La mala educación

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Nicolás Nagle

El liceo número seis, más conocido como Bauzá es el más grande del Uruguay. Según datos de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), dicha institución tuvo en 2004 un total aproximado de 5.700 alumnos inscriptos a principios de año. De esa cifra, a fin de año, quedaban 3.736. La primera depuración de las listas se realizó luego de Semana de Turismo, cuando ya se pudo establecer quiénes efectivamente seguirían concurriendo al liceo.

Su directora, Graciela Bianchi, es la encargada de conducir la institución. Para ella, los "grandes números que se dan a nivel nacional", referentes a deserción y repetición, se repiten "exactamente" en el Bauzá. En Uruguay, según datos del Instituto Nacional de Estadística, de los jóvenes que comienzan el bachillerato únicamente egresa el 37%, contando a los que provienen de instituciones públicas y privadas. Si tan solo se toma en cuenta a los estudiantes que cursan a nivel público, el porcentaje cae al 30%.

Bianchi indica que la deserción se da mayormente en el primer año de bachillerato (cuarto año de secundaria). Es en ese momento cuando se produce el mayor choque debido al cambio de programas y muchos estudiantes abandonan. Según un estudio de la ANEP, para el segundo año de bachillerato, ya ha desertado un tercio de los alumnos. Bianchi señala que una de las razones que daban padres y alumnos para justificar la deserción durante 2002 era la crisis económica. Muchos estudiantes no tenían dinero para pagar los boletos o debían ayudar en su casa para paliar la falta de dinero. Pero la situación no ha cambiado. Ahora –según Bianchi– se volvió al argumento habitual de antes de la crisis económica: los alumnos "no entienden lo que se necesita para salvar".

El tipo de estudiante que más probabilidades tiene de desertar es el que proviene de nivel sociocultural bajo. Carmen Tornaría, que fue integrante del Codicen hasta el reciente cambio de autoridades, dijo que una de las causas del abandono de estudios es la "alta presencialidad" que se exige en los cursos. Hay muchos alumnos que no pueden concurrir regularmente a las aulas por diversos motivos: porque trabajan, porque han formado una familia tempranamente o porque son deportistas y sus equipos les exigen mucha carga horaria o incluso hasta abandonar los estudios. Según Tornaría, unos 40.000 jóvenes pertenecen a una de estas tres categorías.

Otro problema que tiene la educación secundaria superior es la alta tasa de rezago. Si un alumno termina el bachillerato en tiempo y forma, lo estaría completando en tres años. Pero según un estudio de la ANEP, el promedio nacional de los estudiantes para egresar es de casi el doble: cinco años y tres meses. Esto a su vez, tiene una incidencia directa en los costos: un estudio realizado en el año 2000 demostró que el costo de un alumno que cursaba el bachillerato en tiempo y forma era de 1.900 dólares. Pero debido al rezago, esta cifra alcanzaba los 6.182 dólares por estudiante.

Falta de previsión

El hecho de que en los últimos años la educación media superior se haya "democratizado", es decir, que hayan accedido a ella sectores sociales que antes no lo hacían, parece haber tomado por sorpresa a las autoridades de Secundaria. En 1985 había un total de 53.981 alumnos matriculados en el bachillerato. En 2004 la cifra ascendió a 112.669. Según una anterior autoridad de la Comisión de Transformación de la Educación Media (TEMS), uno de los motivos de esta falta de previsión fue que las autoridades educativas no fueron elegidas "de acuerdo a su competencia sino debido a su afiliación política".

"No hubo previsión, planificación ni capacidad de respuesta, por parte de las autoridades", dijo la fuente.

El alumnado uruguayo que antes se caracterizaba por ser homogéneo, se ha diversificado. Sin embargo, toda la estructura del bachillerato, tanto sus autoridades como sus docentes, siguen funcionando como si el estudiante promedio proviniera de clase media, con una familia constituida y con determinados códigos culturales. Para Daniel Martínez, coordinador ejecutivo de la Comisión TEMS, "la sociedad hiperintegrada de los años 60 ya no existe". Y agrega que "el tipo de conocimiento o la forma de impartirlo, que funcionó para mi generación y generaciones anteriores, hoy ya no es suficiente, no alcanza".

Ha habido un cambio en la sociedad uruguaya y la educación parece no haberlo acompañado. Esto provoca choques culturales muy fuertes. Bianchi, la directora del Bauzá, al referirse a los alumnos que recién ingresan a la institución plantea lo siguiente: "cuando vienen en marzo, más del 70% son como una especie de animalitos".

