La nueva ola de derecha en América Latina, ¿llegó para quedarse?: mano dura, outsiders y modelo Bukele

En tres años, la derecha se impuso en 14 de 17 elecciones presidenciales en Latinoamérica, desde Nayib Bukele y Javier Milei hasta Abelardo De La Espriella y Keiko Fujimori. ¿Cuánto hay de giro ideológico y cuánto de rechazo a los oficialismos?

El presidente Javier Milei saluda a su par salvadoreño Nayib Bukele en el balcón de la Casa Rosada.
El presidente Javier Milei saluda a su par salvadoreño Nayib Bukele en el balcón de la Casa Rosada.
Foto: AFP

Carlos Valderrama, su melena rubia algo gastada, largo collar al cuello y una remera de amarillo chillón, suelta una carcajada desaforada frente a la cámara del celular. Su selección acaba de debutar con victoria en el Mundial, pero el “Pibe” tiene otras razones más importantes para celebrar.

—¡Hemos tenido una semana buenaaa, ahhh!

Valderrama había sido una de tantas figuras que acompañó públicamente al candidato Abelardo “El Tigre” De La Espriella, un outsider que desplazó a la derecha tradicional y el domingo pasado se convirtió en presidente electo de Colombia al vencer en la segunda vuelta electoral al candidato oficialista Iván Cepeda, y acabó así con el primer ciclo de la izquierda en ese país.

Hace cuatro años, la victoria de Gustavo Petro en el único país de Sudamérica que no había tenido un gobierno izquierdista coronaba una serie de triunfos progresistas en la región —Andrés Manuel López Obrador en México, Lula Da Silva en Brasil, Alberto Fernández en Argentina, Gabriel Boric en Chile, Pedro Castillo en Perú, Luis Arce en Bolivia— que llevó a que algunos hablaran incluso de una segunda “ola rosa”.

Pero lejos de la hegemonía de comienzos de siglo, ese retorno de la izquierda al poder duró poco. Y de lo que se habla ahora, en cambio, es de un viento que sopla por derecha.

Las recientes victorias de Abelardo De La Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú, aún con márgenes estrechos frente a candidatos de izquierda, se suman a una larga lista de triunfos de derecha en el continente: desde 2023, de 17 elecciones presidenciales, la derecha se impuso en 14 oportunidades (incluyendo la de Venezuela, cuyos resultados no fueron respetados por el régimen de Nicolás Maduro), contra 3 de la izquierda.

Y aunque hay una parte no despreciable que se puede adjudicar a la incapacidad de los oficialismos de retener el poder, en una época de demandas insatisfechas y amplias dosis de resignación, de los seis casos en los que sí hubo continuidad, solo uno (México) es de un gobierno de izquierda, contra cinco de la derecha (Paraguay, El Salvador, República Dominicana, Ecuador y Costa Rica).

La cuestión es: ¿Son estos los tiempos de la derecha en la región o es una nueva expresión del péndulo de la inestabilidad política? ¿Hay factores comunes en los procesos electorales del continente? ¿Es una tendencia que llegó para quedarse?

Matices y similitudes

Los países de Latinoamérica tienen, claro, muchos puntos en común, pero también sus diferencias, así que analizarlo en clave de “olas” hacia un lado o hacia otro tiene sus limitaciones.

Sin embargo, ha habido ocasiones en el pasado en que la región se movió en sintonía con lo que se podría llamar “clima de época”. La ola de democratización de los 80, el Consenso de Washington en los 90 y la hegemonía izquierdista en los 2000 dejaron sus improntas bien marcadas.

Lo que vino a partir de la segunda mitad de la década pasada, con el fin del boom de los commodities y la desaceleración del crecimiento chino, es bastante más entreverado. Primero llegaron una serie de gobiernos del centro a la derecha que suplantaron a las izquierdas (como en Argentina, Brasil y Chile), pero años después esas experiencias dieron paso a un retorno de la izquierda, que en la gran mayoría de los casos tampoco logró retener el poder.

