Fruto del encuentro entre pescadores y prostitutas uruguayas, nacen niños que muchas veces quedan abandonados y solos. Simon Lee cuenta que luego de unos años acá, comenzó a ver esta realidad y decidió hacer algo también por ellos: "Desde que llegó el primer barco coreano, hace 40 años, hasta el día de hoy, han nacido cerca de 150 niños de tripulantes asiáticos en Montevideo. Al principio sólo atendíamos a los hijos de los pescadores, pero luego se fue extendiendo a otros niños pobres". En la Iglesia de los Hermanos les dan los víveres que sobran de los barcos y los reciben todos los fines de semana para la celebración religiosa. "Vienen alrededor de 100 niños todos los domingos entre las 14 y las 16:30 horas. También hay culto para jóvenes entre 14 y 20 años, que suelen ser aproximadamente 20". Algunos jóvenes uruguayos y asiáticos se han hecho amigos y pasan tiempo juntos los fines de semana, en un contacto intercultural que les resulta natural. El idioma no les ha traído mayor dificultad: "A esta altura entendemos algo de coreano, y ellos algo de español", cuentan dos adolescentes uruguayas. Llegaron a la Iglesia de los Hermanos porque las llamaron los misioneros, hace aproximadamente cuatro años.