El liceo rebelde

La seguridad, la exigencia y el límite de faltas han puesto al liceo Bauzá en el centro del debate. Eso y la personalidad de una directora que enfrenta varios embates.

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Eloísa Capurro

Al Bauzá, uno de los liceos más numerosos y más combativos del país, no se puede entrar vestido de cualquier manera. En la puerta de entrada se dice, claramente, que si uno llega de bermuda, gorro, musculosa o pantalón remangado mejor que vaya dando media vuelta.

Al Bauzá, el liceo que tiene una de las directoras más mediáticas de los últimos tiempos, no se puede faltar así nomás. Los adscriptos llaman a la casa de los alumnos, incluso por llegadas tarde. Y los profesores, dicen los jóvenes que asisten al centro, no faltan nunca.

En los pasillos hay carteles que recuerdan que allí, por disposición legal, no se puede fumar. Están en todos lados. En ese liceo, que se ha hecho fama de "rebelde" por no acatar el programa de flexibilización de los cursos y del control de inasistencias impuesto por el Consejo de Secundaria, se acatan las normas. O por lo menos eso intentan.

En las carteleras también están colgados los horarios de los cursos de nivelación en Matemática, Literatura, Historia, Inglés, Filosofía. Los hay en casi todas las asignaturas. Están para combatir el déficit de conocimiento con el que llegan los jóvenes. Y son obligatorios. A los estudiantes que tengan que asistir a contraturno (fuera de su horario habitual) se les paga los boletos y la comida.

Ya desde principio de año el liceo anunció que se apartaría de las normas del Consejo de Secundaria. Así, escudándose en la autonomía que tiene cada centro de estudios, comenzó un camino propio. Los miércoles, en las horas de coordinación establecidas por Secundaria, profesores, adscriptos y la dirección fijan sus propias líneas estratégicas. Usan, dice la directora Graciela Bianchi, lo único bueno que le ven al plan de las autoridades centrales.

De ahí salieron medidas como los requerimientos en la vestimenta, la política de llamar a la familia si el estudiante falta, llega tarde o tiene un problema de conducta, la obligatoriedad de los cursos de nivelación, y el impulso a mejorar el discurso oral y escrito.

"Se trabaja de forma interdisciplinar y por niveles. Y se eligen líneas transversales en las que más fallan los estudiantes: discurso oral y escrito, comprensión lectora, razonamiento básico matemático", dice Bianchi. (ver entrevista página 12).

De ahí los consejos de cómo escribir y hablar mejor que aparecen en los pasillos, junto a un cartel -en perfecta cursiva de antaño- que recuerda los plazos de inscripción a los exámenes. "No se inscribirá fuera de fecha. La Dirección", dice.

Apenas suena la campana, los estudiantes salen a los pasillos. Ellos dicen que si no se busca lío, no hay. Apenas recuerdan alguna pelea entre alumnos, dos o tres años atrás. Los adscriptos, dicen los jóvenes, "están estratégicamente ubicados", están "pendientes" y "controlan". Y suelen llamar a las familias.

Los propios alumnos concuerdan en que allí se les exige mucho. Esta semana una delegada estudiantil dijo a El País que la directora "no es mala, pero es muy exigente" y "no es de llevar a los alumnos a la dirección si no hicieron algo grave".

Docentes del Bauzá, que prefirieron mantener su anonimato, dijeron a este suplemento que se trabaja con tranquilidad. "Los chiquilines son muy bien", repitieron y manifestaron, además, su intención de volver a repetir horas en ese centro de estudios. De hecho el 70% de la plantilla docente, estimó Bianchi, trabaja exclusivamente en el liceo.

Las clases rondan los 30 alumnos, aunque supieron ser mucho más. La matrícula del liceo bajó a la mitad desde 2005, cuando supo tener más de 6.000 estudiantes. Hoy apenas supera los 3.000, aunque la dirección pretendería tener muchos más. Es que dar clases en el Bauzá significa, como en cualquier otro liceo público, lidiar con la deserción. Algo que a fines de 2010 alcanzaba el 64% de los alumnos del turno nocturno y el 44% del diurno. Y con la falta de conocimientos. En junio Bianchi había dicho a El País que el 90% de los estudiantes de 4° tenía un rendimiento insuficiente. Si la nueva política del centro impactó en estos números es algo que se sabrá a fin de año, cuando el liceo pase raya y tenga nuevas cifras.