“Hace tiempo que estamos en estos péndulos que son más bien antioficialismo o antiincumbentes”, dice a El País el doctor en Ciencias Políticas Juan Pablo Luna. “Creo que lo nuevo es más bien que esa alternancia se da no hacia la derecha más tradicional o establishment —la derecha más bien empresarial, liberal que representaron Sebastián Piñera o Mauricio Macri, por ejemplo—, sino que lo que viene ahora que es más bien una derecha más bien mano dura, más bien trumpista, más alineada con Estados Unidos e Israel, y que viene más de afuera del sistema, con personajes como más estridentes y menos institucionalistas”.

De la Espriella llama al pueblo a reconocer y celebrar los resultados de las elecciones
El ultraderechista Abelardo de la Espriella ganador de la segunda vuelta presidencial en Colombia pronuncia un discurso.
Foto: EFE

Otro factor común, según Luna, es que “con la excepción de Milei en Argentina, donde el tema principal es la economía, en el resto de los países lo que tenés es una gran preocupación por el tema seguridad, y una expansión del modelo Bukele”.

El mapa de la derecha en la región muestra algunas realidades diferentes pero con vasos comunicantes.

Una de ellas es el mayor peso de los outsiders o candidatos con una prédica más anti establishment.

En una Argentina al borde de la hiperinflación durante el último gobierno peronista, Javier Milei —quien ya era diputado— irrumpió como una alternativa más seductora que el PRO del expresidente Mauricio Macri, que llevó a Patricia Bullrich como candidata. En la primera vuelta de 2023, Milei llegó al balotaje con 30% de los votos, contra 23,8% de Bullrich.

En Colombia, el ascenso de De La Espriella se dio en paralelo a la debacle electoral del Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe Vélez, que compitió con Paloma Valencia como candidata y obtuvo solo 6,9% en la primera vuelta, contra el 43,7% del ahora presidente electo.

De La Espriella, empresario y abogado mediático —entre otros, defendió a Alex Saab, investigado como presunto testaferro de Nicolás Maduro— , despuntó como candidato pocas semanas después de que el precandidato Miguel Uribe Turbay fuese baleado en público en Bogotá. Desde entonces se caracterizó por una campaña magnética y provocadora, en la que recorrió el país con la camiseta de la selección, dio discursos con chaleco antibalas y detrás de vidrios blindados, y prometió no gobernar con “los mismos de siempre”, un eco de la “casta” de la que hablaba Milei en campaña.

Nayib Bukele
Nayib Bukele, presidente de El Salvador.
Foto: EFE

Con un look inspirado en Nayib Bukele —al que elogió recurrentemente y de quien tomó la idea de construir megacárceles—, De La Espriella centró su campaña en cuestiones de seguridad, una de las áreas más cuestionadas del gobierno de Petro, que impulsó sin éxito una política de “paz total”.

“El ascenso de De La Espriella recae en dos factores fundamentales”, dice desde Bogotá el analista político Jairo Libreros. “Primero, un descontento popular con Petro. La izquierda ha tenido un crecimiento impresionante y llegó para quedarse. Pero hay descontento con el manejo económico, las formas autoritarias y en especial con el fracaso de la paz total”. En segundo lugar, anota Libreros, está la profundización de la “crisis monumental de los partidos políticos, que lleva a que muchos prefieran darle la oportunidad a una persona sin lazos previos”.

Según Libreros, la derecha tradicional en Colombia también fue víctima de ese descreimiento, agudizado por los “enredos judiciales” de su líder Álvaro Uribe. Ese descreimiento que ya había contribuido al ascenso de Petro, ahora también castigó a la derecha tradicional pero también a la izquierda. O como lo resume el periodista y analista peruano Fernando Vivas,en diálogo con El País: “De La Espriella es un excéntrico de derecha que vino a reemplazar a un excéntrico de izquierda”.

La lista es larga

Justamente mientras la derecha colombiana vuelve al poder con nuevas caras y nuevos estilos, en Perú finalmente se dio la victoria de la conservadora Keiko Fujimori, que había pasado a la segunda vuelta en tres ocasiones anteriores, siempre con derrotas, hasta esta cuarta en la que enfrentó a Roberto Sánchez, sucesor del expresidente izquierdista Pedro Castillo, el último en derrotar a Fujimori en 2021 y actualmente en prisión.

