Mi vida es de todos

El uso de Facebook y otras redes sociales se extiende en el mundo. En Uruguay, el 60% de los internautas las utiliza, lo que revela un exhibicionismo inédito en un país pudoroso con su vida privada.

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Consejos para paranoicos

Aunque muchos coincidan en que la dirección en la que se mueve internet en general y las redes sociales en particular es hacia la transparencia absoluta, aún quedan algunas herramientas para los usuarios menos propensos a abrir de par en par las puertas de su existencia. El consejo de leer todo lo que se pueda el texto que configura el contrato entre usuario y la red social elegida es el más obvio de todos, pero no por evidente deja de tener sentido recomendarlo", dice el ingeniero y experto en seguridad Roberto Ambrosoni. Daniel Carranza, bloguero especializado en redes sociales, reparte otros consejos, sobre todo para el sexo femenino.

Si se quiere evitar el acoso, no poner "soltera" en el estado emocional. Mucho menos, las fotos en bikini de las vacaciones.

Evitar la dirección de mail personal.

No compartir los números telefónicos.

No compartir lo que se va hacer en el futuro más cercano (viajes de vacaciones, compras importantes, por ejemplo).

Pensar antes de aceptar todas las aplicaciones que otros envían. Estas manejan por lo general una mayor cantidad de datos personales que la propia red social. "Y a menudo, esas bases de datos son comercializadas", remata Carranza.

Fabián Muro

Somos un libro abierto. Las páginas de nuestras vidas están ahí, para ser leídas por todos los que quieran y tengan una conexión a internet.

Con algo más de un millón de perfiles, uno de cada tres uruguayos parece haber abandonado toda pretensión de privacidad. Así, apareció una nueva compulsión uruguaya: registrarnos en una red social -y en Uruguay eso es sinónimo de Facebook- para entregarle al mundo casi todo, desde lo más banal a lo más trascendente.

El crecimiento de Facebook entre los uruguayos ha sido tan explosivo y rápido que forma parte de lo cotidiano y previsible. Hasta principios del año pasado cuando se presentó el informe anual Perfil del internauta uruguayo, realizado por la consultora Radar, el uso de las redes sociales estaba en quinto lugar en la lista de usos principales, bastante lejos del correo electrónico, el chat, la búsqueda de información específica y la lectura de noticias.

Sin embargo, el crecimiento en el uso de Facebook de un año a otro había sido el mayor de todos, 13%. El informe de 2010 aún no está pronto, pero otras fuentes demuestran que los uruguayos están cada vez más interconectados.

De acuerdo al sitio www.checkfacebook.com, hay algo más 1.100.000 perfiles uruguayos registrados hasta la fecha. La misma cifra es la que maneja Pablo Radice, director ejecutivo de la agencia de medios de la empresa publicitaria Eurorscg (ver nota en página 7).

Si a ese dato se lo compara con el proporcionado por el sitio web World Stats -que dice que hay 1.855.000 internautas uruguayos-, 61% de los internautas tienen su perfil de Facebook. "No es menor considerar que en la cifra total de internautas hay muchos niños menores de 13 años (solo de Ceibal en primaria son aproximadamente unos 400.000 niños) que - supuestamente- no pueden hacerse un perfil. No deberían estar en el cálculo", dice Daniel Carranza, creativo publicitario y analista de redes sociales.

Desde el Área de Monitoreo y Evaluación de Impacto Social de Plan Ceibal se informó que entre las actividades realizadas con las XO en el hogar, un 5% de los niños de Montevideo y un 4% del interior creó un blog, diseñó una página web o abrió una cuenta en Facebook el año pasado.

Cuando la ingenuidad que acompaña a la niñez deja lugar a las ansias de exploración de la adolescencia, los desafíos comienzan a ser otros.

"En cierta forma es paradójico hablar de privacidad en una red social", señala el psicólogo social Juan Fernández, docente de la facultad de Psicología de la Universidad de la República.

Fernández se especializa en problemas y temas adolescentes y señala que hay poca conciencia entre los "teens" sobre lo que significa ingresar a una red social. "Uno entrega un montón de datos en el momento de ingresar. Te preguntan sobre religión, política, sexo, de muchísimas cosas. ¿Y quién lee todo el contrato? Es poco frecuente que lo haga un adulto, imaginate un chico".

