SUSANA MANGANA (*)
Un preocupante FOCO de tensión se plantea por estos días en Medio Oriente a raíz del cruce de acusaciones entre Estados Unidos e Irán. El año 2006 estuvo pautado por la decisión iraní de reanudar su programa de enriquecimiento de uranio, que tiene a ese país y a Estados Unidos y la Unión Europea (UE) como antagonistas. También participó del debate la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), y Rusia y China siguen de cerca el problema.
Algunos analistas occidentales se han preguntado si la actitud desafiante de Irán no constituye una estrategia de negociación con la UE para lograr mejores contrapartidas por el abandono final de sus planes nucleares. Sin embargo, ni la Administración Bush, ni los tres países de la UE que han liderado la negociación, se han tomado a la ligera los anuncios de Teherán.
La opinión más extendida -acertada o no- y compartida tanto por Washington como por la UE es que Irán está haciendo uso de su programa civil de energía nuclear para encubrir el desarrollo de armas, aprovechando lagunas legales que permiten el enriquecimiento de uranio para fines pacíficos. Estados Unidos cree que Irán trata de enriquecer uranio, pero no al nivel necesario para generar energía, sino con el fin de obtener la calidad necesaria para armar cabezas nucleares.
Algunos medios de prensa de la zona del Golfo Pérsico denunciaron que en la planta nuclear subterránea de Natanz ya se han instalado 328 centrífugas que sentarán las bases del enriquecimiento de uranio para combustible atómico a escala industrial. Teherán se defiende y ofrece a la AIEA que coloque allí cámaras de vigilancia porque no tiene nada que esconder. Algunas fuentes oficiales especulan que el programa nuclear iraní fue destacado entre sus logros al conmemorarse el 28º aniversario de la Revolución Islámica el 11 de febrero.
En caso de que la UE y Estados Unidos tuvieran la convicción de que Irán sólo está enriqueciendo uranio con fines pacíficos, no tendrían un caso válido para presionar ni adoptar medidas sancionatorias contra el régimen iraní, ya que el gobierno de Teherán puede lícitamente fabricar polvo de uranio concentrado (llamado yellow cake) -fase actual del programa de enriquecimiento de uranio- siempre para usos pacíficos.
El gobierno iraní asegura que el único objetivo del programa es desarrollar la capacidad de generar energía nuclear con fines pacíficos, y planea generar 6000MW de electricidad por medio de plantas de energía nuclear para el año 2010. Hasta la actualidad (2006), la energía nuclear no ha sido parte de la red de transporte de energía eléctrica iraní. Pero hay serias sospechas de que esto no es así. El Consejo de Seguridad de la ONU insiste con que Irán interrumpa el enriquecimiento de uranio, en medio de filtraciones de que ha acelerado sus trabajos para la instalación de 3.000 centrifugadoras en Natanz.
Otro asunto que preocupa bastante, y con el que se especula mucho, es el supuesto apoyo iraní a grupos radicales. La UE viene pidiendo a Irán desde hace años la adopción de una política exterior más conciliadora que ponga fin al apoyo prestado a grupos extremistas tales como los palestinos Hamas y Yihad Islámica o el Hezbollah del Líbano. Durante las dos presidencias de Jatamí se vieron avances en este sentido, pero muy probablemente se trate de una percepción derivada del mejor grado de interlocución que tuvo el ex presidente con las potencias occidentales. Las afinidades con otros grupos fuera de la frontera iraní no obedecen a dictados de Teherán sino que tienen su propia dinámica.
Ex aliados estratégicos
El anuncio del presidente George Bush sobre acciones militares contra territorio iraní ha sido respondido con maniobras en el Golfo Pérsico en las que probaron los últimos misiles adquiridos a Rusia. En realidad, Bush ha perdido apoyo. España e Italia no están. Y Tony Blair ya no es incondicional. Por otra parte, atacar a un país utilizando otra vez el argumento de posesión de armas de destrucción masiva parece insostenible, cuando el antecedente nefasto de Irak está tan fresco todavía. En tercer lugar Estados Unidos no puede tener tres guerras abiertas en la región: Afganistán, Irak e Irán, ya que su capacidad militar está al límite y una intervención unilateral en Irán desencadenaría una grave crisis dentro de Estados Unidos, provocaría nuevas bajas en sus Fuerzas Armadas y sería rechazado a nivel de su propia opinión pública. Hay además un altísimo riesgo de internacionalización en Medio Oriente.
Otro riesgo de un ataque preventivo sería una crisis diplomática con Rusia, que tiene a numerosos científicos y técnicos trabajando en las instalaciones nucleares de Irán, concretamente en la de Bushehr, que es la planta a la que se especula que Israel y Estados Unidos tendrían intención de atacar en primera instancia. Esta posible crisis podría comprometer seriamente el apoyo del presidente Putin en la lucha antiterrorista.
