La Nación
Joaquín Morales Sola
La acusación del Gobierno es injusta, pero no es inocente. No es producto de una mala interpretación de la misma información con que cuenta todo el mundo. Es otro ensayo claro, en cambio, para desprestigiar a la prensa argentina, llevarla artificialmente ante la Justicia e intentar, luego, controlarla. El periodismo argentino pudo hacer más de lo que hizo durante la última dictadura militar -qué duda cabe-, pero eso no lo convierte en cómplice ni en partícipe de las violaciones de los derechos humanos en aquellos años de furia. La tosca simplicidad del razonamiento oficial sólo exhibe una increíble dosis de saña y de venganza.
Página 12
Mario Wainfeld
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner pronunció un discurso memorable. Uno de los más redondos de su mandato, si no el mejor. Rememoró el modo en que pasó de mano Papel Prensa y su trayectoria posterior en el mercado. Dio cuenta de haber leído y elaborado el informe. Lo divulgó en una exposición larga (como ella misma reconoció al final) y rigurosa. Pero las palabras, ya se sabe, van y vienen. Lo más notable no fue la retórica sino, otra vez, la decisión política: darle un cauce institucional al informe. Serán los otros poderes del Estado los que resuelvan qué hacer respecto del pasado y del futuro.