volvería a sufrir una vez más.

"¡¡Ar-gen-tina, Ar-gen-tina!!"

"¡¡Son las dos menos cinco, son las dos menos cinco!!", gritaba alguien en pleno kilómetro 28 de la ruta 136, a la altura de Arroyo Verde, el viernes 13. La voz alertaba a los casi 1.000 manifestantes de Gualeguaychú contra las papeleras de la inminencia de un nuevo corte de ruta, que desoía las advertencias de la Corte Internacional de La Haya y de los propios gobiernos entrerriano y argentino.

Había muchos carteles contra la empresa finlandesa (el más emblemático decía: "Si Botnia nace, Gualeguaychú muere"), y uno contra la propia presidenta de Finlandia, Tarja Kaarina Halonen acusándola de "cómplice" de exportar "industrias basura", "aprovecharse del hambre de los pueblos", violar los derechos humanos y originar un conflicto que tildaron de "irreversible". Otra bandera decía: "Este pueblo no se deja aplastar por el capitalismo salvaje". Qué curioso: el mensaje no parecía abrigar una causa ambientalista, sino más bien ideológico-política.

Abundaron las banderas argentinas y las de Entre Ríos, no casualmente muy parecida a la de José Artigas.

Dos camiones uruguayos de la empresa Tirapu fueron los últimos en pasar hacia territorio argentino. El chofer del último dijo a cámaras que había pasado sobre el límite del horario permitido "para poder salir en televisión".

De golpe coincidieron aplaudiendo a rabiar, después gritando "¡¡ruta, ruta, ruta, ruta!!" para pasar al "¡¡Ar-gen-tina, Ar-gen-tina!!". Cuando la chata, con decenas de personas de distintas edades encima, atravesó la ruta impidiendo el paso, llegó un hombre enfurecido. Era porteño y debía ir a Saladillo, a mil kilómetros de allí, donde lo esperaba un hijo de 6 años. Dijo que venía apurándose para pasar a tiempo y lo detuvieron agentes de Gendarmería. Aseguraba haber llegado antes de las 14 y exigía que le franquearan el paso para no tener que dar vuelta y tomar por Colón.

El hombre, que no se identificó, sí le pidió el nombre a un asambleísta que le decía que lo sentía, pero había llegado después de la hora fijada para el inicio de los cortes. El manifestante, suelto de cuerpo, le dijo para que tomara nota: "Juan Carlos Barrios, DNI 5871870, dirección: Buemes 830. ¿Anotó? Si en el paso de Fray Bentos no le avisaron no es culpa nuestra". Resignado, el hombre que quería pasar se fue mascullando bronca y gritó en su retirada: "¡¡Hay que laburar, viejo!!"

Los gualeguaychuenses contra las papeleras se olvidaron que ese hombre indignado era un compatriota y volvieron a entonar el "¡¡Ar-gen-tina, Ar-gen-tina!!". Y le siguió el himno nacional argentino.

Las cabezas más visibles de la protesta hablaban con periodistas de medios locales, de Montevideo y Buenos Aires (ver nota aparte).

Al rato un asambleísta avisó a los medios a voz en cuello que harían una excepción y dejarían pasar a una ambulancia que venía con un paciente de territorio uruguayo. "Qué conste", dijo, como evidenciando que si la circunstancia era valedera, la nobleza le ganaría a la intransigencia.

Sin embargo, no dejaron pasar el coche donde venía Sandra Arzuaga, una fraybentina casada con un jujeño que venía desde Buenos Aires, apurando el paso para pasar antes del corte hacia Fray Bentos, donde Sandra tenía un hermano muy enfermo. La mujer debió dejar el auto y cruzar a pie bajo el sol a pleno con un bebé de cuatro meses en brazos y con su hija de 9 años e hijo de 6 caminando a su lado, junto a su marido.

"Me parece justa la protesta, yo estoy de acuerdo. Tengo hijos y no me gustaría que se contaminen", dijo. "A mí ahora me perjudica, pero qué le voy a hacer... fue mi culpa por no llegar a tiempo", agregó antes de seguir caminando bajo el rayo del sol.

Alguien cantó: "Gualeguaychú no va a aflojar, Gualeguaychú no va a aflojar". Y otro entonó el hit del verano 2006: "Aire limpio, agua limpia, no a las papeeeleras. Se va la lisa y el surubíííí, si es que no mueren ahíííí".

Las horas pasaron y nunca se concretó el rumor de la represión de Gendarmería. Mientras eran mil, varios asambleístas pidieron que en los diarios y las radios se diga que eran 2.000, y que a la noche serían muchos más. Fue al revés: cuánto más avanzó el día, menos gente estuvo en los cortes de ruta.

Días después se supo que efectivamente el Banco Mundial había apoyado el crédito para las obras de Botnia mientras dejaba en suspenso la decisión en el caso de Ence, que ya a esa altura había hecho trascender que estaba pensando instalarse en Nueva Palmira.

La Asamblea Ambiental Ciudadana de Gualeguaychú volvió a reunirse el viernes 20 y prometió doblegar el esfuerzo para que desaparezca la alegórica chimenea de Botnia. Esa noche decidió plantearle a Néstor Kirchner que retome el diálogo con Tabaré Vázquez, pedirle intervención como mediadores al premio Nóbel de la Paz, Muhammad Yunus, y hasta al papa Benedicto XVI, luego de aclarar que se encargarán de que el próximo verano sea un "infierno" para Uruguay. Qué ironía, el papa mediando en el infierno...

