AHMADÍES ENTRE NOSOTROS

Musulmanes resistidos

La comunidad ahmadía tiene 9 miembros en Uruguay. Pacíficos y moderados, son bien recibidos en occidente pero rechazados entre sus pares. Sin mezquita, reparten folletos y tienen un puesto en la feria de Tristán Narvaja para atraer fieles. Creen que el islam es la religión ideal para los uruguayos.

Musulmanes
VEA EL VIDEO. Foto: Faustina Bartaburu

En la esquina de 18 de Julio y Yaguarón dos árabes cumplen con la misión de entregar 30.000 folletos de la comunidad musulmana ahmadía. Este será su trabajo durante un mes. Algunos transeúntes, atiborrados de publicidades de reparación de celulares, prostíbulos y peluquerías, ojean incrédulos el volante que acaban de entregarles; leen "musulmanes por la paz", "amor para todos, odio para nadie" y giran la cabeza hacia Asif Khan y Zahid Sardarkhan.

De vez en cuando alguien da marcha atrás y les pregunta de qué se trata, y estos jóvenes vestidos de jean y campera, hijos de paquistaníes, criados en Canadá, balbucean tres o cuatro palabras en español que aprendieron en las dos semanas que llevan en el país. Otros peatones les responden levantándoles el dedo pulgar.

Buena onda y nada más. Para los uruguayos los musulmanes siguen siendo una aguja en un pajar. Debe ser por eso que en los 15 días que llevan repartiendo volantes nadie llamó al celular del folleto.

—Usted fue la única —dice Yousaf Khan, misionero de 33 años designado para difundir el mensaje de esta comunidad en Uruguay.

El grado de éxito que consiga en su tarea no es su responsabilidad, explica: "Eso es asunto de Dios". Dice Dios, no Alá.

El principal propósito de esta campaña de marketing religiosa es, primero, aclarar que el islam y el terrorismo son opuestos y, segundo, sumar fieles ahmadíes, facción que suele ser rechazada por sus pares.

Para acercarse a los montevideanos, Khan, su esposa Sadaf y otros miembros uruguayos ahmadíes pusieron un puesto en la feria de Tristán Narvaja. El último domingo vendieron seis ejemplares de Un estudio elemental del islam, redactado por Mirza Tahir Ahmad, el cuarto jalifa (líder espiritual) de estos creyentes. La oferta de lectura para comprender la interpretación ahmadía del Corán es amplia y su valor varía entre $ 100 y $ 300. Muchos consultan.

El dinero no importa. Lo que alegra al misionero es que otros seis orientales dieron el primer paso para acercarse a "la verdadera palabra del islam", es decir la que enseñó el indio Mirza Ghulam Ahmad (1835-1908), fundador de la comunidad ahmadía y, según ellos, el mesías prometido que anunciaba el Corán.

El islam tiene distintas ramas y sub ramas de las cuales unos 12 millones de fieles son ahmadíes. En 1974 la Liga Mundial Islámica (72 de un total de 73 grupos) declaró que no eran musulmanes. Los acusó de apóstatas, de herejes, de querer iniciar una nueva religión por asegurar que el mesías que los musulmanes esperan ya se había revelado en 1889 en Qadian, India. Los ahmadíes responden que lo que proponen es una interpretación del islam que, según creen, es la original.

En Pakistán, donde está la mayor parte de este grupo, un decreto de 1984 les prohíbe practicar el islam: no pueden ir a mezquitas, saludarse como musulmanes ni realizar la peregrinación a La Meca.

Desde entonces más de 400 fueron asesinados y cientos encarcelados. El último homicidio ocurrió la semana pasada. Khan cuenta que como el Estado no los protege, les permite portar armas para defenderse en otras mezquitas que ellos mismos construyeron para orar.

Asediados, se desperdigaron. Establecieron su sede en Inglaterra y se multiplicaron en 205 países. En Alemania y en Canadá construyeron más de 50 mezquitas y por todos lados abrieron hospitales, centros educativos y otorgan becas a estudiantes de todas las religiones y a ateos.

Desde 2002 tienen los ojos puestos en Latinoamérica pero, debido al acotado número de misioneros y su desconocimiento del español, la cantidad de seguidores aún es magra. En México la comunidad tiene 100 miembros, en Guatemala 40, en Paraguay 28, en Bolivia 27, en Uruguay nueve y en Argentina apenas cinco.

Acá, de los nueve, siete son orientales. Hay un empleado público, un taximetrista, la empleada de un lavadero, una panadera, un obrero, una jubilada y un carpintero.

