Eloísa Capurro
Miles de personas esperaban el miércoles en la puerta de la parroquia de Florida. Eran las dos de la tarde y la gente se impacientaba. Finalmente se abrieron las puertas. "Ahí viene, ahí viene", decían algunas señoras. En medio de los aplausos y el sonido de las campanas, apareció la figura de San Cono. Comenzaba la procesión.
Unas 10.000 personas visitaron la ciudad ese 3 de junio. Para contenerlos había 40 agentes de la Policía apostados y luego, a la salida del santo, llegaron 30 soldados. Los feriantes aseguraban que la concurrencia había sido menor a la de otros años. Aunque apenas se podía transitar por la calle Independencia, para ellos el movimiento era "pobre". Es que se esperaban 20.000 devotos. Igual los feriantes vendieron su mercancía. Algunos ofrecían medallitas, rosarios e imágenes del santo. La gran mayoría vendía ropa y artesanías, como en una feria cualquiera. Uno declaró que por lo menos 10.000 pesos facturaría. Y el restorán de la esquina de la parroquia se jactaba de haber vendido ya al mediodía unos 3.000 ravioles, 200 canelones y 400 pasteles.
Es que el movimiento había sido constante desde la primera misa de la mañana. La gente entraba a la parroquia, tocaba al santo, dejaba su promesa y merodeaba los negocios. Muchos habían venido de muy lejos para pedirle nuevos milagros. Entre ellos estaba la familia Camejovaz, de Paso de los Toros. La madre había llegado con su hija, hermana, nuera y nietas para agradecerle al santo una vez más. "Venimos todos los años y le pedimos salud, trabajo, que mi hija se recibiera. Cuando mi nieto estuvo en el CTI con asma también le pedimos", dice. Ésta vez como muestra de su agradecimiento, le dejó unas pulseras de oro que le habían regalado cuando tenía 15 años y que ahora descansaban con las botellas de vino, cuadros, fotos, cartas, velas y hasta plantas que los devotos regalaron este año. Pero a misa todos los domingos, ni ella ni su familia va. Son católicas no asiduas pero con mucha devoción, aclaran. "Tenemos devoción a muchos santos. Vamos a la Virgen del Rosario y le llevamos una flor, a un San Expedito de Paso de los Toros".
Junto a ellas estaba Raquel. Ella llegó en una excursión con otras 45 personas desde Cerro Largo, para agradecerle al santo que finalmente consiguió su casa propia. Dice que es católica y que concurre a misa todos los domingos. "Lo que tiene San Cono es que es rápido, no se tarda en cumplir". Como agradecimiento Raquel le dejó una copia de la llave de su nueva casa. Quizás el año que viene la encuentre en el pequeño museo que la parroquia tiene con las miles de pulseras, anillos, relojes, bicicletas, motos, trofeos y recuerdos de todo tipo que los devotos han dejado en el correr de los años.
Pero el fenómeno de la devoción no se reduce a San Cono. Los uruguayos se vuelcan en masa a las parroquias que albergan a San Expedito, San Cayetano, San Pancracio y hasta a la Virgen de Lourdes. "Piden trabajo, salud para superar una enfermedad, que le vaya bien a los hijos, los muchachos piden que le vaya bien en los estudios. Es muy concreta la cosa. No piden sabiduría para enfrentar la vida. Y es por ahí que viene la posibilidad de un anuncio de fe", explica el párroco Francesco Bottacin, de la Gruta de Lourdes, un italiano radicado hace cinco años en el país.
Mientras él habla otras cuatro personas le rezan a la Virgen. La concurrencia no es nada en comparación con lo que suele suceder un 11 de febrero, el día de la Virgen, cuando en la Gruta se congregan entre 50.000 y 70.000 personas. Algunos dicen que son 100.000. Incluso los restantes 11 del año la Virgen convoca entre 4.000 y 15.000 personas. Mucho más de las 200 personas que pueden acudir a una misa de domingo en la parroquia que queda a metros de la Gruta.
