Cristina Casaubou
Esto es un desastre. A mí me sale un ojo de la cara pagar la cuota", asegura Mireya, una maestra jubilada afiliada al Casmu desde 1952, mientras guarda en su bolso el recibo y el dinero que pensaba emplear para retirar un medicamento. "Vengo a repetir remedios con el único especialista en glaucoma que hay, porque los otros renunciaron y no pusieron sustitutos. Resulta que por el conflicto el médico se resolvió atender solo a cinco pacientes, ahora tengo que estar hasta la semana que viene sin medicación".
En el llamado Casmu 2, de 8 de Octubre y Abreu, hay bastante movimiento. Recién termina un paro parcial de funcionarios, algo habitual en el conflicto que el sindicato lleva adelante por la nueva crisis en la que está sumida la institución sanitaria. Hay largas filas en las cajas y también en la farmacia. Otros buscan algo de reposo en unas pocas sillas libres.
Es que los 240 mil socios del Casmu son rehenes de una situación que les es ajena y de la que apenas están informados.
"Estamos condenados. Vine a ver a un primo que tiene cáncer. Hace meses que andaba en vueltas con los médicos y recién se lo diagnosticaron, cuando ya no hay nada que hacerle. ¿Cómo van a atender bien si en lo único que están pensando es en el dinero?", dice Ricardo en la puerta del sanatorio.
Malestar, quejas e incertidumbre. Así es el ambiente que se respira el hall central del edificio. En el centro de salud de Arenal Grande y Colonia sucede algo similar. Allí estuvo Griselda, otra usuaria del Casmu: "Vine a la urgencia descompensada, pensaron que podía haber hecho un infarto. Me tuvieron cuatro horas sentada en una silla de ruedas sin que viniera un médico. Me corrían a un lado y a otro para poder pasar. Hasta que me vio un compañero que trabaja acá y logró que me pasaran a un sillón y me atendieran. Solo me sacaron sangre. Llegué a las 11.30 y me fui a las 7 de la tarde, sin que me hicieran un electrocardiograma". Para ella, la mutualista "no era así". La operaron varias veces "y me trataron bien". Sin embargo, la atención que observó en el sanatorio 1 le parece "lamentable".
Para el presidente del Casmu, Gerardo Eguren, la atención en la mutualista no se vio resentida por el conflicto en lo que respecta a los médicos. En cambio, los paros realizados por los funcionarios, sostiene, afectaron la autorización de estudios y la obtención de órdenes que pueden sacarse en Abitab, dice, aunque son más caras. A su juicio el servicio que brinda la mutualista es bueno y expresa que "en 240 mil socios siempre hay algunos que están disconformes, pero no es lo habitual, son casos puntuales". Señala que se trabaja para mejorar la atención, como por ejemplo, eliminar las largas colas que se forman en los policlínicos.
En la Junta Directiva no recibieron denuncias por escrito sobre mala asistencia. "Quejarse en forma verbal es muy fácil", asegura.
El Casmu fue fundado en 1935 a impulso de Carlos María Fosalba. En aquel entonces, se fijaron como principios rectores la defensa de los intereses morales y materiales de sus afiliados y de todos los médicos del Uruguay; así como la contribución al permanente estudio y perfeccionamiento de las estructuras de salud del país. Algunos creen que todo eso quedó en el olvido. Es una institución gigantesca, descentralizada, burocrática y de respuestas lentas.
Además de sus 240.000 afiliados, la institución emplea a 7.700 médicos y no médicos y factura anualmente 2.930 millones de pesos. Los problemas financieros de la institución vienen de tiempo atrás, pero según el Sindicato Médico del Uruguay (SMU) la implementación de la reforma de salud generó desigualdad entre los ingresos y egresos de los dineros de la institución, aunque para el Ministerio de Salud Pública el problema es la crisis estructural que la mutualista arrastra desde hace décadas.
