FABIÁN MURO
En 2005, el recién asumido gobierno de izquierda y el Pit-Cnt tuvieron la primera de varias coincidencias: había que sindicalizar a los policías. Ambos colectivos tenían sus imperiosas razones.
Para el Ejecutivo, que es el patrón en este caso, autorizar la sindicalización representaba no sólo congraciarse con un grupo siempre desplazado, sino también combatir la corrupción policial que, consideraba, contaminaba una oficialidad que estaba políticamente en las antípodas de la izquierda.
Para la central de trabajadores -además de "entrarle" a años de corrupción, como dice uno de los artífices de esa coincidencia entre obreros y gobernantes- también estaba el seductor botín de miles de nuevos afiliados con sus respectivos aportes: hoy el movimiento sindical policial va camino a convertirse en uno de los más poderosos dentro de la central.
El encargado de concretar esa titánica idea por el lado de los trabajadores, fue Gustavo Signorele, dirigente del sector de funcionarios judiciales. El líder sindical había echado un vistazo al mundo policial desde los juzgados penales, y había sido uno de los encargados del frente sindical del MLN, organización que abandonó en 1989. Signorele estaba convencido que una vez organizados, los de azul estarían no solo más concientizados, sino también en mejores condiciones de denunciar a sus superiores sin los riesgos que acarreaba hacerlo a la intemperie, sin el respaldo de una organización.
Ahí los que mandaban eran los oficiales y las reglas permitían, según se quejaban algunos funcionarios, que la autoridad se ejerciera de manera un tanto caprichosa. El procedimiento indicaba, por ejemplo, que todas las denuncias contra un superior, por hechos de corrupción -o abuso de poder o acoso sexual, o cualquier cosa- debían hacerse por escrito y, justo, entregarse al jerarca denunciado. Así, el trámite no siempre avanzaba.
Por eso, el Ministerio del Interior fue generando medidas como la eliminación del arresto a rigor, la detención por averiguaciones y habilitó la creación de los sindicatos policiales. Así, dicen los analistas, consiguió que los subalternos no tuvieran miedo de las represalias en caso de denunciar irregularidades. Durante la gestión de Daisy Tourné se dedicó un equipo de tres personas para enseñar a los policiales cómo era eso de agremiarse.
Fue un proceso de unos tres años, porque, estaba claro, no era sencillo. El vínculo entre los uniformes azules y los sindicatos nunca fue muy fluido. Es más, había una desconfianza mutua que se expresaba en el uso de los motes "represores" y "subversivos". Había que dejar la óptica "setentista" que separaba a los trabajadores de los policías para encarar el proceso de agremiación.
Hoy, con dos subjefes de Policía procesados por haber cobrado por servicios 222 que nunca se realizaron, una seccional allanada y varias investigaciones en curso (ver recuadro), la interna policial está conmocionada y expectante. Los involucrados en aquel acuerdo entre el gobierno y el Pit-Cnt, se consideran responsables de esta suerte de purga policial.
En un comunicado emitido por el secretariado de la central obrera y el Unión de Sindicatos Policiales (USIP) en agosto del año pasado, se denuncia la corrupción policial de una manera contundente. La lista completa: "Los abusos y los robos, el manejo indebido de las horas de 222 y sus controles, los móviles a disposición de los Jefes y oficiales, los abusos de poder y sanciones desmedidas, las jodas de las carnicerías, las chacras policiales, las farmacias, las colonias y parques de vacaciones, los manejos indebidos de los vales de nafta, los acosos morales y sexuales, los desbordes de autoridad, la falta de condiciones laborales y de vida digna de un trabajador, el respeto y la dignidad de los subalternos; los arreglos con las bocas de venta de pasta base, con las casas de masajes, la mafia de las empresas de seguridad, la vista gorda con el contrabando y los servicios por 223".
Esas prebendas e irregularidades son la materia prima de las denuncias que se hacen ante el Ministerio del Interior, el Ministerio de Trabajo, la dirección de Asuntos Internos y los juzgados penales. Casi siempre, las denuncias parten de policías pero son tramitadas formalmente a través del sindicato.
La irrupción de los sindicatos policiales "transparentó" algunas cosas, opina el ex policía Robert Parrado, hoy psicólogo, consultor y analista de temas de seguridad pública. El hecho de que los subalternos pudieran agremiarse, agrega Parrado, tuvo consecuencias que van más allá de las reivindicaciones por salarios, horarios y condiciones de trabajo. "Al tener un espacio formal para socializar, los agentes intercambian información", dice Parrado. Y cuando la información es comprometedora, puede generarse una denuncia.
