El señor de los caminos

| El psicólogo y catedrático cuenta cómo se puede ser feliz tras 14 días de ayuno, al aire libre y con una manta.

C.B.

Alejandro spangenberg es psicólogo fundador del Centro Gestáltico de Montevideo (posgraduado en el Instituto Gestáltico de Cleveland, Estados Unidos) y fue consagrado en el año 2000 como Hombre Medicina en la tradición del Camino Rojo, de las culturas nativas del Norte. Hace 12 años que lidera el Camino Rojo, por donde pasaron unas 250 personas.

En su despacho privado tiene un cuadro muy ilustrativo de la cultura chamánica: un indio sabio hincado frente a un fuego sagrado mira al horizonte; detrás suyo hay montañas, y los que divisen atentamente la pintura podrán encontrar rostros humanos en ellas. De la misma forma, la figura de un búfalo se confunde con una nube. Frente a ese cuadro hay otro. Es una ilustración de El Señor de los Anillos donde se ve al mago Gandalf en el centro. Se lo regalaron a principios de los años 90´, mucho antes de que el director neocelandés Peter Jackson explotara en cine (y por tres) la obra de J.R.R. Tolkien.

Spangenberg habla de linajes ancestrales de cazadores, guerreros o curadores. Dice que en Uruguay hubo chamanismo mientras hubo indígenas pero que hoy no se puede enseñar ni aprender "en un tallercito, un cursito o laboratorio de fin de semana".

El chamán mexicano Aurelio Díaz lo bautizó Hombre Medicina (chamán) en Uruguay. Díaz, Hombre Medicina en México y Estados Unidos, le pasó sus conocimientos y compartió su cosmovisión en 2000.

-El Camino Rojo ¿es la única tradición chamánica en Uruguay?

-La única que mantiene las tradiciones, sí. Las comunidades nativas estaban organizadas alrededor de la espiritualidad, esta comprensión de que está todo vivo y en relación y de que existe un solo creador que es una dualidad masculina y femenina. Los indígenas no partían de un yo que quiere tener cosas, sino de un colectivo. Un cazador no caza para sí mismo, caza para todos.

El Camino Rojo sigue ceremonias muy antiguas como la búsqueda de la visión, también practicada en Europa y Asia. El ayuno y el retiro en la naturaleza es común en todos lados, con la soledad como voto de silencio, sin comer y sin beber. El primer año incluye ayuno completo al lado de un árbol, durante cuatro días. Como en la casa de Gran Hermano, el que sucumbe, puede abandonar la misión.

"Es un trabajo de meditación, de introspección, de comprensión de la propia vida, del contacto perdido con la naturaleza".

El rito del círculo completo de la vida tiene cuatro entradas, que son los cuatro puntos cardinales: del este al sur, al oeste y al norte. Cada uno de esos puntos cardinales es un puntal direccional hacia las cualidades. La persona que hace la búsqueda debe implorar que esas cualidades les sean concedidas.

Esos cuatro días con ayuno y sin beber agua son para alcanzar la humildad, la entrega y la confianza.

Un año después, en el sur se procura el entendimiento, la integridad y la cura del alma. La proeza dura siete días. Durante los primeros cuatro días se repite el ayuno completo, y al quinto los más experimentados lo visitan con tres frutas y un té que se hace con una planta sagrada. "Es para darle motivación a la persona, para ver cómo está e hidratarla. Ahí se va con la ropa puesta y una manta, nada más. Ni reloj, ni lápices y hojas, ni nada que distraiga".

Al tercer año la tarea es intentar un contacto con el Gran Misterio. Se busca saber quién es uno en realidad. "De tal manera que cuando uno hable de sí mismo, hable desde quien sabe que es, despojado de todas las máscaras que desarrolló en la sociedad".

Al octavo día se visita al individuo con un litro de agua y tres frutas más. Serán sus únicos alimentos durante dos días con sus noches.

Por último, en el cuarto año, la persona se orientará al norte. Durante los primeros nueve días el ritual se repite, y a la mañana del décimo día recibe visitas; puede hablar con los visitantes, quienes le llevan cuatro alimentos: otro litro de agua (que significa la transparencia), algunos granos de maíz (la humildad), una fruta (la generosidad) y un poco de carne asada (la fuerza). Con esa comida debe conformarse por cuatro noches más, y a la mañana del día 14 sus compañeros lo pasan a buscar. Ahí termina el ciclo.

Quien logre llegar al final del impresionante camino formará parte de un consejo de notables en búsqueda de la visión. Spangenberg destaca el factor comunitario en una tarea a simple vista personal. "A unos cuantos metros de allí, se enciende un fuego sagrado que está prendido todo el día con una custodia, se reza por la persona que está haciendo su búsqueda. Los que están en el campamento van a comer y tomar agua mientras rezan por la persona para que esté bien y le brindan su energía. Son como un ancla".

-¿Cuál es la recompensa de una práctica tan dura durante cuatro años?

-Encontrarle el sentido a la vida, conocer por qué estamos acá y para qué. Lo que fluye allí es el más puro amor por los otros.

"Es una experiencia tan poderosa que te cambia la vida. Ví ancianos de 70 años y diabéticos que la hicieron". También sabe que murieron dos personas en el mundo en plena experiencia mística (en México y España), pero afirma que eligieron morir allí. "Pudieron haber abandonado y no lo hicieron. Decidieron quedarse allí".

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