Arroyos en disputa

La Justicia intimó a la Intendencia Municipal de Montevideo a responder sobre qué está haciendo por los arroyos Carrasco, Miguelete y Pantanoso. Ellos dicen que los números los respaldan y están preparando la respuesta. Mientras tanto los vecinos se codean con la basura y piden más.

 20090703 600x452

Eloísa Capurro

El martes llegó a la Intendencia Municipal de Montevideo una notificación por parte de la Justicia. Y fue directo al despacho del director de Desarrollo Ambiental, Néstor Campal. Era un pedido de informes realizado por el fiscal Enrique Viana, y avalado por la jueza Ana María Bello, para saber qué se está haciendo por los maltratados arroyos Carrasco, Miguelete y Pantanoso.

"Ya venía con la idea de hacer esta solicitud porque es una situación que se viene verificando desde hace bastante tiempo", dijo el fiscal. Su intención es que esta causa logre desenvolverse así como sucedió con el Riachuelo en Argentina. Allí a través de una nueva forma de jurisdicción como lo es la llamada Justicia de acompañamiento, la Suprema Corte fijó una serie de metas a las que el gobierno federal debía llegar. "El Poder Judicial toma la mano del Ejecutivo, le indica el camino y le marca plazos y sanciones si incumple los objetivos. Pero le da la libertad de decidir bajo qué formas concretas obtendrá esos objetivos".

Ahora la comuna, así como el Ministerio de Vivienda Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente una vez que sea notificado, deberá presentar en 20 días sus respuestas. Campal señaló que en 10 días podría estar pronta la respuesta técnica de la intendencia, aunque la judicial probablemente lleve un tiempo más.

Es que, según el director, los datos lo tienen todos. Sólo se trataría de agruparlos. "Están en la página web todos los datos. Hay un informe anual que está en la web". Y así, dice el jerarca, se caería el primer argumento de Viana que tiene que ver con la falta de acceso a los datos sobre la calidad del agua de estos arroyos.

La segunda disputa es propiamente cuán contaminados están estos arroyos. Porque, si bien al transitar por la avenida Millán ya no se siente aquel olor nauseabundo del Miguelete, todavía se ven bolsas de plástico y basura en general flotando en sus aguas o descansando en sus márgenes. Un paisaje que, por otra parte, comparte con los arroyos Miguelete y Pantanoso. Y ninguno de los tres es apto para baños o consumo humano.

"Hay puntos en los que puede haber una mejoría pero lejos están de alcanzar el nivel de suficiencia", dice Viana. Campal coincide. "No digo que la calidad de agua, en cuanto a mediciones, es la de un arroyo impoluto. Ni estamos diciendo que estemos conformes con su calidad visual. Todo lo contrario. Pero el error estriba en no reconocer el proceso".

Es que los datos, esos mismos que se ubican en la página web de la IMM, parecen hablar de una mejoría de los tres cauces. En 1999 el arroyo Miguelete presentaba durante el verano tramos en los que el agua era calificada como residual diluida, la segunda peor categoría del índice Isca con el que la comuna mide aportes de materia orgánica y contenido de sales inorgánicas entre otros. Para 2008 se pasó a aguas brutas, habilitadas para actividades náuticas. En la gráfica fue cambiar de un rojo a un azul claro. Sólo en los accesos a Montevideo, el Miguelete es calificado como de aguas deterioriadas y en las gráficas aparece pintado de amarillo.

Algo parecido se dio en el arroyo Carrasco que ya no tiene aguas residuales diluidas, como pasaba en 1999. Ahora, en su gran parte, su agua es apta para actividades náuticas y pesca. Sólo tres de los nueve tramos en los que se divide al cauce, están en amarillo, sólo para riego.

El que sigue quedando atrás es el Pantanoso. En 1999 el arroyo presentaba tres tramos en los que el agua era calificada como agua residual diluida. Llegó incluso a tener aguas residuales, de condición peligrosa. Hoy su gran mayoría es agua deteriorada, apta para riego y en ciertos tramos para actividades náuticas, aunque no se vea nadie practicándolas. "De los tres arroyos, sigue siendo el más afectado", reconoció Beatriz Brena, directora del Laboratorio de Calidad Ambiental de la comuna. Para este arroyo se elaboró en 2007 un plan de trabajo que, las autoridades reconocen, está por comenzar. Planes similares funcionan para Carrasco y Miguelete.