Esa noche, en Fray Bentos, tres hombres (dos de ellos armados y camuflados) se acercron al cerco perimetral de Botnia, le chistaron al guardia de seguridad que vigilaba y lo amenazaron, según publicó el portal Lafraybentina.com. "Pelate, porque te vamos a limpiar la cachimba", dijo el guardia que le advirtieron, según confirmó el jefe de Policía de Río Negro, Juan Balbis.

Más allá de este confuso episodio, Fray Bentos volvió a su modus vivendi tan asimilado: comercios abiertos y facturando, hombres con mameluco anaranjado por las calles y los chismes omnipresentes de "finlandeses" borrachos (la realidad no escapa al resto de los europeos, pero como buen pueblo es afecto a generalizar).

La Miel, en tanto, tal como lo prometió Pablo, estaba repleta. Sol y Carolina no estaban vestidas de jean y remera como en el restaurante La Rotonda de Las Cañas sino con minifalda y top. Y la relación del cantinero con sus clientes europeos había cambiado: ahora iluminaba con una linterna los billetes con los que le pagaban copas y servicios, para que no quede ninguna duda.

En fin, resulta difícil aventurar una convivencia pacífica entre ambos pueblos a mediano plazo.

Si el duelo Fray Bentos-por-trabajo versus Gualeguaychú-por-el-medio-ambiente fuera una película es fácil predecir que va a tener más secuelas que La Guerra de las Galaxias.

Locatarios y visitantes

La empresa finlandesa Botnia anunció sus intereses de instalar una planta procesadora de celulosa en Uruguay en marzo de 2003, luego de comprar el 60% del paquete accionario de Forestal Oriental (ya tenía un 40%). Pero desde los `90 tenía inversiones forestales. La firma desarrollará una inversión de 1.100 millones de dólares. Hoy cuenta con 3.500 trabajadores de los cuales 300 son extranjeros. En dos meses podrán llegar a 1.000, al incorporar personal especializado.

Este fue uno de los puntos en discusión con el gremio local del Sunca. Según Carlos Faroppa, vocero de la empresa, Botnia siempre les advirtió que deberían contratar mano de obra extranjera y se comprometió a "maximizar" los esfuerzos para contratar uruguayos. La empresa instrumentó cursos de montaje para la formación por los cuales ya han pasado (o siguen cursando) 750 uruguayos. "Pero aunque pongamos cursos largos no podremos capacitar a todos los que necesitamos, por la complejidad de la obra, inédita para Uruguay".

"Se hicieron cursos de soldadura en Fray Bentos, Mercedes, Paysandú y Young, pero no han entrado a la obra. ¿Qué pasa?", se preguntó Juan Sardella, presidente del Sunca en Río Negro. Sardella, además, cree que si se considera el personal administrativo, los foráneos son 500.

La historia de Carlos García, en cambio, ilustra cómo Botnia le cambió la vida a un fraybentino. Antes hacía "changas" como albañil y cobraba en negro. Ahora es medio oficial herrero, gana 12.000 pesos por mes y ha podido amueblar la casa de sus suegros, donde vive con su pareja, que está embarazada. "No tengo trato con los extranjeros, me los cruzo por la calle, pero no los entiendo. Tienen una fama de chupines bárbara..."

Me quedo, me voy, me quedo

Ence se instaló en Uruguay en 1990, aprovechando la exoneración de impuestos, a través de la subsidiaria Eufores. Compró tierras y plantó 50.000 hectáreas de eucaliptus. En 2001 se anunció la creación de la terminal portuaria de M`bopicuá sobre el río Uruguay. Después llegarían un aserradero, un vivero, una chipeadora y una reserva de fauna con fines reproductivos de especies en extinción, para ser visitada por estudiantes. Anunciaron una inversión de 600 millones de dólares.

El presidente de la empresa Juan L. Arregui dio varios motivos para argumentar su alejamiento de Río Negro. Uno de ellos, la endeble capacidad vial de los accesos. El intendente Omar Lafluf dijo sentirse sorprendido por el anuncio ya que con el ministro de Transporte, Víctor Rossi, estaban estudiando la mejora de las infraestructuras viales. Lafluf cree que la concesión de zona franca debe caer, y donde ahora está M`bopicuá se debería instalar un parque industrial.

Antonio Rodríguez, presidente del gremio de trabajadores de Ence, lleva nueve años en la empresa, y desde hace cuatro meses realiza tareas de mantenimiento en el vivero. "Hace años que me venía venir lo de Ence. La empresa no es seria. Yo veía los recortes de salarios y que intentaban sacarle todo lo que podían a los trabajadores, mientras hacían preciosas propagandas en los medios", dijo. "Engañaron a toda una ciudad que apostó a las papeleras. Yo marché por las industrias, a pesar de no estar de acuerdo. ¡No pueden haber dos papeleras tan cerca, porque van a contaminar!"

Al cierre de esta edición, Ence anunció que aumentará su inversión a 1.100 millones de dólares para producir 500.000 toneladas anuales de celulosa.

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