De cara a las elecciones internas

Crónica de un inesperado regreso

El expresidente confirmará su precandidatura en marzo. No descarta esta posibilidad como antes. Dice que la situación cambió porque el Partido Colorado logró levantar en las encuestas tras su salida a la cancha. Y que si Bordaberry hubiera seguido o Talvi aceptado su apoyo, esto no habría pasado.

Julio María Sanguinetti. Foto: Fernando Ponzetto
Julio María Sanguinetti. Foto: Fernando Ponzetto

"La edad cronológica no es tan importante como la espiritual e intelectual”, dice Julio María Sanguinetti y dibuja su típica sonrisa de dientes apretados. Está casi desparramado en uno de los sillones de su despacho, de piernas cruzadas y con la espalda echada sobre el amplio respaldo. Lleva unos puntiagudos mocasines negros, medias grises, pantalón y saco marrón, camisa celeste y blanca, y la corbata colorada.

Las encuestas dicen que es, otra vez, el líder del Partido Colorado. Y eso lo pone feliz: “Da la impresión de que la edad no es un problema para la gente. Lo ven como un sentido de pertenencia, como una lealtad. Yo le he dado mi vida al partido. O sea, la edad está allí, pero no es lo más importante”.

El dos veces presidente nació el 6 de enero de 1936. Tiene 83 años. Y no puede más que convencerse de que la edad no es tenida en cuenta por muchos de los que lo eligen. Quien busque contradecir esto no tiene más que mirar la realidad: en mayo pasado nadie pensaba que él podía volver a la primera línea de la batalla política. Sin embargo, así lo hizo. Sin más recursos que la palabra salió a recorrer todo el país. Al poco tiempo los números ya lo mostraban como el claro ganador de su interna. Pero más allá de esto, el dato más significativo tiene que ver con los sondeos de cara a octubre.

“Algunas encuestas serias nos daban en ese entonces un 5%. Ahora yo veo un ánimo distinto”, dice y sonríe de vuelta. Las cifras hoy colocan al Partido Colorado en el entorno del 15%. Esto, advierte, quizá sea determinante, “porque sin un Partido Colorado fuerte la oposición no puede ganar”.

A la pregunta de si va a ser candidato, Sanguinetti responde con evasivas y dice que eso se sabrá recién a partir del mes que viene. Pero desliza alguna pista.

-Entonces el primero de marzo bien temprano lo estoy llamando -le digo.

-Quizá lo llame primero yo -bromea, enigmático.

La semana pasada un grupo de diputados estuvo en este mismo despacho de Sanguinetti, que está en su histórica casa del barrio de Punta Carretas, para decirle que en el interior se estaban poniendo nerviosos. Que dirigentes de varias agrupaciones quieren tener la confirmación de si se va a tirar, que hay que ordenar listas, diseñarlas y mandar a imprimirlas. Él contestó lo mismo: en marzo se sabrá. Pero lo cierto es que hay optimismo en que se va a presentar.

“No tenemos plan B”, reconoce el exvicepresidente Luis Hierro López, uno de los que lo convenció para que volviera al ruedo. “Esperaremos a marzo”, agrega animado.

Un cambio de postura.

En la edición de El País del 10 de junio pasado, para esta misma sección, se le preguntó a Sanguinetti si iba a ser precandidato. Él fue enfático. “Hace ya 18 años que dije que no iba a ser candidato. No quiero hacer el ridículo. Esta es una pregunta que no quiero responder más”, dijo.

-Ahora es distinto. Ya no lo descarta. ¿Por qué?

-Bueno, en realidad no, yo lo descartaba pero siempre dentro de... (se corta y vuelve a empezar) ¡La verdad es que sí, lo descartaba, no estaba en mi ánimo para nada! Todo esto que está pasando es una resultancia del destino. Le diría más: yo hoy soy una consecuencia, no sé si de forma favorable o como víctima, de decisiones ajenas. Antes el escenario era otro. Si Pedro (Bordaberry) hubiera seguido, todo habría sido distinto. Y si (Ernesto) Talvi hubiera aceptado nuestro apoyo, también.

Empuje: el expresidente planea anunciar que competirá en la interna en febrero o marzo. Foto: Fernando Ponzetto
Julio María Sanguinetti. Foto: Fernando Ponzetto

A inicios del año pasado Talvi parecía ser el hombre que iba a lograr encolumnar al Partido Colorado. Bordaberry no llegó a apuntalarlo públicamente como su sucesor, pero dijo que su incursión a la política le parecía positiva. Talvi era, en realidad, el delfín de Jorge Batlle. Cuando el expresidente murió, este empezó a tener unos encuentros esporádicos con Sanguinetti, que tenía la intensión de apoyarlo en su precandidatura, lo que también le significaba las adhesiones de otros dirigentes históricos como Hierro y Tabaré Viera. Pero Talvi prefirió desligarse; dijo que quería sangre nueva. Y esto llevó a que Sanguinetti saliera al ruedo.

