Las mamás más jóvenes

Uno de cada cuatro partos en el Pereira Rossell es de una adolescente. Un tercio tiene enseguida un segundo hijo y es alto el consumo de pasta base. Una realidad cruel que no mejora y, con el Fonasa, ahora llegó al sector privado.

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SEBASTIÁN CABRERA

A eso de las diez de la mañana Micaela, de 14 años, espera sentada en un banco de madera en la policlínica ginecológica de adolescentes del Hospital Pereira Rossell. En ese pasillo hay tres adolescentes más. Todas están embarazadas y, a la fuerza, van a tener que hacerse grandes. No les queda otra.

Micaela tiene mirada dulce y cara de niña (su nombre y el del resto de los adolescentes en este artículo fueron cambiados para preservar su identidad). Pero también usa ropa bastante ajustada y se le nota una pequeñísima panza. La acompaña Fernando, que tiene 18 años pero parece bastante menos. Ella está embarazada de dos meses y la primera ecografía muestra que todo viene bien. Él prefiere que sea varón y a Micaela le da igual. Al menos eso es lo que dice.

Ninguno de los dos va al liceo ni trabaja, son una típica pareja montevideana de adolescentes "ni-ni". Eso se repite en buena parte de los padres adolescentes que llegan al Pereira. "Me aburrió el liceo, no fui más", dice Micaela, sin dar mayores explicaciones.

Tímidos, entran al consultorio. "Ahora estoy contenta, al principio no", cuenta ella, mientras espera que la doctora entre a la sala. Pero su cara no muestra alegría, sino más bien algo de miedo. A Fernando sí se lo ve más contento. Se ríe, un poco por nervios, ante cualquier pregunta. Ella quedó embarazada simplemente porque tenían sexo sin usar anticonceptivos. Sabían cómo hacer para no tener hijos pero no lo hicieron. "No nos cuidamos", dice Fernando. Y se ríe otra vez.

Los dos son de Maroñas. Y aún no saben si van a vivir juntos cuando nazca el bebé. "A veces ella se queda en mi casa, a veces yo en la casa de ella", responde el muchacho. "Estamos así, de ida y vuelta".

Casi todos los indicadores socioeconómicos mejoraron en el correr de la última década, incluyendo la pobreza y la indigencia. Pero el embarazo infanto-adolescente no: fluctúa entre el 15 y el 16% del total de los nacimientos. Son unos 7.800 nacimientos de madres de 10 a 19 años de un total de casi 50.000 al año. En 2010 fue el 14,8%, por ejemplo. Los datos de 2011 aún no están completos.

No es un problema nuevo: un cuarto de las madres uruguayas vivas tuvieron al menos su primer hijo antes de los 20 años, de acuerdo a un estudio realizado especialmente para Qué Pasa -en base a los datos del último censo- por el profesor de geografía económica, Leonardo Olivera.

Si uno mira la gráfica de maternidad adolescente sobre el total de los nacimientos en Uruguay verá que sube a partir de la década de 1960, cuando estaba en torno al 10%, y que tuvo un pico en 1996 y 1997. Luego bajó un poco y se estabilizó. El problema es que no siguió bajando, a diferencia de la tasa global de fecundidad, que cae en picada desde hace décadas. El fenómeno de fecundidad adolescente con resistencia a bajar y fecundidad general notoriamente a la baja se da en todo América Latina, no solo en Uruguay

En el Pereira Rossell, ahí donde nacerá el hijo de Micaela y Fernando, el porcentaje de madres de 10 a 19 años es más alto que la media nacional: en 2011 llegó al 26% de los nacimientos. Si se toma solo a los menores de 15 años, es el 6%. "Hace 20 años ya decíamos que era una cuarta parte", dice resignada Estela Conselo, la coordinadora de la policlínica de adolescentes del Pereira Rossell.

