La reconocida médium, Noelia Pace (Argentina, 1980) habla con calma, con una cadencia muy propia, sin buscar impacto ni espectacularidad. Del otro lado de la pantalla, mientras en Montevideo va mermando su ritmo habitual, y Mar del Plata transcurre en clave de verano, la espiritista argentina despliega un universo de transformación constante, en el que fluye como pez en el agua. “Soy tarotista, vidente, médium y también tanatóloga”, dice como enumerando las capas de su propia identidad. “Mi propuesta es de sanación energética, aplicada a quienes se están muriendo, y a quienes quedan”, resume. “Actualmente me estoy dedicando de pleno a la mediumnidad y la videncia, más allá del acompañamiento tanatológico”.
–En sus shows mezcla espiritualidad, emoción y puesta en escena. ¿Cómo se vive, y qué se aborda en ellos?
–El encuentro se llama Mediumnidad, es mi marca registrada, al igual que mi don. Tengo la capacidad de mediar entre un lado y el otro, para ayudar a sanar. En los encuentros no solamente conecto con las almas de estos seres queridos que todos tenemos, y con las de quienes están presentes ahí, sino que les llevo consciencia acerca de cómo transitamos la muerte, qué es, qué nos pasa frente a ella, y por qué nos cuesta tanto hablar de estos temas. También abordo el proceso del duelo, explico mis etapas, que son un poco diferentes a las popularizadas por Elisabeth Kübler Ross. Por lo que en el encuentro se busca tomar consciencia acerca de la muerte, entender que es parte del ciclo, y vivir en consecuencia. Se trata de entender que la muerte es la que nos pone la vida a disposición. La muerte nos da ventaja. Nos dice: 'viví, agradecé, disfrutá'. No es un arrebato, sino la posibilidad de compartir este tiempo y esta vida que nos toca. La clave está en poder disfrutar esta experiencia energéticamente, en su totalidad. Por otro lado, entender que no perdemos nada porque este ser que se fue, sigue estando; sólo que su modo de existir cambia de estado físico, a existir en una plenitud energética en esencia pura. Lo que pasa es que es difícil entender esa transformación si yo no puedo tocar, no puedo ver, y nadie me puede responder. Lo cierto es que todas las almas que se vinculan con nosotros a lo largo de la vida, pasan por algo, sea bueno o malo lo que nos dejan, vienen con la misión de provocarnos algo; enseñarnos algo.
Durante los encuentros en el teatro, la intimidad se vuelve colectiva. “Alguien recibe un mensaje y el de al lado llora, empatiza, se reconoce. Muchas veces otro se levanta y dice: ‘esto también es para mí”. Y asegura que la clave es el respeto. “Transmito la verdad de las almas, aunque incomode. Pero siempre cuido la forma”.
–¿Y qué le pasa a usted durante y después de un show?
–Para mí es un placer. Me siento muy agradecida. Yo no trabajo de médium, soy médium. Es mi existencia; y sí, también pongo límites para preservar mi energía. Muchas horas antes del evento, trabajo en el lugar, preparándome para el encuentro. Las conexiones empiezan a llegar con mucho tiempo de anticipación; las diferentes almas se me presentan y comienzan a decir lo que necesitan. De algunos voy tomando nota porque son muy especiales o tienen información muy precisa. Otros se presentan reiteradamente con imágenes, y yo voy acumulando esa información para el momento del encuentro, donde todo está listo para sostener lo que pasa y asimismo, para darle un cierre igual de importante. Posterior a esto, también hay un cierre de mis portales a nivel personal, es como que voy bajando los niveles poco a poco. Pero en todo momento lo que siento es un alto estado de plenitud. Yo me entrego a este proceso con mucho amor, porque para mí es un desdoblamiento, por un lado escucho los mensajes, pero no puedo olvidar que del otro lado hay alguien que está esperando aliviarse con mis respuestas. No solamente importan las que dan las almas, sino la manera en que yo las puedo transmitir. Por eso, a veces tengo que buscar las palabras o la mejor forma de decir las cosas, para que la otra persona reciba el mensaje de una manera clara de comprender.
–Entiendo que frente a este punto, su formación le ayuda muchísimo.
–Sí, me he formado en distintas disciplinas, desde terapia transpersonal, astrología, tarot transpersonal, terapia determinativa, tanatología, y psicología, entre otras. Todo eso me permite comprender cómo el otro puede ir incorporando estos mensajes.
–¿Qué es lo que más se repite hoy en su consulta?