—Es una buena cantidad en solo dos años. Creo que los uruguayos entienden el islam porque son muy racionales y esta es una religión lógica. No tenemos historias de milagros, el islam es sencillo. Algún día va a ser una religión mayoritaria aquí —apuesta Khan.

Yousaf Khan tiene 33 años. Tras estudiar un seminario en Canadá lo enviaron a Ecuador y luego a Uruguay. Foto: F. Ponzetto
Yousaf Khan tiene 33 años. Tras estudiar un seminario en Canadá lo enviaron a Ecuador y luego a Uruguay. Foto: F. Ponzetto

Fieles charrúas.

Susana Mangana, profesora de estudios árabes e islámicos y analista política internacional estima que son unos 500 los musulmanes que viven en nuestro país. Si bien los centros islámicos están recibiendo más visitas desde que creció la llegada de inmigrantes africanos, muchos son "fieles golondrinas" que están de paso.

"Hablar del islam en Uruguay sigue siendo una cuestión virtual, pero eso no quiere decir que no haya que tenerlos en cuenta y darles visibilidad", dice Mangana. Entonces, ¿podría crecer una comunidad como la ahmadía? Según esta especialista, por un lado le juega en contra que esta es una sociedad de poca creencia religiosa y, además, que aquí tampoco son bien vistos porque se los relaciona con las dos grandes ramas del islam (sunitas y chiitas).

Alí Jalil Ahmad es un comerciante sirio que lleva 26 años viviendo entre uruguayos. En 2003 abrió el Centro Islámico del Uruguay, un local que oficia de mezquita y está ubicado en el piso superior de un parking. Cuando el misionero Khan llegó, él le alquiló un apartamento, pero fuera de eso prefiere no tener trato.

Lo mismo opina Tamer Chaky, miembro de la Organización Cultural Islámica del Uruguay, relacionada al Centro Islámico Egipcio de Cultura de la Embajada de Egipto. "Son cuestionados como musulmanes. Esta gente es otra historia", dice.

El apartamento en el que antes vivió Khan ahora es el hogar de Sirhan Alí Sánchez, un imán cordobés que desde 2017 dirige la mezquita que creó Alí Jalil Ahmad.

Él es tajante:

—No nos llevamos con ellos porque son una secta formada por un hombre que se autodenominó mesías. ¿Y quién era él para llamarse mesías? Era un Juan Pérez, eso era. Lo que hacen los ahmadíes es buscar a los que no saben del islam, a los que recién se hacen musulmanes.

El misionero Khan jura que otros imanes han aceptado al mesías prometido. Incluso cuenta que visitó al antiguo sheikh —guía espiritualdel Centro Egipcio, Samir Selim, y lo invitó a su comunidad. "No aceptó pero quedamos amigos", dice sonriente.

Islam para modernos.

Rodolfo Noda, alías El Turco, 61 años, funcionario público, es musulmán desde el 16 de julio de 2017. Sus hermanos de religión lo llaman Naser. Hijo de libaneses, un compañero del trabajo le dejó en el locker un folleto de la comunidad y le escribió: "Esto es para vos".

—Yo había pasado por un drama familiar muy fuerte y quería encontrar al verdadero Dios. Cuando vi el volante recordé que mi padre hacía algunos rituales. Llamé y me entrevisté con el hermano Khan.

—¿Qué preguntas le hizo?

—Primero quise saber qué hacían acá, qué pensaban del terrorismo y en qué lugar ubican a Jesús, que hasta ahora había sido mi intermediario con Dios.

Para explicarse Khan empieza por aclarar que el verdadero islam no permite la violencia hacia otras religiones ni hacia sus seguidores. "Creemos que otros musulmanes han olvidado las enseñanzas, no estudian el Corán y después escuchan a clérigos que están llenos de odio. Ellos emiten sus sermones y los seguidores empiezan a aceptarlos sin cuestionarlos. Nosotros nos diferenciamos porque somos pacíficos, no creemos que haya que conquistar el mundo con la espada sino con la pluma", dice. Y presume de que en 130 años nadie en su comunidad protagonizó un acto terrorista.

¿Y cómo ven a Jesús? Para los musulmanes Jesús fue un profeta pero no el hijo de Dios. Creen que no murió en la cruz ni resucitó, pero sí fue elevado al cielo. La mayoría espera su retorno como el mesías, y también al anticristo y al imam mahdi (otra figura mesiánica).

Los ahmadíes creen que tras sobrevivir a la crucifixión Jesús buscó a las tribus perdidas de Israel. Habría muerto a los 120 años en la región india de Cachemira, donde dicen que está su tumba. Según los ahmadíes, el anticristo ya vino pero no es un hombre sino "las filosofías falsas", y el mesías prometido y el imam mahdi son dos títulos de la misma persona: Mirza Ghulam Ahmad, un indio pacifista que reveló decenas de profecías y pronosticó que tres siglos después de su muerte (en 1908) casi todo el mundo integraría su comunidad.

