¿QUIÉN ES ERNESTO TALVI?

El elegido para renovar a los colorados

Batlle lo señaló con el dedo. Sanguinetti le dio su apoyo. Ernesto Talvi estudió en el British, la UdelaR y la Universidad de Chicago. Dice que es liberal progresista. Tuvo un papel primordial en la salida de la crisis del 2002. Varios en el partido esperan por él.

Ernesto Talvi por Arotxa.
Ernesto Talvi por Arotxa.

Jorge Batlle lo llamó por primera vez en la primavera de 1982. A Ernesto Talvi, todavía estudiante universitario, le temblaban las piernas. En encuentro fue en un pequeño apartamento en la calle Duvimioso Terra que el entonces proscripto líder colorado, que hacía campaña para las internas del mes de noviembre, usaba como oficina. El sitio estaba casi vacío, solo había un escritorio sin nada encima y dos sillas. "Tenía un conocimiento artesanal de la historia, y la contaba con detalle. Cuando uno estaba con él lo escuchaba, no hablaba", recuerda el economista. No podía imaginar en ese entonces que, 33 años después, Batlle colocaría sobre él la pesada responsabilidad de volver a la vida al Partido Colorado.

Es batllista porque no concibe otra cosa. Manuel, su padre, había nacido en Macedonia. Emigró escapando de la pobreza que había dejado la Segunda Guerra. El primer sábado en Montevideo unos amigos lo invitaron al Centro. Caminaron unas cuadras y le preguntaron, mientras señalaban a un hombre: "¿Vos sabés quién es ese?" "No", contestó él, con toda sinceridad. "Ese" era Luis Batlle, el presidente. Manuel, que falleció hace tres años, siempre le decía a su hijo: "Ahí me enamoré a primera vista de este país".

Manuel era comerciante, tenía una empresa que diseñaba y vendía vestimenta de mujer. Conoció a su esposa en un baile de fin de año en Piriápolis. También fue amor a primera vista. Susana había nacido en Cuba. Sus padres, también inmigrantes, la trajeron a Uruguay, al departamento de Rivera, cuando tenía seis años —hoy tiene 92. En la casa de los Talvi todos se decían colorados menos Manuel. "Colorado no sé, soy batllista", expresaba. Todos, también, eran de Peñarol, menos Manuel. Era de Defensor y advertía: "Hay que ser de un cuadro chico, porque así te preparás para la vida, en la que a veces se gana y a veces se pierde". Igual llevaba a su hijo al estadio. Talvi recuerda la final de la intercontinental, en 1966, contra el Real Madrid. Era (es) fanático de Ladislao Mazurkiewicz, "el Messi de los arqueros". Soñaba con jugar como él, e incluso fue golero en el Baby Fútbol, vistiendo la camiseta del club Náutico.

Manuel y Susana le decían a Ernesto y a su hermana que solo les iban a dejar una cosa en esta vida: educación. Ambos hicieron la primaria en el Saint Andrews y la secundaria en el British, donde se cruzó con varios de los futuros protagonistas de la vida política del país, y sobre todo del Partido Colorado: tres generaciones arriba estaba José Amorín Batlle, una generación abajo Pedro Bordaberry, y en su clase uno de sus hermanos; a Luis Lacalle Pou, que también fue al British, por ser bastante menor, explica, no llegó a cruzarlo —el colorado tiene 60 y el blanco, 44.

También lo mandaron a aprender francés. O lo obligaron. "No se podía decir que no", señala. Tampoco se podía negar a aprender un instrumento. Eligió la guitarra y en su adolescencia tuvo una banda con la que tocaba temas de Abracadabra y Safari. "Eran tiempos en que la gente cantaba más en inglés que en español; fracasamos, pero por ser unos adelantados a nuestra época", dice y sonríe.

