La polola de Chile

| Hija de un general muerto en la tortura, Bachelet liderará el cuarto gobierno consecutivo de centroizquierda en Chile.

Mónica Guerra, El Mercurio de Santiago, Grupo de Diarios América

Al preguntársele hace semanas cómo juraría si ganaba las elecciones, si con pollera o con pantalón, la candidata de la Concertación respondió que aún no lo había decidido. "Ni he pensando en el color", agregó.

Pero conociendo el valor que le asigna a la condición de la mujer y el simbolismo que tendrá para sus congéneres verla jurar como la primera presidenta de Chile, cómo dudar que ese día Michelle Bachelet vestirá de pollera.

Cuando el 11 de marzo reciba el mando de manos de Ricardo Lagos, esta hija de un general muerto en prisión tras el golpe militar de 1973 se habrá convertido en la primera mujer que conduzca los destinos de Chile.

Pero no es todo. Porque será la primera que asuma este papel en América del Sur por elección popular.

El suyo, además, será un gobierno más breve, porque inaugurará los períodos de sólo cuatro años que recientemente aprobó el Congreso de Chile.

"Gobernaré con polleras y pantalones. Pantalones para tomar todas las decisiones firmes que hay que tomar y polleras para hacer que junto con empujar a los que quieren surgir, también acojamos y protejamos más a los que tienen dificultades", ha dicho, precisando los matices que marcarán su gestión.

Con su llegada al palacio de La Moneda la hija del general de aviación Alberto Bachelet y de la arqueóloga Ángela Jeria, cargará con una doble responsabilidad.

Por un lado, tendrá que ejercer con gran capacidad política para demostrar que a la Concertación aún le queda aliento y puede superar el desgaste de un cuarto gobierno consecutivo, lo que exigirá dejar atrás acusaciones de corrupción e impulsar, por tanto, un intenso, imprescindible y saludable ejercicio de transparencia.

Pero también tendrá que responder a las expectativas que genera su propia condición de mujer y a la confianza de ese mayoritario voto femenino.

La historia que la puso rumbo a La Moneda comenzó a tejerse el 11 de setiembre de 1973, cuando el golpe militar la marcó.

Michelle Bachelet recuerda que ese día se fue temprano a sus clases en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, en donde cursaba tercer año. Apenas supo lo que ocurría, subió al techo del edificio de la avenida Independencia con algunos compañeros de estudio a observar el bombardeo sobre el palacio presidencial.

Ese mismo día, su padre, a quien el presidente Salvador Allende había nombrado un año antes encargado de la Oficina de Distribución de Alimentos, fue detenido y recluido en la Academia de Guerra Aérea, acusado de "traición a la patria".

"A mi padre lo trasladaron a la cárcel pública y allí, el 12 de marzo de 1974 y a consecuencia de las torturas, tuvo un infarto cardíaco que le provocó la muerte", recordó.

La dureza de lo ocurrido no impidió que Bachelet intentara continuar con su vida. Siguió con sus estudios. Pero esta situación sólo duró hasta fines de ese año. Porque mientras continuaba en la universidad, al mismo tiempo apoyaba al Partido Socialista en la clandestinidad, por lo que el 10 de enero de 1975 fue detenida por dos agentes de la DINA junto a su madre, Ángela Jeria.

Después de permanecer en los centros de detención y tortura de Villa Grimaldi y Cuatro durante tres semanas, ambas viajaron a Australia a reunirse con su hermano Alberto y luego se radicaron como exiliadas en Alemania Oriental, en donde continuó sus estudios de medicina. Allí se casó con el arquitecto chileno Jorge Dávalos, padre de sus dos hijos mayores, Sebastián, de 26 años, y Francisca, de 21. La menor, Sofía nació en Chile hace 12 años, de su relación de más de cinco años con el epidemiólogo Aníbal Henríquez, luego de que regresara al país en 1979. Hasta se ríe del impacto que la tendencia política derechista de su pareja causó en su círculo. "Sólo demuestra lo democrática que soy", dijo, riendo.

Lo que no la hace reír es que se insista en su antiguo novio del grupo guerrillero Frente Patriótico Manuel Rodríguez. "Se le da una intencionalidad política a estas cosas. A los hombres no les preguntan por sus ex pololas", se quejó recordando que eso ocurrió hace más de 20 años.

Una de sus grandes desilusiones —a la que se le atribuye que sea una mujer desconfiada— fue lo sucedido con otra de sus ex parejas, el ex dirigente socialista Jaime López, a quién instó a regresar a Chile desde Alemania Oriental. A la vuelta, tras ser torturado, pasó a ser colaborador de la DINA.

Pese a su historia, Bachelet no dejó que las penas ensombrecieran su vida y rechaza que la vean como una víctima. "No creo —dijo— haber vivido nada como una víctima. Lo he pasado mal, pero como muchos otros".

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