Hay una frase, soltada sobre el final de una larga entrevista pocos días antes de la primera vuelta de 2024, que resume quizá como ninguna otra el difícil equilibrio al que ha estado obligado desde un principio una de las piezas claves del gobierno de Yamandú Orsi: el hombre cuya palabra es esperada por los mercados; que es visto por muchos en la oposición como alguien que no desentonaría en un gobierno de signo contrario; que por motivos muy distintos puede ganarse elogios y críticas de un lado y otro del arco político; que cambió desconfianzas por halagos en algunos actores del oficialismo; pero que no escapa a las tensiones y contradicciones de su partido.
Gabriel Oddone, economista de renombre con destacada trayectoria como socio de CPA Ferrere, llevaba apenas unas semanas con el traje oficial de candidato a ministro de Economía y Finanzas en caso de una victoria frenteamplista. Los primeros golpes —para sorpresa de nadie— habían venido desde los sectores más a la izquierda dentro del Frente Amplio. El comunista Juan Castillo, ahora ministro de Trabajo, había planteado que no era “la mejor expresión” para la conducción económica de un gobierno de izquierda. El socialista Gonzalo Civila, ahora ministro de Desarrollo Social, había dicho que algunas opiniones de Oddone generaban “inquietud” en la militancia. La actual senadora Constanza Moreira lo ubicaba como un “representante del gran empresariado” y pedía en cambio un nombre con peso político.
La consulta era cantada. ¿Cómo pensaba sobrevivir a esa interna caliente, con posturas aparentemente irreconciliables, sin un sector propio ni votos ni experiencia en la política activa?
—Las papas se van a tener que acomodar en el camino, o no, y yo saltaré por los aires —respondió en ese entonces en un reportaje publicado por el semanario Búsqueda—. En principio, no es algo que me preocupe mayormente, porque hay un programa suficientemente amplio como para que entren visiones diversas, y depende de quién está al frente encauzando las cosas.
Casi dos años después de esas palabras, puede decirse que las papas se han acomodado lo suficiente como para que Oddone no salte por los aires.
En esa amplia casa que es la izquierda uruguaya —en la que caben desde los que pretenden la disolución de las AFAP hasta los que defienden a ultranza su continuidad; desde los que buscan aumentar la carga impositiva a los más ricos hasta los que lo consideran un obstáculo a la inversión y el crecimiento— Oddone ha encontrado por ahora la fórmula del delicado equilibrio.
Pasó en su primer año la prueba de la ley de Presupuesto, que se aprobó con los ajustes impositivos impulsados por el ministerio —criticados por la oposición y celebrados por los sectores más de la izquierda del Frente Amplio, aunque quisieran más—, y acaba de presentar una extensa ley de promoción de la competitividad de espíritu desburocratizador que, de acuerdo a lo que han sido las primeras reacciones, bien podría contar con el apoyo de todo el arco político.
Pero que no haya saltado por los aires no quita que haya tenido que sortear momentos de tensión, algunos de ellos con un desenlace aún incierto y de impacto fiscal por ahora vidrioso, como las reformas al régimen de seguridad social y las pulseadas por un aumento del gasto en un contexto de restricción presupuestal.
En la jornada de mañana, el ministro de Economía será interpelado por primera vez, con el senador blanco Sergio Botana como interpelante, y una agenda de discusión bastante amplia, que va desde los ruidos generados por las propuestas de cambios al régimen de las AFAP hasta la marcha general de la economía.
Mientras que en el oficialismo —desde el piso 11 de la Torre Ejecutiva hasta los sectores en un principio más desconfiados de su figura— remarcan el apoyo con el que cuenta el ministro más allá de las pulseadas por la agenda económica, en la oposición se dejan entrever dos modos de pararse ante el ministro de Economía: los que lo ven como un “matafuegos” o el aliado ideológico en el corazón del Ejecutivo; y los que llaman en cambio a criticarlo, más allá de lo que puedan ser sus intenciones, como pieza clave de lo que consideran un gobierno de rumbos equivocados.
Algo de eso se verá en el debate del lunes en el Parlamento, pero como antesala, aquí un repaso de cómo llega Oddone a esta instancia y qué evaluación hacen de él sus pares en el gobierno y los dirigentes de la oposición.
La interpelación como antesala de la rendición
El senador blanco Sergio Botana interpelará mañana lunes al ministro Oddone, en una instancia que ni oficialismo ni oposición querían inicialmente. La oposición promovió la convocatoria del ministro en régimen de comisión general para responder sobre los cambios propuestos en el régimen de seguridad social, la marcha general de la economía y la designación de Silvia Rodríguez Collazo en el Consejo Fiscal Autónomo. El Frente Amplio no dio sus votos para ese llamado –entre otras razones, por entender que en pocos días el MEF concurriría a presentar la Rendición de Cuentas– y la oposición retrucó con una interpelación, moción para la que no precisaba los votos oficialistas.