Talvi estudió en tiempos de dictadura. "Mi familia no era una familia política, entonces eso se vivía de afuera. Lo que sí se discutía mucho, estábamos involucrados en la realidad. En casa se leía toda la prensa: El País, El Día, La Mañana, el Popular, El Diario, BP Color. También LExpress de Francia, donde empecé a leer a Jean-François Revel y Raymond Aron, grandes pensadores liberales y progresistas, que realmente fueron los que empezaron a construir mi ideario".

En septiembre de 1984 Talvi viajó a hacer su doctorado en la Universidad de Chicago. Allí fue que conoció a su mujer, una madrileña con la que viajó a España a casarse y con la que tuvo dos hijos, hoy de 19 y 25 años. Regresó a Uruguay recién en 1989. Y un año después, Ramón Díaz, presidente del Banco Central del gobierno de Luis Alberto Lacalle, lo llamó para que fuera su asesor. Si hoy se le pregunta por ese gobierno, él marca sus reparos: "Había un poco de ingenuidad; se creía que si se arreglaba el problema del déficit fiscal, si se bajaba la inflación, si se abría la economía al comercio, si se desregulaba el crédito, si se gestionaba a las empresas del Estado de una manera eficiente, con privatización o incorporación de capital y apertura a la competencia, íbamos a lograr la prosperidad. Y esa es una noción falsa. Lo que rescato de ese gobierno es la reforma portuaria".

VAMOS URUGUAY

Sin Bordaberry se partió en cinco pedazos

El primer golpe fue el de la noche del 26 de octubre de 2014. El Partido Colorado tuvo su segundo peor resultado de la historia: logró un 12,9% con Pedro Bordaberry como candidato a la Presidencia. En 2009 él mismo había obtenido un 17%. Y en 2004, después de la histórica crisis económica, Guillermo Stirling había sacado un 10,6%. Bordaberry y quienes lo seguían esperaban más. Las encuestas también daban más. Tras esto, su fuerza, Vamos Uruguay, empezó, poco a poco, a desintegrarse. El primero en abandonar el barco fue el diputado Fernando Amado, lo hizo ya en noviembre de 2014, y en junio de 2016 anunció la creación de su nuevo grupo, Batllistas Orejanos, con el que se presentará como precandidato en 2019. Otro que le dijo adiós a Vamos Uruguay fue el diputado Daniel Bianchi, que había hecho campaña con Bordaberry dentro y fuera del país; en mayo de 2016 anunció su pase al Partido de la Gente de Edgardo Novick. En abril de 2017 Bordaberry anunció su retiro de la política y ahí Vamos Uruguay volvió a sentir el golpe: el senador y exintendente de Salto, Germán Coutinho, anunció que se iba con José Amorín Batlle. El diputado Germán Cardoso, en tanto, dijo que tenía intenciones de presentarse como precandidato. El diputado Adrián Peña aún no ha dado noticias, pero varias fuentes señalan que espera a que Ernesto Talvi confirme su precandidatura. La debacle de Vamos Uruguay tiene otras explicaciones más allá de los votos: muchos, dentro del partido, le achacan a Bordaberry la responsabilidad de la caída del sector. La explicación es que, tras las internas de 2014 en las que Amorín Batlle salió segundo, no eligió a este como candidato a vicepresidente, lo que hubiera sido una señal de unión en el partido. El candidato fue Coutinho. Más allá de Bordaberry, algunos señalan que Vamos Uruguay quedó manchado por las denuncias contra Francisco Sanabria, renunciante diputado suplente del sector y propietario del Cambio Nelson, denunciado por una estafa millonaria en Maldonado.

El barco ya chocó.

El viernes 19 de julio de 2002 Batlle recibió a los expresidentes Julio María Sanguinetti y Lacalle en Suárez. En plena crisis, el líder nacionalista pedía cambiar al ministro de Economía, Alberto Bensión. Según el libro Con los días contados, del recientemente fallecido periodista Claudio Paolillo, Batlle mencionó allí el nombre de Talvi cuando se debatía sobre un posible sucesor. Para ese entonces, el joven estudiante que había recibido en Duvimioso Terra ya contaba con un currículum más que extenso. Tras el gobierno de Lacalle, Talvi había viajado a Estados Unidos para trabajar en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la creación de su Departamento de Investigaciones. Había regresado a Uruguay en 1997 y desde ese entonces dirigía Ceres. "Bueno, macanudo… Talvi. Pero que Talvi no dé la sensación de que viene con dogmas sino que plantee ideas concretas que no aparezcan como un plan neoliberal estilo Chicago", contestó Sanguinetti a Batlle, según recoge el texto.

