El mapa del frío en Montevideo: mirá cuáles son los barrios donde se sienten las temperaturas más bajas

Un recorrido por las zonas más afectados por el frío en la capital. Además, distintos meteorólogos analizan qué pasó en los gélidos junio y julio, y anuncian cómo será el invierno del futuro.

Considerando la cantidad de veces al día que usamos al clima para rellenar una conversación banal —la liviandad con la que afirmamos que hace más frío que nunca, que no se puede creer tanta niebla y que, al final de cuentas, las bajas temperaturas seguramente sean otro síntoma del cambio climático—, resulta sorprendente el exhaustivo análisis que requieren los expertos para poder responder si este viene siendo o no el invierno más frío en mucho tiempo.

Es que con la meteorología, ya veremos, las cosas no suelen ser necesariamente como parecen. Ni tan concluyentes como solemos pensar.

En la primera parte de este informe, presentamos un mapa del frío en Montevideo, identificando cuáles son los barrios más afectados por las bajas temperaturas. Luego, ahondamos en los factores que inciden en el comportamiento de las temperaturas. Y por último buscamos esclarecer si estamos atravesando o no un invierno atípico.

Invierno en Montevideo.
Invierno en Montevideo.
Foto: Archivo El País.

Desde el punto de vista climatológico, realizar este mapeo hubiera exigido un análisis meticuloso, de una serie amplísima —de entre 70 y 100 años—, relevando la información de diferentes estaciones meteorológicas debidamente certificadas, instaladas de determinada manera y siguiendo diversos parámetros para medir la temperatura de distintas variables (la temperatura del aire, la humedad, la polución del aire...). Otra forma de hacerlo es desde un enfoque ambiental.

Los ecólogos Luis Orlando y Mauro Berazategui midieron las temperaturas de los veranos y de los inviernos de 2017 a 2023, de las zonas urbanizadas de la capital del país y de las que no lo están, para conformar una caracterización ambiental de la ciudad del departamento de Montevideo. “El objetivo es trabajar en la ciudad desde una visión ecológica de los seres humanos: somos animales y nos relacionamos con nuestro ambiente y estos efectos que nosotros mismos generamos a través de la organización del ambiente, sobre la temperatura en este caso, nos afecta”, explica Orlando, investigador del Instituto Clemente Estable.

Los investigadores estaban familiarizados con estudios de científicos chinos que analizaron 44 ciudades de Sudamérica entre 2003 y 2016, detectando en Montevideo la tendencia a que la ciudad sea más fría que su entorno durante el invierno. Valiéndose de la colección satelital Landsat, Orlando y Berazategui midieron las temperaturas de las superficies para cada lugar de la ciudad, en los inviernos de 2017 a 2023. Luego calcularon las diferencias entre los valores de la ciudad y del área rural, e hicieron un promedio de esas diferencias para así acercarse a una tendencia general.

Diferencia de temperatura con respecto al promedio (2017-2023)

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Mapa: El País en base a datos de Facultad de Ciencias.

Los barrios más afectados por el frío

Los ecólogos Orlando y Berazategui midieron la temperatura de las superficies de Montevideo en cada verano e invierno de 2017 a 2023. Calcularon el promedio de la diferencia —en grados celsius— entre la zona urbana y la rural. Los barrios que tienen temperaturas negativas están por debajo del promedio, siendo más afectados por el frío. Los barrios más frescos son Barrio Sur, Palermo, Centro, Cordón y Pocitos.

Los valores relevados indican que los barrios más afectados por las bajas temperaturas, con una diferencia de entre 4°C y 6°C por debajo del promedio, son Barrio Sur, Palermo, Centro, Cerrito, Pérez Castellanos, el límite entre Malvín Nuevo y Buceo.

Luis Orlando.
Luis Orlando.
Foto: Leo Mainé.

En un segundo nivel, midiendo entre 2°C y 4°C por debajo del promedio, están Cordón, Pocitos, Punta Carretas, Parque Batlle, Malvín Nuevo, La Unión, Larrañaga, Maroñas, Jardines del Hipódromo, Piedras Blancas, Manga, el sector más alto del Cerro y Cerro Norte.

