¿Quién paga por las canciones?

Quién se come las manzanas de Rada

Intérpretes y discográficas que editaron los primeros éxitos de los 60 y 70 dejan de cobrar regalías. Artistas —algunos en graves problemas económicos— y asociaciones piden cambios a la ley. La ONG Creative Commons, apoyada por parte del gobierno, sostiene que el acceso a la cultura debe ser libre.

Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

Es 26 de julio de 1969. Ruben Rada se encuentra con Eduardo Mateo en la puerta de El Galpón. Se conocen, hicieron decenas de canciones juntos, pero hace un tiempo se dejaron de ver, luego de que Rada abandonara la banda que formaron juntos, El Kinto, para irse a probar suerte al exterior. Mateo va a tocar ahora y no quiere perder la oportunidad de invitar a su amigo al escenario.

—Solo hay una condición: tenés que cantar una canción inédita —le dice.

—Pero no tengo nada nuevo —contesta Rada, encogiéndose de hombros.

—Andá, componé algo y volvé.

Rápido, doblando la esquina, aparece la inspiración. Un par de vueltas a la manzana y la obra está lista. En el escenario la toca una, dos, tres, cuatro, ¡cinco veces! El público no la deja de pedir. Acaba de estrenar Las Manzanas, su primer hit.

El 28 de agosto de ese mismo 1969 sale el primer simple de Rada. En la cara A, Aquel Payaso, en la B, Las Manzanas. Pocas semanas después edita el LP Rada, que incluye estos y nueve temas más. Al poco tiempo aparecen los primeros cobros por regalías, tanto para él como para los músicos con los que grabó, y para el sello que le brindó su apoyo, Sondor.

Pero esta canción dejará de ser de ellos, al menos en términos económicos. En agosto próximo esta historia cumple 50 años. Rada seguirá cobrando como autor, pero no como intérprete, y el resto de los músicos que aparecen en el disco pasarán a percibir cero peso, igual que Sondor.

Las Manzanas será de todos, aunque el que cobrará por su difusión será uno solo: el Estado. Se prevé que utilice el dinero para el Fondo Concursable para la Cultura, el Fondo Nacional de la Música y el Fondo Nacional del Teatro.

"La música no vale, no existe, no es laburo —dice hoy Rada, sin disimular indignación—. Mis canciones son el patrimonio que tengo para dejarle a mis hijos. Si hubiera sido carpintero, les dejaba una carpintería. Lo mismo pasa con los músicos que tocaron conmigo, ellos no van a cobrar nada. Es humillante".

Un poco de historia.

Antes de que existieran los discos todo era más sencillo. Los creadores cobraban por partitura vendida. Los intérpretes, como tocaban solo en vivo, percibían el dinero que les pagaban en cada bar, teatro o local bailable.

Pero en el siglo XX todo cambió. Los artistas grababan, las canciones quedaban atrapadas en discos y estos eran pasados por las radios o en lugares públicos una y otra vez, sin que ellos vieran un peso. Y encima, como su arte estaba al alcance de la púa de una victrola, eran menos convocados para tocar en vivo.

Todo esto generó un problema laboral. La Orquesta Filarmónica de Viena hizo una huelga y el caso llegó a la OIT. En 1886 se había firmado el Convenio de Berna, que establecía que los autores cobrarían por sus obras durante toda su vida y sus herederos, 50 años después de que estos fallecieran. En 1951, ante la nueva situación, se debió hacer otro tratado: el de Roma. A partir de entonces también se empiezan a reconocer los derechos conexos, que son los que derivan del de los autores: los de los intérpretes y los de las discográficas, que cobrarían regalías hasta 50 años después de la primera edición de las canciones.

Micrófono
Foto: Archivo

Esta perorata parece prehistórica, pero no: el debate está más candente que nunca debido a que los grandes éxitos del rock de los 60 y 70, y muchos discos de folklore, cumplieron, o están por cumplir, 50 años.