El agradecimiento de los devotos queda plasmado en placas con frases como: "gracias por la jubilación", "gracias por mi hijo y por amamantarlo", "gracias por sacar a mi hijo de las drogas". La gran mayoría dice un simple "gracias" escrito en cursiva y en negro -algunas parecen a mano- y sobre una baldosa blanca. Eran tantas que las tuvieron que mover a un costado de la gruta, para que no terminaran de tapar la imagen de la Virgen de Lourdes. El día de la entrevista, un jueves como cualquier otro sin ser 11, había por lo menos 10 promesas de salud, trabajo o familia a la espera de que la Virgen les concediera un milagro, aunque sólo fuera uno tan cotidiano.
Pero si hay algo que parece claro para el padre Bottacin, como lo es también para los restantes párrocos que dirigen las iglesias de algunos de los santos más populares del país, es que rezarle a la Virgen no equivale a rezarle a Dios ni a tener una convicción cristiana. En muchos casos ni siquiera significa estar bautizado y seguir los sacramentos básicos de la religión. "Esto puede prescindir de una real confianza en Dios. Yo hago la promesa y si no me la cumple, no vengo más. No es confianza, es otra cosa, es dar y tener", explica el padre.
El domingo, unas 40 personas se acercaron a la misa de la parroquia que dirige la Congregación del Buen Pastor. Las oraciones comenzaron con "un pedido muy especial de Esteban a San Expedito", según anunció una monja al inicio del rito. Es que allí se aloja la imagen del santo y por eso varios fieles resignifican el concepto de parroquia -que quiere decir "cerca de casa"- y caminan varias cuadras para ver a Dios y al santo. Otros van un rato antes de la misa o un rato después y le rezan a lo único en lo que realmente creen: San Expedito.
Ante este fenómeno, varios párrocos comienzan a preguntarse cómo explotar esa "religiosidad popular" y encauzarla a lo que ellos entienden como una verdadera religión.
te prometo que vengo. La devoción a la Virgen es una de las que más congrega a los uruguayos. Luego de ella vienen los santos. En los días de San Pancracio, San Expedito, San Cono y San Cayetano se movilizan en promedio unas 20.000 personas. Y la afluencia no se limita a una vez al año, sino que continúa durante las restantes fechas del santo en los restantes meses (San Expedito, por ejemplo, es un 19 de abril, pero los otros 19 del año también afluyen devotos).
Las parroquias, que están acostumbradas a recibir a 200 personas como máximo, se ven desbordadas. Para la celebración de San Expedito se instalan vallas y se pide apoyo policial para contener a la gente. "El teléfono el 18 y 19 no para de sonar con gente preguntando a qué horas son las misas. Se llenan las cuatro naves de la iglesia. El pasado 19 hubo una cola que daba vuelta toda la manzana. A la tarde yo salí para abrir la puerta central y no volver a entrar. Era tanta la gente...", explica la hermana Adriana Sánchez.
En la Gruta de Lourdes son entre siete y ocho sacerdotes los que trabajan el día de la Virgen entre las misas y las confesiones. Esto sin contar los 70 voluntarios que se suman a las tareas.
Es que el desafío no se limita a organizar la entrada y salida de devotos, sino también las bolsas de ropa y alimentos con los que estos acompañan sus promesas. En la Parroquia Inmaculado Corazón de María, donde se aloja la imagen de San Pancracio, reciben 152 kilos de alimentos no perecederos mensualmente. Y el día de San Pancracio la cifra trepa hasta los casi 2.000 kilos. Así la parroquia colabora con 62 instituciones y 194 familias del barrio.
En la de San Cayetano se reparten surtidos a entre 80 y 100 familias con las donaciones que se realizan los 7 de cada mes. "El día de San Cayetano hacemos stock para el resto del año", dice el padre José Bonifacino.