–La mayor parte de las inquietudes son frente a la muerte de un ser querido, y la desesperación de la gente por saber cómo están. Pero depende del tipo de muerte, y del duelo que atraviesa la persona. Hay muertes trágicas donde se busca un responsable; duelos gestacionales atravesados por la culpa y la frustración; suicidios cargados de reproches hacia quien se fue: ¿por qué me dejaste?, ¿por qué me hiciste esto?
En ese punto se detiene y observa algo que para ella es clave. “Fijate el estado de egoísmo que encierran muchas de estas inquietudes. Eso deja en evidencia que no logramos naturalizar la muerte. Siempre la vemos como un problema, cuando en realidad es un ciclo natural. No la hacemos parte de la vida, cuando en esencia es el porqué de la vida”.
“Sepan que este 2026 enfrentan el año uno energética y numerológicamente. Eso significa que se ingresa en un proceso de cambio importante, de innovación. Ojo con las emociones y los altibajos que van y vienen”.
La charla avanza y se vuelve más abstracta, casi filosófica. Para Pace, “más que explicaciones, muchas veces lo que falta es aceptar el orden de la vida. Yo entiendo la muerte como un proceso de transformación diaria”.
–¿Qué pasa después de morir?
–Sé lo que se siente vivir fuera del cuerpo. Conozco cómo es por mis desprendimientos astrales, porque he visto mis vidas pasadas en sesiones de hipnosis y en regresiones. Y respecto a cómo es, puedo decir que no es como la conocemos aquí en la Tierra. No hay rutina, no hay calendario gregoriano, no hay un tiempo pactado por reloj. Eso no existe. Lo primero que tenemos que incorporar es que no hay más allá, sino que todo está en constante, en paralelo, porque nosotros existimos sobre cuatro dimensiones. Aquellos que trabajamos con mucha meditación, con evolución y demás, llegamos incluso a una quinta dimensión. Se trata de diferentes niveles de desprendimiento entre el alma y el cuerpo.
Noelia habla de dimensiones y de un universo que muta sin cesar. En ese marco explica que: “cuando el alma está en el cuerpo, activada por la respiración, hablamos de espíritu; porque exhalamos (soltamos, confesamos, cedemos) y respiramos (recibimos, obedecemos, reconectamos) con el aliento de la divinidad. Así, habitamos siete cuerpos (el físico, el energético, el astral, el mental, el alma, el de la intuición (intuicional) y el divino). Cuando morimos, el alma se desprende de la materia, pero sigue existiendo en paralelo a la vida terrenal, porque es energía. No tiene pasado ni futuro. Está en constante evolución”.
–La expansión del alma, entonces, parece no tener un límite claro.
–No creo que científicamente nadie conozca hasta dónde puede llegar esa expansión. Me ha pasado de trabajar con personas que están a miles de kilómetros, incluso del otro lado del planeta, y sin embargo, dicen verme sentada en su habitación.
Ese tipo de experiencias no está exento de riesgo. Pace explica que cuando trabaja con desprendimientos astrales sale de su cuerpo físico, y que eso requiere un cuidado extremo del campo energético. “Cualquier filtración puede quitarme totalmente de la conexión con la materia, y puedo no volver”. Por eso pide silencio, calma; que nadie la toque abruptamente. “Cada minuto de conexión que yo tengo, son minutos de vida terrenal que no vivo” dice, y aclara que no es una metáfora. Durante esos estados, asegura que su cuerpo entra en una especie de pausa biológica.
“El ser humano no ama libremente. Ama desde la posesión. Por eso, cuando alguien muere creemos que perdemos algo que nunca nos perteneció. Eso de la pertenencia hay que empezar a borrarlo y creo que cuanto más chiquitos seamos, mejor” plantea Noelia Pace.
Hablar de muerte es hablar de duelo, y allí la voz de Noelia se vuelve especialmente cuidadosa. ”El duelo no es el primer día, ni el segundo. Es cuando pasan los días y empieza a faltar el cuerpo en el espacio que compartías”. También distingue con claridad el duelo de perder a un hijo como uno de los más difíciles de afrontar, y resalta que son procesos muy diferentes el que atraviesa una madre respecto al de un padre. “El de la madre es un duelo múltiple. El del padre, en cambio, suele ser silencioso. Tiene que sostener a todos y queda relegado. Culturalmente no se le da permiso para llorar, para decir no puedo. Ese silencio, también duele. Para que el alma de los hijos pueda evolucionar, necesita de nuestra vibración energética. Si nuestro espíritu evoluciona, el alma evoluciona”, resume.
