Cada mediodía Elisabeth Suárez sube a sus dos hijos a la moto y recorre los doce kilómetros que separan al paraje Cuchilla Seca, en San José, de la villa de Cardal en Florida. Lautaro, de seis años, y Martín, de 10, iban a la escuela rural número 29 de Arroyo de la Virgen en San José, cercana a su casa de Cuchilla Seca. Pero ya no: un temporal le voló el techo a fines de 2009. Y nada volvió a ser igual.
Esta es una de esas historias donde la burocracia y la desidia estatal terminan perjudicando a un grupo de niños y padres que viven en un remoto paraje y no tienen otra salida que sentarse a esperar que alguien haga algo.
Cuando se voló el techo de la escuela, en el límite entre San José, Florida y Canelones, el Consejo de Educación Primaria no mandó repararlo de inmediato. El tiempo pasó y -como ya se veía que la cosa iba para largo- a mediados de 2010 las autoridades resolvieron que los siete alumnos iban a tener clase en la escuela de Cardal, que les prestó un salón, donde conviven con el mobiliario de la vieja escuela.
De los siete niños que antes iban a Arroyo de la Virgen, ahora van cuatro a la de Cardal. Otros tres van a otra escuela que les queda un poco más cerca de su casa, pero volverán a Arroyo de la Virgen si la escuela reabre.
Pero no está muy claro que eso vaya a suceder alguna vez, porque el viejo edificio se deteriora mes a mes debido a ese enorme agujero que tiene en el techo. Y, además está abandonada, con el pasto largo todo alrededor. La puerta fue forzada y rompieron las ventanas: le han robado la instalación eléctrica que se había realizado a nuevo hace no mucho tiempo, y también fueron robadas otras cosas, como las cisternas de los baños.
Elisabeth no quiere seguir haciendo todos los días 48 kilómetros para llevar a sus hijos a clase e irlos a buscar pero de a poco empieza a perder las esperanzas.
Nadie le ha dicho nada a ella ni a los demás padres. La última noticia oficial que recibieron fue una visita de una arquitecta del Codicen el año pasado, que hizo un estudio del estado de la escuela y le dijo a los padres que se había perdido el expediente y que por eso había que empezar de cero otra vez.
El director de Educación Rural de Primaria, Límber Santos, tampoco sabe qué pasará en Arroyo de la Virgen. Por correo electrónico, Santos dice que la decisión sobre el futuro de la escuela no está bajo su órbita. "No creo que la escuela la dejen abandonada -explica- ya que eso estaría en contra de toda la política educativa respecto a las escuelas rurales que expresa que no se pueden cerrar a menos que se queden sin niños".
En la inspección departamental de San José no están tan seguros de que la historia tenga un final feliz. El inspector departamental, Osvaldo Larrea, asumió este año en el cargo y dice que el problema es real y le preocupa. "Hasta el momento la escuela no ha sido incluida dentro del plan de reparaciones generales", dice el funcionario. "El local se ha ido deteriorando. La escuela en este momento no está en una condición siquiera aceptable".
De hecho, el inspector estima que el deterioro es tal que seguramente requiera una obra nueva y eso no puede ser resuelto por su inspección, sino por el Consejo de Educación Primaria. Pero Larrea admite que, si el techo se hubiera reparado de inmediato en 2009 o a inicios de 2010, el costo hubiera sido mucho menor.
"El techo se voló a fin de ese año y en el receso el tema se fue quedando, quedando, y no sé qué pasó, no sé por qué no se reparó", lamenta el inspector. Y luego ensaya una explicación: "Por alguna razón no hubo tiempo de reparación, empezaron las clases y los niños fueron ubicados en esa escuela de Cardal. Y ahí quedaron. Como la situación estaba resuelta para los alumnos, el tema de la licitación para la obra fue perdiendo prioridad".
El asunto se trató el fin de semana pasado en una reunión en San José con la consejera Mirta Frondoy y se maneja la alternativa de que se construya un aula prefabricada. Porque, al parecer, el viejo local de Arroyo de la Virgen ya no tiene arreglo. (S.C.)