—Creemos que vamos a llegar a todas las casas porque es la religión para el hombre y la mujer moderna.

Dice Khan en el living del apartamento que alquila en Pocitos, mientras vigila con el rabillo del ojo a su hijo de dos años que quiere jugar con él a toda costa; Khan, que nació en Suecia y creció en Canadá, que estudió siete años en un seminario ubicado en un cotizado barrio privado de Ontario apodado "El barrio de la paz", que tiene cuenta de Twitter, usa lentes de sol, chaqueta de diseño, pregunta dónde puede practicar fútbol y se ejercita junto a su esposa trotando en la Rambla o andando en bicicleta.

La Meca en Londres.

Los diputados del Partido Nacional Pablo Abdala y Gerardo Amarilla junto al jalifa Hazrat Mirza Masrur Ahmad durante la convención ahmadía en Londres en 2017
Los diputados del Partido Nacional Pablo Abdala y Gerardo Amarilla junto al jalifa Hazrat Mirza Masrur Ahmad durante la convención ahmadía en Londres en 2017

El ingreso a la comunidad ahmadía se sella con una firma. Por contrato, el fiel se compromete a respetar el pacto que reconoce a Dios como única unidad (no se concibe la trinidad cristiana, ni las vírgenes ni los santos) y las leyes islámicas. Khan envía ese documento al jalifa en ejercicio, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, radicado en Londres, quien a su vez le otorga un nombre islámico a cada miembro. Además, los fieles aportan un 6,25 % de su salario a la comunidad siempre que puedan hacerlo.

A los 48 años Maida, empleada de un lavadero, cambió del todo y para siempre. Muestra el mensaje de WhatsApp en el que le comunicaron cuál sería su nuevo nombre y cómo pronunciarlo en español. Se presenta así: "Mi primer nombre es Jalida, que significa la inmortal, y el segundo es Radhia, que es la que adora a Dios".

Antigua estudiante de árabe, había empezado a escuchar la llamada a la oración en YouTube cuando vio a este misionero en la feria. ¿Qué es lo más difícil de adaptarse al islam? Jalida dice que usar el velo. Para las ahmadíes su uso es opcional, pero ella intenta llevarlo a diario aunque, a veces, en el trabajo le cuesta.

Cada domingo Khan, Mohsin y Naser (estos dos últimos uruguayos) atienden un puesto en la feria Tristán Narvaja
Cada domingo Khan, Mohsin y Naser (estos dos últimos uruguayos) atienden un puesto en la feria Tristán Narvaja

—Te ven como un bicho raro de otro planeta. Pero no me importa, porque a mí no me interesa agradar a las personas, me interesa agradar a Dios.

—¿Qué fue lo que encontró en el islam?

—Cambié en muchos sentidos. Principalmente me interesó que marca un comportamiento social de respeto y amor al prójimo. En el Corán están las respuestas a muchos problemas actuales.

—¿Cómo cuál?

—La inseguridad. Las religiones han perdido el peso sobre la moralidad de las personas, entonces como no se cree en algo supremo no hay miedo al castigo y se hace cualquier cosa.

Esta tarde Jalida está en la casa del misionero aprendiendo árabe. El mobiliario es austero: solo lo imprescindible. Le enseña Sadaf, esposa de Khan, nacida en Pakistán. Es física de profesión y estaba realizando una maestría cuando abandonó su carrera para criar a su hijo y trabajar junto a su marido en la misión. El objetivo del matrimonio Khan es que los fieles aprendan el idioma para orar y leer el mensaje original del Corán sin intermediarios.

Como este no es un país islámico, Khan explica que los fieles cuentan con cierta flexibilidad para cumplir las oraciones. Deben ser cinco al día pero, como al menos tres son en horario laboral, pueden agruparlas y hacer menos. Lo mismo sucede con la asistencia a la oración salat ul yuma de los viernes, similar a la misa del domingo de los cristianos: va el que puede ir.

Khan acaba de conseguir en la calle Yaguarón esquina Paysandú un local para reunirse con su comunidad. La casa está en obras y se está aprontando para ser una pensión. Subiendo una escalera se llega a dos habitaciones que pertenecen a los ahmadíes. Allí dentro todo es blanco y pulcro. Cada viernes los nueve miembros se reúnen a las 13 horas para orar juntos y apretados; el espacio es chico y casi no entran.