A su vez, habla del amor, del ego y de la idea de pertenencia. ”El ser humano no ama libremente. Ama desde la posesión. Por eso, cuando alguien muere creemos que perdemos algo que nunca nos perteneció. Eso de la pertenencia hay que empezar a borrarlo y creo que cuanto más chiquitos seamos, mejor”.
–¿Todos tenemos realmente algún grado de percepción?
–Todos. El ser humano, por el solo hecho de ser energía, canaliza y conecta. Cuando alguien dice ‘¡ay! yo siento como una cosa, o una energía tal o cual; o siento algo en este espacio’, eso es canalizar, conectar. Capaz no sos médium porque no estás clasificada como tal para decir: ‘hablo con mi papá y me contesta’. Porque si encima lo contás, te van a decir que estás loca. La energía ingresa por la parte superior de la cabeza, se expande por las manos, y se descarga por los pies. Por eso es tan importante andar descalzos, tomar sol, respirar. Tenemos que entender que además de Fuego, Tierra, Agua y Aire, existe un quinto elemento: la Energía Espiritual. Y esto se extiende a todo el universo, por eso es necesario dimensionar que un ser, por diminuto que sea, es parte de una cadena energética que hace a tu existencia.
Su propio despertar ocurrió temprano. A los seis años Noelia le dijo a su madre que veía a un señor sentado en su cama. Más tarde supo que era su tío y que estaba muerto. Entre los 12 y los 16 años comprendió que la Mediumnidad era su manera de existir. “Hoy, con 45 años, ya no tengo que demostrar nada”, dice sin rodeos. “Quienes llegan a verme, no llegan por azar. El alma ya estaba esperando este encuentro”.
– Teniendo el don de ver más allá ¿a qué le teme?
–El miedo es una formación mental que nos atraviesa a todos. Yo creo que tiene más que ver con una cuestión de control. A mí, viajar en avión no era una de las cosas que más me encantaban, y mirá que loco: cuando era adolescente quería ser piloto, y mi papá no me dejó. Años después, esta profesión me llevó a transitar muchos viajes y un día un terapeuta me preguntó: ‘¿a qué le tenés miedo; a que se caiga el avión o a soltar el control?’. Entonces le dio en el clavo, porque si a mí me daban a elegir prefería estar en la cabina manejando, que ir sentadita ahí esperando a ver qué pasaba. Y ahí empecé a entender esa sensación de no poder controlarlo todo, y me pasaba con muchas cosas de mi vida.
–¿Hay algo que todavía no se anima a mirar o preguntar?
–Sí, hay casos de conexión que me cuestan mucho a nivel personal. Cuando me toca trabajar en los casos de búsqueda de desaparecidos, es algo que todavía me replanteo. Sobre todo cuando lo que veo son criaturas que fueron violadas o asesinadas, es como que entro en un estado de descompensación, y no puedo hacerlas de corrido, tengo que ir por pausas, porque me empieza a jugar la mujer común y corriente que soy, me lo planteo como mamá y me resulta muy duro imaginar que esto también podría pasarle a un hijo mío.
–¿Cómo se cuida para no absorber las cargas de otros?
–Tengo muchos momentos de meditación en el día, aún en estado pasivo. Hago limpiezas energéticas profundas, a otros niveles, no solamente sahumar. Actualmente estoy reestructurando mi parte más corporal, enfocándome en la salud, en mi alimentación, cada vez como menos carne. Por último, también creo en el coaching y en tener un equipo que me ayude a ordenar algunas cosas y prioridades en mi cabeza.
–¿Alguna vez percibió presencias, energías o mensajes que no haya identificado como humanos?
–Si. Conecté con seres superiores, desde santos, dioses, arcángeles, Jesús, hasta el diablo mismo. Y también interactúe energéticamente con extraterrestres, aunque para mí la palabra extraterrestre no aplica. Creo que es una manera muy nuestra de decir que es exterior a nosotros, pero yo considero que pueden habitar con nosotros aunque desde un lugar diferente, con un lenguaje no perceptible como el humano, y de una claridad mental muy superior.
–¿Cómo son los vínculos con las mascotas?¿Qué pasa con esas pérdidas y esas almas?