Los iraníes, especialmente su clase política, se sienten orgullosos de los avances conseguidos en materia de investigación nuclear y estarían dispuestos a reaccionar y defenderse. Ya en julio de 2004, el ayatolá Ali Jamenei reiteró que si alguien invadía la nación, los iraníes pondrían en peligro sus "intereses globales". Más allá de que pudiera tratarse de retórica destinada a insuflar el orgullo patriótico y nacionalista, lo que es un hecho es que Irán puede ejercer una influencia decisiva sobre grupos como Hezbollah y reanudar las tensiones en torno a Líbano y Siria.
Hasta 1979, Estados Unidos e Irán fueron aliados estratégicos y mantuvieron una estrecha relación desde la Segunda Guerra Mundial. Muchos olvidan que la monarquía ejercida por el último Sha de Persia, Reza Pahlevi, fue una dictadura oprobiosa caracterizada por la anulación de las libertades y la tortura, pero muy condescendiente con las potencias occidentales en lo relativo a la explotación del petróleo. Después de la Revolución Islámica de 1979, Estados Unidos e Irán se han vuelto enemigos irreconciliables y cabe recordar que durante la guerra entre Irán e Irak, Estados Unidos estuvo del lado de Saddam Hussein. La invasión de Irak y la caída de Hussein en 2003 desencadenaron una serie de hechos particularmente interesantes y curiosos a la vez.
La Casa Blanca ha impulsado el Iran Freedom and Support Act del Congreso de Estados Unidos, que insta a promover alianzas con grupos de la oposición iraní. Esta iniciativa está siendo coordinada con la Coalición por la Democracia en Irán (CDI), un grupo de presión creado por neoconservadores que tiene por objeto sentar las bases de una agenda de política exterior estadounidense respecto a Irán. La CDI mantiene fuertes vinculos con el hijo del Sha, Reza Pahlevi, en el exilio. También prevé la emisión de programas de radio independientes en Irán, similares a radio Farda, una emisora financiada por Estados Unidos que funciona 24 horas al día y que está dirigida a iraníes menores de 30 años.
Desde 2003, Irán ha desempeñado oficialmente un papel constructivo en Irak. Fue el primer país de la región en enviar una delegación oficial a Bagdad para mantener conversaciones con el Consejo Provisional de Gobierno iraquí, reconociendo así la autoridad que Estados Unidos había instalado. Irán extendió apoyo financiero y créditos a la exportación a Irak y ofreció ayuda para reconstruir la insfraestructura de energía y electricidad. Después que el gobierno interino del ex primer ministro Ibrahim al-Jaafari asumió en abril de 2005, delegaciones iraquíes de alto nivel visitaron Teherán, alcanzaron acuerdos sobre cooperación en seguridad con Irán y negociaron un paquete de ayuda por 1.000 millones de dólares para Irak, así como varios acuerdos comerciales, incluyendo uno para la exportación de electricidad a Irak y otro para el intercambio de crudo iraquí por derivados de petróleo refinado.
La influencia no oficial sobre Irak es todavía mayor. Durante los últimos tres años, Irán ha construido una notable red de aliados y clientes, a través de diversas acciones como operativos de inteligencia, milicias y cuadros políticos en diversos partidos chiitas de Irak.
Muchos líderes de los principales partidos chiitas, el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak y el ex primer Ministro al-Jaafari y el actual, Nouri al-Maliki, se exiliaron durante años en Irán, antes de regresar a Irak en 2003. Irán ha desarrollado también lazos con el líder espiritual chiita Muqtada al-Sadr, quien hasta no hace muchos años se caracterizaba por un discurso anti iraní. Los Guardianes de la Revolución apoyaron al ejército de al-Sadr en sus enfrentamientos contra tropas americanas en Nayaf en 2004.
Desde entonces, Irán ha entrenado a cuadros políticos y militares leales a al-Sadr. También ha apoyado financieramente a los partidos chiitas de Irak en las dos elecciones celebradas hasta ahora, ha utilizado su red de televisión, al Alam, para promover el apoyo a estos grupos y colaboró en conseguir acuerdos con los kurdos. Además los partidos chiitas iraquies han atraído a sus votantes teniendo a su disposición amplias redes políticas y de servicio social en el sur del país que, en muchos casos, fueron creadas con fondos y asistencia iraníes.
