La ciencia y el barrio

Una facultad en Malvín Norte.

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César Bianchi

El 24% de los alumnos de la Facultad de Ciencias consultados para el libro Anuario 2010 dijeron que el principal inconveniente de ir a su lugar de estudios es la inseguridad del barrio, Malvín Norte. La cifra trepa al 50% para los que van a estudiar desde la zona 3, compuesta por los barrios Colón, Lezica y Peñarol. El decano de la Facultad de Ciencias, Juan Cristina, también reconoció que la inseguridad del vecindario "es un problema", aunque -sostuvo- no es cuestión de "estigmatizar a todos los que viven acá. En su gran mayoría son gente de trabajo".

"Pero no puedo dejar de desconocer que el crimen del almacenero (del 18 de marzo) fue a dos cuadras de acá", agregó Cristina, quien facilitó el documento que diagnostica la realidad del centro de estudios.

Entre el año pasado y lo que va de éste, ocurrieron "media docena" de hurtos en la parada frente a la facultad, estimó el propio Cristina, vecino del barrio.

"es terrible". La Facultad de Ciencias queda en Iguá y Mataojo. Al frente tiene un baldío y a sus espaldas, por lo menos, tres asentamientos. "Este es un barrio de contexto crítico y eso lo dice todo. Hay unos cuantos miles de personas viviendo. Nosotros tenemos obras a mediano y largo plazo en esos baldíos que usted ve", dice Cristina.

Sin ir más lejos, se espera que para el año que viene la Facultad de Química se mude a Malvín Norte. El decano de Ciencias es de los que cree que con una mayor población de alumnos, habrá menos inseguridad. Hoy, 1.500 estudiantes viajan todos los días; el 33% de ellos toman la línea 370.

Precisamente, Cristina y el 43% de los 250 consultados para el Anuario 2010 coinciden en señalar la escasa frecuencia de ómnibus que llegan a esa zona. "La facultad tendría que estar más comunicada con otros barrios, no es tan accesible", dijo el decano.

Miembros de la facultad en la comisión de seguridad barrial solicitaron a la Intendencia de Montevideo y a las empresas de transporte que se agreguen más líneas hacia el centro universitario. Pero dos de los representantes de la facultad en esa comisión no quisieron hablar con Qué Pasa. Según Cristina, se debe al resentimiento que muchos vecinos tienen con el periodismo, que con frecuencia cita al barrio en la crónica policial.

Un par de alumnos de tercer año de la Licenciatura en Matemática de la Facultad de Ciencias dieron cuenta de la escasez de líneas y el peligro que corren cuando salen a última hora.

Cecilia Mezzera, de 21 años, ahora va en auto desde Pocitos a clase, pero hace tres años se tomaba el 427, y cada viaje era un odisea. "Uno de cada tres te deja acá cerca, pero ese pasa cada una hora. Si no, tenía que bajarme en Euskal Erría y caminar tres cuadras sola, que no está muy bueno".

El estudio interno de la Facultad de Ciencias concluía sobre eso que "en definitiva, la caminata en el barrio actúa como factor generador de `sensación` de inseguridad".

"Ya entonces se comentaba que dos por tres había robos en las paradas de la facultad", cuenta Mezzera. "Roban mochilas, billeteras".

"Es terrible. A mí no me pasó, pero siempre tenés algún conocido al que lo robaron o te enterás de alguien".

Cristina informó que la facultad tiene dispuestas clases hasta las 18 horas, aunque este año pretende ampliar el horario de aulas abiertas para aquellos que también trabajan. Mezzera y su grupo de Matemática le solicitaron a los docentes no tener nunca clases después de las 18, para evitar malos momentos.

Su compañero, Marcos Barrios, pertenece al 14% del alumnado que llega desde el interior. Él viaja todos los días desde Libertad hasta Tres Cruces y desde ahí se toma el 370. Marcos se queja de lo alejada que está la facultad con su par de Ingeniería, a donde suelen concurrir. Y apuntó bajando la voz: "acá atrás está el gimnasio de la facultad, que está por terminarse. Por el gimnasio se comenta que muy seguido hay robos".

El nuevo decano, en tanto, se vuelve a preocupar por dejar en claro que en el barrio los delincuentes son apenas un puñado al lado de la gente de bien. "El viernes 13 vino a tocar acá la Orquesta Filarmónica, invitamos a todo el barrio, se llenó de gente y no pasó nada", ilustra.

"Los tiempos han cambiado y en toda la ciudad", cuenta Cristina. "Esto antes, cuando yo empecé a trabajar en el Centro de Investigaciones Nucleares, era todo campo de chacras. Ahora, el tema de la droga y la pasta base ha hecho que varios barrios, entre ellos éste, hayan cambiado diametralmente".

Para él es cuestión de hacer justicia con Malvín Norte: es un barrio con continuos hechos de violencia y delincuencia (reflejados luego en los medios) pero "tampoco es que salís de acá de la facultad y te pueden pegar cinco tiros".

Por las dudas, Cristina prefiere prevenir para evitar que los hurtos sigan creciendo. En tal sentido, además de los funcionarios de la facultad que ofician de cuidadores, se contrató vigilantes que no están armados para ubicarse en las paradas cercanas desde el lunes 16. Y, por las dudas, hay una estrecha coordinación con la Policía, por si tiene que entrar en acción.

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por ciento de los que viajan a la Facultad de Ciencias desde localidades canarias se quejaron por "los ómnibus que no paran".

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