Unos días antes, el 12 de julio, La República había informado que Talvi podía reemplazar a Bensión. Algunos amigos y familiares llamaron al economista, que estaba de vacaciones en Madrid, para contarle lo que estaban diciendo. "Es un bolazo", contestaba él. El sábado 20 el FMI le pidió a Batlle que siguiera el mismo camino que Argentina: que entregara bonos a los ahorristas, que podrían ser canjeables tiempo después. No era un corralito, pero se le parecía. Apenas llegó a su casa en Montevideo el domingo 21, Talvi recibió la llamada de Batlle. El economista fue claro: "Presidente, no acepte eso", le dijo, y le contó que desde Ceres habían elaborado un plan para salir de la crisis.

El lunes 22 Talvi estaba en Suárez dándole a conocer su plan. Según el libro de Paolillo, el proyecto incluía: dejar a los bancos internacionales que se arreglaran como pudieran, cerrar cuanto antes los cuatro bancos que ya estaban fundidos, reprogramar los depósitos a plazo que estaban en los bancos estatales, y pedirle al FMI que le diera una ayuda y no le soltara la mano a Uruguay. El economista, en entrevista con El País, agrega algo más: sostiene que en el plan que se presentó al presidente se incluía la cifra de US$ 1.500 millones como lo que se necesitaba para salir del pozo, y que fue lo que luego se le pidió al FMI, que se negó, y que terminó prestando el gobierno de Estados Unidos.

El papel de Talvi en la crisis no fue solo este: poco después, cuando el gobierno estaba pidiendo estos US$ 1.500 millones, él recibió la llamada de Randall Kroszner, que había sido su profesor en la Universidad de Chicago y que trabajaba en la Casa Blanca. Era el encargado de redactar un informe que sería utilizado por el presidente George W. Bush y el Departamento del Tesoro para decidir si se le prestaba o no esa cifra a Uruguay. "Cuando me llamó le conté el mismo plan que le había contado al presidente, y Kroszner me contestó: I like".

A Talvi no le llegaron a ofrecer el Ministerio, ese sitio fue para Alejandro Atchugarry. Batlle, sin embargo, le preguntó si estaba dispuesto a asumir en el Banco Central. Él le contestó, según recuerda: "Si estuviéramos a dos kilómetros del iceberg y aún, aunque fuera arriesgado, se pudiera dar un golpe de timón, yo lo haría. Pero ahora, ya nos dimos contra el iceberg y lo que hay que decidir es quiénes van a los botes salvavidas y quiénes no. Para eso se necesita a alguien con poder político". La respuesta la tenía ensayada. Ante la eventualidad de que le ofrecieran algún cargo, Talvi ya había consultado a tres economistas amigos. Uno de ellos fue Ricardo López Murphy, que había sido ministro de Economía en Argentina desde el cinco hasta el 20 de marzo de 2001 —duró apenas 15 días. El argentino le dijo: "Si agarrás eso yo voy a ser un ministro longevo comparado contigo".

Un tema político.

"¿Le puedo ir a comer una galletitas?", le decía Batlle por teléfono a Talvi. Ya hacía mucho que se conocían y a veces lo llamaba para conversar con él en Ceres. A fines de 2015, después de la última derrota del Partido Colorado, pero aún sin que Bordaberry hubiera anunciado su retiro a partir de 2020, Batlle le dijo: "Ernesto, usted ha estado en esto durante muchísimos años. Yo sé que tiene un sueño, un proyecto de país, me gustaría que se anime a probar". Talvi le repetía lo mismo que le repite ahora a El País: que todavía no es el momento, y que hasta julio de este año está inhibido de hacer política debido a acuerdos internacionales que tiene Ceres. "Usted es bastante cabeza dura", le contestaba Batlle, que murió en octubre de 2016, y que antes de esto repitió por todas partes que Talvi podía ser un buen candidato para revitalizar al partido.