"Ahora estamos más o menos igual, aunque ha mejorado mucho la infraestructura y la logística", agrega. En su voz y en su rostro se nota una enorme decepción. "¿Qué estamos haciendo mal?", pregunta la doctora. "El país ha puesto todos los esfuerzos y decimos lo mismo desde hace 20 años".

Con la reforma de la salud y el ingreso de nuevos usuarios a las mutualistas, el embarazo adolescente también ha aumentado en el sector privado (ver recuadro). Pero hay un tema cultural porque este es un fenómeno ligado a los niveles socioeconómicos bajos y donde en los últimos años incide el consumo de pasta base. Cada semana se atienden en el Pereira al menos dos nuevos casos de adolescentes consumidoras embarazadas. Hay algunas que llegan ya en trabajo de parto: no se controlaron ni una vez en los nueve meses (ver recuadro).

En la clase media y alta, se sabe, la gente cada vez tiene menos hijos. Conselo dice que "el Uruguay pobre se multiplica mucho más que el alto" y quienes viven en esos hogares tienen un comportamiento similar al de otros países latinoamericanos. Vivir en un hogar pobre aumenta un 70% el riesgo de ser madre durante la adolescencia, dicen Carmen Varela y Ana Fostik, en un estudio para el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales.

El fenómeno también está ligado a la deserción escolar (la mayoría de las madres ya dejaron el liceo antes de haber quedado embarazadas) y está más presente en el interior que en Montevideo: el 71,5% de las madres adolescentes actuales vive fuera de la capital, de acuerdo al último censo.

Hay más cifras que muestran que el problema es grave. En 1990 la proporción de madres del total de adolescentes era el 6%, según la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud. Hoy es el 10%. De todos modos, el número de nacimientos de madres de 15 a 19 años tuvo su pico histórico en 1996, cuando hubo 71 adolescentes que dieron a luz cada mil de ese rango de edad. Desde 1998 la tasa de fecundidad adolescente se ha mantenido entre 59 y 66 por mil.

CASI NIÑAS. A fines del año pasado la madre más chica en Uruguay tenía 12 años y vivía en Tacuarembó, según el censo. Pero ha habido madres de 10 y 11 años. El embarazo de las menores de 15, como el de Micaela, preocupa a las autoridades. Es un grupo pequeño (unos 200 nacimientos al año) que se ha mantenido históricamente pero que alarma al Ministerio de Salud Pública (MSP) porque es un porcentaje cercano a la media latinoamericana. Y, sobre todo, porque el cuerpo recién está verdaderamente apto para un embarazo cerca de los 15 años.

"No somos de los países que tenemos más. Pero llama la atención para Uruguay ya que es una cifra que es parecida a la de los otros países de la región", dice Leticia Rieppi, coordinadora del Área de Salud Sexual y Reproductiva, sentada frente a un escritorio en una oscura sala del subsuelo del MSP, llena de cajones y muebles en desuso. Ahí, en ese oscuro subsuelo, funciona el servicio de salud sexual. "El grupo de menores de 15 años es un núcleo duro y no hemos podido identificar bien cómo llegar a él", dice la doctora.

Se estima que en los embarazos de niñas de 12 y 13 años hay una alta incidencia de abusos, ya sea por tratarse de menores que abandonaron un hogar donde había violencia o directamente por ser víctima de abusos sexuales. De hecho, al Pereira llega al menos un caso de abuso cada 10 días, dice la coordinadora de la policlínica de adolescentes. No siempre son casos donde hubo penetración, a veces son intentos de abuso. "Niñas chicas, chicas", dice Conselo. Y hay una parte que se embaraza.

La doctora cuenta el caso que más le ha impactado desde que dirige la policlínica del Pereira hace unos 15 años. En 2006 o 2007 una mañana se encontró con una escolar de túnica y moña en la escalera que lleva a la policlínica. Conselo le preguntó a la enfermera quién era esa muchachita que jugaba ahí y la respuesta la dejó bastante helada: era una niña que esperaba para que le pusieran un dispositivo intrauterino (DIU).

