Pies en la tierra

En su despacho en el edificio anexo al Palacio Legislativo, el diputado blanco compartió aspectos de su historia y de su doble vocación de servicio: la medicina y la función pública. Con un discurso que llama a las cosas por su nombre, tocó temas de actualidad, habló de la importancia de los principios, y alertó sobre las amenazas para la autodeterminación de los Estados.

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Pablo Rivara

El contacto con la gente y las recorridas por el territorio parecen ser leitmotiv en la vida del diputado Federico Casaretto (Paysandú, 1968). Médico y político del Partido Nacional, reparte su semana entre Montevideo y Maldonado, departamento al que su familia se mudó siendo él un niño. “Hice mi vida allí: la escuela, el liceo, y mis inicios en la actividad política”, rememora. Afincado en el Este, hoy no solo comparte el hogar con su esposa Magdalena Zumarán, sino también la pasión por encontrar soluciones para el bien del país, dado que se formaron en entornos semejantes. Juntos lograron construir una familia ensamblada que suma seis hijos, y aunque por su actividad viaja continuamente a Montevideo, confiesa que no le cuesta hacer kilómetros y que cuando finaliza su tarea en el Parlamento, vuelve al Este para estar con los suyos y en contacto con la gente a la que representa.

Egresado de la Universidad de la República en 1996 como Doctor en Medicina, Casaretto ejerció en entidades públicas y privadas del departamento. Militante en filas blancas desde adolescente, en 2000 fue elegido Edil Departamental por la Lista 2 del Partido Nacional para el período 2000-2005, y se desempeñó como Presidente de la Junta de 2003 a 2004. En la elección parlamentaria de ese año fue electo Diputado (suplente) por el sub lema Correntada Wilsonista, hasta 2010, año en que volvió a la Junta Departamental. Regresó a la Cámara de Representantes en 2015, y desde 2020 mantiene la titularidad del cargo, siendo esta su cuarta legislatura.

−¿Cuándo supo que quería dedicarse a la medicina?
−En mi familia no hay antecedentes de médicos, pero la vocación estuvo creo que desde siempre. Siendo adolescente, me acerqué a un cirujano de San Carlos, el doctor Juan Manuel Ramos, que fue muy generoso. Cuando vio que a mí me gustaba y que tenía alguna inquietud sobre el tema, me invitó a sus policlínicas de cirugía. Seguí yendo mientras estaba en Facultad; di mi primer inyectable, hacía ese tipo de cosas que a veces la universidad no las daba; incluso me invitó a participar en un block quirúrgico. En ese sentido fui un privilegiado. Fue una carrera larga, siete años más uno de internado obligatorio, durante el que tuve que rotar por cuatro lugares: en Las Piedras estuve en el Centro Auxiliar, que no era lo mismo que es hoy; estuve en Mercedes; también en el Hospital Pereira-Rossell; y en Ginecología y Urología, del Hospital de Clínicas.

−¿Cómo apareció la política?
−Empecé desde muy joven. Mi padre estuvo toda la vida; mi abuelo fue edil en Paysandú. Venimos de una familia en la que siempre se habló de política. Mi bisabuelo peleó en la Revolución de 1897 (alzamiento contra el gobierno del presidente Juan Idiarte Borda), estuvo en la Batalla de Cerros Blancos. Lo más llamativo que recuerdo fue la época en que no se podía hablar de política durante la dictadura. En medio de todo ese silencio, íbamos con los cassettes de Wilson a un campo, y nos reuníamos con gente debajo de unos eucaliptos. Tendría entonces 12 o 13 años. Después vino toda la efervescencia de la salida democrática; el Obelisco; las elecciones internas del 82’; la vuelta de Wilson, todas esas cosas me marcaron. Ya estando en Facultad, todos los días me tomaba el ómnibus en la parada que está acá abajo (se refiere al Anexo al Palacio Legislativo), y miraba si las puertas de los costados del Palacio estaban abiertas. Eso quería decir que las barras estaban habilitadas y había sesión. Empecé a asistir a las barras, además de la militancia que hacía en Casa de los Lamas, en el Movimiento de Rocha. Un día, en el año 92’, me llama Carlos Julio Pereyra y me dice, ‘necesito un colaborador. No tengo muchos recursos como para darte, son 600 pesos’. ¡Yo hubiese ido gratis! Hubiese pagado por estar al lado de una figura de esa naturaleza. Trabajé con él 15 años, y me hizo conocer el país. Fue dos veces candidato a la presidencia y una de las campañas la hice con él: manejaba, llevaba la agenda, atendía los teléfonos, con un equipo, obviamente. Eso me terminó de marcar, y también me hizo querer la labor parlamentaria, que no es para todo el mundo. Hay gente que es mucho más ejecutiva.

