Nicholas Stern
El informe Stern (Paidós, distribuye Planeta) se propuso dar cuenta de "la verdad del cambio climático", una meta bastante ambiciosa teniendo en cuenta las dudas sobre el tema que han planteado algunos autores, por ejemplo en esta sección de Qué Pasa. El informe, plagado de datos y conclusiones, le fue encargado a Sir Nicholas Stern, quien fuera jerarca del Banco Mundial, por el gobierno británico. Fue presentado en octubre de 2006. Entre otras cosas dice que se necesita 1% del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio climático y que si eso no se hiciera la recesión mundial podría llegar al 20% de ese PIB.
La cuestión. ¿Qué repercusiones tendrá el cambio climático en materia de crecimiento y desarrollo?
La respuesta / el Informe Stern
De no emprenderse acción alguna para reducir las emisiones, la concentración de gases invernadero en la atmósfera podría alcanzar ya en 2035 el doble de su nivel previo a la era industrial, condenándonos prácticamente a un ascenso global medio de las temperaturas superior a los 2° C. A más largo plazo, habría una probabilidad superior al 50% de que ese incremento térmico sobrepasara los 5° C. Tal aumento sería, sin lugar a dudas, sumamente peligroso; equivaldría a la variación de temperaturas medias experimentada desde la última glaciación hasta la actualidad. Semejante cambio radical de la geografía física del mundo conduciría, forzosamente, a alteraciones muy significativas de la geografía humana, es decir, de la distribución de lugares de residencia de la población y de la forma en que ésta vive su vida.
Incluso si se estiman niveles de calentamiento más moderados, todos los indicios -obtenidos tanto de estudios detallados de las repercusiones regionales y sectoriales de los cambiantes regímenes meteorológicos como de modelos económicos de los efectos globales- muestran que el cambio climático tendrá serios efectos sobre la producción mundial, la vida humana y el medio ambiente.
Todos los países se verán afectados. Los más vulnerables -las naciones y las poblaciones más pobres- sufrirán antes y en mayor medida, aun cuando hayan sido quienes menos hayan contribuido a las causas de ese cambio climático. Pero los costes de las condiciones climáticas extremas (inundaciones, sequías, tormentas) van ya en aumento… también para los países ricos.
La adaptación al cambio climático -es decir, la adopción de medidas que generen resistencia al mismo y minimicen sus costes- es esencial. Ya no es posible prevenir el cambio climático que se produzca durante las próximas dos o tres décadas, pero aún podemos proteger en cierto modo a nuestros sociedades y economías frente a sus efectos: por ejemplo, facilitando una información de mayor calidad, mejorando la planificación y potenciando cultivos e infraestructuras más resistentes al clima. Sólo para los países en vías de desarrollo, adaptarse supondrá un coste de decenas de miles de dólares al año y una presión añadida para unos recursos ya de por sí escasos. Pero es en esos países en desarrollo donde más deben acelerarse los intentos de adaptación.
Los riesgos de que el cambio climático llegue a producir sus peores efectos pueden ser reducidos sustancialmente si los niveles atmosféricos de gases invernadero llegan a estabilizar a un nivel equivalente a entre 450 y 550 partes por millón (ppm) de CO2 equivalente (CO2e). El nivel actual es de 430 ppm CO2e y aumenta a razón de más de 2 ppm al año. Para que se estabilice en el intervalo anteriormente indicado será preciso que para el año 2050 las emisiones sean, al menos, un 25% más bajas que en los niveles actuales, si no mucho más aún.
En última instancia, la estabilización -al nivel que sea- sólo se producirá a condición de que las emisiones anuales se reduzcan más de un 80% con respecto a los niveles de hoy en día.
Éste es un reto de enormes proporciones, pero si se actúa de forma sostenida y a largo plazo, se puede afrontar a bajo coste (bajo, al menos, en comparación con el riesgo que conllevaría la inacción). Las estimaciones centrales de los costes anuales que supondría alcanzar la estabilización entre las 500 y las 550 ppm CO2e los sitúan en torno al 1% del PIB global del planeta, siempre que empecemos a actuar enérgicamente a partir de este mismo momento.
Las costes podrían ser aún menores si se producen grandes avances en materia de eficiencia o si se logran medir unos beneficios asociados apreciables (como, por ejemplo, los que se podrían derivar adicionalmente del hecho de tener una contaminación atmosférica reducida). Pero los costes podrían ser aún mayores si la innovación en materia de tecnologías "bajas en carbono" procede con mayor lentitud de la esperada, o si los decisores políticos no logran sacar todo el partido de los instrumentos económicos que permiten reducir las emisiones cuando, donde y como resulte más barato hacerlo.
Actualmente, sería ya muy difícil y costoso tratar de estabilizar la situación en las 450 ppm CO2e. Si nos demoramos, la oportunidad de estabilizarla en 500-550 ppm CO2e podría alejarse de nosotros definitivamente. u
El fin del Informe Stern era evaluar "los factores económicos relacionados con la transición hacia una economía mundial `baja en carbono`; el potencial de diferentes métodos de adaptación a los cambios producidos en el clima y las posibles lecciones específicas" para Gran Bretaña. Lo encargó en julio de 2005, el ministro de Hacienda británico.