El popular cantautor cubano Compay Segundo falleció el lunes en La Habana a los 95 años, como consecuencia de una insuficiencia renal.
Máximo Francisco Repilado Muñoz había nacido el 18 de noviembre de 1907 en Siboney y adoptó el seudónimo artístico de Compay Segundo a principios de los años 40. Compay quedó como abreviatura del "compadre" utilizado en la región oriental de Cuba y Segundo por su tono de barítono, que le obligaba a actuar acompañando a la primera voz.
Alcanzó cierto éxito a comienzos de su carrera, pero el triunfo de la Revolución en 1959 lo sumió en el ostracismo: su música campesina quedó sepultada por un alud de cantautores de última categoría que, eso sí, cantaban loas al nuevo régimen y a su dictador. (Dicho sea de paso, Fidel Castro envió una corona a su sepelio).
Increíblemente, el reconocimiento mundial le llegó en la vejez, a mediados de los 90, gracias al "Buena Vista Social Club", un proyecto del guitarrista estadounidense Ry Cooder que incluyó a otros olvidados músicos cubanos como Elíades Ochoa, Ibrahim Ferrer y Rubén González. Luego, el cineasta alemán Win Wenders hizo un documental sobre ellos, que recibió una extraordinaria acogida internacional.
Tras "Buena Vista", Compay entró en la élite de la música mundial, con nueve discos editados entre 1996 y 2002 y actuaciones en los más importantes escenarios del mundo, desde el Olympia de París hasta el Carnegie Hall de Nueva York, pasando por la Sala Nervi del Vaticano, donde actuó ante el papa Juan Pablo II. De su talento salieron más de un centenar de composiciones, entre ellas Chan-Chan, todo un himno de la canción cubana.
Compay, el "patriarca del son", mantuvo siempre un extraordinario sentido del humor y no permitió que la popularidad le alejara de sus orígenes. "Hay una palabra que no existe para mí, que es el hastío (...) Nunca estoy aburrido, ni de comer, ni de mujeres ni de nada. Tengo 95 años y, por favor, quiero tener un hijo más. No estoy cansado de la vida", dijo en noviembre, en su último cumpleaños.