−¿Siguió en paralelo con su carrera de médico?
−Hasta el día de hoy. Obviamente, hoy tengo la práctica reducida al máximo, pero trato de mantener permanentemente el vínculo. Es muy importante no depender de la política. Si te va bien, es posible destacar, hacer carrera, y vivir y mantener a tu familia de acuerdo a esa vocación. Si no te va bien, y no tienes una profesión, esto termina siendo muchas veces, un intercambio entre lo que uno piensa y lo que necesita. Por suerte, nunca tuve la necesidad de estar en un lugar o en otro, en un sector o en otro, o tomar una decisión sacando la calculadora y diciendo ‘si no hago esto o no me voy para tal lado, me desvinculo de la política’.

−¿Son compatibles ambas actividades?
−Creo que las dos tienen una función que es la solidaridad. El médico atiende, no sé, mil pacientes por año; los trata, les da medicación, intenta resolverles su problema. El político, con una ley, también lo hace. Unos son problemas de salud del paciente, los otros son problemas de salud de la sociedad. Cuando aprobamos una ley, como la que se discutió ayer, de hacer quitas a las deudas de BPS, se está fomentando el empleo. Con esto, se ataca uno de los flagelos de la sociedad, que es el desempleo. El no tener trabajo muchas veces lleva a recorrer caminos que no están buenos, y eso es una patología social. Respecto a la compatibilidad en términos de tiempo, hay que saber ordenarse. Mientras yo no estuve en la Cámara, obviamente dedicaba el 80 por ciento de mi actividad a la medicina. Hoy es al revés.

−¿Su práctica médica le aportó algún plus a su rol de legislador?
−El 90 por ciento de mi función como médico ha sido en territorio. Yo no soy médico de consultorio, sino que he estado 28 años subido arriba de una emergencia móvil. Hasta el día de hoy, me subo a Cardiomovil de Maldonado. En el Sanatorio Mautone, que es la otra mutualista en la que trabajo, estoy en medicina a domicilio, o sea, acudo a los llamados desde mi casa, con mi auto. Entonces uno llega al vecino que vive en Beverly Hills y al que vivía en el Kennedy; al argentino que viene de paseo y al veterano de San Carlos que nunca salió de la ciudad. Cuando uno va a una casa, llega el médico, pero es imposible deslindarlo de la figura pública. Eso me ha permitido ver lo bueno de la sociedad, que no es lo que muestran las redes sociales. La gente es respetuosa, nunca tuve un inconveniente ni en la política por ser médico, y mucho menos, en la medicina por ser político.

−Dada su experiencia en el manejo departamental, ¿qué le reclama a esta administración en Montevideo?
−Hay dos temas que se mezclan. Uno es netamente departamental: la basura y la recolección de residuos. Siempre se dice que uno se pone viejo cuando empieza a comparar con las cosas de antes, pero tengo muy presente mi experiencia como estudiante en Montevideo. Iba noche por medio a la Casa de los Lamas en Uruguay y Ejido, y tomaba el ómnibus en Ejido y 18 de Julio para volver a la pensión donde vivía, en Rivera a dos cuadras del zoológico; y no era lo que es hoy. A mis hijos, por ejemplo, ni se les pasa por la cabeza venir al Centro una noche a comer pizza. Como que se ha ido compartimentando la gente de Montevideo, cosa que fundamentalmente no es buena. Por otro lado, está el tema de la seguridad, que si bien no es una función netamente departamental, la Intendencia tiene mucho para hacer en esto, como la iluminación, por ejemplo. Aquella teoría que aplicó (Rudy) Giuliani, el que fue alcalde de Nueva York, dice que si dejás abandonado un auto nuevo y otro con una ventana rota, al que más se ataca y destruye es al de la ventana rota. Cuando la sociedad se acostumbra a ver que la ciudad no está bien, tiende a dejar que vaya peor. Creo que esos son los temas más grandes.