Es necesario, añade el psicólogo, educar sobre los riesgos de entrar en una red social, y también sobre lo que implica una relación contractual como la que se establece entre una empresa valuada en miles de millones de dólares y un menor de edad. "Es una relación muy asimétrica".

Ya sea incluyendo o excluyendo el contingente de menores de edad en los cálculos sobre la cantidad de uruguayos conectados, las redes sociales plantean unas cuantas preguntas a una sociedad en la que, según dice el lugar común, la privacidad, el recato y el pudor siempre cotizaron bien en el mercado de valores.

"Basta pensar en nuestra propia reacción si nos llaman a casa o nos paran por la calle para hacernos una encuesta. Ahí somos muy cuidadosos a la hora de entregar nuestros datos. Pero en Facebook compartimos casi todo", remata Fernández.

EN EL PRINCIPIO. La familiaridad con Facebook hace que sea fácil olvidar que el invento tiene apenas siete años, que empezó como un asunto exclusivamente para estudiantes de una única universidad privada en Estados Unidos, Harvard, y que recién en los últimos años extendió su mancha azul y blanca por casi todo el mundo.

Un resumen verosímil -y muy hablado- de este proceso se muestra en la película La red social, que hasta hace poco seguía en las carteleras de cine uruguayas.

Desde la oficina central de la empresa, una de las encargadas de los contactos con la prensa, Kumiko Hidaka, solo dice que Facebook tiene más de 500 millones de usuarios pero que no discrimina la nacionalidad de estos.

La respuesta es poco creíble viniendo de una empresa con tanta información sobre sus registrados. Y una con tantos recursos que parece ser la única capaz de amenazar la hegemonía de Google como la página de inicio de las navegaciones en internet.

Sin embargo, la respuesta de Hidaka es fiel a uno de los cometidos de cualquier red social que se precie: hacer que todos puedan sentirse parte de ella, sin importar origen, credo o etnia.

Mucho antes que el inventor de Facebook Mark Zuckerberg hiciera fortunas, ya se había imaginado la desaparición de lo privado. El periodista y ensayista Andrew Keen escribió para la revista Wired -que supo ser la Biblia de los que estaban al tanto de todo lo tecnológico y virtual-, una extensa reflexión sobre la vida online compartida y a la vista. Bastante lejos del tono optimista y utópico que caracterizó a la revista durante años, el título del ensayo es ominoso: Tu vida hecha trizas. Compartir es una trampa.

Keen constata un hecho en apariencia irrefutable -"el futuro es social", afirma- para luego delinear una distopía en la que no faltan referencias a Franz Kafka, George Orwell y el "panopticon" (panóptico) imaginado por el filósofo utilitarista inglés Jeremy Bentham, quien había vislumbrado una arquitectura social en la que todo estaría a la vista, todo el tiempo. "La meta de Bentham era la eliminación del misterio y la privacidad. Todo sería compartido y, de esa manera, social. En el mundo perfectamente eficiente y transparente, no habría lugar para que nadie pudiera esconderse".

Los totalitarismos del siglo pasado intentaron, cada uno a su manera pero casi siempre apoyándose en los servicios de Inteligencia, realizar la idea de Bentham. Y contra eso se alzaron todo tipo de libertarios y díscolos. Como escribe Keen, con algo de amargura, "la historia nunca se repite, al menos no idénticamente. Hoy, el panóptico reaparece con una vuelta de tuerca escalofriante. Aquello que una vez fue considerado una prisión es hoy visto con placer. La era de la exhibición dio lugar a la del exhibicionismo".

descuidados. ¿Estamos "regalados"? Eso cree Roberto Ambrosoni, ingeniero, experto en seguridad informática y docente universitario . "Las redes sociales no le van a poner ningún freno al usuario. Es uno quien tiene que pensar en cuánto quiere compartir. Y ni así se está del todo protegido. Porque tus contactos pueden revelar datos sobre tu vida, casi siempre sin mala intención. Solo que no leyeron la letra chica del contrato", continúa.