"Túnica, moña y DIU", repite Conselo. A la niña, de 11 años y en quinto de escuela, le habían realizado un aborto porque había quedado embarazada de un hermano mayor, que había estado preso pero ya había vuelto a la casa. La niña estaba en riesgo y, por eso, se acordó ponerle el DIU.

Pero no siempre es posible interrumpir un embarazo de manera legal cuando hay una violación, porque eso debe hacerse en el primer período de gestación. Y, en muchos casos, el embarazo se detecta tarde porque la adolescente "lo oculta por vergüenza o directamente no se da cuenta", dice la profesora adjunta de la Clínica Ginecotocológica A, Verónica Fiol.

OTRA VEZ. "Ay, Alma, me vas a matar, quedé embarazada otra vez", le dijo hace unas semanas una paciente adolescente a la ginecóloga Alma Martínez, quien trabaja en Casa de Galicia, SMI Impasa, Cudam y Seguro Americano.

En casos como ese Martínez siente mucha impotencia. "Un primer embarazo puede pasar", dice la doctora. "Tal vez no tenía educación, tal vez no estaba bien asesorada, no sabía cómo usar los anticonceptivos o lo que sea. Pero si ella no quiere quedar y quedó otra vez, ahí sentís que fallaste".

En la policlínica del Pereira Rossell afirman que una tercera parte de las madres adolescentes reincide rápido. "Acá vemos chiquilinas de 20 años y tres hijos", dice Conselo. "Es una catarata".

En todo Uruguay una de cada cinco adolescentes vuelve a quedar embarazada antes de los dos años. De hecho, el 40% de las madres o embarazadas adolescentes no se cuidaron en su última relación sexual, según una encuesta de la empresa Equipos Mori, realizada en 2011 para el laboratorio Bayer y con el apoyo del MSP.

Brenda es una de las que va por su segundo hijo. Está en primero de liceo, tiene 17 años y un nene de dos años y medio, Lautaro, que nació un mes después de su cumpleaños de 15. Brenda habla con total naturalidad del tema. Ser madre adolescente es casi lo que corresponde para ella: la mayoría de sus amigas o está embarazada o ya tiene un hijo. "Sí, es una epidemia", dicen a coro y entre risas con su novio, Martín, mientras esperan en el pasillo de la policlínica de adolescentes.

Ella cuenta que hace poco se cruzó en la emergencia del Pereira con una niña de doce años que esperaba un bebé. "Me dijo que lo había buscado, que lo quería", relata. Y dice que ella también estaba buscando su segundo hijo. Hace cuatro meses lo logró. Él, de 18, va a ser padre por primera vez. "Nos gusta tener un niño de chiquito porque lo criás contigo", cuenta. Brenda, con los labios pintados de un rojo bastante furioso, reafirma el concepto: "Lo disfrutás más, como quien dice".

Ya en la consulta, la doctora le manda varios exámenes porque es un embarazo de riesgo. Tiene hipotiroidismo y problemas renales. Al rato llaman a Martín. "¿Querés entrar a escuchar los latidos?", le pregunta la enfermera. Él acepta.

¿POR QUÉ?. Dos de cada tres adolescentes dice que su embarazo no fue planificado. Pero eso varía según el nivel socioeconómico: en el nivel alto el 86% no lo planificó y en el bajo el 54% no lo hizo. En ese estrato, según afirma la doctora Verónica Fiol, el hecho de ser madre le genera a la adolescente un lugar de mayor jerarquía.

En un rato libre entre paciente y paciente en el Pereira, una enfermera explica que para una muchachita de 14 o 15 años ser madre significa "ser algo". La doctora que la escucha asiente con la cabeza. Y dice que, aunque la mayoría son embarazos no planificados, sí son deseados porque quedar embarazada le permite mostrar al novio "su femineidad" y que es fértil.