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Pablo Rivara

−¿Considera real la percepción popular que ubica a las autoridades fuera de la realidad de la gente?
−En lo personal, no lo siento, pero seguramente se deba a que aparte de la tarea política, ando recorriendo los lugares como médico. Creo sí que uno piensa que el mundo gira en torno a lo que pasa, en este caso, en el Poder Legislativo. Me pasaba lo mismo en la Junta Departamental. Tenemos debates hasta la madrugada, y al otro día nos imaginamos que las personas nos van a decir algo en la calle, pero la gente está en otra: en cuánto gana, y si llega o no a fin de mes, si le subieron el combustible, si el hijo puede estudiar, o si tiene un familiar enfermo. Sí alcanzan relevancia determinados hitos, sea de los buenos como de los malos. Por ejemplo, esto del BPS va a tener una repercusión en un montón de empresas que figuran como morosas; y como pasó también con lo de la camioneta de Orsi… No hay nadie que no lo sepa. Ahora, el resto del trabajo parlamentario pasa desapercibido. Cuando llegan las etapas electorales, todo el mundo pone su banderita. Faltando un mes, la gente se pone la camiseta, se fanatiza, y defiende a quien quiere defender. Creo que para todo eso se requieren dos cosas. Primero, la información de saber quién es quién, y estar atento. Lo segundo es la cultura cívica. Por eso la educación para mí es un tema fundamental. Cuánto más educado está el ciudadano, más armas tiene para poder decidir en un sentido o en otro. Muchas veces, los regímenes que van en contra de la democracia se sustentan en sociedades que no son culturalmente cívicas…

−¿Por casa cómo andamos?
−Estamos fallando. No quiero ponerlo como un tema puntual, pero no hay cosa peor que un político mienta. No debería hacerlo. Se supone que el político es una figura a la que se debería tomar como referente…Si a seis meses de decir: ‘no voy a subir los impuestos; repito, no voy a subir los impuestos’, en un debate presidencial por TV, tal vez el más visto en Uruguay, por ser el último antes de las elecciones; (y a poco de asumir) no solo aumentaron los impuestos, sino que se crearon cinco nuevos. Eso es un choque. Se tendría que haber advertido. Con una mínima cultura cívica, uno se da cuenta que hay magias imposibles de hacer. La cultura cívica forma parte de no dejarse embaucar.

−¿Es crédulo el ciudadano?
−No. Creo que en esta elección coincidieron varias cosas. Tuvimos un presidente que se salía de lo normal, y había dejado la vara demasiado alta; todo se comparaba con él. Frente a ese escenario, apareció un candidato de izquierda que no lo parecía. No se vestía ni hablaba ni tenía comportamientos de un candidato de izquierda, y además tenía un perfil del interior. Lo que se debía haber advertido es lo que está pasando hoy: que una cosa es la figura y otra es el gobierno; que hay un sector mayoritario que toma las decisiones, y un segundo sector que complica. En esa mezcla tenemos hoy a un presidente que creo no está dando la talla. Igualmente, creo que el uruguayo medio, culturalmente me refiero, sigue siendo una persona formada, aunque también tenemos los extremos.