Es cierto que a Talvi hay dirigentes que ni lo conocen personalmente, y que hacer política partidaria para él es entrar en un "negocio desconocido". También es verdad que el Partido Colorado está ávido de rostros nuevos y múltiples candidaturas, para intentar sumar adhesiones. Hay dirigentes como Ope Pasquet, Adrián Peña y Carolina Ache Batlle que lo están esperando. Y todos los precandidatos opositores también sostienen que cuantas más candidaturas, mejor. Sanguinetti, que se suele reunir con Talvi, señala que este se tiene que presentar como el rostro de la "renovación", con un sector nuevo.

Es el elegido. Lo que no está claro es si Batlle colocó sobre su espalda una cruz demasiado pesada o la capa roja del rey.

Referentes lo quieren dentro del Partido

JULIO MARÍA SANGUINETTI
Julio María Sanguinetti. Foto: Archivo El País
“Que sea la renovación”
“Talvi es un excelente académico, de una muy buena formación en lo económico y lo social; que se vuelque a la política es bienvenido. Tendría que ser, naturalmente, una candidatura de renovación, abierta, que no sea la continuación de un grupo existente”.

JOSÉ Amorín BATLLE
Senador colorado José Amorín Batlle y senador nacionalista Álvaro Delgado. Foto: Archivo de El País
“Es bueno que venga Ernesto”
“Estoy totalmente de acuerdo con que venga. Es una buena noticia. Que vengan muchos. Que venga Ernesto y muchos más. Me parece buenísimo. Es una persona muy bien formada, no ha tenido actividad política, pero es un académico de primer nivel”.
GERMÁN Cardoso
Germán Cardoso. Foto: D. Borrelli
“Nunca lo vi ni hablé con él”
“Nunca lo vi a Talvi ni hablé con él. Pero sé lo que ha trascendido en la prensa, he leído cosas interesantes de él, y sé que es un tipo preparado. Si viene a aportar, bienvenido sea a la competencia. Si tiene la intención de sumarse y hacer su aporte, es muy bueno”.
FERNANDO AMADO
Fernando Amado. Foto: F. Ponzetto
“Lo que representa Pedro”
”Él completa el abanico ideológico que se necesita para recuperar al partido. La salida de Bordaberry dejó acéfalo un lugar, no hay un exponente ideológico de lo que él representaba, y es bueno agregar esa pata. Con esto no digo que Talvi y Bordaberry sean iguales”.
TABARÉ VIERA
Tabaré Viera. Foto: Marcelo Bonjour
“El partido necesita recambio”
“Me parece bueno que esté dispuesto a armar una candidatura. Talvi es una persona con visión, con mundo, con ideas concretas de los cambios que hay que hacer. Puede hacer un aporte importante. El partido necesita renovación, recambio, trabajo y crecer”.
PEDRO BORDABERRY
Pedro Bordaberry marca temas de la agenda política desde Twitter.
“Ojalá sea candidato”
“Ojalá Ernesto sea candidato. Tenemos discrepancias en algunos puntos, pero en las grandes orientaciones no”, dijo Pedro Bordaberry meses atrás en Telenoche. El senador, que ya ha confirmado su retiro, no quiso hacer declaraciones para esta nota.

 

"Estoy estudiando, no conozco este negocio"

Ernesto Talvi: director académico de Ceres
"Admiro a Obama y Lagos (...) Macri le devolvió a Argentina los valores republicanos". Foto: F. Ponzetto

   

—Varios dan como un hecho que usted será precandidato en las internas del Partido Colorado. ¿Cuándo vamos a tener noticias?

