El sueño que más cuesta

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Paula Barquet

Encontrar un niño abandonado del que nadie se hiciera cargo fue, durante mucho tiempo, una suerte de bendición para las parejas homosexuales deseosas e impedidas de paternar. Con un simple trámite de tenencia, o aun en informalidad, se convertían en padres.

Ese fue, desde siempre, "el procedimiento más común", cuenta Valeria Rubino, integrante del colectivo Ovejas Negras que reúne a gais, lesbianas, travestis, transexuales y bisexuales. Otra situación habitual era que uno de los integrantes de la pareja tuviera hijos de una relación heterosexual previa. Las técnicas de reproducción asistida siempre fueron, además de costosas, garantía de una polémica que era mejor evitar.

Pero en 2009 el panorama cambió para ellos. Una ley modificó el régimen de adopciones en Uruguay y les concedió por omisión -aunque ciertos especialistas creen que no es suficiente- el derecho a adoptar un hijo. También desde el año pasado ASSE, el prestador de salud universal, brinda el servicio gratuito de reproducción asistida tras un acuerdo con la clínica privada CIRA.

Se podría pensar que los homosexuales uruguayos tienen cada vez más posibilidades de ser padres. Sin embargo, la realidad no les es tan auspiciosa como aparentan estos avances. En abril, este suplemento informaba que sólo cuatro parejas homosexuales habían comenzado el trámite de adopción en el INAU, y que ninguna de ellas lo había continuado. Desde el organismo no sabían los motivos.

Pero Rubino aseguró que una de esas parejas, amiga de la asociación, dio marcha atrás porque funcionarios del INAU les habrían advertido que se los evaluaría diferente. "Es muy frustrante. Es como si después de todo, los avances no hubieran servido para nada. Y además es ilegal porque hay una ley que dice que en este país no se discrimina", señala Rubino en referencia a la llamada "Lucha contra el racismo, la xenofobia y la discriminación", aprobada en 2004.

Esa pareja pensó en "hacer un escándalo" tras la actitud de rechazo en el INAU. Pero, aconsejada por otros integrantes del colectivo, decidió que era mejor esperar al cambio de autoridades, ya que el nuevo presidente del INAU, Javier Salsamendi, había sido promotor de la ley y seguramente tuviera buena disposición frente a ellos.

De todas formas, para adoptar se requiere haber formalizado la unión concubinaria. El trámite -que desde 2007 pueden hacer heterosexuales y homosexuales- cuesta dos abogados y lleva varios meses. Rubino entiende que aún no se puede evaluar el acceso a la adopción, ya que posiblemente algunas parejas estén dando el paso previo.

RECIÉN ME ENTERO. En Ovejas Negras no sabían que desde mediados del año pasado pueden acceder gratis a cualquier técnica de reproducción asistida. Se enteraron tras la consulta de Qué Pasa.

Rubino explicó que hasta ahora sólo algunas parejas han intentado concebir por esa vía debido a los costos, pero que "todas lo han considerado". Igual, el hecho de que ASSE ofrezca el servicio, a ella no le asegura un "boom" de hijos de parejas homosexuales. Entre otras cosas porque "hay que ver qué tan invasivas son las condiciones". En Uruguay, cuatro clínicas privadas y algunas mutualistas asisten parejas estériles que quieren ser padres. Su actividad no está regulada por Salud Pública ni reglamentada en la legislación. Cada una trabaja con los recursos humanos y el equipamiento que considera adecuados y toma ciertas decisiones a juicio personal. Entre ellas, sí aceptan pacientes homosexuales.

Cada director ha elaborado su criterio. Roberto Suárez, director de reproducción asistida en CIRA, ASSE, Casmu, Médica Uruguaya, y presidente de la Sociedad Uruguaya de Reproducción Humana, opina que "es poco serio que sea un tema personal" y cuestiona las "seguridades que tiene el homosexual" con el vacío legal actual. Adelantó que la asociación que preside está empezando a elaborar la reglamentación en debe junto al Ministerio de Salud Pública (MSP).

Hace más de una década que el Parlamento discute una y otra vez un polémico proyecto de ley sobre reproducción asistida. Los homosexuales, al menos en una de las versiones, quedaban excluidos. Lo mismo las mujeres solas que no demostraran su infertilidad. El asunto fue postergado bajo la promesa de retomarlo en esta legislatura.

Por ahora, los criterios en las clínicas de reproducción asistida son dispares. Suárez tiene resuelto que cuando se presenta una pareja homosexual (hecho "no muy frecuente" en todos los lugares en que trabaja), se comunique a las autoridades del MSP. Ha tenido sólo dos casos y en ninguno hubo resolución. Esas parejas posiblemente sigan esperando la autorización estatal.

Rita Vernocchi, del Centro de Reproducción Humana del Interior, dijo que la política de su clínica cambió en 2009 y ahora se asiste a mujeres solas sin discriminar si integran una pareja homosexual o no. "Cambiamos la mentalidad porque la realidad ha ido cambiando", explicó. Igual, Vernocchi calcula que sólo unas 10 parejas gais formalizaron la consulta allí.

En la Unidad de Fertilización de la Asociación Española, su director Alejandro Bozzolo afirmó que no ha tenido consultas de homosexuales, y que en el caso de tenerlas "habría que ver" cada caso. No descartó realizar alguna "distinción" respecto a las parejas heterosexuales.

Gerardo Bossano, director del Centro de Esterilidad Montevideo, acepta mujeres solas y no les pregunta su sexualidad. "No vemos impedimento, no hay ley ni restricción alguna", comentó, aunque aclaró que los casos se han limitado a "dos o tres". De todas formas, Bossano reconoció que en su clínica se permite que "cada médico evalúe" según su criterio. No sabe si algún especialista ha rechazado parejas homosexuales.

Con todo, desde Ovejas Negras piensan que como la reproducción asistida era hasta hace muy poco "una posibilidad minoritaria", todavía no tienen elementos para asegurar una discriminación. Pero ahora que la opción es gratuita, la situación es otra. Y aseguran que si el Estado, desde ASSE, los discrimina, no van a guardar silencio ante lo que afirman es una "ilegalidad".

Más difícil en hombres

Una pareja de hombres homosexuales que decida paternar, tendrá que vérselas con otro tema polémico que es el alquiler de vientres. En Uruguay no hay ley que lo prohíba, pero tampoco hay lugares donde conseguirlos. Para las mujeres es más sencillo. Generalmente basta con inseminación artificial, técnica de baja complejidad y menor costo que la reproducción in vitro.

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