Lo que parece seguro es que el Bauzá seguirá siendo el "liceo rebelde". El Consejo de Secundaria evalúa la posibilidad de eliminar uno de los tres turnos (diurno, vespertino y nocturno) y pasar a un horario extendido de más de seis horas de aula. Y el centro ya tiene su propuesta paralela. "Si queremos turno extendido, no pueden ser más de cinco horas reloj. Se necesitan menos asignaturas y profesores cargo para no perder la reserva cultural que tiene este liceo", dice la directora.

A todo eso, además, le sumarían la educación a distancia. Ya hubo diálogos con un ingeniero de Secundaria para implantar la plataforma Uruguay educa, que comenzaría a utilizarse el año que viene.

No muy lejos de allí, en la esquina del liceo, hay un patrullero estacionado. Vigila los alrededores del liceo. Porque, aunque los estudiantes aseguran que en el centro el clima es de tranquilidad, ahí afuera es otra cosa.

enfrentados. Es lunes y tres policías están parados en la esquina del liceo. La portera, que comienza su turno a las tres de la tarde, todavía no llegó. Y entonces entra cualquiera. Esta periodista permaneció durante más de dos horas en el centro sin que nadie le consultara por qué estaba allí, o quién era.

"Vos comprobaste que acá se entra y se sale, porque los chicos cursan por asignatura", dice Bianchi. El tema le valió un fuerte enfrentamiento con el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, algo que casi llega a la Justicia (ver recuadro). Igual Secundaria anunció que hará una investigación administrativa al liceo.

Ya a principio de año los profesores habían amenazado con ocupar por la cantidad de robos que se daban puertas afuera del liceo, y puertas adentro cuando ingresaban jóvenes ajenos al centro educativo. Semanas atrás hicieron un "paro activo" reclamando mayor seguridad.

Hasta la directora, Graciela Bianchi, había amenazado con cerrar las instalaciones. Al final apareció un policía.

No fue el único enfrentamiento que tuvo Bianchi. Esta semana, el director general de Secretaría del Ministerio de Educación y Cultura, Pablo Álvarez, publicó en su Facebook un video en el que la muestra durante una reunión con estudiantes. A la directora se la escucha, casi a los gritos, dirigirse a los jóvenes con frases como "acá mandamos los adultos y no ustedes". A una alumna le dice: "no me tutees. Callate la boca. Punto. No estoy hablando contigo".

Álvarez señaló que su intención, al publicar el video, no fue desacreditar a Bianchi. Que no conoce el contexto en el que se dio la discusión y por eso no hizo comentarios. Aunque igual lo publicó.

Estar en el centro de la polémica, no es nuevo para Bianchi. Ya en junio la senadora y primera dama, Lucía Topolansky, había anunciado su intención de convocarla al Parlamento cuando anunció que el Bauzá haría su propio plan de estudios. "Los organismos del Estado funcionan con decretos y jerarquías y no se puede empezar a salir de esas pautas y no concurrir a la Asamblea Técnico Docente a plantearlo", había dicho.

La decisión, sin embargo, tuvo el apoyo del vicepresidente Danilo Astori. Recientemente, hasta el presidente José Mujica desde Europa defendió -en contra de la posición de Topolansky- la autonomía de los centros educativos. Los enfrentamientos entre sectores del Frente Amplio se colaron en el Bauzá.

Pero Bianchi no fue siempre así. Ex jerarcas de Secundaria difícilmente recuerdan a un director que haya salido tanto en los medios. La propia Bianchi dice que, durante la ola de ocupaciones que hubo en la década de 1990, ella se negó a dar declaraciones a pesar de que se lo pedía el presidente del Codicen, Germán Rama.

Hoy la historia es otra. Mientras Qué Pasa entrevistaba a Bianchi, la revista Galería del semanario Búsqueda agendó con ella una nota. "Yo no busco notoriedad, a mi los medios me llaman", dice ella, que siempre los atiende.