Dentro del grupo de los más fríos pero con una intensidad menor —hasta 2°C por debajo del promedio— están Peñarol, Belvedere, Casavalle, Capurro, Bella Vista, Reducto, Punta de Rieles, Malvín y parte de Punta Gorda.

Entonces, ahora cabe preguntarse, ¿por qué otros puntos del departamento sufren menos el frío?

Son cuatro las claves.

Uruguay es chico, eso ya lo sabemos. En los aproximadamente 500 kilómetros que distancian el departamento más al norte del país —Artigas— con el del extremo sur —Montevideo—, las temperaturas suelen comportarse, en general, de forma distinta. Desde el punto de vista climático, la latitud es central. Cuanto más cercano al ecuador está la zona, más altas son las temperaturas. “Por eso es esperable que el norte tenga temperaturas más altas que el sur”, indica el meteorólogo Mario Bidegain, también especialista en climatología. Esperable, dice, porque con el clima cada vez parece haber menos certezas.

¿Y qué pasa dentro de Montevideo? ¿Las temperaturas suelen ser homogéneas en el territorio? Las medias anuales indican que la variación entre barrios y zonas es más bien escasa. “Diría que lo que puede afectar es el tema de la topografía”, señala Bidegain y pone como ejemplo el Cerro de Montevideo.

En el mapa, el área de la fortaleza aparece menos afectada. Matilde Ungerovich, especialista en Ciencias de la Atmósfera, explica que cuanto más baja es la zona “más se embolsa el aire frío y más le cuesta salir”.

Otro asunto es la bahía.

Lo que allí suceda va a depender en buena medida de los vientos que sean predominantes. “Esto puede variar significativamente la temperatura, pero si miramos desde el punto de vista anual, la temperatura de Montevideo está alrededor de los 16,5°C y las variaciones a lo largo de la ciudad son escasas, salvo las que existen por la lejanía o cercanía con la costa”, apunta Bidegain.

Es que el agua es un gran protagonista en el elenco de factores que influyen en las temperaturas. El efecto que provoca explica que Montevideo tenga zonas mucho menos afectadas por el frío que otras. En el mapa que elaboraron Orlando y Berazategui, el punto más caliente es la zona del Puerto —que además es industrial, lo que a su vez genera calor—, seguido por Ciudad Vieja, la línea costera del barrio Punta Carretas —donde está el Club de Golf, donde está el Faro—, la zona de Carrasco, Carrasco Norte y Bañados de Carrasco.

Plaza en el Centro de Montevideo.
Plaza en el Centro de Montevideo.
Foto: Archivo El País.

El Río de la Plata, por su parte, se alimenta de aguas que vienen del río Paraná y del Uruguay, o sea del norte, “entonces son aguas en general más cálidas”, explica Bidegain. La cercanía de la costa “lo que hace es moderar el clima”. Es decir, achica el rango térmico acortando la diferencia entre las temperaturas máximas y las mínimas.

Suaviza, digamos.

“La temperatura del océano, que es la reguladora del clima mundial, no cambia como cambia la temperatura de la tierra. Entre invierno y verano es un sesgo térmico muy bajo”, indica Juan Luis Pérez, meteorólogo y director de Nimbus, empresa tecnológica dedicada a la investigación de fenómenos meteorológicos y climáticos.

¿Dónde encontrás heladas en Montevideo?, plantea el experto y responde que en aquellas zonas donde el efecto de la temperatura del mar disminuye, a varios kilómetros de la costa. No encontramos heladas en Carrasco o en el Prado, pero sí las hay en Melilla, donde el 30 de junio pasado algunos trabajadores de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana vieron caer copos de agua helada y la celebraron como si fuera nieve.

La humedad y la vegetación también tienen un rol esencial. “Juegan parecido a lo que puede ser la presencia de una masa de agua”, señala Bidegain. Un bosque amortigua las altas y las bajas temperaturas, al igual que pasa con los espejos de aguas artificiales o las represas, como Rincón del Bonete o Salto Grande, que amortiguan las temperaturas altas y bajas en sus alrededores.

Mario Bidegain.
Mario Bidegain.
Foto: Estefanía Leal.