La inspectora Nelda Teske, que fue consejera de Secundaria hasta el 30 de marzo, coincidió en señalar que la "masificación de la educación no fue planificada por la ANEP". Cuando se le preguntó por qué Secundaria no previó el aumento de estudiantes ni tomó medidas al respecto, declaró que se debe a "una falta de comunicación con Primaria". Según Teske, existe descoordinación entre los diferentes consejos dentro de la ANEP: "si las autoridades de Primaria nos hubieran dicho, pongamos por caso, que en el próximo quinquenio íbamos a tener un incremento de 50% de estudiantes, nosotros nos podríamos haber preparado mejor".

Un estudio de Cepal realizado en los años 2000 y 2001 sobre un total de 18 países ubicó a Uruguay en el primero puesto en proporción del gasto público, pero en el lugar 16 en gasto educativo. Únicamente un 2,8% del Producto Bruto Interno (PBI), es destinado a educación, mientras que por ejemplo el gasto en seguridad social es casi cinco veces superior.

Quienes estudian lo que ocurre en la educación suelen resaltar que el aumento en la cantidad de estudiantes de Secundaria, en particular en el bachillerato, tuvo como consecuencia un descenso en el nivel de calidad de la enseñanza impartida. Antes los jóvenes que ingresaban a cuarto, quinto y sexto año de liceo, pertenecían a una minoría. Hoy esta situación ha cambiado por diversos motivos que no siempre tienen que ver con el deseo de estudiar y de aprender.

Por un lado, la alta desocupación ha provocado que las exigencias para conseguir trabajo sean cada vez mayores, lo que obliga a que los jóvenes tengan que capacitarse cada vez más para conseguir un empleo, aunque sea uno no calificado.

Otro motivo es que el liceo muchas veces es tomado como un lugar de encuentro al que el joven va para interactuar con sus pares y no porque desee estudiar. Muchas veces el estudiante concurre a clase simplemente porque no tiene nada más que hacer. Estas conclusiones se extraen de un informe hecho por el programa de Mejoramiento de la Educación Media y Formación Docente (Memfod) realizado en 1999, en base a entrevistas a alumnos de diversos liceos. Aunque han pasado algunos años, esa realidad está lejos de haber cambiado. La directora Bianchi señaló que para muchos alumnos del Bauzá, el liceo "es una especie de seguro de paro no remunerado".

Haciendo la plancha

Otro motivo que para la inspectora de Institutos y Liceos, Adela Pereyra, es causante de los fracasos de los jóvenes en el bachillerato, es la forma de evaluación. Para ella, el sistema previsto por el llamado plan 76, vigente en la mayoría de las instituciones de bachillerato, hace que la enseñanza se oriente únicamente a la instancia del examen. Según Pereyra, el alumno adquiere un conocimiento a muy corto plazo ya que se "aprenden cosas para el examen y al otro día se olvidan".

En la reforma de 2003 se pretendió cambiar, entre otras cosas, este modo de evaluar sustituyéndolo por evaluaciones a lo largo del año. Este plan fue implementando por la comisión TEMS en 24 liceos de todo el país. La inspectora Pereyra, que participó en su realización, dijo que se toparon con una gran resistencia de parte del gremio docente, debido a que muchos no quieren cambiar la vieja forma de evaluar porque la nueva implica más trabajo y un cambio de mentalidad que no siempre se está dispuesto a realizar.

Pereyra relató que hay profesores que reivindican el método antiguo desde el primer día de clase y dicen a sus alumnos: "acá lo que vamos a hacer es prepararnos bien para un examen, porque ustedes de aquí en más van a seguir dándolos en sus estudios superiores".

Bianchi comentó que gracias al plan 76 muchos docentes "hacen la plancha todo el año", en referencia a que durante el curso hacen lo mínimo posible y todo se resuelve en el examen.

Pero el problema de los docentes va más allá de las tensiones generadas por el plan de reforma de 2003. Un estudio realizado por Memfod y publicado en abril de 2002, indica que en Uruguay sólo la tercera parte de los profesores de Secundaria terminó sus estudios de profesorado. En algunas asignaturas —historia, por ejemplo—más de la mitad son recibidos. Pero en matemática tan solo un 13% está titulado. Según Tornaría, esto incide en el alto porcentaje de reprobación de los exámenes en matemática. Un ejemplo es lo que ocurre con la materia Matemática C de sexto año de bachillerato de Ingeniería cuya aprobación es de sólo un 5% de los estudiantes. Para la ex consejera Tornaría un alto porcentaje de quienes dictan los cursos de matemática no están capacitados para enseñar la materia.