El cambio fue tras su renuncia del Codicen en 2010, alegando que se ocupaban puestos por afinidades políticas más que por idoneidad técnica. "Yo pedí autorización para hacer declaraciones a la prensa tras mi renuncia. Se me contestó con el artículo de la Constitución que habla de la libertad de expresión", dice.

Ex alumnos, ex docentes y ex funcionarios ven, en la actitud de la directora, el legado de una línea que desde sus inicios -a fines de la década de 1950 se mudó a su ubicación actual- estuvo en el liceo.

años de lucha. La rebeldía no es nueva en el Bauzá. En la década de 1960 fue uno de los liceos que se embanderaron en causas como el boleto estudiantil o la lucha contra el inminente golpe de Estado. En la década de 1990 fue uno de los primeros en ocupar, protestando contra la reforma de Rama.

Ex alumnos, que asistieron a fines de la década de 1960, recuerdan que las asambleas estudiantiles no interrumpían los horarios de clase. Y que, aunque allí se comenzaban a perfilar focos de la izquierda así como de la Juventud Uruguay de Pie (JUP), la disciplina se mantenía. "Los alumnos permanentemente tenían asambleas, pero cuando tenían que entrar a clase entraban", dice Ricardo Garzón, ex docente del Bauzá y ex funcionario del Ministerio de Educación y Cultura.

Algo así recuerda también Carmen Tornaría, ex consejera del Codicen, y que fue alumna y adscripta de la institución. "El director, Walter Schettini, era de esos directores que cuando había profesores que llegaban tarde, los esperaba en la puerta del salón de clases", dice.

Ya desde entonces la movilización estudiantil era importante. "Me acuerdo de los carteles que decían `El Bauzá presente` en las movilizaciones. Siempre estaban, un liceo movilizado siempre", dice el ex secretario general de Secundaria, Robert Silva. El Bauzá fue uno de los primeros en ocupar en contra de la reforma de Rama. Y, recuerda Silva, fue el único donde se logró identificar a todos los estudiantes que habían participado de la medida. Algo que el Codicen había querido hacer en todos los centros ocupados, sin éxito. Y que en ese caso se logró por disposición de la directora, que por entonces era Bianchi.

Ya fuera por herencia o ansias de perfil mediático (como le achacan varios) el liceo Francisco Bauzá ya trazó un camino propio en Secundaria. Seguirá siendo el "liceo rebelde". Y por ahora no hay atisbos de que eso vaya a cambiar.

6.000

estudiantes tenía el liceo Bauzá cuando Graciela Bianchi se fue de la dirección, en 2005.

3.000

estudiantes tiene hoy el centro educativo. Las clases, según los docentes, rondan los 30 alumnos.

64%

era la deserción en el turno nocturno, a fines del año pasado. Se elaboran los datos de este año.

90%

de los alumnos de cuarto año tienen un nivel insuficiente, según dijo Bianchi a El País en junio.

3

policías custodian las cercanías del liceo Francisco Bauzá, ubicado en el corazón del Prado.

Batallas

Video polémico

Esta semana el director general de Secretaría del MEC publicó en su página de Facebook un video en el que se ve una reunión entre la directora Graciela Bianchi y un grupo de estudiantes. Bianchi les dice, casi a los gritos, frases como "acá mandamos los adultos y no ustedes". A una estudiante le grita: "no me tutees".

Al cierre de esta edición la directora ya había contestado. Y la subsecretaria del Ministerio de Educación, también. A El Observador le había dicho que el liceo "está mal gestionado y genera desorden". No adelantó si habrá sanciones para Álvarez o Bianchi.

Casi a juicio

Tras un "paro activo" de los docentes reclamando mayor seguridad, el Ministerio del Interior envió un policía del servicio Comunidad Educativa y un efectivo de la jefatura a resguardar, en distintos horarios, la puerta del liceo Bauzá. Pero en medio de esto, el ministro Eduardo Bonomi presentó una denuncia ante Secundaria contra la directora Graciela Bianchi. Dice que ella arengó a los alumnos en contra de la Policía. Bianchi pidió que se rectificara y lo amenazó con un juicio que, finalmente no hará.

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