Para eso hay que romper el círculo de confianza establecido por el jerarca. Cada jefe tenía la potestad de nombrar dos subcomisarios de confianza. Eso puede generar un ámbito signado por lealtades que puede ser complicado de penetrar. Pero una alta fuente del Círculo Policial -la organización que tradicionalmente aglutinó a los cargos más altos- relativiza estas potestades: "El comisario va a tratar de armar un equipo de su confianza y va a nombrar a aquellos subcomisarios que estime necesarios para la gestión de la comisaría. Y por ahí puede pedir a un bandido, puede ser. Pero esto no es a la bartola". A lo que alude el oficial es que se trata de cargos institucionales y las designaciones están sujetas a variables como disponibilidad y negociaciones. "Tan fácil no es", agrega. Una idea manejada por el gobierno y el Pit-Cnt era cortar esa cadena de mando "viciada".
Con todo, la mayoría de consultados para esta nota coinciden en que los integrantes de los sindicatos constituyen una valiosa red de informantes para sacar a la luz comportamientos ilegales o abusivos. "No tengo la menor duda que la sindicalización de los policías ha incidido en que hoy muchos se animen a denunciar hechos de corrupción", dice a Qué Pasa el coordinador del Pit Cnt, Juan Castillo.
La directora de la oficina de Asuntos Internos María Estela González, por su parte, confirma que las denuncias por hechos de corrupción contra jerarquías policiales se han incrementado y que son los sindicatos los que efectúan esas denuncias: "No las hace el individuo, sino la corporación". González se excusa de hablar sobre las investigaciones en curso porque éstas son "doblemente" confidenciales: el primer nivel de confidencialidad es de Asuntos Internos y el segundo nivel del Poder Judicial que lleva adelante la investigación.
POLÍTICA. Desde el lado de los oficiales, la existencia misma de los sindicatos sigue siendo resistida. Lo de las denuncias de corrupción, dicen, es puro "pamento". "Es ruido. Lo único que hace es distorsionar el trabajo de la Policía. Los sindicatos fueron formados para introducir la lucha de clases en la Policía", dice otro jerarca del Círculo Policial.
La fuente señala que los dos subjefes que fueron removidos de sus cargos por irregularidades en el manejo de horas del servicio 222, "cayeron" porque fueron detectados por la Contaduría General de la Nación, no por denuncias sindicales.
El ex inspector principal José Luis Pereyra Roldán tampoco cree que los sindicatos sirvan para "limpiar" a la fuerza policial de corruptos. Como la fuente del Círculo Policial, Pereyra Roldán está en desacuerdo con que se haya abierto la posibilidad de que los subalternos se agremien.
Es que una lucha de clases entre policías, como la que promovieron los gobiernos de izquierda y el Pit-Cnt, es una fuente de preocupación para algunos integrantes del Círculo Policial. Para Signorele, sin embargo, es lo más natural del mundo: "Sí, claro. ¿Dónde no hay la lucha de clases? ¿Hay algún lugar donde no haya lucha de clases? ¿Por qué la Policía iba a ser una isla?", se pregunta retóricamente. Signorele acusa al Círculo Policial de apañar a corruptos y de haber sido siempre un operador para la derecha.
DIVIDIDOS. Sin embargo, si la estrategia del Pit-Cnt efectivamente apunta a crear una conciencia para fomentar una lucha de clases entre subalternos y oficiales, por ahora los sindicalizados corren con una desventaja: están claramente divididos. En seis años, el movimiento sindical policial se atomizó en 10 agrupaciones distintas y con planteos diferentes.
La ex ministra Tourné recuerda que durante su gestión había tres personas del ministerio especialmente dedicadas a la tarea de guiar a los noveles sindicalistas policiales en la nueva realidad. Acostumbrados a verticalismos, los policías se hallaban en situaciones desconocidas y no había experiencia acumulada para la solución de problemas que otros sindicatos hacían con facilidad. En parte, esa falta de conocimiento atentó desde el principio contra la unidad de acción.
El movimiento sindical policial se bifurca en dos vertientes: la Unión de Sindicatos Policiales (USIP) y el Sindicato Único de Policías del Uruguay (SUPU). La USIP reúne a nueve agremiaciones distintas, con varias como Conasip y Simpolur de alcance nacional, lo que significa que tienen filiales departamentales. Ese laberinto de siglas e instituciones organiza a unos 6.500 policías. Del otro lado está el SUPU, con unos 4.500 afiliados. El SUPU tiene la mayor cantidad de adhesiones, pero también afilia a policías que ya se retiraron.