El conflicto se desató cuando el 7 de octubre los funcionarios se enteraron que la Junta Directiva había resuelto una rebaja salarial. Además, tampoco había una fecha fijada para cobrar el sueldo de setiembre. Finalmente, luego de rumores de intervención y de ocupación de la sede del SMU, los salarios de los funcionarios que perciben hasta 11.000 pesos se abonaron el viernes 24 de octubre con el dinero de las cápitas que mensualmente vuelca el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) a las instituciones y con un adelanto de la empresa Abitab. Al cierre de esta edición, la mutualista estaba decidiendo declararse en concordato para poder refinanciar sus deudas. Restaba, además, pagarle a 1.300 que cobran hasta 25.000 pesos y a otros 60 que integran la franja que percibe más que eso.
Según Eloísa "Bimba" Barreda, de la Asociación de Usuarios de los Servicios de Salud (ADUSS), entre los principales reclamos que llegan hasta su oficina de los socios del Casmu, están la falta de medicamentos y la descortesía en el trato, reflejo de los problemas internos del centro.
Maricarmen, otra socia del Casmu que padece una enfermedad crónica termina aceptando un medicamento "al que soy resistente, porque el que necesito es del laboratorio Roemers y no lo trabajan por ser muy costoso. Tengo que agarrarlo igual porque afuera es carísimo".
La mayoría de lo usuarios desconoce la existencia de dos asociaciones distintas que buscan, cada una por su lado, asesorar a los afiliados y mejorar la calidad de la asistencia.
Estas no son ajenas al contexto general del Casmu: el gremio de los trabajadores está enfrentado al de los médicos (SMU) -propietario de la mutualista. Éste, a su vez, no solo está fragmentado por su propia política interna sino que tampoco mantiene buenas relaciones con el Ministerio de Salud Pública.
La Asociación de Usuarios del Casmu (Asucasmu), que surgió el año pasado, tiene apenas un centenar de afiliados, lo que le da una representación limitada. "Trabajamos por y para el Casmu", explica el presidente Juan Gargiulo. La agrupación mantiene una buena relación con la Junta Directiva de la mutualista. Se le cuestiona a Asucasmu una relación demasiado cercana con el actual presidente del Casmu, Gerardo Eguren. También se le acusa de haber sido creada para enviar personas afines a la Directiva como representantes ante los Consejos Consultivos -espacios donde usuarios y trabajadores opinan y sugieren sobre el funcionamiento de las instituciones- establecidos en el marco del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS). Sin embargo, Gargiulo -molesto ante la pregunta sobre su relación con Eguren- dice "solo somos conocidos". También es "conocido" de otros miembros de la Junta como el nuevo gerente Milton Carro, el secretario Gerardo Bruno y el tesorero Raúl Rodríguez.
Tal vez por eso, la postura de Asucasmu ante la crisis de la institución es complaciente. En sintonía con lo que se afirma oficialmente, desde Ascasmu se considera que todo lo realizado por la Junta Directiva "bien hecho está" ya que "ellos sabrán por qué lo hacen", de acuerdo a Gargiulo. Tampoco se opina sobre los reclamos del sindicato de funcionarios. Sí se admite que en Casmu no todo anda bien y se señala la gran desinformación que tiene el asociado acerca de los servicios que brinda la mutualista y de cómo obtenerlos. Otro problema, dicen, es el mal funcionamiento en la atención primaria y el escaso uso que se hace del médico de familia. Y algo en lo que nadie discrepa: las largas colas.
Asucasmu, que carece de una sede, también es tildada de ser una asociación cerrada. Su presidente lo niega y dice que poco pueden hacer por la falta de rubros, lo que dificulta llegar a los usuarios. Su único medio de contacto con los afiliados es a través de una página web en donde no figura ningún teléfono. Para recaudar dinero, la agrupación firmó un convenio con Italcred, mediante la cual se otorga una tarjeta a los afiliados para compras externas que suma puntos canjeables por órdenes y tickets en la mutualista. Ninguno de los socios consultados por Qué Pasa está enterado del acuerdo. La ley de creación del SNIS establece la conformación de agrupaciones de usuarios que funcionen en forma honoraria. "No especifica cómo subsistir, no está previsto que haya gastos de movimiento", señala Gargiulo.