−¿Qué pasa con la educación? ¿No sabemos lo que queremos?
−Creo que somos muchos los que lo sabemos, pero hay quienes impiden que esto se concrete. Estamos presos del corporativismo. La educación sin los estudiantes no existe, pero tampoco sin los docentes, y la gran traba que han tenido las transformaciones que se plantearon, fueron justamente los gremios educativos. Yo recuerdo que la reforma educativa de Germán Rama fue una guerra, y hoy, en los debates parlamentarios, los propios dirigentes de todos los partidos, lo ponen como ejemplo. Al uruguayo le cuesta mucho cambiar, pero además cuando se tienen los votos suficientes para hacer determinados cambios, hay que hacerlos. No puede ser que estemos sustituyendo la democracia por estos ámbitos. Este Parlamento es el diálogo educativo, es el diálogo social, es el diálogo de seguridad. No se puede sustituir lo que expresó la gente en las urnas; lo que votaron 2.400.000 habitantes, por lo que expresan 18 gremios, que a su vez representan al 30 por ciento, porque el 70 restante no participa. El gobierno, en ese doble juego de querer agradar y hacer lo que hay que hacer, sin atacar por otro lado a sus bases, termina dando esos espacios, donde surgen ideas como que se intervengan las AFAP o que se retroceda en la reforma educativa que se había iniciado. Eso después viene al Parlamento porque se transformó en proyecto de ley, y se termina aprobando. Entonces, lo que decidieron dos millones y medio de habitantes pasa a un segundo plano, y se termina haciendo lo que deciden 500 o 700 personas. Eso creo que es una debilidad de la democracia, o por los menos del ejercicio de la democracia que hace la izquierda, que termina sustituyendo los ámbitos democráticos legislativos, por otros más pequeños que no tienen representatividad verdadera. Eso es lo que impide que Uruguay haya recorrido esta reforma que tiene que imponerse.

−¿Cree que lo político sobre lo jurídico llegó para quedarse?
−Espero que no; es una lucha diaria que tenemos en todos los ámbitos. Muchos ciudadanos entienden que ese tipo de frases forma parte de lo cotidiano.

−Pero a la larga generan consecuencias.
−Por supuesto, y hay cosas que no les gustan. Yo creo que el presidente Mujica, con el cual tuve algún trato, fue quien más dañó ciertos estándares que tenían el uruguayo y la democracia. Cuando un presidente le dice nabo a un periodista, está dando una pésima señal de que el alumno le puede decir nabo al maestro, al papá, o al amigo. Cuando un presidente se pone la campera del ejército de otro país, es otra muy mala señal; cuando va en chancletas a una conferencia, está destrozando valores que debe representar. Con todo este debate de la camioneta, terminamos después diciendo ‘el presidente tiene que tener sus guardaespaldas, tiene que tener un vehículo acorde, un lugar acorde’. Ahora, con ese mal ejemplo de que es mejor que el presidente ande como cualquiera de nosotros, viva en su casa, se traslade en su auto, se vista como quiera, terminamos dañando la institucionalidad. Además, el Estado no ahorra con esto; Suárez y Reyes, y los vehículos de presidencia siguen estando. Cuando uno tiene que representar a un país, tiene que dejar de ser lo que es, no en lo conceptual e ideológico, pero no puede hacer ciertas cosas. Yo no me puedo tirar con luz roja nunca, pero menos siendo diputado. Tenés que ser ejemplo, porque te pusieron ahí como referente. El presidente tiene que ser el presidente, nadie lo va a cuestionar porque viaje en primera clase, pero a un diputado sí.