Además de conseguir que esas dos vertientes acuerden, hay que integrar a tres gremios que hoy forman parte de COFE -Bomberos, funcionarios del Ministerio del Interior y los recientemente formados "Los Pitufos" (trabajadores de las cárceles, denominados así por el color de su atuendo)- y dos gremios que están fuera de todo, incluso del Pit-Cnt: los funcionarios de Aduanas y Migraciones.
El presidente de SUPU, Luis Clavijo, el sindicato con mayor cantidad de afiliados, cuenta que las divisiones empezaron muy poco tiempo después de que los sindicatos se formalizaron. "Para mí, se trata de acceder a parcelas de poder. Y a ganar dinero", opina Clavijo sobre las causas que llevaron a la atomización del movimiento sindical.
Patricia Rodríguez de la Unión de Sindicatos Policiales, acusa al SUPU de demorar el proceso de unificación de las múltiples organizaciones sindicales de la policía que lleva adelante el Pit-Cnt. "Están pateando la pelota para adelante", dice y acusa a los liderados por Clavijo de sindicato "amarillo" y de reunirse con la patronal en términos que otros sindicatos rechazarían.
UNIDAD. Ante ese panorama, la meta del Pit-Cnt de llegar a mayo con una federación que abarque a todos aparece, por lo menos, complicada. Hay que conseguir que los que están en algunos de los diez sindicatos ya formalizados se unan.
Además de Signorele, en esa tarea están también José Fazio, dirigente del gremio del transporte (Unott) y Gabriel Molina, de Sutel, el gremio de Antel.
"Todo va a depender de las discusiones que se están realizando, que a veces se tornan difíciles", dice Fazio sobre el encargo de unir el desperdigado conjunto de organizaciones.
Pero Fazio también sabe que tiene un incentivo poderoso para poner orden en las hasta ahora desordenadas filas policiales: de no acordar, no se entra al Pit-Cnt. La perspectiva de volver a la intemperie es poco alentadora para quienes hasta hace seis años podían ser sancionados con un arresto a rigor con privación de libertad y no tenían muchos lugares a los que acudir con sus descargos.
De lograr unir todas las voluntades e intereses, la flamante federación contaría con uno de cada tres policías en actividad como afiliados, ya que entre SUPU y USIP se ronda los 10.000 policiales. Y a la luz de las conquistas laborales conseguidas hasta el momento (ver recuadro), hay quienes ven como realista aumentar la tasa de afiliación hasta llegar a los 30.000 policías en actividad. Eso lo convertiría, junto con Magisterio y Bancarios, en uno de los sindicatos más numerosos del movimiento.
Cómo puede repercutir en el movimiento sindical el peso de una federación con 30.000 afiliados, armados y con un pasado de represión sindical es algo que no preocupa a la cúpula de la central de trabajadores ni, por lo visto, al gobierno.
El razonamiento de los dirigentes de la central sindical es que es mejor tener a policías adentro del Pit-Cnt que afuera. Esa actitud, además de inclusiva, habilita también al control de la fuerza laboral. Y ahí es donde reside uno de los puntos claves que separan a USIP y a SUPU.
De acuerdo a Clavijo, se trata de una estrategia de dos partes, la central obrera y el actual Ministerio del Interior, para tener bajo su influencia al movimiento sindical policial. "Y nosotros nos oponemos a eso. Pensamos que un sindicato policial es uno especial, no es cualquier gremio. Nuestro ejemplo es el modelo español, que está por fuera de la central obrera", dice Clavijo y agrega que el Pit Cnt quiere acelerar el tranco en un proceso que debería ser más lento. Y acusa a la central obrera de pretender transformar a los sindicatos policiales en un "mini-Pit-Cnt".
Para Signorele, eso no es una acusación. Por el contrario, es un ejemplo a seguir. Él mismo lo dice: "a imagen y semejanza del Pit-Cnt". Pero hay más razones para avanzar en el proceso de unificación. Por un lado, contribuiría seguir trabajando en concientizar a las masas y sumarlas a la causa de los asalariados.
Y de paso, -detalle no menor- a seguir denunciado casos de corrupción. Porque para Signorele, falta mucho por hacer en ese tema: "¿Del 1 al diez? Hasta ahora, se ha llegado hasta tres". u
11
sindicatos policiales -algunos con filiales- conforman el atomizado mapa de los gremios de azul.