A su vez, las autoridades aseguran que el Plan de Saneamiento IV, que tiene como objetivo recuperar la bahía, también impactaría en las desembocaduras de los arroyos al controlar la calidad de las aguas subterráneas que arrastran. "Además se van a sanear barrios como Casabó, una parte de Cerro Norte, Carrasco Noreste y se rehabilitarán los colectores en la cuenca de la Chacarita", dijo Américo Rocco, director de la división Saneamiento de la intendencia.

LA BASURA DE OTROS. Pero en lo que todavía se trabaja es en controlar la cantidad de basura que las personas tiran a estos cauces. "Uno de los principales problemas radica en los desechos de la clasificación. Hay una relación geométrica entre asentamientos y lugares bajos y estos tienen una asociación geográfica con los cursos de agua", opinó Campal.

Esto bien lo sabe Jacqueline Luna García. Ella tiene 41 años y hace seis que vive en uno de los márgenes del arroyo Miguelete, detrás del Cementerio del Norte. Para ella cosas como sentir olor a podrido antes de que llueva y combatir una gran cantidad de mosquitos en el verano se han vuelto cotidianas. Así como lo es ver a personas pasar y tirar su bolsa de basura al arroyo. Una de las miles que se llevará consigo el cauce. Eso si no queda estancada los márgenes, allí donde vive Jacqueline.

A los hurgadores prefiere dejarlos ser. Ya varias veces les ha pedido que tiren sus cosas en otra parte y la respuesta no fue del todo amigable. "Te salen con disparates", cuenta. Su hijo se metió una vez a buscar una lapicera que se le había caído. Cuando salió tenía un tajo. Ella estima que se cortó con una de las varias botellas depositadas en el fondo del cauce.

Es que el Miguelete acumula de todo un poco, como atestiguan los nueve operarios de la cooperativa Cuarenta y pico. Hace dos años que trabajan en la limpieza del arroyo, por un convenio con la comuna. Sacan "mucho traperío", según cuentan los coordinadores William Da Silva y Martín Castellanos. Pero también es habitual ver neumáticos, bolsas y animales muertos, en su mayoría perros y gatos. A veces ven gallinas. En un día común pueden llegar a llenar una volqueta con basura.

Esa mugre es la que Santiago Fleitas, de 13 años, solía ver cerca de su casa, donde el Miguelete corta Herrera y Obes. "Antes no había animales, se formaba una isla de cañas y yuyos. Después vinieron a limpiar con máquinas, arreglaron el saneamiento. Quedó lindo", opina.

La basura que todavía flota en el agua, Santiago no la atribuye al barrio. Y eso que, mientras él hablaba, uno de sus vecinos se acercó con un pedazo de madera que fue directo al arroyo. A metros había un contenedor. Los centros comunales todavía reciben denuncias de autos que tiran su basura al Miguelete. Según informó Rocco, se han impuesto multas por esta razón aunque no supo precisar cuántas.

En las orillas del Carrasco, la basura se ve, pero apenas y en los márgenes. "Los días de mucha lluvia o mucho calor se siente el olor", dice Marys Bell, de 37 años y que vivió toda su vida cerca de la desembocadura del arroyo en el Río de la Plata. Una de sus hijas, Fiorella de 8 años, sufre de asma alérgico y cualquier olor puede desencadenarle un broncoespasmo. "Es por el arroyo, por la basura", explica Ricardo de 10 años, otro de los hijos de Marys.

A metros de su casa pasa Juan Antonio Batista, de 63 años. Hace 20 que vive en el barrio y todavía se acuerda de cuando se veían pasar las ratas y víboras. "Antes acá tiraban cualquier cosa, hasta perros muertos".

Para combatir el problema de los residuos, que fundamentalmente provienen de la desclasificación, las autoridades tienen varias vías. La intendencia tiene convenios con tres cooperativas para la recolección de residuos dentro de los asentamientos. A su vez han sancionado a 200 comercios en 40 días por darle su basura a los hurgadores. En algunos centros comunales, como el 13, se realizan reuniones con el asentamiento para educación medio ambiental. También la cooperativa Cuarenta y pico tiene dos educadoras que les hablan de este tema.

"Dirás que hay bolsas de nailon y las hay, pero el agua que las rodea hoy es muy distinta de la que había hace dos o cuatro años", sintetiza Campal. Tal vez, como estiman las autoridades, dentro de 10 años estos arroyos vuelvan a ser aptos para baños, pesca (en su totalidad) y consumo humano. Hoy siguen en los reclamos de los vecinos y en manos de la Justicia.

Industrias bajo control

Sólo 26 industrias en Montevideo están fuera del colector y desechan sus residuos directo a los cursos de agua. A éstas, según informó el director de Saneamiento, Américo Rocco, se las controla de cerca y se les exigen valores más altos en todos los parámetros.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar