Fabián Muro
No será de un día para el otro, como cuando desapareció el cigarillo. Pero si todo sale como pretende el gobierno, el policía parado en la entrada de algún comercio, liceo u otra institución que necesita seguridad, será parte de una historia que abarcó 51 años y hoy ocupa a unos 14.000 policías en Uruguay. De ellos, unos 8.000 lo hacen en la capital.
"¿Que cómo va a ser Montevideo sin el 222? ¡Se va a llenar de planchas!", dice un almacenero de La Blanqueada a quien nunca asaltaron pero que se irrita cada vez que su zona se puebla de las típicas gorras y pantalones deportivos que forman parte de los códigos indumentarios del estereotipo de los jóvenes delincuentes.
El prejuicio del almacenero expresa el temor de aquellos que piensan que la eliminación del servicio de vigilancia significará una suerte de terreno liberado para la delincuencia. "Imaginate que si no respetan a la Policía, lo poco que respetarán a los que nos sustituyan cuando ya no hagamos el 222", dice un suboficial -que prefirió no revelar su identidad- en alusión a los trabajadores de seguridad del sector privado, quienes intentarán llenar el vacío que surgirá cuando los de azul se vayan.
En una parada de ómnibus interdepartamentales en Avenida Italia, el agente de segunda Julio Antúnez espera por el viaje que lo llevará a El Pinar. Son las nueve de la noche y recién terminó sus 8 horas de 222. "¡Tendríamos que ganar 30.000 pesos! ¡Esa sería la solución!", dice con vehemencia. Lleva 18 años de 222 y está cansado. Pero los 10.000 pesos que saca por el servicio son un incentivo poderoso para seguir.
Cuando termine el plan de disminución del servicio, Antúnez pasaría a ganar unos 23.000 pesos, 4.000 menos que los que obtiene ahora con ocho horas de trabajo regular y las ocho que completa con el 222, que actualmente cumple en una estación de servicio.
Otros grupos de profesionales también se sienten dependientes del servicio para ir a ganarse el pan, como los profesores de liceo. Casi 60 liceos en Montevideo cuentan con un agente de policía en las inmediaciones, de acuerdo a cifras del mes pasado del Ministerio del Interior. "Es la primera opción cuando hay un problema: poner un 222. No es una solución, claro", dice Walter Oroño, secretario general de la Federación Nacional de Profesores de Secundaria (Fenapes) y agrega que se gastan unos cuatro millones de pesos al año en ese servicio. Qué pasará cuando desaparezca no se anima a decir, aunque ve improbable que el uniforme privado de una empresa de seguridad sustituya al azul y público de los policías.
En total y hasta el mes pasado, había 219 pedidos atendidos de servicio 222 para el sector privado. Y casi 900 para distintas dependencias de la administración pública.
Los datos proporcionados no separan por zonas o barrios la demanda de tales servicios, pero el inspector Ernesto Carreras, directivo del Círculo Policial, estima que la mayor concentración se da en la Ciudad Vieja -por la cantidad de instituciones financieras- y en las cercanías de los grandes centros comerciales.
Sin embargo, la eliminación progresiva del 222 -una cifra que ya forma parte del léxico cotidiano y hasta tiene un pariente, el 223, que lo hace un policía pero sin uniforme- no será total. Al menos en esta primera etapa.
Según lo explicado por distintos jerarcas del Ministerio del Interior, lo propuesto por el Poder Ejecutivo es ir acotando anualmente la cantidad de horas que un policía puede dedicar a ese trabajo para concluir el quinquenio con un máximo de 50 horas semanales. Luego sí, si el ministro de la próxima administración quiere eliminar por completo esa modalidad de trabajo, podrá hacerlo. En eso estuvieron de acuerdo todos los partidos políticos que acordaron las pautas de políticas de seguridad pública para este período.
