El submundo de Lilián

| Gana 6.000 pesos por mes como cuidacoches en la Ciudad Vieja. De los 6.000 estimados, sólo mil están registrados.

Vigilando. Lilián en su cuadra de Reconquista y Juncal. 549x360
Vigilando. Lilián en su cuadra de Reconquista y Juncal.
Leonardo Carreño

MARCELA MORETTI

Son ladrones "secos" porque no consumen nada. No están borrachos ni drogados y están hábiles para correr. Se recuestan contra el auto y te `trabajan` la cerradura o te lo marcan con una tiza para después robarlo y tienen todo el tiempo para esperar que tengas una distracción. O directamente te preguntan `¿hay algo por ahí?`, tratando de cerrar un acuerdo por plata para llevarse un auto", dice Lilián. Ese es el perfil de uno de los habitantes del "submundo" que esta mujer de 39 años descubrió como cuidacoches en una cuadra, su cuadra, de la Ciudad Vieja.

Lilián nunca había trabajado en la calle hasta que en octubre no le quedó otra. "Me ofrecerieron ser guardia de seguridad de 11 horas cobrando 11 pesos la hora". No la convenció. Por eso, desembarcó en Reconquista, entre Juncal y Misiones, y conoció una realidad que la puso nerviosa al punto que un día prefirió perder el jornal -300 pesos diarios-, hacer la denuncia policial por las amenazas que recibió al impedir un robo y quedarse en su casa.

Al otro día se animó y volvió.

Es viernes de mañana y Lilián hojea un diario que le prestaron. Todos los vecinos que pasan la saludan, muchos con un beso. La confianza que se ganó en la cuadra hace que varios "clientes" le dejen la llave del auto para que se los lave mientras trabajan.

El que quiere robarse un auto y no lo logra "te lo raya como venganza porque no se lo dejaste tocar y el problema lo tengo yo", cuenta la "cuidadora de vehículos", como la define el carné número 2473 que le otorgó la Intendencia junto con la cuadra y el horario de 9 a 20 horas. El 13 de enero le dieron el permiso definitivo pero ya había empezado a trabajar en octubre, cuando su cuadra pasó a estar en zona liberada.

Por ahora a Lilián no le robaron ningún auto pero ya se prepara para no caer en la trampa: "uno te distrae y el otro te rompe el vidrio". Lo que sí le intentaron arrebatar en su cara fue una moto. "Una mujer la había dejado estacionada y viene un hombre y se la quiere llevar diciendo que era de su sobrina. No lo dejé y me amenazó con romper un auto".

Los ladrones "secos" se cruzan con otros habitantes de la calle de la Ciudad Vieja. Como es una zona cercana al puerto y el hotel NH está en la cuadra de al lado, muchas veces circulan turistas y los carteristas desarrollan sus destrezas. La semana pasada le tocó a una pareja de alemanes que paseaba por allí.

La hora pico es a partir de las 18 cuando la gente sale de trabajar. "Muchas veces hay `pasteros` que se sientan por acá a pedir o a robar. Yo les digo que se tienen que ir y en última instancia llamo a la Policía", cuenta. "Un día un travesti se me vino encima pensando que yo era nueva y le quería sacar el trabajo. Se enojó porque la traté de hombre". También le pasó que la pararan con "intenciones de ir para la rambla". "¿Qué hacemos por una gamba y media?", dice que le preguntaron como si estuviera allí para prostituirse. "El problema es que está mal visto ser cuidacoches y peor para una mujer". Otras que "rescatan monedas" y son "casi prostitutas" le pusieron "La Cuchi" porque está bien vestida, usa zapatos altos y es educada.

Ella no quiere ni pensar en las noches de invierno. "Nuestro riesgo físico es permanente. Estamos en contacto con personas que mezclan la pasta base con el alcohol y se te tiran encima. Ya hubo muertes de cuidacoches. Quiero un seguro de vida", plantea.

Lilián tiene pensado integrarse a la Asociación de Trabajadores Cuidacoches. Se manejó la posibilidad de que aportaran un monotributo pero es complicado porque no cobran un salario. Y la intendencia no puede hacer mucho: "¿Cómo hago yo para decirle al contribuyente que hay que darle tanto al cuidacoches? No termino de decirlo y me están linchando", dijo el director de Tránsito y Transporte, Gonzalo de Toro.

Según cifras municipales hay más de 1.000 cuidacoches registrados y se estima que otros 5.000 viven de lo mismo pero nunca pisaron la intendencia. "Están apareciendo en todos lados. Los ves. Yo enseguida distingo los que tienen carné y los que no, incluso por la forma de actuar o proceder", dijo De Toro.

El crecimiento es tal que ya hay más de un tipo de cuidacoches. Los que piden monedas de noche en zonas de boliches o los que se rebuscan en lugares diferentes son los "rescatamonedas". "Esos terminan siendo los que marcan autos. Si me tocan un coche de mi cuadra voy al que rescata monedas en la cuadra que sigue; quizás no fue él pero sabe quién fue", agrega.

Los que están registrados deben trabajar de lunes a viernes con horario fijo. "Tenemos que usar el chaleco, no podemos estar tomados o drogados porque la intendencia controla y, sólo haciendo las cosas bien se logra que los clientes den buenas propinas".

En la cuadra de Lilián estaciona gente que trabaja en la zona. La propina suele ser de entre cinco y 10 pesos pero también están quienes "hacen lo imposible para no pagar". "Hay gente que me quiere dar dos pesos y no los acepto, les digo que soy una trabajadora y que no me falten el respeto", dice. El ahorro igual es claro: una hora de parking les costaría 25 pesos.

"6647. Deja dos p p. Arrancale la cabeza", es el mensaje codificado del cuidacoches que manda en otra cuadra de la manzana de enfrente. El colega se acercó a pasarle a Lilián la chapa del auto de un hombre que suele darle dos pesos por seis horas. Como lo ahuyentó, puede que estacione en la cuadra de Lilián. Ella también lo espantará porque ese cliente no rinde.

El cuidacoches pasó a ser un testigo clave de su territorio. Cada vez hay más casos en los que su versión aclara altercados, desde robos hasta accidentes de tránsito. Lilián dice que "con conducta", los 6.000 pesos que saca por mes le dan para vivir. Ella quiere otra cosa y se siente discriminada. "Una mujer afrodecendiente y sin padrinos no tiene oportunidades en este país", denuncia enojada. Ella no terminó el liceo, fue administrativa en una ONG y realizó un curso de gestión de pequeñas empresas. Ahora estudia inglés.

Cuando la jornada está por terminar se acerca un policía. Un señor que estacionó en la cuadra siguiente hizo la denuncia porque un "rescatamonedas" le pinchó la cubierta luego que él se negara a pagarle por adelantado. Lilián sigue todo de cerca hasta que se distrae: "Ahí va mi profesora de inglés", dice y la señala. Otra habitante del submundo.

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