Rompan todo.

Es julio de 1964. Llegan a Uruguay The American Beetles —así, con dos "e"—. Son imitadores de The Beatles, pero no lo dicen, juegan a que son los verdaderos. Dan un concierto en el Cine Trocadero. Entre el público está Hugo Fattoruso, que hace unos días recibió de mano de la panadera de la esquina de su casa un simple con Love Me Do, y que sale del show convencido de armar una banda como Los Beatles, y de copiarles la ropa, el jopo, la manera de moverse, pero no las canciones; van a componer temas propios.

Los Shakers tocan hasta 1968, cuando sacan su último LP, La Conferencia Secreta del Totos Bar. Y hoy no cobran nada por su obra, puesto que tampoco perciben dinero como autores, ya que sus temas fueron registrados por un productor, algo que no era nada atípico en esos años.

"Considero un robo que se apropien de algo que no les pertenece. No sé a dónde va a parar ese dinero. Es de terror. Asaltantes con patente. Pensemos como si se tratara de una casa, ¿es justo que en equis años esta pase a ser del Estado, o de un abogado o de Peñarol? Es de terror: 50 años pasan y chas, te sacan todo", denuncia Fattoruso.

En el caso de Los Shakers la situación es crítica, dado que quien fue su baterista, Carlos "Caio" Vila, pasa por un importante trance de salud, y también económico.

Los Shakers firmaron un contrato por el cual perdieron los derechos de sus canciones. Foto: Archivo El País
Los Shakers firmaron un contrato por el cual perdieron los derechos de sus canciones. Foto: Archivo El País

"Nos han estafado desde el comienzo, cuando grabamos el primer disco. Nos enroscaron desde el punto uno del contrato que nos hizo firmar nuestro director artístico. Lo hicieron durante años, y lo hicieron con todos los temas nuestros, con todo el paquete. Y lo siguen haciendo", señala Vila.

"Los derechos de intérpretes muchas veces significan el único dinero que reciben los artistas", resume Gabriela Pintos, directora general y contadora de la Sociedad Uruguaya de Intérpretes (Sudei).

Que el tratado de Berna y el de Roma pusieran límites de 50 años tiene que ver con que la expectativa de vida antes era menor. En el de Berna se fijó este tope porque, decían, correspondía a una vida más tras la muerte del artista. Y en el de Roma se mantuvo el criterio. Pero hoy las vidas son más largas, y un artista que empezó a actuar a los 20 ahora se queda sin cobrar a los 70.

Las legislaciones de los países se aggiornaron ante esta realidad: en Argentina, Brasil y Chile los derechos conexos se cobran durante 70 años, al igual que en toda Europa. En Colombia, 80. Y en México, 100. Pero en Uruguay y Bolivia siguen en 50.

Sudei y la Cámara Uruguaya del Disco (CUD), con el apoyo de la Asociación General de Autores del Uruguay (Agadu), ya hace media década que pelean para sacar una ley que pase los derechos conexos de 50 a 70 años. El proyecto que entregaron a varios legisladores establece que aquellas obras que ya pasaron a dominio público pero tienen menos de 70 años deberán volver al dominio privado. Si esto se concreta, Los Shakers volverán a cobrar.

Dos bandos.

La razón por la que la ley está trancada tiene que ver con un fuerte rechazo de organizaciones como Creative Commons (Bienes Comunes Creativos), una ONG multinacional que milita para que todo lo cultural sea de acceso libre. Su filosofía es fuertemente apoyada por algunos desde el gobierno, como es el caso de la exministra de Industria, Carolina Cosse, que puso todos los contenidos dentro de la web de la cartera con licencia Creative Commons y cualquiera puede utilizar lo que hay allí: fotos, videos y textos.

