La verdad narcotizada

| Algunos abogados empiezan a exigir el uso del suero de la verdad para defender a sus clientes a pesar de que su eficacia es puesta en duda desde hace mucho tiempo.

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Fernando Pena

ALEJANDRO PÉREZ

Desde que el penalista Gustavo Salle Lorier solicitó y obtuvo, en diciembre de 2006, que se le aplicara pentotal sódico a una patrocinada suya procesada por homicidio, la vieja y cuestionada técnica del "Narcoanálisis" ha ganado adeptos entre los abogados.

Así, en octubre, el Juez Penal de 21º Turno, Dr. Julio Olivera Negrín, rechazó de manera tajante por considerarlo inconstitucional de todo punto de vista, el pedido de una pericia también con pentotal sódico, formulada por el defensor de un procesado por un delito de homicidio muy especialmente agravado y sobre el que pesa un pedido de condena fiscal de más de 20 años.

La presentación reciente de solicitudes de este tipo motivó que la Unidad de Bioética de la Facultad de Medicina organizara un Ateneo Científico lacónicamente titulado "Sueros de la verdad". El mismo se llevó a cabo a fines de octubre y contó con la asistencia y disertación de médicos forenses, psiquiatras y jueces penales.

Esta técnica cobró auge a finales de 1940 y en menos de una década dejó de utilizarse -al menos legalmente- por considerársela carente de todo fundamento científico y sobre todo por atentar severamente contra los Derechos Humanos.

El método nació en Inglaterra, por 1920, y fue fruto indiscutido de dos avances del conocimiento humano de comienzos del Siglo XX: la psiquiatría y la industria farmacológica.

Sintetizados los barbitúricos -especialmente los de acción ultracorta, llámese Khemital, Evipan o Pentothal- y comprobado el poderoso efecto depresor que producían sobre el sistema nervioso central, pronto fueron puestos en práctica por la floreciente psiquiatría. Era un atajo para acceder al siempre oculto y escabroso inconsciente de un individuo y develar sus posibles patologías psíquicas.

Otra rama de la medicina que captó de inmediato el potencial de esta droga, fue la legista o forense. Su uso para los efectos de dilucidar la simulación o no de un individuo a la hora de responder ante un delito, se puso muy de moda a comienzos de 1950.

La técnica parece sencilla de aplicar pero requiere una mano diestra y experimentada que sepa calibrar la dosis del barbitúrico a ser inducida en el torrente sanguíneo, así como también, poseer una recia formación en psiquiatría para poder o al menos intentar develar los mensajes o las respuestas dadas por el individuo sometido al narcoanálisis, como se le denomina científicamente.

La dosis a aplicar oscila en una solución de 0,5 gr. a 1 gr. de la droga diluida en proporciones que van de 10 cm³ a 200 cm³. Para la inducción se utiliza la vía intravenosa. Aplicado el barbitúrico, el paciente ingresa de inmediato en las primeras fases del sueño. Se aprovecha entonces este período de semiinconsciencia para proceder a un interrogatorio que ya debe estar preestablecido. Aplicándose, de tanto en tanto, nuevas e ínfimas dosis de la droga diluida para prolongar el estado.

Por lo general, las personas responden en forma coherente durante los primeros momentos del interrogatorio. Pero cuando la dosis sobrepasa las resistencias del consciente aparecen los llantos, los silencios, los titubeos y también las fantasías. Y aparece la mentira.

Ya con las prácticas tempranas, se advirtió que era inexacto llamar a los barbitúricos de "sueros de la verdad". Porque un mismo paciente al serle inyectado Kemithal o Pentothal decía y afirmaba una cosa y al otro día lo negaba de manera rotunda o bien, confabulaba una nueva versión de los hechos que estaba narrando.

Además el hecho de dejar al paciente física y psíquicamente neutralizado y desnudo de conciencia, durante la sesión, alertó a los defensores de los derechos humanos.

Por todo esto, al despuntar la década de 1960, el narcoanálisis o narcosis fue no sólo dejado de utilizar, sino hasta prohibido en todos los países que gozaban de regímenes democráticos.

La jurisprudencia uruguaya sólo registra dos solicitudes de pericia con barbitúricos.

Una data de 1957 y fue denegada de plano por "antijurídica e inconveniente" por un Tribunal de Apelaciones. Había sido solicitada por la defensa de un reo procesado por Homicidio especialmente agravado.

La otra llegó 49 años y 11 meses para ser exactos. El solicitante fue el Dr. Salle y contó con la aprobación expresa de su patrocinada, procesada por homicidio en cargo culposo, por haber, aparentemente, producido la muerte de un paciente a quien se alimentó por una vía equivocada. Quienes dieron el visto bueno a la pericia solicitada fueron la Fiscal de 10º Turno, Dra. Diana Salvo y el, en ese entonces, Juez Penal de 8º Turno Dr. Pablo Eguren.

Llegado el día de la pericia se decidió, a pedido de la médica anestesista, que en lugar de aplicársele Pentothal se le indujera a la procesada otra droga llamada Propofol. Quien llevó adelante el interrogatorio fue un psiquiatra particular costeado por la defensa.

La sesión duró escasos 25 minutos. Según se dijo, durante la misma, la indagada negó rotundamente -entre llantos y dormitadas- ser la autora material del error que llevó a la muerte, a un paciente terminal internado en el Hospital Pasteur. Lo que, a la postre, le valió su excarcelación anticipada.

En tanto que el desempate jurídico lo acaba patear, en octubre, el Dr. Olivera Negrín, titular del juzgado penal de 21º turno, al negar rotundamente -con una fundada resolución de casi 15 páginas- que se le practique una pericia con Pentothal sódico a un procesado de su Sede, que como se dijo precedentemente, purga una condena por homicidio agravado.

En dicha resolución el Juez en cuestión, manifiesta entre otras cosas que: "La utilización de este instrumento (el Narcoánalisis) que constriñe al encausado a declarar, incluso contra si mismo, ataca frontalmente derechos fundamentales, irrenunciables e inherentes a la personalidad humana, cuyo goce esta expresamente protegido en nuestro sistema constitucional como ser el derecho de defensa, la libertad y la dignidad".

Por eso optó lisa y llanamente por negar la pericia química.

Una Junta Médica conformada a pedido del Juez se expidió sobre la conveniencia o no de utilizar el Pentothal.

Los tres médicos forenses que la integraron -catedráticos todos- advirtieron al Magistrado el riesgo que significa hoy día acceder al inconsciente de una persona: "Cuando se penetra en el terreno de lo inconsciente la gama de posibilidades es diversa y desconocida, para el nivel actual del conocimiento, por lo que no ofrece ninguna seguridad o certeza."

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