Algo parecido sucede en la Gruta de Lourdes, donde con las donaciones que se reciben por la Virgen se alimentan y visten una 40 familias de la comunidad. El padre Bottacin incluso pide a los peregrinos que cambien una de las promesas más comunes que se la hace a la Virgen, la de caminar desde el portón de entrada hasta la gruta en rodillas, por la donación de alimentos. "Ahora es menos gente que lo hace, pero se les propone que regalen algo a los pobres que es donde Dios se hace presente y la Virgen se va a poner más contenta".
Las donaciones del día de San Cono sirven para alimentar a varios merenderos de la localidad. Y otras son de uso propio de la Iglesia. La imprenta Gordon les dona todos los años miles de estampitas para repartir y les imprime toda la cartelería. "Es una promesa que le dijeron al santo que harían mientras la empresa funcionara", declara Néstor Casella, secretario de la comisión directiva de la capilla. Así, en el museo de la parroquia, descansa una pieza de bronce que reza "San Cono, promesa cumplida. Imprenta Gordon 1952-1992".
A pesar de que cada santo tiene su "especialidad", los pedidos que desatan estas peregrinaciones son siempre los mismos: trabajo, dinero y salud (ya sea para salir de una enfermedad o para terminar con un problema de drogas). Muchos también llegan para agradecer. En la Gruta de Lourdes el camino que da al sepulcro, el presbiterio, la sede del cura, los baños y el reclinatorio están hechos a nuevo gracias a dos devotos de la Virgen que decidieron así agradecer por el cumplimiento de sus pedidos.
Otros van un poco más allá de las formas más tradicionales de decir "gracias". "Una señora vino a agradecer porque San Expedito había salvado a su perro. Vino con el animal y le puso la patas sobre el santo, como hacen los fieles que colocan sus manos en los pies del santo. Se le dijo que no se permitían animales y la señora no entendía. `Si yo vine por mi mascota`, decía. Ya era el colmo", recuerda Sánchez y la hermana Mónica Scavuzzo acota que, además, la mujer debería haber recurrido a San Roque, el patrono de los animales.
yo creo en mi santo. Aunque así lo parezca, estas cifras no indican un resurgimiento de la fe católica. Ni siquiera señalan adecuadamente su número de adeptos. Los propios párrocos reconocen que muchos de quienes se acercan a la figura de los santos, no creen o piensan en Dios. Para ellos está el santo, y nada más. "En muchas situaciones sentís que estás pisando lo mágico, la superstición", explica Bonifacino. "El gran desafío es cómo hacer para proponerle dar un paso más que nos lleve a conocer el proyecto de Dios, el Evangelio, la propuesta de Jesús".
Por eso, esos días de celebración la mayoría de las parroquias reubica el santo lo más cerca de la entrada posible. Porque mucha gente llega, toca al santo y se va sin participar o siquiera escuchar algo de la misa. "Una vez un señor me dijo que estaba en el medio de un río, lo estaba llevando la corriente y de lo único que se había acordado era de San Pancracio, entonces vio unas ramas, se agarró y se salvó. Él era no bautizado. Y venía a decir eso. Yo le dije si quería bautizarse y empezar un camino. Y me dice `no padre, yo sólo quería decirle eso, y me voy tranquilo`. Punto", relata el padre Juan José Chaparro.
Es que la Iglesia tiene clara la diferencia entre la "religiosidad popular" y la fe cristiana. "Propiamente no se encuentra en la Biblia el sentido de la promesa. Pero está radicado en la gente. La bendición es otra forma de religiosidad popular muy concreta. Quieren recibir la bendición, tocar la piedra, llevarse el agua. Incluso la gente viene mucho más el Domingo de Ramos, porque se lleva su ramo de olivo bendecido, que el día de Pascuas", sintetiza Bottacin.
Tan popular se torna esta religiosidad que a veces incorpora ritos nuevos sin explicación. Hace unos años el padre Bonifacino recuerda que una radio de Argentina, donde la devoción a San Cayetano está muy asentada, advirtió que al santo se le debía ofrendar un ramo de perejil. Y miles de personas comenzaron a llevar el suyo, preguntándole al padre cuál era el significado del perejil. Éste no sabía qué responder: el rito no tenía sentido. "Ahora empezaron otra moda: traen un ramo de perejil y se llevan otro que esté allí. ¿Qué hacen con el perejil? No sé", reflexiona.