Para la socióloga Carmen Varela, buena parte de las adolescentes de sectores bajos plantea que ser madre es realizarse y ocupar "un lugar en el mundo". Una maestra que trabaja en un centro CAIF en un asentamiento en Malvín Norte dice que ser madre también "es una forma de retener a la pareja que está a su lado". En ese asentamiento la maestra ve que a los 10 u 11 años las niñas están vestidas "con un topcito" y no como nenas. "Y a los 15 ya las ves embarazadas".

Conselo dice que "hay mil teorías", pero que, la verdad, la mayoría no quería embarazarse, solo no se cuidó adecuadamente, no usó el método anticonceptivo con la rigurosidad de un adulto.

La ginecóloga Martínez relata un caso que tuvo hace pocos meses en su consulta en la mutualista Casa de Galicia. Una muchacha de 15 años le transmitió que quería quedar embarazada porque la madre es adicta a la pasta base y el padre alcohólico. "Si me embarazo me voy a vivir a lo de mi novio, doctora", le dijo la chica, esperanzada.

Lo curioso es que, según el sondeo de Equipos, casi el 90% de los adolescentes sabe que las instituciones de salud pública dan pastillas y preservativos gratis y las privadas a precios bajos (30 pesos los 15 preservativos o el blíster de anticonceptivos). Pero un porcentaje mucho menor acudió a un centro de salud a pedir pastillas o condones: el 15% de las no embarazadas y el 41% de las madres.

CHAU LICEO. Candelaria, una morocha simpática de 16 años, está de 34 semanas. Le falta poco. Tiene una panza enorme y la sonrisa grabada en la cara. Porque en los primeros días de diciembre nacerá Ailén y hoy vino a hacerse, quizás, el último control. Candelaria está en tercero de liceo pero no sabe si seguirá el próximo año. Tal vez haga un curso de informática.

El suyo no es de los casos más comunes que llegan al Pereira. Porque el 85% de las adolescentes que quedaron embarazadas ya había dejado el sistema educativo antes de su primer embarazo. Algo más de la mitad solo cursó Primaria. El 65% de las madres adolescentes no trabaja ni estudia, según dice un estudio de las sociólogas Varela y Fostik.

Rieppi, del MSP, opina que la falta de estímulos provoca el abandono liceal y ayuda a que queden embarazadas. "Nos preocupa que las mujeres embarazadas de bajos ingresos no puedan insertarse en un ámbito laboral que permita un mejor cuidado de sus hijos", dice la coordinadora de salud sexual, "perpetuando esa historia de mayor posibilidad de embarazos y de abandono escolar".

Candelaria está ansiosa, es su primer nene. Ezequiel, el novio, no pudo venir a la consulta porque está en el trabajo. Pero ya dijo que quiere estar en el parto. "Igual, a mí me da cosa", dice la muchachita, con remera Adidas, un piercing arriba del labio y otro en la nariz.

Ella proyecta que el segundo hijo venga bastante más adelante. Ya habló del tema con su madre, que tuvo una nena hace ocho meses. Y también lo habló con la doctora. La decisión está tomada. Así lo cuenta Candelaria: "Me van a poner un aparato (se refiere al DIU) porque lo otro (se refiere al preservativo) siempre se puede romper".

"NO ES EL MOMENTO"

En el servicio de salud sexual y reproductiva del Pereira Rossell asistieron entre 2007 y 2009 a 2.500 mujeres que querían abortar. De ellas, 20% eran adolescentes. La mitad de esas adolescentes tenía 18 o 19 años, un 43% de 15 a 17 y el resto de 11 a 14 años. El 59% argumentó que falló el método anticonceptivo. "En general el motivo de interrupción es el proyecto de vida", cuenta la doctora Verónica Fiol, "dicen que no es el momento, que están estudiando, que no lo habían planificado".