La conexión Irak-Irán
La extensión de estos lazos ha disgustado a Estados Unidos. Eso explica que Washington endurezca su denuncia de que Irán apoya a insurgentes, bandas criminales y milicias en Irak. Además, acusa a Teherán de indisponer a la opinión publica iraquí contra Estados Unidos. Washington fracasó en anticiparse a la influencia iraní en Irak porque ha malentendido la complejidad de las relaciones entre los dos países, en particular el legado de la extensa guerra que sostuvieron en los años ochenta. Debe tenerse presente que durante aquella cruenta guerra, que dejó más de un millón de muertos y que fue más larga que la Segunda Guerra Mundial, el ejercito iraquí -mayoritariamente compuesto por chiitas- resistió las incursiones iraníes en territorio iraquí, especialmente durante el sitio a la ciudad chiita de Basora en 1982. Pero a pesar de situaciones traumáticas como la descrita, la guerra no dejó una secuela de rencor entre chiitas de Irak e Irán como, al parecer, pensaron los estrategas estadounidenses. Hoy, los chiitas de Irak temen más a la dominación sunita que a la influencia de Teherán en Bagdad. Después de las masacres anti chiitas de 1991, 100.000 chiitas árabes iraquíes volvieron a refugiarse en Irán. A partir de 2003 han ido regresando y hoy trabajan en escuelas, comisarías, mezquitas, bazares, tribunales, en el Estado y en consejos tribales desde Bagdad a Basora.
Desde el punto de vista religioso, tampoco se ha cumplido el vaticinio de Washington de que una vez que Irak fuese liberado, la ciudad de Nayaf rivalizaría con Qom y desafiaría a los ayatolás iraníes. Por el contrario, desde 2003, ambas ciudades han cooperado y no existe la más mínima señal de un cisma entre sus clérigos o algún germen de éxodo de disidentes desde una ciudad a la otra. Un ejemplo paradigmático lo constituye el hecho de que el sitio web del influyente ayatolá Ali al-Sistani tiene su base en Qom y la mayor parte de las contribuciones religiosas recogidas por sus seguidores son guardadas en Irán. Este vínculo va más allá de las élites.
La apertura de las ciudades sagradas en Irak ha tenido un fuerte impacto emocional en los ciudadanos iraníes, especialmente entre aquellos que pertenecen a la clase social muy religiosa que apoya al régimen. Desde 2003, cientos de miles de iraníes han visitado las ciudades de Nayaf y Kerbala todos los años. Como consecuencia de ello, han renovado su fe y cultura chiitas en Irak y son muchos los que reconocen al ayatolá al-Sistani como su líder espiritual.
Entre tanto, los negocios han seguido al fervor religioso. Los peregrinos iraníes que abarrotan los hoteles y bazares de Nayaf y Kerbala traen consigo inversiones en campos, construcción y turismo. Es común hoy encontrar productos iraníes en el sur de Irak. Hay que matizar, también, que los enfrentamientos entre sunitas y chiitas provoca mensualmente miles de desplazados fuera de Irak. No existe un liderazgo unificado para la comunidad chiita, pero todos comparten una visión religiosa coherente: desde que se desgajaron de los sunitas en el siglo VII, a partir de la discrepancia sobre quiénes eran los sucesores legítimos del Profeta Mohamed, han desarrollado una concepción diferente de las leyes y prácticas islámicas. Hoy, el considerable tamaño de su población (que supera los 150 millones) los hace una agrupación potencialmente poderosa.
Como se ve claramente, y aunque resulte paradójico, la recuperación de espacios por parte de la población musulmana chiita y el incremento de la influencia de Irán en lrak, y en toda la región, es el principal efecto colateral de la "liberación" de Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados. No es erróneo sostener inclusive que el gobierno de Teherán ha visto facilitada su tarea, ya que sus dos principales y más hostiles vecinos como eran el régimen Talibán y Saddam Hussein (ambos sunitas), desaparecieron por obra de las intervenciones estadounidenses.
El triunfo de la Revolución Islámica ha significado para muchos sectores sociales -especialmente los más deprimidos y postergados- una lenta pero segura mejoría en sus condiciones de vida, que contrasta con la situación dominante en épocas del Sha, cuando los favorecidos se reducían a aquellos círculos allegados a la monarquía y una élite intelectual complaciente.
Dos áreas en las que la República Islámica consiguió resultados notables fueron la educación y la sanidad pública. Los logros en zonas rurales y empobrecidas fueron enormes, y los principales beneficiados han sido las mujeres y los niños. En educación, los colegios recibieron partidas presupuestales sustanciales y se construyeron escuelas en pueblos y barrios pobres. Para las niñas resultó más fácil acudir a clase por la accesibilidad de los colegios, porque los líderes religiosos lo promovieron y por la aplicación de la separación por sexos en la escuela primaria y en secundaria (que ya venía desde el período monárquico).