10.000
afiliados a los sindicatos es lo que estiman fuentes gremiales, o uno de cada tres policías.
Conquistas uniformadas
Con la habilitación para formar sindicatos, una actitud relativamente benévola de las autoridades del Ministerio del Interior y una opinión pública en parte sensibilizada a los reclamos policiales como forma de paliar los síntomas más graves de la inseguridad, los uniformados consiguieron varias metas. Además de aumentos salariales, en los siete años que ha gobernado la izquierda, se llevó a cabo una reforma para satisfacer el reclamo de años: desmontar el Servicio 222. El paulatino proceso ha sido más lento que lo que muchos policías desean, pero poder contabilizar esas horas como base para una futura jubilación fue interpretada por los sindicatos policiales como un avance sustancial. Otro logro fue eliminar el arresto a rigor con privación de libertad, aunque ese ha sido una victoria a medias.
Porque si bien se eliminó esa medida, la misma fue sustituida por la Circular 12: en vez de privar de libertad al agente, se descuenta parte del sueldo por los días que el jerarca decide aplicar la sanción. Eso sí, aunque se le descuente del sueldo, el agente debe ir a trabajar. Gustavo Signorele estalla: "¡Eso es inconstitucional!", dice.
El líder sindical dice a Qué Pasa que se le estaban dando los últimos retoques a una nueva reglamentación que dejará establecidas en qué consisten las transgresiones y qué sanciones acarrea en caso de que amerite una.
"Yo he visto sanciones por `exceso de alegría`. Eso es inadmisible", dice.
EN TRES DEPARTAMENTOS
Se investiga
CANELONES:
De acuerdo al secretario general de la Asociación Sindical de Policías de Canelones Fernando Bazzano, actualmente hay cuatro denuncias -hechas ante la oficina de Asuntos Internos- sobre hechos de corrupción que se están investigando. "Una licitación para comprar materiales informáticos, la gestión de la chacra policial, otra con el taller policial y otras por manejo irregular de vales de nafta". Las denuncias involucran a varios ex jerarcas policiales del departamento canario.
DURAZNO:
La Asociación Independientes de Policías de Durazno (Aipod) denunció al subjefe de policía de ese departamento por cobrar por servicios 222 que nunca fueron realizados. La investigación está en curso y en manos de la Justicia.
CERRO LARGO:
El gremio policial de Cerro Largo (Afupocel) denunció que el jefe policial de ese departamento, Alberto Camacho, utilizó armas de la Policía para cacerías de animales protegidos. También lo hizo por el uso de camionetas de una seccional para fines privados. La denuncia se hizo a partir de información entregada de manera anónima.
(Producción: Patricia Mango, Canelones, y Néstor Araújo, Melo)
Los gremios y sus divisiones
USIP
Entre los nueve sindicatos que conforman la Unión de Sindicatos Policiales y que reúne a unos 9.000 miembros, la corriente que marca el ritmo es Articulación, identificada entre analistas como afín a los gobiernos de la izquierda. Aún así, hay dentro de la corriente sindical posturas menos conciliadores con el oficialismo, representadas por dirigentes como José Fazio y Marcelo Abdala. Dentro de USIP y como uno de los sindicatos policiales de alcance nacional, está la Conasip, señalada como afín a los intereses del Partido Comunista.
SUPU
El gremio con mayor cantidad de miembros cotizantes, aunque también afilia a policías retirados. Se definen como "ex Articulación" y entre otras cosas llevan adelante una demanda contra el Estado por haberes presuntamente mal liquidados junto al Círculo Policial, lo que les ha valido el mote de gremio "amarillo" por parte de portavoces de USIP. El presidente Luis Clavijo dice que la demanda junto al Círculo Policial es por motivos puntuales. El SUPU, además, ha denunciado a otros sindicatos por corrupción en Rocha y Montevideo.
EN EL LIMBO
Hay una organización que por ahora funciona por fuera de las estructuras sindicales convencionales: la Asociación de Funcionarios de Aduana (AFA). Y seguirán ese limbo, a juzgar por lo que dicen Gustavo Signorele y José Fazio. "No han habido invitaciones formales para que se integren", dice Fazio a Qué Pasa. Otra organización que no está en USIP es la Confederación Uruguaya de Policía (CUP). La CUP se formó cuando siete sindicatos distintos se apartaron del cobijo del Pit Cnt, pero según Signorele ya regresó.