Botana dijo que “la economía del país está en una situación por demás compleja, vulnerable y de absoluto riesgo”. Entre los puntos en los que ahondará la oposición está la falta de números precisos sobre las propuestas para el sistema previsional y la sobreestimación del crecimiento en la ley de Presupuesto.
La bancada frenteamplista se reunió con Oddone el miércoles pasado y en esa instancia de coordinación no hubo mayores críticas a la gestión económica, según las fuentes consultadas.
El salto
Gabriel Oddone desembarcó formalmente en la política en 2024, cuando a pocas semanas de la primera vuelta, Orsi lo confirmó como su nombre para ocupar el Ministerio de Economía y Finanzas.
No es que la política le fuera un territorio ajeno ni mucho menos. Hijo único en un hogar intelectual —sus padres, Juan Oddone y Blanca París, fueron destacados historiadores—, el hoy ministro se integró a la Juventud Socialista en los tiempos fermentales del retorno de la democracia, tras un exilio de cinco años en México junto a su familia. Pero al avanzar en sus estudios de Economía —una decisión en la que tuvo que ver el excanciller Enrique Iglesias, amigo de su padre—, resolvió volcarse por la actividad privada y no por la política partidaria, de la que se mantuvo principalmente como observador, más allá de mantener su afiliación con el Partido Socialista hasta 2015.
A inicios del siglo XXI, en momentos en que el Frente Amplio llegaba por primera vez al poder, y los elencos técnicos de la izquierda asumieron los principales puestos de decisión, Oddone permaneció en el sector privado y fue un puntal del crecimiento de la firma CPA Ferrere y su área de consultoría, junto a su socio de la vida Bruno Gili.
Desde su lugar como socio de CPA, se convirtió en uno de los economistas más respetados del país. Ese estatus, sumado a su nunca ocultada cercanía con el Frente Amplio, llevó a que más de una vez lo tentaran con un salto a la política o la gestión pública.
La respuesta, durante mucho tiempo, fue negativa, incluyendo en 2019, cuando Daniel Martínez lo sondeó como eventual ministro de Economía. Para las siguientes elecciones, algunas circunstancias habían cambiado: el retiro obligado de CPA al cumplir los 60 años, en 2023, puso en el horizonte próximo la posibilidad de cambiar de rol, al tiempo que Yamandú Orsi se consolidó como una figura presidenciable con la que encontraba amplias coincidencias y sintonía para trabajar en sociedad.
De a poco, Oddone comenzó a sellar una confianza con el entonces intendente de Canelones y otros nombres clave del MPP, como Alejandro “Pacha” Sánchez, hoy secretario de Presidencia. “Empezamos a construir una relación hace unos tres o cuatro años y se dio un proceso de aprendizaje mutuo. Nos fuimos quitando prejuicios, porque él también podía venir de una visión de que los culpables de todo éramos nosotros. Generamos una serie de asados, reuniones, charlas, que fueron conformando una confianza”, relató Sánchez en un perfil publicado en esta sección tras la victoria frenteamplista de 2024.
Surgió así una alianza no demasiado obvia en años anteriores: lejos de la dicotomía entre “mujiquismo” y “astorismo” que primó a mediados de la primera era frenteamplista, los exponentes de la nueva barra del MPP que tomaba la posta ante el alejamiento del expresidente José Mujica se convertirían en el respaldo político de un economista que siempre se definió como “liberal de izquierda”, identificándose con el legado del exministro de Economía y exvicepresidente Danilo Astori.
La pregunta era —y para algunos, sigue siendo— si eso podía funcionar.
“Mandato”
Si algo tuvo claro Oddone desde un principio es que en política manda quien tiene los votos. Eso implica, dicen los que lo rodean, saber hasta dónde llega su “mandato”, por utilizar un término frecuente en el léxico del ministro.
La confianza de Orsi le dio una considerable libertad para armar los elencos del equipo económico, tanto en el ministerio como en otros puestos clave, desde la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) hasta el Banco Central (BCU), en donde acercó a Guillermo Tolosa, un economista ajeno al Frente Amplio que había asesorado al Partido Colorado en la campaña de 2024.
Algunas expresiones iniciales de Oddone —como su postura afín a la desindexación de los salarios o su reticencia a priorizar la flexibilización de la edad de jubilación— le generaron unas primeras escaramuzas públicas con referentes del gobierno, y eso alimentó en un comienzo cierta incertidumbre sobre su nivel de respaldo.