Existen opiniones encontradas dentro del Consejo de Derechos de Autor del MEC, que está conformado por cinco miembros, y que tres de ellos defienden la difusión libre de contenidos y dos lo rechazan. Ignacio Martínez, escritor y secretario del Consejo, advierte que "con Creative Commons no hay una posición única". Pero marca su postura: "Yo tengo grandes diferencias porque defiendo el derecho de autor. Graban a los 20, les dura 50 y a los 70, cuando más precisan, el derecho cae. Es claro que está mal, hay que arreglar esto", resume.

Desde Creative Commons, Mariana Fossatti dice que pagar 70 años es mucho.

—¿Por qué te parece mucho tiempo?

—Hay que llevar las cosas al dominio público. No puede ser perpetuo. Imaginate que Shakespeare no fuera público, que los herederos sigan cobrando.

—Pero Shakespeare murió en 1616. Acá estamos hablando de músicos que están vivos, como Caio o Fattoruso, de Los Shakers, que no están cobrando nada.

—Es un ejemplo. Yo creo que las obras creativas deben ser parte del acervo de la humanidad. Y para que eso suceda, el derecho de autor, de intérprete y de fonografías deben caducar y pasar a dominio público. Los Shakers pasaron otras injusticias muy grandes. A veces los artistas son explotados, y si esto no fuera así no dependerían de los magros derechos que paga Sudei.

"Ellos quieren todo libre —dice Pintos, de Sudei—. Pero no se dan cuenta de que lo único gratis es respirar. ¿Qué van a hacer los creadores? ¿Van a ir a La Pasiva a pedir un pancho libre? ¡No se lo van a dar!".

¿Cuánto se cobra?

Agadu, Sudei y la CUD tienen un acuerdo por el cual lo que se percibe de derechos por radio, televisión, boliches o fiestas privadas se divide en tres: 60% va a los autores, 20% a los intérpretes y 20% a las discográficas.

Del total que recibe Sudei, 25% vuelve a Agadu pues es el pago que esta recibe por funcionar también como gestión de cobranzas, 23% se va en gastos administrativos, 5% se destina a un Fondo de Extensión Cultural, 2% a un Fondo de Mantenimiento de Obras, 1% a un Fondo de Reservas y 2% a un Fondo de Previsión Social.

Pesos uruguayos. Foto: Archivo El País
Foto: Archivo El País

El restante 42% es lo que se reparte.

O sea que solo poco más del 10% de lo que se recauda llega a los intérpretes.

Esto equivale, dice Pintos, a $ 1.700.000 cada seis meses, que deben repartirse entre 4.500 socios. Se distribuye por dos criterios: 50% por la cantidad de veces que las canciones se emiten (esto se mide a través de una plataforma que se llama BMAT, que funciona parecido al Shazam, una aplicación que reconoce canciones al escucharlas) y 50% por un criterio que se denomina fichero histórico, y que tiene que ver con la cantidad de participaciones en discos que tienen los músicos. En el último pago, que se hizo en diciembre, quien cobró más fue Fattoruso, que recibió unos $ 60.000, dice Pintos. "Él es un caso excepcional, porque lo pasan mucho, ya sea a él solo o en participaciones con otros artistas, y además tiene un muy buen fichero histórico", explica.

"Aparte tenemos un sistema de ranking por el cual se eligen los 120 temas más sonados y los intérpretes de estos reciben un plus. Lo hacemos a ojo y viendo las escuchas en YouTube. Esto les sirve a bandas como No Te Va Gustar, que de repente pueden entrar con ocho temas dentro de ese ranking", explica Pintos.

La contadora dice que en los últimos tres años las recaudaciones han caído más de un 30% anual. Y que esto se debe a dos cosas: a que hay obras por las que ya no están cobrando, por esto de que a los 50 años se vencen los derechos, y a que no reciben nada por lo que se escucha por internet.

Mejor me voy.

Diane Denoir le grita a su novio que se vaya. Está en la puerta de Orfeo Negro, la boîte en Carrasco donde toca El Kinto. Entra y Mateo le pide que cante una canción, ella dice que no. Le pregunta qué le pasa, ella dice que nada. Él insiste, ella se enoja. Discuten. Se dejan de hablar... Ya es de mañana y Mateo le toca el timbre de la casa, saca la guitarra y le canta Mejor me voy, una canción que dice "y si nada sirvo para ti, mejor me voy", inspirada en lo que pasó la noche anterior. Un tiempo después Denoir la graba. Se edita en 1971, en el disco Musicasión 4 y ½. Y en 2021 Denoir perderá los derechos como intérprete de la canción que Mateo le hizo.

"Es una injusticia, porque cuando el artista más lo necesita, cuando no puede hacer tantos shows, encima le sacan esto. Y acá los artistas no tienen jubilación. No solo es injusto, es perverso", dice Denoir.

Pero esto no molesta solo a los músicos de la generación de fines de los 60 e inicios de los 70. Gabriel Peluffo define como "totalmente injusto" que los intérpretes cobren solo por 50 años. Tango que me Hiciste Mal, el primer disco de Los Estómagos, la banda que tuvo antes de Buitres, salió en 1985, y él dejará de cobrar recién en 2035. No obstante, dice que las mayores dificultades las tienen sus antecesores, "porque son de una época en la que muchas veces los productores se quedaban con todo, firmaban por las cosas que no componían, eran contratos leoninos".

Peluffo pide que los intérpretes cobren por 70 años. Foto: Nicolás Pereyra
Peluffo pide que los intérpretes cobren por 70 años. Foto: Nicolás Pereyra

Lo mismo sostiene Diego Drexler, secretario general de Agadu: "Se entiende que cuando un grupo de músicos graba una canción le ponen algo propio a ese tema, por eso es que se paga el derecho de intérprete. No es que estamos inventando algo, es cambiar para armonizar una situación que está pasando en todo el mundo".

"Es un problema que tenemos todos, porque hay autores que no son artistas, como Ruben Lena, que hizo A Don José; y también artistas que no son autores, como es el caso de muchos músicos", dice Mario Carrero, del dúo Larbanois & Carrero.

"Esto tiene una parte muy perversa, y es que nos estamos olvidando de que hay personas detrás de las obras. Y que una parte importante de su supervivencia depende de que le paguen por su trabajo", señala Samantha Navarro. Y añade: "Cada vez que se reproduce una obra se genera algo, es un contenido que les sirve a las plataformas, a las radios, a la tele o al usuario. Distribuir lo que eso genera parece una cosa obvia".

"En todo el mundo se ha extendido el plazo de una manera normal, porque se entiende que la expectativa de vida de la gente es mayor. Hoy hay músicos que tienen 80 años y se siguen subiendo a los escenarios a tocar", dice Mauricio Ubal, que es autor, intérprete, productor (pues está al frente del sello Ayui/Tacuabé) y además preside la CUD. En su catálogo tiene varios discos por los que en breve va a dejar de recibir regalías. Por citar dos, este año caen los derechos de Canto Libre, de Daniel Viglietti, y en 2021 de Todos Detrás de Momo, de Los Olimareños.

Rada se levantó y se fue de charla organizada por MEC

La invitación llegó a las oficinas de Sudei y no lo podían creer. Creative Commons iba a ser orador en el seminario "Mirar lejos: la educación virtual en el siglo XXI desde la perspectiva de los derechos de autor", organizado por el Consejo de Derecho de Autor del Ministerio de Educación y Cultura. La encargada de dar la charla, que se hizo en septiembre pasado, fue Mariana Fossatti, miembro de esta ONG que defiende "la cultura libre", aunque según quienes se paran de la vereda de enfrente son solo "abolicionistas del derecho de autor".

Fossatti dijo que los derechos no pueden ser "monopolio exclusivo y excluyente" del autor. Y sintetizó su idea en cuatro puntos:

—La libertad de usar una obra y disfrutar de los beneficios de su uso.