11 AÑOS DESPUÉS

"Mi mamá es una niña" fue el título de un artículo de la periodista Virginia Arlington que Qué Pasa publicó el 22 de setiembre de 2001, cuando el embarazo adolescente era el 16,5% del total. Aquel artículo es la mejor prueba de que no se ha avanzado casi nada en 11 años.

¿MOTIVO DE FELICIDAD O PROBLEMA?

FELICIDAD

El 26% de las adolescentes que ya son madres dicen que quedar embarazadas otra vez las haría "sentir feliz", según una encuesta de Equipos Mori con adolescentes de 14 a 19 años. Solo el 37% dice que "sería un gran problema". Entre las adolescentes que no son madres, para el 80% "sería un gran problema".

DEBUT SEXUAL

Entre las adolescentes no embarazadas, el 53% tuvo relaciones sexuales. La edad promedio de inicio es 15,4 entre las no embarazadas y 14,9 entre las que sí.

EL HOGAR

El 44% de las madres adolescentes vive sin sus padres. Y solo el 26% vive con su padre.

MÁS EMBARAZADAS

Creció en el sector privado

El caso se dio en una conocida mutualista privada. En noviembre de 2011 llegó a la consulta una muchacha de 14 años que estaba embarazada y no quería tenerlo. En la mutualista le explicaron cómo abortar. La ginecóloga que la trataba se sorprendió cuando, tres meses después, volvió a la consulta con un segundo embarazo. Y otra vez decidió interrumpirlo. Pero la chica retornó a mediados de este año con un tercer embarazo, que esta vez no fue interrumpido. "Ella reconoció que no quería detenerlo", cuenta la doctora que la atendió y que pide que no se identifique la mutualista. Dice que la psicóloga diagnosticó que la paciente fantaseaba que si ella se embarazaba sus padres -separados- se iban a reconciliar.

En los últimos años, tras el ingreso de adolescentes que estaban en el sistema público con la reforma de la salud, la cantidad de embarazos ha aumentado en el sector privado, de acuerdo a una consulta realizada con varios ginecólogos. El porcentaje cambia según la mutualista, pero en varias se ha duplicado.

LLEGAN CON EL EMBARAZO A TÉRMINO

Parto y pasta base

Cada semana llegan a la policlínica de adolescentes del Pereira Rossell al menos dos casos de embarazadas que son consumidoras o han consumido pasta base, dice Estela Conselo, coordinadora de ese centro hospitalario.

Pero el mayor problema -según la doctora Verónica Fiol, profesora adjunta de la Clínica Ginecotocológica A- es que la enorme mayoría de las madres consumidoras no se controla el embarazo. A veces no lo controlan ni una vez durante los nueve meses. "Y llegan acá cuando va a nacer, ya en trabajo de parto", dice Fiol. "Muchas veces llegan habiendo consumido horas antes porque el consumo es una forma de calmar el dolor".

El 5% de las madres adolescentes que dieron a luz en 2011 en el Hospital de la Mujer del Pereira Rossell no se había realizado un solo control.

A nivel biológico las madres consumidoras tienen mayor riesgo de desprendimiento de placenta, mayor riesgo de bajo peso, de partos prematuros y de malformaciones fetales, entre otros problemas.

Entre 2004 y 2011 se multiplicó por cuatro el número de embarazadas en el Pereira Rossell, según un estudio apoyado por la ANII y que publicó esta semana La Diaria. De cada 100 mujeres que dieron a luz en ese hospital (de todas las edades), el 9,6% consumió durante el embarazo. Pero Fiol dice que "es un mito" que sea mayor el consumo de pasta base en las adolescentes. "La mayoría de las mujeres que consumen y llegan acá son mayores de 20 años", explica. "En el embarazo adolescente la adicta a la pasta base no es la regla". Solo el 3,3% de las madres o adolescentes embarazadas de 14 a 19 años dice que ha probado pasta base y el 36% dice que ha probado marihuana, según una encuesta de Equipos Mori realizada en 2011 a pedido de Bayer y del MSP.

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