Pero el 222 no se irá así nomás, sin hacer ruido. Hasta último momento, parece, la triple cifra será una molesta piedra en el calzado de políticos, agentes subalternos, oficiales y representantes sindicales policiales. "Es cierto que hay un aumento de sueldo que compensa parte de la pérdida del ingreso que tendrá el policía cuando el servicio vaya desapareciendo. La contraprestación es la exclusividad. Pero no nos pagan por esa exclusividad", afirma Carreras y ejemplifica: el año que viene, dice, habrá un aumento de un 12% en la boleta de sueldo. Al mismo tiempo, desaparecerán 50 de las 200 horas que hoy son el máximo que pueden tomar para el 222.
Según Carreras, esos 1.500 pesos de aumento deben contrastarse con los 2.800 que las 50 horas le reportan al policía hoy. "Eso es lo que no quieren entender en el Ministerio del Interior". (Aunque se trata de estimaciones donde hay tres niveles de remuneración para el 222. El más alto ronda los 90 pesos en departamentos como Maldonado, por la cantidad de turistas, y el más bajo los 50).
La ganancia, admite el representante del Círculo Policial, es que el agente tendrá otra calidad de vida. Pero aquellos que no tienen un oficio como el oficial Diego González, que trabaja extra como jardinero, pueden sentirse tentados a hacer el 222 informalmente. Al menos eso es lo que sostienen varios sindicalistas policiales.
La disputa por el dinero es lo que generó el encontronazo entre el Ministerio del Interior y los representantes policiales. Desde la sección de comunicación del ministerio, se dice que luego de haber llegado a un acuerdo, los policías rechazaron las bases acordadas, que están en el proyecto de ley de Presupuesto con media sanción. Desde el Ministerio del Interior, se dice, no habrá marcha atrás.
Un oficial que también realiza ocasionalmente el servicio -hasta hace poco, sólo el personal subalterno podía realizarlo- estima que eliminar el 222, así como está planteado, no tendrá buenos resultados. "No es una buena solución", opina esta fuente, a quien le quedan pocos años para jubilarse y que convivió con el 222 durante la mayor parte de su trayectoria profesional. Para él, no es una mala idea que el agente haga menos horas, pero añade que hay lugares en los que no puede sustituirse la presencia policial. Allí donde haya dinero, sostiene, tiene que haber un policía, como las cadenas de casas de cobranzas y pagos, y las instituciones públicas en las que hay cajas.
Desde el oficialismo se refuta esta apreciación, señalando que los transportes de valores seguirán contando con custodia policial. Y que al final del quinquenio un agente de segunda ganará unos 23.000 pesos; "un sueldo más que digno", dijo una fuente del ministerio.
Antúnez, con ansias de subirse al ómnibus para El Pinar no tiene muchas ganas de hacer cuentas, pero ya no reclama 30.000 pesos por mes. "Por ahí va a ser menos plata y eso le puede complicar a quienes tengan gastos fijos. Pero cuando hago el 222 estoy gastando. Fumo más porque en casa no puedo fumar. También como más. Si estoy en casa, me hago una limonada. Si estoy en la estación, me compro un refresco".
Ante la pregunta de si los 4.000 pesos supuestamente perdidos pesan más en la balanza personal que las horas ganadas en el hogar, Antúnez piensa un poco mientras ve que se acerca el ómnibus. "No. En realidad, es mejor llegar a casa temprano".
Horas extra y miedos civiles
Cuando el 222 fue suspendido en el complejo de viviendas CH 84 en Casavalle en julio, los "okupas" aparecieron enseguida (luego fueron desalojados). Ese incidente es recordado por algunos cuando vaticinan que el fin del servicio no traerá nada bueno. Sin aludir a ese incidente, Mario Menéndez presidente de Cambadu, no ve que haya un planteo seguro y pensado para cuando el agente ya no esté en la puerta del almacén o minimercado. "Encima, hay una interna sindical policial complicada. Cuando desde allí se plantea suspender el 222, como se ha hecho recientemente, uno se preocupa" . Julio Clavijo es el presidente del Sindicato Único de Policía de Uruguay y admite disensos entre los diversos gremios. Pero esos problemas son menores, dice, en comparación con las condiciones laborales de agentes que hacen el 222. "Un caso reciente ocurrió en Colonia. El agente entró a las 21 a un liceo y el relevo a las 05 lo encontró sin vida por un infarto".