La profesora Rosalía Barcos, magíster en educación e investigadora de la comisión TEMS, señaló que uno de los problemas es que "en el sistema uruguayo los docentes no se hacen cargo del aprendizaje del alumno". Para ella, la visión de los profesores es que "el fracaso es siempre del estudiante y nunca apelan a su propia responsabilidad".

La inspectora Pereyra piensa de manera similar. Según ella, los profesores de los liceos más tradicionales tienen la idea de que "cuánto más alumnos pierden en el examen es mejor, porque eso significa que soy muy exigente, muy buen profesor".

No son estos los únicos problemas que afectan al cuerpo docente de Secundaria. La directora Bianchi, del liceo Bauzá, relató que recientemente hubo un concurso para profesores interinos que incluía egresados del IPA y de los CERP (los centros donde se estudia para profesor en el interior) para obtener cargos fijos. Los docentes de "determinada materia" tuvieron un 45% de reprobación, pero a pesar de ello muchos siguieron enseñando normalmente. Bianchi dice que uno de ellos da clases en su liceo y tiene un alto porcentaje de alumnos no aprobados. "Te hace pensar ¿no?".

Lucha de clases en la enseñanza

"Si yo soy clase dominante y sé que el espíritu crítico me cuestiona, yo tengo que lograr que no se forme el espíritu crítico", señaló Pedro Balbi, dirigente de la Asociación de Docentes de Enseñanza Secundaria (ADES) y profesor de física del liceo Zorrilla. Para Balbi, ex diputado del partido Comunista, la reforma impulsada por Germán Rama entre 1995 y 2000 es una de las principales causas del descenso de nivel de conocimientos en el alumnado.

Balbi sostuvo que la llamada "Reforma 96", implementada en Primaria y el ciclo básico de Secundaria, ha "convencido a los alumnos de que es posible aprender sin esfuerzo". Según su opinión, el nivel de exigencia en dicho plan, es muy limitado ya que el "ramismo" tuvo como objetivo alejar a los jóvenes "del gusto por comprender".

Balbi consideró perjudicial el hecho de que se hayan agrupado materias por áreas, ya que no existen profesores capacitados para enseñar todo lo que corresponde a cada una de esas áreas y por lo tanto se bajó el nivel en las clases. "Si vos estás obligado a dar clases sobre cosas de las que sabés poco, exigís poco", dijo.

Marina Rodríguez es psicóloga y profesora de historia de los liceos 30 y 34, mostró otra faceta del problema. Según su opinión, hoy "muchos docentes piensan que la sociedad no los valora". Según ella, el rol de los profesores antiguamente era respetado, pero hoy eso ya no ocurre. Esto, según su experiencia, provoca desmotivación entre el cuerpo docente, que no ve su labor recompensada socialmente.

Otro de los argumentos recurrentes del gremio docente para justificar la desmotivación reinante son los bajos sueldos. Según datos de Fenapes el sueldo para un profesor grado uno, con 20 horas de trabajo semanales es de 5.381 pesos por mes. Para los docentes de mayor experiencia ubicados en el escalafón siete, el salario llega a 7.295 pesos. Estas cifras son para docentes con cargos efectivos. Pero más del 50% de los profesores son interinos, y sus sueldos más bajos.

Hay muchos profesores que para obtener un salario acorde a sus necesidades deben trabajar horas extras. El estatuto docente permite dictar un máximo de 48 horas de clases semanales. Esta cifra es muy superior a lo aceptado en muchos países desarrollados, donde no se acepta que un docente tenga más de 20 horas por semana de clases frontales.

Pero este máximo de 48 horas semanales se refiere únicamente a clases en institutos públicos, por lo que muchos de ellos trabajan horas extras en liceos privados. Según la inspectora Nelda Teske, "hay profesores que tienen 48 horas en el sector público y luego 20 o 30 en el privado". Esto da un promedio de 13 horas diarias de clases, de lunes a sábados. Teske sostiene que un docente con esta carga horaria no puede rendir en forma adecuada, e incluso muchas veces debe faltar a clases porque no tiene tiempo de cumplir con todos los compromisos que asumió. Según Rosalía Barcos, investigadora de la comisión TEMS, cuando el profesor no puede cumplir sus horarios "deja de asistir al liceo público y no falta al privado porque si no, lo echan".

Al respecto, los alumnos de los liceos públicos y sus padres tienen mil historias que contar.

"Hoy de mañana mi hija fue a clase, tuvo la primera hora, después tenía dos horas de astronomía y la profesora no apareció. Y después de eso tenía dos horas de historia, pero el profesor tampoco apareció. Al final fue todo el día y tuvo una sola hora de clases", relató la madre de una alumna del liceo 42.