ENFRENTADOS. Cuando Asucasmu se conformó y obtuvo la personería jurídica, también se eligieron los representantes a los Consejos Consultivos, hecho que generó rivalidades con su homóloga: la Asociación de Usuarios del Casmu (AUC), vinculada al Movimiento de Usuarios de los Servicios de Salud Pública y Privada. "No nos ponemos de acuerdo en la filosofía de las cosas", argumenta Gargiulo.
El surgimiento de la AUC, formada por unos 60 usuarios, estuvo signado por la obligación de conformar los mencionados Consejos. "El Casmu no convocó a los afiliados a participar. Prefirió imponer nombres que no les van a complicar la vida", de acuerdo a Alfredo Manitto integrante de la AUC. Ante esa falta de convocatoria -por la cual la mutualista está siendo investigada por La Junta Nacional de Salud- se hizo una asamblea de afiliados para elegir a los representantes. Entonces, AUC tomó contacto con Asucasmu para invitarlos y se sorprendió cuando la respuesta de su par fue que ya habían elegido los delegados. Finalmente, de mala gana, acordaron ir con representantes de cada asociación: por Asucasmu, Gargiulo y Uruguay Somma -ex contador general del Casmu- y por AUC Manitto y Nelson Puyares, ambos jubilados de la mutualista. Si bien aseguran que no es característica de los miembros de la asociación haberse desempeñado en la institución, tal vez eso incida en la afinidad que el grupo tiene con el gremio de los funcionarios. Y con la postura de la ministra de Salud María Julia Muñoz en torno al conflicto de la mutualista.
La AUC, que se reúne en la sede de la Comisión de Fomento de la Unión, considera que es inmoral recaudar fondos a través de los afiliados Ellos se sostienen solidariamente ya que es "muy poco lo que se necesita" para trabajar. Critican que las emergencias de las mutualistas estén desbordadas, que falten camas para internación, la falta de controles, las enormes colas y que las quejas y sugerencias no lleguen a destino porque "van a parar a la papelera". También culpan a algunos médicos de lucrar con la salud y de ser "pésimos" administradores.
Por las razones que sean, muchos usuarios se sienten rehenes de una situación que solo tiende a complicarse. Y esperan, prisioneros del corralito mutual, con la misma paciencia con la que enfrentan esa larga cola frente a la sección farmacia.
Escuchar los reclamos
Eguren, el presidente del Casmu, explica que en la Comisión de Usuarios, que funciona en la mutualista, se estudian las quejas y si el abonado tiene razón se aplican sanciones a los responsables. "En Uruguay se muere gente, a veces se piensa que es mala praxis y no lo es. La gente se muere y la gran mayoría de las veces no es por culpa del médico", dice Eguren.
Un corralito que continúa presente
El gobierno había prometido la apertura del corralito mutual para octubre de este año. Pero luego lo postergó hasta febrero de 2009 por falta de información sobre las prestaciones de cada institución y para diseñar un plan que frene la intermediación lucrativa.
El presidente del Casmu, Gerardo Eguren (foto) reconoció a Qué Pasa que la habilitación al cambio no beneficiaría a la institución porque perdería socios comprometiendo aún más su situación económica. Iguales declaraciones emitió el vicepresidente del SMU, Julio Trotchansky. Y en este punto, las dos asociaciones de usuarios se ponen de acuerdo. Manitto, por ejemplo, asegura que la institución transmitió, en los últimos tiempo, gran inseguridad a los afiliados por los constantes conflictos y las versiones poco satisfactorias acerca del uso del dinero de la institución. "Estuve 90 días esperando para ver al cardiólogo y cuando llegó el día, por el paro, no me atendieron. Es el colmo. Si pudiera cambiarme no pisaría más esto", dice Alberto. En el sanatorio 1, Estela, de 43 años, dice: "Soy socia desde los 18 años, cuando empecé a trabajar. Estoy esperando que se habilite el cambio para ir a una mutualista más seria, que respete al afiliado y no juegue con el tiempo y la plata que tanto nos cuesta ganar.