-El alma de las mascotas es sumamente pura, no tiene el ego liderando, que es lo que a nosotros no nos permite procesar el duelo como realmente es, porque interponemos el ego constantemente. El alma de una mascota no tiene ego, es el ser más puro que existe, por eso se crean vínculos muy fuertes, porque no tienen el alma fragmentada, no tienen odio, ni maldad, ni intereses creados, no tienen perspicacia ni ventajeo. Cada vez más personas se animan a preguntar por sus mascotas, y digo que se animan, porque muchas veces los veo como reticentes y para mí, todas las almas están al mismo nivel de prioridad, de intimidad y de respeto. A lo largo de estos últimos años he conectado con muchísimos animales, desde lo más raro que te puedas imaginar (como lagartijas, conejos, caballos, perros, gatos, canarios y más), y aunque yo no ladro, intento pasar la información lo más clara posible. Ojalá que todos los que escuchen o lean esta nota, se atrevan a preguntar por sus mascotas cuando estén en el teatro, porque es maravilloso.
–Cuando piensa en Uruguay, ¿qué energía siente como país?
–Yo soy residente uruguaya y tengo mi familia allí. Uruguay tiene la energía y la sabiduría de tomarse las cosas a un ritmo mucho más tranquilo. Para los ojos del afuera quizás la evolución no sea tan rápida y es todo lo contrario. Ustedes evolucionan en sabiduría, en plenitud. Ojalá muchos países de la región puedan vivir como vive Uruguay, energéticamente es un país que tiene la forma de retroalimentar a quien lo pisa, y de llamar a la calma. Cuando llegás a Uruguay es como que te invita a bajar, a poner los pies en la tierra. Los uruguayos son mucho más sabios y ojalá, que esta evolución se empiece a transmitir en todo lo que hacen. Son pioneros en muchas cosas, pero quizás haga falta una vuelta de rosca más. Por poner un ejemplo: la eutanasia, en este aspecto han dado un paso gigante y valiente. Y así, en un sinfín de temas.
–¿Qué desafíos visualiza para Uruguay de cara al 2026?
–A nivel energético, Uruguay va a tener que empezar a proteger mucho más sus límites, no tanto en sus fronteras, sino que me refiero al uso de sus recursos. Ese es el mayor desafío, van a tener que tener mucho más cuidado en lo que respecta al agua, a la tierra, los humedales y las áreas protegidas hacia el 2026, sobre todo entre mayo y setiembre. Pero se va a ir proyectando un avance importante. Va a haber más de un levantamiento con respecto a estos temas, y se vienen otros, que los van a poner como en un estado de superioridad.
–¿Hay algo que como sociedad deberíamos soltar?
–Eso de soltar como que estamos aferrados a algo, a mí a veces me incomoda un poco. Yo no considero que todo se debe soltar. Para soltar algo vos tenés que entender que no te pertenece, que no te hace energéticamente evolucionar y que si lo soltás, también le vas a dar evolución. Ahora, si hablamos de la historia como país, desde esta zona y región de América Latina, creo que está bueno recordar y honrar, pero no está bueno hacerse carne, ni generar odios que estén realzando reclamos, exigencias y poniendo eso como excusa. O sea, tengámoslo presente, son memoria nuestra, está bueno que se sepa y que se recuerde para no cometer el mismo error, pero no utilizarlo como estandarte de acceso.
–¿Qué consejo le daría a los uruguayos para cursar el año que viene con más equilibrio?
–Sepan que este 2026 es el año uno energética y numerológicamente. Eso significa que se ingresa en un proceso de cambio importante, de innovación. Ojo con las emociones, los altibajos que van y vienen. Habrá que tener muchísimo cuidado a la hora de aferrarse, como decía recién, a cuestiones del pasado que los pueden frenar en evoluciones.
–Si tuviera que definir este momento del país con una carta del Tarot, ¿cuál sería y por qué?
–Le daría la Rueda de la Fortuna. Que casualmente es diez que se resume a uno, el impulso, el movimiento, la apertura a lo nuevo. Esta carta les va a permitir retroalimentarse de todo lo que han generado, y dar paso a lo nuevo con un impulso muy favorable.
–PAULA celebra sus 33 años, ¿qué ves para el futuro de la revista?
–¡Es un número maravilloso y súper relevante! Marca un punto importante. Van a conectar un vínculo muy especial con la audiencia en general, van a despertar el interés familiar y además se van a presentar en un momento de transición, en donde se abren caminos de comunicación, incluso enlazados con otras naciones. Así que viene muy potenciado este aniversario.
Antes de despedirse, deja un deseo: “no cambien jamás, por favor, ese buen trato que los caracteriza y enaltece. Su amabilidad, su empatía, ese don de gente que tienen, se los digo de corazón. Eso alimenta energéticamente al país”. Y agradece, al público uruguayo por abrirle las puertas. ”Los espero en los encuentros”.
(Contacto gentileza, WB Producciones).