−Hace pocos días comentó que ‘la institucionalidad no está en riesgo, que lo que hay es un gobierno sin rumbo’, ¿cómo se debería encauzar?
−Primero, creo que la institucionalidad como tal, no está en juego. Hoy no hay amenaza para la democracia, no hay riesgo de golpe ante el Parlamento. Esto es muy evidente, porque cuando se critica a determinado gobierno, eso forma parte del derecho de la oposición a controlar. Ahora, cuando sucede lo mismo con este gobierno, enseguida saltan voces pidiendo, ‘¡cuiden la institucionalidad!’. La institucionalidad no está en juego; lo que hay es un presidente que no da pie con bola y que no tiene autoridad. Obviamente, nadie puede pretender que ‘el Orsi’ que conocemos salga a dar discursos de Harvard. Uno no puede cambiar. Tuvimos a Mujica, un presidente muy particular, con otra personalidad; y nos gustara o no; estuviera donde estuviera; era el presidente. Hoy estamos ante una figura que en un año y medio -durante la luna de miel-, en lugar de fortalecerse, se debilitó. Yo no le voy a decir al gobierno lo que tiene que hacer, soy oposición, pero creo que hay dos cosas. Primero, fortalecer la comunicación. Capaz que tiene que hablar menos, o si lo hace que sea con libreto. Segundo, los entornos. A la primera ministra que le estamos pidiendo la renuncia por estos días, es a Lustemberg; pero es muy difícil cambiar los entornos porque no es que el presidente designe a alguien en acuerdo. Es un rompecabezas en el que si sacás una ficha, se desarregla todo porque acá las designaciones no se dan únicamente por su capacidad. Son ministros porque representan al Partido Socialista, al Partido Comunista o al MPP, entonces tocar algo impacta en muchas cosas. Un presidente con todas las letras lo hace, y asume los riesgos. A nosotros nos pasó con Cabildo Abierto. Sacamos del Ministerio de Vivienda a la esposa de nuestro principal socio de la Coalición, y hasta ahora nos trae problemas, pero el presidente tiene que hacer lo que debe. No tiene que actuar en pos de su futuro electoral; ni si tiene o no compañeros. La ministra Lustemberg, en un gobierno de Lacalle Pou, no duraba ni cinco minutos. Hay una vida de por medio. Todo va hacia un lado (se refiere al caso de Ma. Soledad Barrera); la justicia determinó homicidio culposo (a la anestesista Ma. Inés Miralles, fines 2025). El presidente la destituyó, la sacó del Hospital Militar; la Comisión Honoraria, compuesta por 13 miembros, la sancionó por unanimidad, y la inhabilitó por cinco años. La ministra va en sentido contrario y le baja la pena.

−¿Cómo se explica eso?
−No tiene explicación. La llamamos a Comisión y no la tuvo. Circulan versiones, pero no puedo afirmar cosas que no sé. Ahora, cuando no tengo respuestas y no se presenta una carta de renuncia; o no se dice ‘me equivoqué, reconozco que hubo un error; los servicios jurídicos me asesoraron mal’... Tiene mil formas para salir de esto. Hablábamos recién sobre si la gente está o no en estos temas, cuando pasa una cosa de estas, el ministro es el garante de la salud pública, y en este caso, ¿da garantías o termina defendiendo a una colega? No debe haber situación más vulnerable para un ser humano que entrar desnudo a un bloque quirúrgico y entregarse a que alguien le apague la llave y la vuelva a encender. Si en ese momento uno no tiene la certeza de que además del profesional capacitado que eligió, el funcionamiento estuvo acorde, controlado, y que los medicamentos a utilizar están auditados... Si la ministra no es categórica en eso, la población lo va a sentir. Además, hubo una audiencia ante el TCA porque la médica anestesista interpuso un recurso de nulidad, y el Ministerio de Salud Pública no contestó la demanda. La ministra ocultó ese dato, porque vino al Parlamento hace dos meses, y en ese momento no informó que no habían concurrido. Ayer cuando se la presionó, lo reconoció, y dijo que estaba haciendo una investigación administrativa para comprobar qué había pasado. Toda la acción del ministerio de Lustemberg va por errores u omisiones, en contra de lo que debe ser.

(N.d.R: al cierre de esta edición, trascendió que hubo un acuerdo reparatorio extrajudicial efectuado por la madre de la fallecida Soledad Barrera con el Seguro Médico Integral (SMI) y la anestesista Miralles, acusada de mala praxis. A su vez, la falta de respuesta del MSP ante el TCA, mencionada por Casaretto, derivó en que la jueza del Juzgado de lo Contencioso Administrativo de 1er. Turno, acreditara los hechos relatados por la anestesista. El tema sigue. Casaretto señaló públicamente como probable que se anule toda la sanción a Miralles, e insistió en el pedido de renuncia a la ministra).