La candidata presidencial peruana del partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, saluda al salir de su casa en el distrito de San Borja, Lima.
La candidata presidencial peruana del partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, saluda al salir de su casa en Lima.
Foto: AFP

Esa victoria aún no proclamada —y por el momento no reconocida por su adversario— se dio por un margen de poco más de 40 mil votos, tras una primera vuelta en la que Fuerza Popular de Fujimori obtuvo 17% de los votos y Juntos por el Perú de Sánchez 12%. “Entre los dos más votados no llegaron a 30%. Eso te habla de la fragmentación e inestabilidad del sistema político peruano”, dice Vivas, colaborador del diario El Comercio. Según señala, ningún resultado hubiera sorprendido mucho, aunque finalmente el “antifujimorismo” pesó “algo menos” que el rechazo al legado de Castillo. “Si comparamos con otras derechas de la región, Keiko —hija de Alberto Fujimori, que gobernó Perú con mano autoritaria en los noventa y murió el año pasado— es más producto del sistema y de una línea más tradicional. No tiene esa espontaneidad de otros líderes emergentes. Y dentro de la inestabilidad peruana, Fuerza Popular no deja de ser el principal partido”, dice Vivas. El principal desafío del país, señala el analista, es justamente cómo superar las fricciones que han llevado a tener ocho presidentes en diez años.

También perteneciente a esta nueva ola de presidentes de derecha, pero a medio camino entre los nuevos movimientos y los tradicionales, quizá se pueda ubicar al chileno José Antonio Kast. Lejos de ser un outsider, Kast tuvo una larga trayectoria en la Unión Democrática Independiente (UDI) pero se escindió a mediados de la década pasada y compitió por su cuenta en 2017, obteniendo 7,9% de los votos. Años después formó el Partido Republicano de Chile y en 2021 perdió en la segunda vuelta con el izquierdista Gabriel Boric. La tercera, en 2025, fue la vencida: en la primera vuelta quedó muy por encima de la UDI (en quinto lugar con 12,5%) y derrotó en el balotaje a la oficialista Jeanette Jara.

El presidente de Chile, José Antonio Kast, pronuncia su discurso sobre el estado de la nación en Valparaíso, Chile.
El presidente de Chile, José Antonio Kast, pronuncia su discurso sobre el estado de la nación en Valparaíso, Chile.
Foto: AFP

La campaña de Kast también tuvo a la seguridad como eje central, con propuestas de mano dura y mayores controles a la migración. Su Plan Escudo Fronterizo incluye la excavación de una zanja para prevenir el ingreso por tierra desde la frontera con Perú, la principal vía de acceso de la inmigración irregular. Frases como “necesitamos más Bukele y menos Boric” formaron parte de su repertorio de campaña.

La nómina de triunfos de la variopinta derecha latinoamericana incluye casos de rupturas de hegemonías —como la victoria de Rodrigo Paz en Bolivia— y otras de continuidad en el signo político, como Ecuador (Daniel Noboa, ascendido inicialmente como presidente interino, fue ratificado en el cargo a fines de 2023), República Dominicana (Luis Abinader reelecto en primera vuelta en 2024) y Costa Rica (Laura Fernández, delfín de Rodrigo Chaves, triunfó en primera vuelta).

Según el politólogo Luna, “en los casos de continuidad, esa continuidad ha estado acompañada de un compromiso de mayor mano dura”.

Mirando al norte

El factor Trump

Otra característica de los gobiernos de derecha que se multiplican en la región es la sintonía —y en muchos casos, la alianza explícita— con el gobierno estadounidense de Donald Trump, que tuvo influencia directa en distintas administraciones y procesos electorales.

Esos nexos se materializaron por ejemplo en el Escudo de las Américas, una iniciativa de Trump con gobiernos aliados en la región para coordinar acciones contra el narcotráfico y las bandas criminales.

En las elecciones de medio término en Argentina, Estados Unidos jugó un papel clave, con Scott Bessent (secretario del Tesoro) como personaje clave y un salvataje de 20 mil millones de dólares. En Brasil, por su parte, Trump presionó con aranceles para que cesen los cargos contra Jair Bolsonaro. En ese caso, el efecto de la incidencia de Trump fue un aumento en la aprobación de Lula.