Pero a lo largo del primer año de gobierno, ese fuego amigo siempre latente estuvo relativamente contenido, con un oficialismo que priorizó la aprobación del presupuesto en un contexto de falta de mayorías en Diputados, y se abroqueló en la crítica a la herencia fiscal del gobierno de Luis Lacalle Pou.
También con Orsi y el MPP como aliados de la línea del ministro, el gobierno buscó bajarle el perfil a los insistentes reclamos por izquierda en pos de iniciativas como el impuesto al 1% más rico, una bandera a la que hasta hoy no renuncian el Pit-Cnt y sus sectores más afines en el Frente Amplio.
Agendas paralelas
La mirada menos complaciente con la conducción económica —un enfoque que prima en la oposición y entre algunos analistas privados— plantea que Oddone, a pesar de sus esfuerzos, es en los hechos “incapaz” de contener los impulsos más radicales de la izquierda, desde los cambios a los parámetros jubilatorios hasta propuestas como la ley de preaviso de despidos, la reducción de la jornada laboral o los impuestos a los más ricos.
En el empresariado, al igual que la oposición política, también hay quienes le cuestionan su reticencia a reducir el gasto del Estado —el argumento reiterado por Oddone, incluso en las reuniones con fondos de inversión, es que la izquierda “no tiene un mandato” para hacer recortes y que el enfoque “motosierra” no es el adecuado—, mientras que en el oficialismo la presión es la contraria, hacia un aumento de las erogaciones.
Esas tensiones tuvieron un primer reflejo en el mes de mayo, cuando el Diálogo Social, coordinado por OPP, aprobó sus recomendaciones que incluyó, entre otras, la posibilidad de quitarle a las AFAP la administración de las cuentas de ahorro, acotando su rol a la gestión de las carteras de inversión.
Ahí se vio al Oddone más combativo hasta ahora. Acababa de retornar de reuniones con inversores en Washington, Estados Unidos, y la filtración —por parte del Pit-Cnt— de las recomendaciones de cambios al régimen de AFAP tomó al ministro con la guardia baja.
El ruido escaló rápido: a los cuestionamientos de la oposición por todo lo alto se sumaron las propias AFAP (a través de su gremial), analistas privados (entre ellas, la consultora de la que Oddone era socio hasta hace unos años) y distintos fondos de inversión levantaron los teléfonos para preguntar qué estaba pasando.
En una exposición en ADM Oddone trancó fuerte, buscó bajarle el perfil a los cambios recomendados y tildó a los diagnósticos críticos de “temerarios”.
Aunque el ruido en torno a las AFAP se disipó —incluyendo una mesa de trabajo con las administradoras de los fondos—, otros puntos de las recomendaciones del Diálogo Social que sí serán priorizadas por el gobierno —como la flexibilización a la edad de jubilación— también generan alguna inquietud tanto en los mercados como en el debate político.
Las autoridades, incluyendo a Oddone, han sostenido que esos cambios serán “neutros” en términos fiscales, pero hasta el momento han rechazado divulgar los cálculos actuariales y los supuestos en los que se basan. Desde el gobierno se limitaron a decir que tienen la "tranquilidad" de que las estimaciones están fundamentadas y que serán dadas a conocer oportunamente. En principio, está previsto que las modificaciones a los parámetros de la edad jubilatoria se pongan en discusión luego de la Rendición de Cuentas, en la que sí se incluirá un aumento de recursos para primera infancia y la unificación del sistema de transferencias monetarias.
¿Solo o acompañado?
El ministro llega a su primera revisión presupuestal en un contexto de restricciones económicas que acotan el margen de maniobra, pero en su equipo destacan haber logrado impulsar la primera parte de una agenda consistente en “empezar por casa”: esto es, avanzar en aquellas reformas en las zonas de mayor influencia del MEF, desde la política tributaria y fiscal hasta las iniciativas en favor de la competencia.
“Se revitalizaron agencias, se fortaleció Uruguay XXI y ahora se proponen varios cambios ambiciosos para reducir costos de las empresas y la población”, resalta una persona cercana al ministro. “Es cierto que otras reformas en sectores muy relevantes para la competitividad como energía, salud e infraestructura tienen otros costos y dificultades”.
Se trata de áreas que el propio Oddone ha identificado como clave para el “despegue” de la economía uruguaya, pero está menos claro el grado de avance que pueda haber en ese plano, en el que también ha habido algunos desencuentros con otros miembros del gabinete, como la ministra de Industria Fernanda Cardona, más allá de que en el gobierno descartan que haya un mal relacionamiento con ella o algún otro jerarca.
Cuando, después de muchas horas de discusiones, este lunes termine la interpelación a Oddone en el Senado, el ministro saldrá con una nueva señal de respaldo al menos por parte de su bancada pero con varios desafíos e incertidumbres hacia adelante. Las papas se deberán seguir acomodando.