—En junio. Tengo compromisos laborales, algunos con instituciones que ni siquiera están en Uruguay, que me inhiben de hacer política. Lo que puedo decir es que solo voy a ingresar a la política si siento que puede servir para producir los cambios que el país necesita. Hay una grave fractura social. Eso se puede revertir, hemos recorrido el país con el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) explicando cómo se puede cambiar a partir de la educación.

—Si se volcara a la política, ¿se presentaría desde una agrupación existente o crearía un espacio nuevo en el Partido Colorado?

—Tendría que ser algo nuevo, que no entronque con ninguna de las corrientes existentes. Esto no quiere decir que no pueda haber gente que hoy está activa en la política. Esta es una decisión seria, que no se toma a la ligera. No conozco este negocio, me he dedicado un año entero a estudiarlo. En Ceres tenemos un acuerdo con el Brookings Institution (NdR: uno de los institutos de investigación más antiguos de Washington) y tengo la suerte de que allí hay expertos en temas electorales y en organización política. Me estoy informando muchísimo.

—¿Qué es lo que está aprendiendo?

—Cómo funciona una organización política, cómo se hace para montarla, a hacer una campaña, cómo funciona un equipo de gobierno, cómo se arma un programa.

—En el Partido Colorado hay muchos que dicen que no lo conocen, ¿ha ido a la Casa del Partido?

—He dado charlas, pero es verdad que también lo he hecho en el Instituto Manuel Oribe, en eventos de Alianza Nacional, y Ceres ha dado charlas en la sede del Partido Socialista. No he gritado ni levantado banderas en la Casa del Partido Colorado, lo que he hecho fue votar a Jorge (Batlle).

—¿Y después del gobierno de Batlle, siguió votando a los colorados?

—Sí, es una cuestión familiar. Pesa venir de una familia batllista.

—Hay quienes dentro del partido creen que a usted no le va a ser fácil captar los votos que han perdido, sobre todo de la periferia de Montevideo, históricamente colorados y ahora del Frente Amplio…

—Con Ceres hicimos 53 encuentros ciudadanos explicando nuestras propuestas en lugares muy distintos del país. Y no vamos solo a charlar: antes de cada encuentro visitamos escuelas, liceos, varias ONG, hospitales, empresas, asentamientos, vamos a las cárceles y hablamos con las personas privadas de libertad. Soy parte del consejo del liceo Impulso, en Casavalle; no fui el gran impulsor pero he colaborado. Es un centro que tiene un 90% de retención de los estudiantes, es una revolución de las oportunidades. Batlle me decía: "Usted se relaciona mejor con el ciudadano común que con las élites".

—¿Cuál es el cambio más urgente que se propone en los encuentros ciudadanos de Ceres?

—Tenemos una propuesta concreta: 136 liceos modelo para los barrios vulnerables del país. La idea es generar centros como el Impulso, pero desde la educación pública.

—El plan le ha traído críticas desde el gobierno de la educación. ¿Cómo funcionarían estas instituciones?

—Los liceos no estarían autogobernados, pero se gobernarían con parámetros muy diferentes a los de la ANEP. Y esto no nos tiene que asustar. Por ejemplo, la UTEC, que es una de las cosas que yo le reconozco al expresidente José Mujica, fue una buena idea, y tiene una cultura universitaria muy distinta a la de la UdelaR. En Madrid hay cuatro universidades públicas, y son muy distintas entre ellas. Nosotros queremos que se hagan estos 136 liceos por fuera de la ANEP y que sean públicos, gratuitos y laicos. No queremos privatizar nada, lo que queremos es generar liceos con una propuesta pedagógica y de contención distinta. Centros como el Impulso (NdR: que es público pero se financia con donaciones de privados) demuestran que la idea funciona.

—¿Cuánto sale esto?

—160 millones de dólares por año. En 12 años se va a ver el impacto. Estos chiquilines van a terminar el liceo y a salir preparados para un trabajo digno y formal, van a hacer sus aportes y no van a depender del Mides; no se van a dedicar al delito y se va a gastar menos en cárceles.