Los árboles en particular, son fundamentales. “Son máquinas naturales reguladoras del clima”, resume Pérez, de Nimbus. Purifican el aire, atrapan partículas, generan sombra en verano y producen un calor natural en invierno. “Tienen lo que se llama un calor latente, debido a la circulación de la savia que produce una reacción exotérmica, liberando calor”, explica el meteorólogo. Por eso en invierno el interior del Parque Batlle no es más frío que el exterior, como tampoco lo es la zona arbolada del Prado.

Por último, otro actor central son las edificaciones que conforman la llamada isla de calor de la ciudad. Durante el verano, la isla urbana es más calurosa que las áreas periféricas y en invierno también actúa, en este caso amplificando el frío. “Lo que hace es exacerbar las temperaturas extremas, en invierno las edificaciones tienden a bajar aún más la temperatura”, dice Bidegain, y cita como ejemplo que ha observado diferencias de temperaturas entre Carrasco y el aeropuerto de Carrasco (en Canelones), y entre Carrasco y el Prado, que está en el centro de la ciudad.

El mapa que elaboraron los ecólogos muestra que los barrios más edificados son los más afectados por las bajas temperaturas. No se les suele exigir a las empresas constructoras estudios de impacto medioambiental ni antes ni después de las obras, “pero cada vez que vos planeas un edificio de siete u ocho pisos estás impidiendo que el sol llegue a la superficie en invierno, por lo tanto se produce más frío”, dice Pérez.

Además del impacto de la altura está el efecto de los corredores de viento que en ocasiones generan ductos de circulación y hacen que las personas “vuelen” al transitar ese tramo. Según Pérez, esta falta de planificación urbana está provocando un sesgo a nivel microclimático. "Si en planificación urbana se tomarán en cuenta estos conceptos, tendríamos una ciudad sustentable desde el punto de vista de impacto ambiental", agrega.

¿El invierno más frío?

Todavía falta más de un mes para que termine el invierno, pero en lo ya transcurrido, lo que los meteorólogos llaman “el corazón del invierno” —que se extiende desde el 15 de junio al 15 de julio—, quedará en el recuerdo como uno de los más crudos.

Desde el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet), repasan: “Tuvimos un junio muy frío en términos de temperatura media y particularmente de temperaturas mínimas medias. Hacia finales de ese mes, tuvimos una ola de frío que afectó a todo el país, registrando temperaturas mínimas y máximas muy por debajo de lo normal para la época”.

Hagamos memoria. “Veníamos de dos inviernos más cálidos (2023, 2024), después de un 2022 frío, afectado por el fenómeno de La Niña, que favorece que el invierno sea más fresco”, apunta Ungerovich, la especialista en Ciencias de la Atmósfera.

Cerro de Montevideo.
Cerro de Montevideo.
Foto: Fernando Ponzetto.

En junio pasado —según desprende esta investigadora de los datos de Inumet—, las temperaturas máximas estuvieron 1°C por debajo de lo normal y las mínimas 2,5°C por debajo de lo normal. “Esto quiere decir que el frío fue más por las mínimas, que ocurren en la noche y por la madrugada”.

De acuerdo a su análisis, hubo siete noches frías cuando el promedio es de tres, y por otro lado hubo tres días fríos cuando el promedio es de dos. “Entonces hubo mucho más noches frías de lo normal. Días fríos también, pero no tantos”.

El 30 de junio, aquel lunes gélido, en algunos puntos del país,cayó agua nieve que acumulada en el piso helado provocó el entusiasmo de varias personas que se filmaron bajo una lluvia de copitos débiles.

La primera semana de julio no dio tregua. Hubo una sucesión de días con heladas. “Lo que llamó la atención es la secuencia de numerosos días con heladas, cosa a la que no estamos acostumbrados porque en nuestro clima normalmente tenemos tres días con heladas, luego ocurre una rotación del viento al norte y tenemos dos, tres días de temperaturas un poco más cálidas, y eso suaviza la situación”, plantea Bidegain.

¿Se batió algún récord? Ninguno. “Han existido temperaturas más bajas durante el invierno a lo largo de los últimos años”, confirman desde Inumet. Sin embargo, aquel lunes, en medio de la ola de frío, como consecuencia de una masa de aire muy fría que permaneció durante varios días —en combinación con otras configuraciones atmosféricas que favorecieron temperaturas muy bajas— se registraron temperaturas máximas muy bajas en todo el país y en particular en Montevideo, de 6°C, que de acuerdo a los registros de Inumet resultaron ser las más bajas de los últimos 45 años.

