SEBASTIÁN CABRERA
La vieja tele que ya cumplió su ciclo útil, ese que cada vez es más corto, y debe ser cambiada sí o sí por una moderna pantalla plana. La arcaica computadora, con su torre y su monitor, que ya es historia. O ese celular que no tiene wifi ni touchscreen; ese celular que hace un tiempo era lo último de lo último. Pero ya no. ¿Qué hacemos con esos viejos aparatos en desuso, es decir, con la basura o "chatarra" electrónica?
En Uruguay no existe un sistema de reciclaje para los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE es la sigla por la que se los conoce a nivel internacional). Y la situación se complica a un ritmo acelerado porque la bonanza económica más la fiebre consumista y la baja en los precios de la tecnología más nueva, hace que la gente renueve los equipos mucho más rápido y, por lo tanto, se desprenda antes de los aparatos viejos.
Aquello de llevar la tele o el equipo de audio al service empieza a ser parte del pasado. Ahora manda el use y tire. De hecho, la Agencia para la Protección Europea Medioambiental dice que el crecimiento de esta basura tecnológica triplica a los otros residuos a nivel internacional.
En Uruguay hay un vacío legal: ninguna disposición que establezca el camino a seguir en el tema de los residuos de computadoras, teléfonos y otros aparatos eléctricos y electrónicos.
La Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) trabaja en un plan piloto y en la elaboración de un decreto que seguirá el modelo que rige en Europa: las tiendas que vendan los equipos y sus fabricantes estarán obligados a recibir los aparatos viejos y enviarlos al reciclaje. Es lo que se llama "responsabilidad ampliada" del fabricante.
Pero por ahora no solo no hay legislación ni planes confirmados, sino que tampoco hay centros de recolección públicos, como sí sucede, por ejemplo, con las botellas y las pilas. "¿Cuántas veces uno tiene un modelo viejo de celular que ya no usa y termina en la basura común y corriente?", pregunta la abogada Anabella Aldaz, especializada en el área de derecho ambiental del estudio Guyer & Regules. Y eso que el reciclaje de este tipo de chatarra "es apetecible porque tiene componentes económicos de valor muy alto". Aldaz dice los "uruguayos estamos mal parados" en el tema de la recuperación de los aparatos electrónicos.
Es que, en el mejor de los casos, la gente guarda el aparato en desuso en un estante o lo dona. A veces aparece un intermediario al que venderle ese equipo, pero es común que la gente lo deje en un contenedor. Y desaparece rápido: los recicladores lo desguasan, incluso en algunas ocasiones lo rompen ahí mismo en la vereda, se llevan el plástico o lo que sirva
En Montevideo hay al menos dos plantas privadas que reciben computadoras y teléfonos que ya no se usan, pero solo en grandes cantidades. Allí desarman los equipos y venden las partes. También exportan televisores y monitores viejos, material considerado peligroso por el alto contenido en plomo, para su reciclaje en el exterior (ver recuadro).
Antel, en tanto, recibe computadoras viejas desde el año pasado en el local de Goes 2175 de lunes a viernes de 10 a 16 horas. Allí clasifica, desarma, limpia y recicla los equipos recibidos, que son entregados a hogares de bajo poder adquisitivo. En 2011 fueron donadas a este programa estatal unas 2.000 computadoras y 3.000 monitores.
CHATARRA. Se calcula que cada año los uruguayos se desprenden de unas 100.000 computadoras. Y, en total, se tiran al año unas 10.000 toneladas de todos los residuos eléctricos y electrónicos, según estimó Daniel Ott, jefe del programa para la gestión de los RAEE en América Latina del Instituto Federal Suizo de la Ciencia de Materiales y Tecnologías, en un taller realizado en febrero en Montevideo.
Se trata de unos tres kilos per capita al año, una cantidad similar a la de Argentina. Pero en la región aún estamos lejos en eso del use y tire. En Europa, por ejemplo, se desechan unos 17 kilos de residuos eléctricos y electrónicos por habitante cada año, según publicó el diario El País de España.
Y la norma europea se marca como objetivo recoger al menos cuatro kilogramos por habitante al año. También dice que se debe recuperar entre el 65% y el 80% de los materiales de estos residuos electrónicos.
En el laboratorio de calidad ambiental de la Intendencia Municipal de Montevideo reciben en forma periódica consultas de empresas, comercios y también particulares que quieren deshacerse de viejas computadoras, monitores y otros aparatos electrónicos.