—La libertad de estudiar la obra y aplicar el conocimiento adquirido de ella.

—La libertad de hacer y redistribuir copias, totales o parciales.

—La libertad de hacer cambios y mejoras, y distribuir las obras derivadas.

Luego de terminar su alocución, Ruben Rada, que había asistido junto a la directora de Sudei, Gabriela Pintos, pidió la palabra. No le dieron un micrófono, pero igual habló. Dijo: "Me voy, porque me siento humillado". Y recibió un fuerte aplauso que continuó incluso ya cuando se había retirado.

Es que la posición de Creative Commons va muy a contrapelo de lo que los artistas reclaman.

"Hay que ver qué pasa con eso del derecho libre, de que la obra es de todos, pero yo creo que la cosa está yendo para otro lado", señala Gabriel Peluffo.

El vocalista de Buitres advierte esto en el sentido de que algunas compañías como Spotify, Apple y YouTube ya empezaron a pagar por la reproducción de discos. El problema ahora está en los montos, que suelen tener cuatro ceros a la derecha de la coma antes de que aparezca un número distinto.

"El problema es que ellos determinan los precios que pagan. Y no hay cómo discutir. Es como que hay que agradecer que te están pagando algo; antes no te pagaban nada", plantea Mauricio Ubal, que preside la Cámara Uruguaya del Disco y que está al frente del sello Ayuí/Tacuabé.

"Tenés que tener un tema que lo escuche todo el mundo, que sea supermasivo, que tenga millones y millones de escuchas, para cobrar algo razonable", explica Ubal.

Diego Drexler, de Agadu, advierte que hoy se está negociando a nivel internacional con las compañías "para que el pago sea más justo".

Pintos, de Sudei, dice que para ella deberían pagar las telefónicas, que reciben ganancias por el trasiego de datos a través de la web.

Ruben Rada.
Foto: El País.

La voz de los artistas.

Ruben rada
Ruben Rada. Foto: Archivo El País
"Se llevan plata que no es de ellos"

"Lo que me pregunto yo es si el señor Ford, a los 50 años de haber fabricado el auto, pierde sus derechos, o si los pierde cuando muere. No entiendo por qué se quieren llevar plata que no es de ellos". (Ruben Rada)

Hugo Fattoruso
Hugo Fattoruso. Foto: Archivo El País
"Esto es un robo a cara abierta"

"Considero un robo a cara abierta que una entidad se apropie de algo que definitivamente no le pertenece. Si una canción fuera una casa y a equis años esta se la quedara el Estado, ¿sería justo?".

Mario Carrero
Mario Carrero. Foto: Archivo El País
“No asimilan al músico trabajador”

“A veces la gente no asimila que el músico es un trabajador y que tiene que cobrar. Acá hay muchos intereses, porque dinero se mueve, el tema es que hay que repartirlo para que llegue a los intérpretes”.

Diane Denoir
Diane Denoir
"No es solo injusto, es perverso"

"Lo de los derechos se arregló en todo el mundo. Es increíble que Uruguay no esté al día. Justo en el momento del declinar de un intérprete es cuando le sacan las regalías. No es solo injusto, es perverso".

Samantha Navarro
Samantha Navarro. Foto: Archivo El País
"Tienen que ganar por su trabajo"

"Los artistas profesionales, que dedican toda su vida o lo más que pueden a esto, tienen que seguir ganando de su trabajo. Las canciones no salen por generación espontánea, hay que trabajar para esto".

Gabriel Peluffo
Gabriel Peluffo. Foto: Archivo El País
"Es la utopía del socialismo"

"¿Y si hacemos lo mismo con el derecho de propiedad? Es la utopía del socialismo. Todo bien, yo me adhiero, pero si todos dejamos todo, repartimos las casas, los autos, todo, pero no solo las canciones".

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