—¿Ceres acercó esta propuesta a las autoridades de la educación?

—No.

—¿Y por qué se la cuenta a la gente?

—Porque creemos que el sistema está trabado.

—¿La idea es contárselo a la gente para que luego la gente lo reclame?

—Claro. Primero que lo conozcan y, en una segunda etapa, movilizarlos para que el sistema político sienta la presión de que la gente lo desea. Se nos adelantó el agro.

—¿Y estas propuestas las llevaría consigo a la política?

—Claro, son cosas que me definen.

—Entonces, si las ideas que expone en las recorridas que hace por el país desde Ceres, luego las materializa dentro de la política, ¿no es una manera de hacer campaña?

—No, porque el rol de Ceres es formular políticas de gobierno para que la sociedad las debata, las discuta y las tome. Hace cuatro años que Ceres tiene en carpeta estos encuentros ciudadanos, que se vienen haciendo desde hace dos.

—¿Izquierda o derecha?

—Soy progresista liberal.

—Hay quienes lo han acusado de que eso es una contradicción…

—Pues no lo es, que lean la Declaratoria Universal de los Derechos Humanos y van a ver los principios de la libertad y la dignidad. El liberalismo es primero filosófico; creo en las instituciones, en la separación de poderes, en el gobierno de la ley para proteger al ciudadano contra la arbitrariedad del abuso de poder. Creo también en la dignidad del ciudadano, en el derecho a una vida digna, y en que esto es responsabilidad colectiva de la sociedad.

—¿Y qué papel juega el Estado?

—Un papel fundamental: como articulador, como organizador…

—¿Como protector?

—Como protector. El Estado es una organización colectiva que los ciudadanos de un país nos damos para resolver problemas que no podemos resolver individualmente. Yo no quiero caer en la tontería de decir que aquí no hay más ideologías, que acá solamente importa la gestión. No existe la gestión si uno no tiene un lugar de destino adonde puede llegar, al que va a gestionar. No sé si me siento más de izquierda o de derecha, sé a quien admiro: a Barack Obama, Ricardo Lagos, Felipe González...

—¿A Mauricio Macri?

—Macri le devolvió a la Argentina algo muy básico: valores republicanos. Ganó bajo la plataforma de "queremos ser un país normal". Eso es algo que en Uruguay no pasaría.

—Lacalle Pou habla de "la década perdida". ¿Qué opina usted de esto?

—No tengo nada personal contra Mujica, pero sí tengo problemas con su gestión. Aprecio su sencillez y su austeridad, que me hacen acordar a mi papá, pero su manejo de las finanzas y las empresas del Estado dejaron al país en una situación muy complicada. Creo que se perdió la oportunidad de hacer cosas muy importantes. Al primer gobierno de Tabaré Vázquez lo dejó afuera, porque si bien agarró un país encaminado, había una emergencia social todavía muy grave, con mucho desempleo, que tuvo que afrontar. Creo que en el quinquenio de Mujica sí se perdió una oportunidad.

—¿Y ahora?

—Vázquez recibió una herencia compleja, entonces es un gobierno a la defensiva, que está tratando de mantener las cuentas en orden, que el bote no se sacuda demasiado.

"A Jorge Batlle lo va a reivindicar la historia".

Talvi sostiene que las imágenes de Batlle y su ministro de Economía, Bensión, deben ser reivindicadas. "Nadie puede dudar de la forma honesta y austera en que Batlle manejó los asuntos de la República. Y además hizo algo heroico contra lo que pedía el FMI, y contra la opinión de la oposición del momento, que reconozco, sin embargo, que se comportó de una manera muy institucional, que no jugó la carta del peronismo argentino que dio un golpe institucional", señala Talvi. Sobre el exministro, en tanto, señala: "Lo condenaron al ostracismo. ¿Qué hizo Bensión? ¿Cuál fue su pecado? ¿Comerse una crisis de la que no tuvimos arte ni parte?".

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