De inmediato el exmandatario se colocó en las antípodas -una vez más- del Frente Amplio, llamó a trabajar de cara a la conformación de un gobierno de coalición con el Partido Nacional, se reunió con Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga (en ese entonces únicos precandidatos blancos confirmados) y les planteó desde ya su apoyo en un posible balotaje.

Llamó a generar acuerdos programáticos de toda la oposición. Salió a pegarles también al Pit-Cnt y a los profesores de secundaria. Volvió a la militancia barrial y a recorrer cada punto recóndito del interior. “Me he encontrado con muchos viejos amigos”, dice ahora.

Empezó a usar las redes sociales, sobre todo aprovechó la herramienta Facebook Live para contestar las preguntas de los usuarios en vivo. Hizo videos junto al humorista Diego Delgrossi, que lo imitaba delante de él, mientras Sanguinetti se reía a carcajadas. También empezó a tener una participación más activa en Twitter.

Todo este derrotero comenzó en mayo pasado y Talvi recién largó después de la Copa del Mundo con su proyecto de renovación. Y lo cierto es que, según lo que marcan las encuestas, ni Talvi ni José Amorín Batlle logran acercarse a Sanguinetti en la interna, incluso pese a que el expresidente aún no haya confirmado su candidatura.

“Fue como patear un hormiguero. Empezaron a salir hormigas coloradas de todos lados”, resume con autocomplacencia.

Para explicar todo este asunto a Sanguinetti le gusta utilizar una frase de José Ortega y Gasset: “Son las verdades del destino”.

-¿Qué significa eso?

-Que hay cosas que aunque a uno no le agraden, las tiene que hacer, porque si no deja de ser uno mismo. Yo pienso esto como una cruzada romántica y de deber con la conciencia. No podía quedarme mirando desde Punta Carretas cómo se iba desfigurando el Partido Colorado. La historia de mi vida está atada al Partido Colorado. Pero desde el principio les dije a mis compañeros que no quería que se hablara de candidaturas, porque incluso hasta ahora candidatura no hay.

-¿Y por qué no?

-Porque es muy común en tiempos de marketing que la gente diga: ‘Quiero ser presidente, me largo de candidato’, y después empiezan a ver si tienen algún voto. Yo soy a la antigua: primero se habla con la gente, se sale a defender una idea, se da nuestra visión del país y del mundo, y después dejamos que el tiempo diga si tenemos o no tenemos apoyo.

Un cambio de ánimo.

Sanguinetti dice que en cada acto se encuentra con algún frenteamplista desencantado. “Esto quizá no quiera decir nada, pero es un fenómeno que se repite. Yo siento, además, que el sentimiento opositor hoy es mucho más fuerte que el oficialista”.

El exmandatario sabe dónde está parado. Piensa en los colorados como un “apoyo” del partido opositor que pueda llegar al poder, pero no se envalentona pensando que pueda ganar la elección. Es que ya se sabe cuál es su estrategia: primero salir a la calle, buscar adhesiones, tratar de convencer, y después ver qué pasa. Los tiempos del marketing no son los de él. Por eso, de largarse, seguro será el último de los candidatos en lanzar su candidatura.

Dato

¿Cómo sería la negociación si hay coalición?

Que haya balotaje es muy probable. Y lo es también que en la noche del 27 de octubre, el partido opositor al Frente Amplio que logre más votos recibirá la adhesión de otras fuerzas políticas. La hipótesis más firme, según marcan las encuestas, es que quien esté en esta situación sea el Partido Nacional.

Y Sanguinetti ya dijo, en una reunión con Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga, que de darse este escenario el Partido Colorado deberá brindarle su apoyo de inmediato. Para el expresidente lo ideal sería que en el tiempo que pase entre las internas y las elecciones nacionales ya se puedan forjar acuerdos programáticos que sirvan para que las negociaciones posteriores se hagan en paz.

“Lo de (el reparto de) los ministerios es sencillo. Ahí siempre hay un predominio del presidente. El gabinete tiene que ser un equipo, puede haber gente de otros partidos pero tiene que haber un sentido de correspondencia. En mis gobiernos hubo ministros que no eran colorados, aun en el primero que no teníamos una coalición estable. Esto se puede hacer, lo que hay que pensar es en que haya un espíritu de equipo, porque si no es así, el gobierno no funciona”, señala Sanguinetti.

El exmandatario no descarta, sin embargo, que pueda haber diferencias. En el gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera, por ejemplo, Sanguinetti se negó a apoyar la Ley de Empresas Públicas, que luego fue derogada en parte a través de un referéndum. “Y bueno, con esa ley no estuvimos de acuerdo y se produjo lo que se produjo. Pero hoy creo que hay más sintonía. Igual, para que no pasen estas cosas, insisto en que el gobierno de coalición tiene que estar armado antes de la elección”.

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