Trump también respaldó en Honduras al candidato Nasry Asfura e indultó al expresidente Juan Orlando Hernández, quien estaba cumpliendo una larga condena de cárcel en Estados Unidos por narcotráfico y quien pertenecía al mismo partido de Asfura.

En ningún otro lugar fue más influyente que en Venezuela, donde Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y lo llevó a juicio, dejando en el poder a Delcy Rodríguez, que presionada por Washington ha adoptado medidas pro mercado. En esta nueva ola, hasta el chavismo ahora es de derecha.

Corrimientos

Más allá de las particularidades de cada país y del normal movimiento pendular en la política latinoamericana, hay algunos indicadores que apuntan a movimientos más de fondo que meramente coyunturales.

Por ejemplo, las encuestas de Latinobarómetro han identificado que el electorado de América Latina se ha corrido hacia la derecha desde 2020, ubicándose en 2024 en su punto más a la derecha en más de veinte años.

En promedio, El Salvador y Venezuela lideran los electorados más a la derecha, mientras que el menos derechizado es México, seguido por Uruguay y Chile.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firma una proclamación en la Cumbre "Escudo de las Américas" en el Trump National Doral de Miami, Florida, el 7 de marzo de 2026.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firma una proclamación en la Cumbre "Escudo de las Américas" en el Trump National Doral de Miami, Florida, el 7 de marzo de 2026.
Foto: AFP

Las sucesivas encuestas han identificado también una menor penetración de la izquierda entre los jóvenes, especialmente los varones. Y también aparece una mayor propensión por medidas de mano dura, incluso aunque vaya en desmedro de algunas libertades.

La popularidad de la figura de Bukele —el de mayor popularidad en América Latina y el presidente extranjero con mejor imagen entre los uruguayos, con saldo favorable incluso entre votantes frenteamplistas, según una encuesta de Equipos— es ante todo un indicador del nivel de preocupación por la criminalidad en todo el continente.

También es una señal de que algunas figuras de la nueva derecha latinoamericana, como Bukele y Milei, han logrado una capacidad memética, algo contagiosa, de una manera que hasta hace poco —y salvando las distancias— solo la izquierda en su auge lo había logrado, desde Hugo Chávez y Lula hasta el propio José Mujica.

En un citado artículo en la revista Foreign Affairs, el analista Brian Winter señalaba en diciembre de 2025 que “el verdadero fervor revolucionario en la América Latina de hoy, con líderes determinados a transformar no solo sus países sino la región, proviene principalmente de la derecha ideológica”.

Una pregunta central es hasta qué punto podrá sostener sus promesas y alargar un ciclo que, por el momento, le es favorable. En El Salvador, el autoritarismo de Bukele tiene niveles abrumadores de popularidad, mientras que en Argentina Milei sorteó con éxito las elecciones de medio término, con mucho por jugarse hasta las presidenciales de 2027. “En algunos otros países aparecen ciertos problemas. Noboa perdió un referéndum en Ecuador, Paz enfrenta protestas muy duras en Bolivia y Kast ha tenido una caída importante en su aprobación a poco de asumir”, resume Luna.

Jair Bolsonaro y Flavio Bolsonaro
Jair Bolsonaro y Flavio Bolsonaro
Foto: AFP

Otro mojón importante para ver la dimensión de la oleada de derecha se juega a fin de año en Brasil. “Si Lula logra la reelección, sería otro equilibrio. Sobre todo por el rol de Brasil en la región, algo que no ocurre tanto con México, que mira más hacia arriba o a sí mismo”, dice el politólogo.

El veterano presidente y líder del Partido de los Trabajadores (PT) irá por su cuarto mandato y tiene como principal competidor a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro actualmente en prisión por intento de golpe de Estado. Las encuestas más recientes muestran una leve ventaja para el oficialismo, pero en un escenario parejo y abierto.

De lo que digan las urnas en Brasil, pero sobre todo de los resultados de los gobiernos a lo largo y ancho de América Latina, dependerá la profundización o no del giro a la derecha.

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