−¿Qué lectura le merece que las Comisiones Investigadores de la gestión de ASSE no se hayan aprobado?
−Cuando uno ve la soberbia y la firmeza con que sale el doctor Danza, únicamente se explica porque tiene una buena espalda, y esta se llama ministra Lustemberg. Yo creo que ella llegó a la cartera pensando en armar una catapulta política -que tiene derecho a hacerla-, pero no a costa de la salud de la gente. Se empezaron a ir técnicos prestigiosos; la doctora Nossar es una N°1 del Uruguay. Lustemberg pone en su directorio de ASSE a tres integrantes políticos que son del Frente Amplio, sin control de la oposición. Debe ser de las pocas veces que un ministro que conduce ASSE sea un ente independiente. ¿Qué pasó acá? Que desde la época de la pandemia, se enfocó en la gestión Cipriani. El doctor Federico Preve, que forma parte de este grupo en el que está la doctora Zaida Arteta, Gustavo Grecco, Martín Rebella, todos sindicalistas del Sindicato Médico, del cual soy afiliado desde hace más de 30 años, están hoy en el gobierno. La doctora Arteta fue la que durante la pandemia ordenó enviar a todos los afiliados aquel video –yo lo recibí–, dando instrucciones de ponerse frente a una cámara, mirar con cara seria, y decir que en el lugar donde cada uno trabajaba, el servicio estaba saturado. Eso se denunció y quedó ahí como un tema ético, pero ni siquiera fue condenado por la Comisión de Ética del Sindicado Médico. Son las pésimas señales que a uno le asustan porque empiezan a normalizarse...

−Y sientan precedente…
−Por supuesto. De ese grupo forma parte la doctora Lustemberg, y ahora el directorio de ASSE, que desde esa época se enfocó contra la administración Cipriani, y ha venido batallando y hablando sobre corrupción en tres temas: el contrato de las ambulancias de ITHG, Círculo Católico, y CASMU. Siempre dijimos que teníamos la mano levantada para votar la investigadora; nunca la propusieron. Cuando ASSE va a la Justicia y hace una denuncia penal por una auditoría, dijimos ‘vamos a darle estado parlamentario’ porque los legisladores no tenemos que resolver todo en la Justicia. Somos poderes independientes y la judicialización de la política no es buena. El 29 de abril pedimos una investigadora; cinco días después, el doctor Preve, hoy diputado, pide otra; las dos coincidían en investigar a nuestro gobierno, o sea: Cipriani. Pero la nuestra agregaba períodos para comparar lo que se denunciaba. Por ejemplo, Cipriani trabajaba en el Círculo Católico, renunció por ASSE, y un año después de retirarse de su cargo, volvió a trabajar allí, cumpliendo con lo que requiere la ley. Dicen que benefició al Círculo Católico. Para investigar eso, forzosamente había que saber qué pasó entre 2015 a 2020. El Círculo Católico era la primera mutualista contratada por ASSE, con 16 convenios. Por otro lado es muy llamativo que quien cuestiona a Cipriani, estuviera en tres mutualistas mientras era presidente de ASSE. Cuando se habla del CASMU, nosotros queríamos compararlo con este período porque es cuando se está gastando mucho más en su contratación, que lo que se hizo durante la administración Cipriani. Acaban de alquilar por 500 mil dólares con opción a compra, el edificio de Arenal Grande y Colonia, sin llamado a licitación. Después, cosas groseras: el procedimiento del doctor Briozzo, hoy subsecretario, habiendo sido destituido del Hospital Pereira Rossell por querer hacer pasar las operaciones ginecológicas de la Facultad de Medicina, que están en el Pereira, a ASSE. Si se las carga en la plataforma de la Facultad, es una operación, pero cuando se hace en la de ASSE, es una operación con una partida de dinero quirúrgica. Devolvió plata, por lo tanto reconoció el error, y fue destituido. Hoy, el gobierno lo premia siendo subsecretario del ministerio. Lo de Villar lo mismo, con la reforma del Hospital Maciel y lo de la contratación de PLEMU, que perdía todas las licitaciones, y el gobierno de izquierda lo contrata haciendo que el Estado pierda plata. Con los aceleradores lineales lo mismo, perdimos tres millones de dólares por falta de garantías. ¿Cómo no íbamos a investigar todo eso? ¿Cómo el Parlamento cerró las puertas a tal posibilidad? Ahora sí vamos a la justicia. Me parece que el Parlamento se perdió la oportunidad de cumplir con una de sus funciones, que es la de contralor.