La pregunta que todavía se hace la Iglesia es cómo captar el público del santo y volcarlo nuevamente a Dios. Como no hay aún una solución definitiva, cada parroquia ensaya su respuesta.
En la Gruta de Lourdes están pensando en eliminar las misas que a cada hora se hacen en el lugar y restringirlas a la parroquia. Lo que más atrae la atención de los visitantes son las bendiciones. "Estamos viendo que hay mucha más atención por parte de la gente con las bendiciones entonces tratamos de aprovechar más esos momentos. Y ahí hablamos de la palabra de Dios, el sentido del día, explicamos el boletín que damos. Es una forma", dice Bottacin.
En las parroquias de San Cayetano y San Pancracio han encontrado que dando boletines o folletos (como también lo hacen en Lourdes) por lo menos se les acerca el mensaje de Dios. "Nosotros repartimos 10.000 tarjetitas a la gente que entraba y nos quedamos cortos el 12 de mayo", recuerda el padre Chaparro.
En la parroquia de San Expedito, el cambio se dio de forma casi accidental. "El 19 pasado tuve que irme adentro de la parroquia y dejé a una chica encargada de la gente. Ella fue derivando a los que se acercaban preguntando por mí, al padre. Que fueran y conversaran con el sacerdote. Así los encaminó a muchos. Quizás no era para confesarse sino para conversar sobre sus problemas", estima Sánchez.
Si los devotos quedan o no enganchados en la religión cristiana es algo que los párrocos no pueden descifrar. Las dudas llegan incluso con aquellos que se acercan para los 15 bautismos que en promedio se realizan en cada parroquia. "Hay mucho de armarse la religión a su manera y aceptar lo que le sirve, pero no lo que la Iglesia propone o lo que sienten que los encuadra. Esto vale con los sacramentos y con la religiosidad popular. Y al final te quedás con un cristiano puntual, que no tiene una conciencia permanente de su misión o un crecimiento como discípulo de Jesús. Te quedás con un proceso trunco y lo difícil es encadenarlos para dar continuidad a la cosa", expresa el padre Bonifacino.
Para él, como para muchos sacerdotes, el afán individualista de la modernidad es uno de los grandes problemas de la Iglesia Católica. "Todo lo que sea comunitario a la gente le cuesta. Vienen al culto, pero decís de juntarnos a un bingo, a una fiesta y no son multitudes", resume Chaparro.
Ante esto algunos ya concluyen que hay que volcarse a la calle. "Los datos nos dicen que el pueblo tiene fe en el Dios cristiano. Y ese pueblo está mayoritariamente en la calle. Dios nos quiere `callejeando` Montevideo", opina el padre Héctor Robin Traverso, encargado del área de religiosidad popular de la Iglesia. Para él, el desafío es estar accesible a la gente.
El concepto quedó claro el miércoles, cuando los floridenses salieron a sus balcones a ver pasar la imagen de San Cono y muchos no floridenses acompañaron la procesión. Por unos momentos el ruido de la feria y las ventas se detuvieron ante la imagen del santo, que acaparaba los aplausos en cada esquina en la que se detenía. Algunos rezaban, otros se persignaban. La mayoría simplemente lo miraba y escuchaba los mensajes que desde los parlantes instalados en toda la calle Independencia hablaban de Dios, Jesús y una fe renovada. Un mensaje que no volverían a escuchar hasta el próximo día de San Cono. u
El negocio detrás de los santos
No sólo los devotos se concentran en los alrededores de las parroquias los días de los santos. También hay puestos de venta de estampitas, medallitas, velas. Incluso algunos tiran las cartas de Tarot. "Hay un sentimiento religioso bastante difuso. Para mucha gente San Pancracio es su vida y no pasa por Jesús. Pero capaz que ese sentimiento es más importante para ellos que para mí", interpreta el padre Juan José Chaparro. En la santería de la iglesia de San Pancracio, mensualmente se obtienen 20.000 pesos de ganancia. El día en que se conmemora al santo la cifra aumenta. En la Gruta de Lourdes por lo menos la mitad de los concurrentes (es decir entre 25.000 y 50.000 personas) pasan por la santería aunque sea a comprar una vela.