La intendencia no recicla este tipo de aparatos ni va a buscarlos a comercios ni hogares. Así que, cuando recibe las consultas telefónicas, se limita a pasar los datos de Werba y Triex. Son dos empresas que, entre otros servicios, acopian monitores y televisores para exportar a países donde hay tecnología para recuperar ese material en condiciones técnicas y medioambientales adecuadas. "Es riesgoso hacerlo (sin la tecnología adecuada) por la posible rotura y la cantidad de metales pesados que tienen", dice Susana González, directora de residuos sólidos industriales del laboratorio municipal .
El problema, según González, es que "no hay una solución país", sobre todo en relación a los aparatos que tienen en su composición metales pesados. Y advierte que "se nos pasa el cuarto de hora porque la tecnología cambia rápido, nos llenamos de aparatos viejos y nadie sabe qué hacer con ellos".
La experiencia internacional indica que la responsabilidad debe ser de quienes ingresan al país los aparatos, pero "las grandes marcas todavía no se responsabilizan", dice González. Claro, por ahora nadie los obliga a hacerlo.
En 2008 el Frente Amplio presentó un proyecto de ley que creaba un sistema de gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, que ya obligaba a los fabricantes y a los comercios locales a recibir sin costo los viejos aparatos, con el objetivo de "recuperar los materiales de valor comercial" y establecer la disposición final. Pero la iniciativa se archivó en febrero de 2010, al final de la legislatura, y no se volvió a presentar.
El gobierno ahora considera que no es necesaria una ley y que basta con un decreto reglamentario, que tomará como marco general la ya existente ley general del ambiente.
La Dinama está abocada al diseño de un plan operativo específico para la gestión de estos residuos especiales, junto a las empresas que ya reciclan, los comerciantes y Antel, entre otros actores. Uno de los pilares del nuevo sistema es esa responsabilidad del importador y propietario de marca, por el destino de los aparatos al final de la vida útil.
De hecho, Marisol Mallo, encargada de la unidad de planificación de la Dinama, confirma que al menos parte del nuevo sistema será financiado por el sector importador.
A fin de año estaría pronto un plan piloto con recolección selectiva de equipos viejos, principalmente computadoras y teléfonos móviles. Los centros de recepción de los equipos en desuso serían los propios centros de venta. Y es probable que se usen las plantas de Werba y Triex como lugares de reciclaje. El centro de recuperación de computadoras que tiene Antel también será parte de la cadena que se pondrá en marcha.
La idea es crear puestos de trabajo en este sistema y para eso la Dinama y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) pretenden incluir a los recicladores.
Más allá de eso, se busca adaptar el modelo de Suiza, el primer país que en Europa inició hace ya más de 20 años un sistema de reciclaje de aparatos eléctricos y electrónicos. "No vamos a inventar la pólvora", dice Mallo, "sino adaptar esa solución a nuestras realidades.
10.000
toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos se tiran al año en Uruguay
3
kilos de residuos eléctricos y electrónicos per capita al año es lo que, se estima, se tira aquí.
MATERIAL TÓXICO
El plomo de los monitores
Los tubos de rayos catódicos son el corazón que hace funcionar las viejas televisiones y monitores. Y están armados al vacío con vidrio que contiene óxido de plomo. "Estos vidrios, una vez quebrados, entregan el plomo al ambiente, por lo que hay que cuidar de ellos de manera especial", dice Ana Luisa Arocena, responsable de Triex, una planta que funciona en el Parque Tecnológico Industrial (PTI) del Cerro. Esa firma, y también otra llamada Werba, cobran por el servicio de "deshacerse" de los monitores y televisores viejos, ya que en Uruguay no hay tecnología para separar y reciclarlos. Los envían al exterior: el próximo embarque será a Reino Unido.
Werba cobra 400 pesos más IVA por cada monitor que recibe y trabaja exclusivamente con firmas públicas y privadas. Pero sí paga de uno a tres pesos el kilo por recibir torres de computadoras, discos duros, teléfonos y decodificadores, entre otros aparatos eléctricos y electrónicos. Y toma un mínimo de 500 kilos.
"Es un negocio de mucho volumen y muy poco dinero, por eso hay pocas empresas que se dedican a esto", explica Gabriel Werba. Para su empresa, la recuperación de estos aparatos es un eslabón más en la industria del reciclaje de metales no ferrosos.