Esta vez, el que inicia la oración es Mauricio Comini, un taximetrista de 43 años que desde hace tres es ahmadí y recibió el nombre islámico de Mohsin.

—Una pasajera me pasó el número del hermano Khan y como mi padre fue musulmán yo sentía que era algo que llevaba en la sangre, que tenía pendiente.

—¿Qué le pide a Dios?

—Salud, trabajo, bendiciones.

— Su pareja es católica, ¿qué opina?

—Todavía está en una encrucijada, creo que va a querer aceptar el islam en algún momento. Para ella es algo nuevo.

Cada año, unos 30.000 seguidores se reúnen en la convención Yalsa salana en Londres. Allí, el tercer día, el jalifa renueva el pacto de sus fieles. Los que no pueden asistir no tienen de qué preocuparse: el juramento se transmite en 21 idiomas por televisión satelital en un canal ahmadí.

Parte del trabajo del misionero es invitar a distintas personalidades para que viajen a la convención y conozcan a la comunidad y al jalifa. Por eso Khan envía decenas de mails a periodistas y políticos de todos los partidos, que pocas veces son respondidos. En 2016 viajó un periodista de El Observador y en 2017 los diputados del Partido Nacional, Pablo Abdala, católico, y Gerardo Amarilla, evangelista.

Khan muestra con orgullo una foto en la que el jalifa está en medio de los dos y sostiene sus manos con fuerza, un gesto de hermandad entre los suyos.

—¿Usted quiere que le mande esta foto a su correo? —propone sonriente.

Consultados, Amarilla y Abdala describieron a este viaje como la oportunidad de conocer una versión "pacifista" y "moderada" de los musulmanes.

—Me llamó la atención que separan muy bien los aspectos religiosos y políticos. Se cuidan mucho para no intervenir y no aceptan donaciones de gobiernos, aunque cuentan con el aval de personajes políticos, incluso transmitieron un mensaje de la primera ministra de Inglaterra, Theresa May, que los felicitó por su lucha contra el terrorismo —cuenta Abdala.

¿Si alguna vez les pidieron un favor a cambio? "Jamás", aseguran.

Mientras que en medio oriente los ahmadíes son rechazados, en occidente son vistos como musulmanes ideales, dice Khan. "Los políticos entienden que creemos que hay que amar la patria. En el lugar del mundo en el que estemos somos leales al país y tratamos de mejorarlo".

En Uruguay, donde existen centros islámicos pero no hay mezquitas porque la única que había fue demolida para construir un edificio de apartamentos, los ahmadíes sueñan con construir una y ver su comunidad crecer. Para hacerlo primero tienen que registrarse como fundación o asociación civil en el Ministerio de Educación y Cultura. Y para eso necesitan tener 12 miembros locales. Aún les faltan cinco.

¿Son estos folletos una búsqueda desesperada? Khan responde con serenidad:

—No sentimos desesperación. Todo está en las manos de Dios.

Crónica de un matrimonio arreglado entre misioneros

Yousaf Khan estaba sirviendo el almuerzo para los invitados junto a su esposa Sadaf cuando se les preguntó cómo se conocieron. Se miran, sonríen y dicen: "¿Cómo 10 minutos antes del casamiento?" Son las madres las que eligen una esposa para sus hijos. "Es raro sí, pero no es que nos imponen la pareja: nos muestran fotos para elegir y podemos conocernos antes del matrimonio", cuentan. Khan es hijo de pakistaníes, nació en Suecia y creció en Canadá; sin embargo le buscaron esposa en Pakistán. Allí estaba Sadaf, física de profesión, cuyos padres también le mostraron fotos. El casamiento se concretó en Pakistán tres años atrás, cuando los novios tenían 30. Khan explica que uno es mejor musulmán si contrae matrimonio "ya que somos de una forma fuera de casa y de otra forma dentro, y tenemos que ser consecuentes". No hay una edad tope para casarse. Esta pareja dice que el islam establece una segregación entre hombres y mujeres por ejemplo a la hora de la oración para "evitar un corto circuito provocado por la tentación", pero que reconoce iguales derechos para ambos. El Corán, 14 siglos atrás, establecía el derecho de la mujer a tener propiedades, estudiar, trabajar, recibir herencia y divorciarse. Si una mujer se divorcia debe esperar cuatro meses y luego puede rehacer su vida. Los hombres pueden tener hasta cuatro esposas "pero no es una obligación ni es tan común; es más común en tiempos de guerra, cuando cientos de mujeres quedan viudas y con hijos a cargo y necesitan ayuda de otro hombre". Sadaf dice que entre musulmanes ahmadíes miles de mujeres estudian y trabajan, incluso las que se destacan son premiadas por el jalifa.

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