Virgen de Lourdes: 11 de febrero
Anualmente concurren entre 50 mil y 100 mil personas. La devoción comenzó en 1858 cuando una niña de 14 años, Bernadette Soubirous, aseguró haber visto en 18 ocasiones a la Virgen María en una gruta de Francia. En 1947 se construyó la Gruta de Lourdes en Montevideo y 10 años después fue declarada santuario nacional.
San Expedito: 19 de abril
Anualmente van entre 10 mil y 20 mil personas. Se considera que San Expedito fue jefe de una legión de soldados armenios y como tal se opuso a un edicto imperial que en el 303 ordenaba demoler todas las iglesias. Se lo condenó a muerte. Es el santo de las causas urgentes. Está en Acevedo Díaz y Miguelete, al lado de la Cárcel de Mujeres.
San Pancracio: 12 de mayo
En su día lo visitan 20.000 personas. Fue un romano convertido y en el 304 fue decapitado. Al haber muerto de adolescente, es tomado como símbolo de la fortaleza que da la fe. Es protector de inocentes y de las víctimas del perjurio. Está en Inca entre Lima y Nicaragua.
San Cono: 3 de junio
San Cono es un fray del siglo XII recordado por su gran devoción a Dios (habría seguido el camino sacerdotal a pesar de la oposición de sus padres). En 1883 se construye la capilla en su honor en Florida. Es el santo de los juegos de azar y se le reza para conseguir dinero.
San Cayetano: 7 de agosto
Este presbítero italiano fundó en 1513 una sociedad de sacerdotes y prelados, el Oratorio del Amor Divino. Luchó contra la reforma protestante y se dedicó a servir a los más pobres. Es patrón de quienes buscan trabajo y es llamado "Padre de la Providencia". Está en Comercio y Lombardini.
Jugarle al día del santo
En el quisoco frente a la parroquia de Florida, tres personas recibían las apuestas al 03 que los devotos hacían a los juegos de azar. "Si tuvieramos cinco máquinas", se lamentaba Eduardo Pintos, mientras una señora repetía "ay San Cono, traé algo de vuelta". La Dirección de Quinielas aseguró que es común que la gente le juegue a los días de sus santos predilectos, aunque no hay cifras de cuántas apuestas se hacen.
Religiosos
Un país creyente
El fenómeno de la devoción hacia las figuras de los santos resulta difícil de explicar en un país donde el Estado es laico. Pero los datos señalan otra cosa. Según informó Néstor da Costa, sociólogo de la Religiosidad, más del 80% de los uruguayos cree en Dios y de ellos entre el 47% y el 50% es católico. Sin embargo la cifra es baja en comparación con otros países de América Latina. Luego vienen los evangélicos, protestantes y cristianos no católicos con un 11% a un 13% y después otras religiones más pequeñas. Sólo en Montevideo hay más de 100 iglesias. "Es una sociedad que cree en la trascendencia", dijo Da Costa.
Pero no todos los que se consideran católicos participan de los ritos de la religión. "Cuando llega la modernidad y la pluralización del marco religioso se aprecia un modelo practicante como en el medioevo y un modelo peregrino, es decir los que sin estar en el núcleo duro de la institución se identifican con una tradición creyente y van acercándose a la religión en el momento que entienden pertinente", dice Da Costa. Incluso para señalar cuántos católicos practicantes existen, hay problemas metodológicos. "Hay gente que decía que iba a misa todos los domingos. Otros iban a un grupo cada 15 días. Otros hacen obras sociales". Se calcula que el 15% de los católicos se considera practicante y entre el 3% y el 4% muy practicante.