"Eso pasa a cada rato", coincidió una estudiante del IAVA. "Ayer tenía clase de historia y el profesor no apareció. Tenía dos horas puente hasta la clase de filosofía. Pero uno no puede quedarse dos horas esperando y me fui".

Mariela Bentancor acaba de recibirse de bachiller estudiando en liceos nocturnos y de adultos. "Eso pasa siempre, en los liceos normales y de adultos. A mí me pasaba muy seguido en el 34. Un día tenía una única clase a las seis de la tarde. Salía del trabajo a las cuatro para llegar a tiempo y después el profesor no aparecía".

Problemas morales y apatía

Como si todo lo anterior fuera poco, existen problemas aún más graves, señaló la consejera Teske. La inspectora relató que mientras ella integró el Consejo de Secundaria se hacían "unos cuatro o cinco sumarios al mes por denuncias de los padres de alumnos". Los motivos iban desde las reiteradas inasistencias de determinado profesor a, incluso, "problemas morales".

Teske comentó que "últimamente se están dando muchísimos casos de manoseos e insinuaciones en el relacionamiento docente-alumna". Y debido a que el docente tiene calidad de funcionario público, resulta prácticamente imposible que pueda ser expulsado. "Los sumarios son interminables y todo termina en un traslado, muchas veces a un sitio mejor, debido a que el cambio de lugar de trabajo no puede afectar sus ingresos de docente", relató Teske.

La situación no mejora cuando se aborda el desempeño de los directores de los liceos. Según Teske, hoy se está pagando uno de los grandes errores de la "política Rama". Durante dicho período se llamó a concurso a docentes de Secundaria para ocupar cargos fijos como directores de liceo y sustituir a los interinos o suplentes, que eran la mayoría. Se consideraba que si pasaban a ser efectivos, tendrían una mayor identificación institucional con su liceo y esto redundaría en una mayor motivación laboral. El resultado fue exactamente el opuesto, manifestó Teske. El hecho de que los directores hayan pasado a tener cargos fijos los transformó en empleados públicos, y por lo tanto resultan prácticamente inamovibles aun si su rendimiento empeoró.

Además, señaló que en los concursos no se tuvo en cuenta los méritos y deméritos del aspirante. Teske dio el ejemplo de un profesor que fue elegido director de un liceo del litoral, y que cuando se presentó ya contaba con tres sumarios con separación de cargo por tres y seis meses. Cuando se le preguntó cuáles eran los motivos de los sumarios, la consejera respondió: "el tema difícil de él, es la moral".

Este panorama pinta el ambiente que se respira en las instituciones de nivel secundario. La desmotivación imperante parece no sólo dominar entre los alumnos, sino que también se extiende a docentes y autoridades. La psicóloga Marina Rodríguez sostuvo que "el joven antes quería ser grande" y que "había una identificación con el adulto, con el docente: deseaban llegar a ser como ellos". Hoy ese vínculo se ha roto.

¿Y los alumnos?

José Pedro Jacobo tiene 18 años y concurre a quinto año del IAVA. Cuando se le preguntó por qué va al liceo contestó: "voy porque no tengo otra. Primero, no tengo nada para hacer, y segundo, si no hago algo, me echan de casa".

Por su parte, Pablo Martínez, de 19 años, también estudiante del IAVA de sexto año, relató que al principio concurría al liceo porque sus padres se lo exigían, pero que ahora "me doy cuenta de que tengo que estudiar".

Micaela Franco tiene 16 años y estudia en quinto año del Zorrilla. A diferencia de muchos otros parece tener claro lo que quiere hacer con su futuro. "Voy a ser profesora de historia y psicóloga", dijo. Según ella, gran parte de los docentes no tienen ganas de trabajar y esto se nota "en su malhumor". Considera que uno de los motivos de que los profesores estén desganados se debe "a la falta de interés de los alumnos".

La psicóloga y docente Marina Rodríguez sostuvo que hay un discurso permanente por parte de la sociedad y los medios, que dice que "la enseñanza es horrible, que los jóvenes no hacen nada, que están muy desmotivados y sólo les importa la evasión de las drogas y el alcohol". Según ella, este mensaje negativo terminó por imponerse en los muchachos. Esto trajo como consecuencia que en "lugar de pelearla un poco más, se autoconvencen de que las cosas son así".

Según el estudiante Pablo Martínez, "el liceo es una jaula donde la gente va a comportarse de forma diferente a como lo hacen durante el resto del día. Van sin ganas los alumnos y van sin ganas los profesores".

Juan Pedro Jacobo sintetizó la misma idea con claridad: "todos estamos en la misma: yo estoy ahí porque no tengo otra y ellos están ahí porque no tienen otra".

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