−¿Cuáles son los principales desafíos de esta administración?
−La seguridad en primer lugar, y el trabajo en segundo; esto para un gobierno que tiene dos visiones. Uno escucha al ministro Juan Castillo queriendo gravar con el uno por ciento a los más ricos, y manejando un tipo de medidas que ahuyenta a quienes ponen la plata… Esto es muy sencillo: si alguien pone la plata, hay trabajo; si no hay quien lo haga, no lo hay; y se terminó el Estado paternalista. Pero un sector muy importante del gobierno: el Partido Comunista con la pata del PIT-CNT, no lo entiende así. El ministro Oddone tiene otra visión, aunque no deja de ser una mirada socialista, y las medidas que tomó ni bien asumió, terminaron ahuyentando a muchos inversores que hoy están en Paraguay y no acá. Un país que con Luis Lacalle Pou se había abierto, y había brindado facilidades para que la gente se radicara acá, con determinados beneficios fiscales. No importa tener un poco menos de recursos para el Estado, si tenemos a la gente trabajando. Pretender otra cosa es una mentalidad de los años 60’, que se sigue intentando imponer.

−¿Necesitamos más gestión y menos ideología?
−Se necesita más gestión, y principios. Para poner un ejemplo, el Herrerismo fue el puntal en Uruguay en contra del intervencionismo y a favor de la autodeterminación de los pueblos, y seguimos siéndolo, pero aggiornado al siglo XXI. Antes se enfrentaban Estados, ahora son países contra organizaciones supranacionales, como los narcoterroristas, que a veces manejan más armas y recursos que los propios países. También hay invasiones que no son militares, sino comerciales. Participé en distintas instancias justamente sobre amenazas de regímenes totalitarios en el hemisferio occidental, llámese Rusia, China, Irán. En un seminario donde asistieron, por ejemplo, el canciller de Lituania y el ministro de Relaciones Exteriores de Letonia, planteaban su problema frente al ciberataque que sufren por parte de Rusia; o frente a Irán que es netamente militar, y China, que puede llegar a desestabilizar a un gobierno copando la economía de ese país. Hoy lo están viviendo Panamá, Honduras, Perú, con temas de soberanía en el puerto más grande construido sobre el Océano Pacífico. Nos pasa a nosotros, que cuando nos enteramos que hay algún pesquero chino, mientras sale el barco del puerto de Montevideo y llega al límite del mar territorial, el buque se fue hace rato. En este momento hay 400 mil barcos ilegales chinos pescando en aguas jurisdiccionales de otros países. China empieza a penetrar las economías como una gota de aceite. En estos seminarios advierten que las cámaras de video-vigilancia son usadas por ciertos países para identificaciones faciales. Lo mismo con vehículos de determinada procedencia, que cuentan con tecnologías que permiten que se sepa dónde estás. De repente, países chicos como el nuestro, que somos dependientes, así como toda la vida nos apegamos al Derecho Internacional para que no nos invadieran, ahora tenemos que atender al Derecho Internacional para proteger nuestra autodeterminación, y tener mucho cuidado con nuestras industrias y producción. China está llevando a cabo un avance... Ya lo decía Julio María Sanguinetti, que se reunió con Den Xiaoping hace años: la progresión de China no es militar sino a través del comercio y la economía, para que todos dependan de ella.

−¿Cómo ve a la coalición para 2029?
−Creo que se debe coordinar más; hay un muy buen relacionamiento. Cabildo Abierto se autoexcluyó, lo cual no fue bueno, y los pasos que dio lo llevaron a tener de tres senadores a cero, y de 12 o 14 diputados a dos. Me parece que las decisiones que tomó no son para que un partido crezca… En cuanto al Partido Independiente, el Partido Colorado, y el Partido Nacional, tienen muy buen relacionamiento. El senador Bordaberry justo hablaba de ello en estas horas. Tal vez haya que repartirse los temas, y cada uno tiene que jugar su papel. Eso va a resultar en una acción más efectiva, sin entrar a hablar del tema electoral, que es algo que se tendrá que definir más adelante por los partidos, y por cómo se vaya perfilando el escenario.

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