Este tipo de eventos —advierten desde Inumet— no son raros en los inviernos uruguayos. “Se debe tener en cuenta que el comportamiento de las temperaturas en Uruguay es muy variable año a año, y mes a mes, incluso semana a semana.”

Para lo que queda del invierno, el grupo de tendencias climáticas del Inumet y Udelar prevé temperaturas medias normales y por encima de lo normal, aunque eso sí: nadie puede descartar que no nos sorprenda algún otro evento extremo.

El invierno del futuro.

¿Fue el frío extremo de junio un síntoma del cambio climático? No en principio, responden desde Inumet. “Podría ser consecuencia del comportamiento variable que tenemos en la región”, explican desde el instituto. Es que por un lado está la variabilidad climática compuesta de fluctuaciones naturales que ocurren en el sistema climático a corto y mediano plazo —por ejemplo El Niño o La Niña—, y por el otro está el cambio climático, que implica cambios en los patrones climáticos de forma lenta y a largo plazo.

Sin embargo, los efectos del calentamiento global ya están presentes en los patrones de temperatura y lluvia de nuestro país, en distintas escalas, anual y estacional. Bidegain plantea que analizando los registros más largos que tiene el país, en la estación Prado, desde 1901, surge que en los últimos 100 años Montevideo ha aumentado prácticamente en 1°C la temperatura media anual.

Este cambio de temperaturas medias puede asociarse también a un cambio en las temperaturas máximas y mínimas, “en particular el cambio más notorio se ha observado en las temperaturas mínimas diarias”, que ocurren durante la noche. A nivel anual, la tendencia es que tengamos cada vez menos noches frías y aumenten las noches cálidas.

Puerto de Montevideo.
Puerto de Montevideo.
Foto: Ignacio Sánchez.

¿Esto quiere decir que dentro de algunas décadas nos tendremos más frío durante el invierno? “Nuestro invierno va a seguir existiendo, pero ya no vamos a tener tres meses, sino que va a ser más breve el período de frío y posiblemente tengamos periodos de frío intenso, como el de este junio, unos cuatro o cinco días y después es muy posible que no vuelva”.

El invierno del futuro, dice Bidegain, va a ser cada vez más corto.

Investigación

El frío se atribuye a 9,6% de muertes

Dentro del ámbito académico se vive una proliferación de investigaciones a nivel de ambiente y salud.

La bióloga Valentina Colistro, investigadora del departamento de Medicina Preventiva y Social de la Facultad de Medicina, participó de un informe internacional sobre el impacto de las temperaturas extremas. El grupo local centró su análisis en el departamento de Montevideo —sin discriminar por barrios— y en el período de 2012 a 2016. “Una de las cosas que medimos es el factor de atribuibilidad, que indica qué porcentajes de las muertes ocurridas pueden ser atribuidas al frío”.

Para realizar este estudio, accedieron a datos de Inumet —temperaturas máxima, mínima y media por día— y solicitaron al Ministerio de Salud Pública la información de cuántas personas murieron por día en Montevideo y por determinadas causas. “Lo primero que hicimos fue chequear que en las fechas cercanas a los fallecimientos efectivamente hubiera habido temperaturas bajas”, explica Colistro. Dentro de un abanico de patologías, las cardiovasculares pueden asociarse al frío, señala la investigadora.

El porcentaje de atribuibilidad en Uruguay ronda el 9,6%, resultando en el país con índice más alto de Latinoamérica. Aunque “suene malo no es tan grave porque es acorde a la región”, advierte Colistro. Cerca están Argentina y Chile; lejos los países cercanos al ecuador, que registran temperaturas más cálidas.

“Es útil porque puede ser una explicación del tipo de muerte que puede verse más afectada por las bajas temperaturas”, apunta la especialista. Ahora, el mismo grupo de investigación realiza un estudio estadístico a nivel de todo Uruguay, tomando una franja temporal más amplia (de 2012 a 2024), y estratificando por sexo y edad.

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