A pesar de que la educación antes de la universidad se basa principalmente en la memorización rutinaria y el énfasis religioso, gran parte de los programas sigue siendo secular. A partir de 1979 no sólo la alfabetización entre los jóvenes llega a casi todo el país, sino que también el porcentaje de mujeres que ingresan en la universidad no ha dejado de crecer, hasta llegar al 66% en 2003. Una posible explicación para este logro de las jóvenes es que existen muy pocas actividades permitidas para las mujeres más allá de las labores del hogar y que los bajos salarios de los profesores llevan a que las mujeres que enseñan en las escuelas femeninas estén más motivadas que los hombres que enseñan en las masculinas, dado que las mujeres tienen más difícil acceso a puestos de trabajo con sueldos más elevados.
Después de un período en el que se le negó el acceso a algunas personas o se establecieron cupos, las mujeres pueden acceder hoy en día a prácticamente todas las universidades. Casi todos los pueblos tienen una escuela. La alfabetización femenina se duplicó en 20 años (pasó del 36% en 1976 al 72% en 1996) y sigue subiendo. Aunque los libros de texto muestran a mujeres desempeñando las labores familiares tradicionales, en los últimos años se han matizado estas imágenes. También existe un efectivo programa de alfabetización para adultos. El adoctrinamiento ideológico no ha tenido éxito a juzgar por las encuestas a bachilleres y universitarios, y también por las protestas estudiantiles.
Una sociedad convulsa
Hasta bien avanzado el siglo XX, la sanidad era uno de los principales problemas del país y afectaba especialmente a mujeres y niños. La pobreza, la falta de servicios y los habituales partos prematuros contribuían a que los niveles de mortalidad entre parturientas y niñas fuesen muy elevados. A partir de los años ochenta, los sucesivos gobiernos destinaron recursos a programas sanitarios, especialmente en zonas alejadas de la urbe. Resultó clave la creación de una red sanitaria de atención primaria que transformó el acceso a la sanidad en muchas zonas. Entre 1985 y 1997 los índices de mortalidad maternal bajaron de 140 muertes cada cien mil partos a 37. La mortalidad infantil también cayó.
Respecto a la planificación familiar, el gobierno dio un giro de 180 grados a finales de los ochenta. Aunque el control de natalidad nunca estuvo prohibido, la República Islámica hizo mucho hincapié en el crecimiento de la población entre 1979 y 1988.
Cuando descendieron los índices de mortalidad, sin embargo, el crecimiento de la población se disparó y no hubo empleo para todos. Eso obligó a un cambio político radical en 1988-1989 y, tomando el ejemplo de otros países y con el apoyo de los clérigos musulmanes, Irán desarrolló uno de los programas más efectivos del mundo en ese aspecto.
Con la ayuda de muchos conocedores de los programas de planificación familiar antes de la revolución, el nuevo programa se puso en marcha cuando Jomeini lo autorizó. Se reintrodujo la libre planificación familiar y se permitió también la esterilización. Los beneficios por el nacimiento de hijos se acababan después de los tres primeros, por lo que no hubo limitaciones drásticas.
La droga, desde el tradicional opio a la heroína procesada, es un problema que también se ha colado en la sociedad iraní. En 1999 el gobierno admitió que había más de un millón de adictos en el país. Las drogas están especialmente extendidas entre los jóvenes y están ligadas al cinismo imperante.
Según los investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Teherán, las drogas son de uso frecuente entre los jóvenes de clase alta (que prefieren las drogas "recreativas" a la europea) y los jóvenes de clase trabajadora (que prefieren el tradicional, y más barato, opio), pero su consumo es menos común entre los jóvenes de clase media, cuyos padres son a quienes más les preocupa el tema. Las ONG, que florecieron tras la elección de Jatamí en 1997, han ayudado a proporcionar tratamientos y programas de narcóticos para un limitado grupo de adictos. En los últimos años, Irán se ha mostrado más abierto al problema de las drogas y ha querido aprender de la experiencia de otros países.
El ministro de Sanidad, Kamrán Bagheri, anunció que jóvenes científicos iraníes han elaborado un medicamento que combate los efectos del Sida, resultado de la combinación de la raíz de una planta utilizando nanobiotecnología. En el medicamento llamado Imod se han invertido entre cuatro y cinco años de trabajo y se ha experimentado en 200 enfermos voluntarios, y pertenecería a la quinta generación de medicamentos contra el Sida, que controla el virus intruso.
A pesar de sus restricciones a la libertad (se denuncian 300 presos de "conciencia") y de ser una teocracia, desde 1979 Irán ha demostrado tener más intenciones democráticas que todos los regímenes árabes de la región, con elecciones y alternancia de partidos en el poder. Estados Unidos pidió la última semana un diálogo directo con Irán. Es que uno necesita del otro, sobre todo en Medio Oriente. En Irak, Estados Unidos tiene el poder, pero Irán tiene la influencia", dijo Clovis Maksoud, ex representante de la Liga Árabe ante Naciones Unidas.
(*) Susana Mangana es encargada de la Cátedra Permanente de Islam y Mundo Arabe en la Universidad Católica del Uruguay. Investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid.