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En el primer mes del año los incendios arrasaron más de 4.500 hectáreas en el país. La Dirección Nacional de Bomberos realizó 1.600 intervenciones por incendios; 1.300 de ellos originados en campos y zonas forestales.
No puede decirse que haya sido un desastre no anunciado: prácticamente todos los veranos se repite el mismo tipo de incendios, con los mismos componentes de negligencia, falta de previsión y carencia de recursos materiales y humanos para combatir el fuego.
Amplias extensiones de bosques —de entre 30 y 300 hectáreas— se quemaron en Colonia, Canelones, Durazno, Lavalleja, Rivera, Treinta y Tres y Maldonado.
Pero lo peor estuvo en Rocha donde se incendiaron 3.000 hectáreas: 800 en el balneario La Esmeralda y otras 2.200 en un incendio que abarcó Punta del Diablo, Santa Teresa y La Coronilla.
El encargado de relaciones públicas de Bomberos, Jorge Roqueta, aseguró que la negligencia y el descuido explican el 99% de los incendios. "Es ínfimo el porcentaje de otras causas que no sean factor humano. A esta altura es un tema cultural. La gente hace lo que quiere".
Roqueta agregó que la mayoría de los terrenos incendiados tenían medio metro de mugre en el piso, hojas y ramas que debieron ser limpiadas según las normas.
Los bomberos detuvieron y dieron pase a la policía a un promedio de diez personas por día en enero por incumplir el Edicto del Fuego. Hubo al menos cinco procesamientos de la Justicia, incluyendo el hombre que fue procesado con prisión como culpable de iniciar el incendio en La Esmeralda, al querer limpiar el terreno de sus casa.
Ese incendio, que comenzó el 16 de enero y arrasó el pequeño balneario en cuatro días, marcó el inició de una segunda quincena trágica para Rocha.
El 24 de enero en un establecimiento forestal en la zona de La Viuda (Punta del Diablo), a la altura del kilómetro 296 de la ruta 9, comenzó un fuego que arrasó más de 2.000 hectáreas y destruyó unas 60 edificaciones en Punta del Diablo, Santa Teresa y La Coronilla. Además, afectó en total otras 3.000 hectáreas y obligó a evacuar al menos por un día a más de 15.000 personas.
Más de 300 personas, entre bomberos, militares del Ejército y la Fuerza Aérea y un salvador contingente de bomberos brasileños que llegaron a colaborar desde Río Grande del Sur, lograron controlar el fuego el 28 de enero a la altura del kilómetro 312.
La ayuda de los bomberos brasileños fue muy importante. La Dirección Nacional de Bomberos tiene en Uruguay para combatir los incendios 1.200 efectivos, más un refuerzo de 150 zafrales en el verano. Es la misma cantidad que tenía en 1960; en 40 años se han multiplicado los destacamentos en el país y lo que se hace es distribuir el personal, que cada vez queda más menguado en cada zona.
Según Roqueta, el incendio del verano de 1988 en Santa Teresa fue más grande en hectáreas, pero este último fue más violento, uno de los más peligrosos registrados en la historia del país. "Nunca habíamos visto algo igual, esa voracidad, la violencia de las llamas, la rapidez con que se propagó el incendio y los vientos tan fuertes y cambiantes: en muy pocas horas el fuego consumió cientos de hectáreas", explicó.
El bombero, que además de sus tareas de relacionista público combate los incendios como sus compañeros, contó que la madrugada del 25 de enero se vivieron horas dramáticas cuando el fuego estuvo a punto de tomar el pueblo de Punta del Diablo.
"Estuvimos a punto de evacuar toda la población hacia la costa. El viento era impresionante y varias veces tuvimos que correr despavoridos para no ser alcanzados por las llamas".
Nada de eso impactó mucho al presidente de la República, Jorge Batlle, que en ropa sport visitó la zona del incendio y dijo: "no ha habido un desastre de la magnitud que se dice".