Para él, solo lo más banal e intrascendente debe compartirse. "Es como salir con un cartel a la calle. Si lo que dice el cartel es algo que puede compartirse y no hay ningún riesgo de que hoy o mañana eso repercuta sobre tu vida, entonces adelante".

Ambrosoni no entiende cómo alguien puede compartir en una red social a qué escuela o colegio concurren los hijos o anunciar dónde la familia se va de vacaciones. Para él, no solo estamos "regalados" sino que además no tenemos conciencia de hasta qué punto.

Carranza, tal vez porque es más joven adopta una postura más laxa. "Es cierto que uno pone a disposición de mucha gente una cantidad de información personal importante. Pero el mero volumen de toda esa información es tan abrumador que esa gigantesca masa de alguna manera te protege", afirma.

Lo que sí puede significar un riesgo mayor es el enemigo personal, que con tanta información a su disposición tiene varias herramientas para causar daño. "Sin Facebook sigue siendo posible que alguien te cause daño. Pero una red social le ahorra mucho trabajo a esa persona. Puede recopilar todos los datos sin moverse de su casa".

De todas formas, señala que conviene deshacerse de ciertos estereotipos. "Yo fui un hacker", confiesa Carranza. "Cinco minutos. Al tratar de entrar a las computadoras de otros, me di cuenta que también podían entrar a la mía. Y lo hicieron. No fue muy grave, pero sí fue una lección".

El grueso de la labor de un hacker, o de alguien que quiera acceder a tus datos para luego usarlos, no transcurre en frente a una pantalla o un teclado, explica Carranza, autodefinido como un "fanático" de todo lo informático: tiene un sitio llamado Tan Conectados que ganó el premio Pericom de Antel y también es columnista sobre medios, gadgets y redes sociales en Montevideo COMM). "Eso se hace a la vieja usanza: siguiendo a la persona, aprendiendo sus rutinas, llamando haciéndose pasar por otro. Hay un nombre para eso: ingeniería social".

Con todo, Carranza desconfía de la paranoia. Para él, hay un negocio en asustar a la gente. "Muchas personas que se bajan antivirus truchos para protegerse, terminan con virus en sus computadoras, que vienen dentro de esos programas. El mejor antivirus es tu cerebro. Prevenirse e informarse sigue siendo la manera más eficaz de protegerse".

Pocas veces, además, se recuerda una de las particularidades de formar parte de una red social: el paradigma de amistad y relaciones cambia. En la vida real, los grupos de amigos y las relaciones están separados. Y hay varias razones para ello. No es lo mismo el grupo de amigos del liceo -con el cual uno se reengancha en Facebook cuando ya es adulto, por ejemplo- que los actuales compañeros de trabajo, entre los cuales puede haber hasta un superior.

Si aquellos sacan a relucir fotos de antaño en las cuales el etiquetado fue capturado en situaciones poco decorosas, un colega puede guardar esa imagen para usarla con fines de ridiculizar al compañero o compañera, por ejemplo.

Qué es privado, qué no, y cómo nos movemos de un extremo al otro es en última instancia un tema cultural que se desarrolla a lo largo de un proceso histórico.

Pero si alguien lamenta el fin de la privacidad tal como la conocimos hasta ahora, no podrá alegar que no fue advertido. En 1999, cuando Zuckerberg ni siquiera estaba en Harvard, un alto ejecutivo de una empresa de informática fue de lo más franco: "Ya no existe la privacidad. Asúmanlo".

Para alejar y acercar gente

La noticia trascendió desde la web: un estudio divulgado por el sitio Science Blog que retomaba un artículo publicado en el diario inglés The Spectator indicaba que la red social Facebook tenía algo que ver con una quinta parte de los divorcios. Es que las redes sociales están alterando las relaciones de amor. De acuerdo al artículo del diario inglés, una mayoría de los abogados especializados en litigios matrimoniales declaraban que buscar una relación extramarital era un móvil importante para ingresar a un red social. "Me rehusaba a entrar a Facebook. Hasta que me dijeron que eso te acercaba a las mujeres. Me separé. Pero desde eso he tenido muchas más relaciones sexuales que las que imaginaba", dijo a Qué Pasa Gerardo (nombre ficticio).

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