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Desde el llano, pero activo en las redes sociales y medios de comunicación, el abogado constitucionalista, docente y político uruguayo comparte con PAULA sus impresiones sobre la escena nacional. Cabeza del Partido Constitucional Ambientalista, y pro Coalición Republicana, analiza dichos y hechos del gobierno actual, y aventura estrategias de cara a las elecciones de 2029.

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Pablo Rivara.

Entre la grabación del programa de los martes para su canal de YouTube, y las clases en la Facultad de Derecho, el doctor Eduardo Lust (Paysandú, 1959) se hace un espacio para conversar sobre temas que lo apasionan. Erudito en el discurso, salpicado de referencias literarias, históricas y de ciencia del Derecho, también comparte algunos datos personales: vivió en Paysandú hasta que vino a Montevideo a estudiar, su padre era chacrero, su madre maestra y eran cuatro hermanos. Actualmente vive en El Pinar, tiene tres hijos, y viaja a la capital prácticamente todos los días. A pesar de estar retirado de su profesión, y por el momento, alejado del Parlamento, su actividad es intensa. “Dejé de ejercer la abogacía cuando salí diputado; no tenía ningún impedimento, no es como el caso del doctor Ojeda porque yo no hago Penal, pero me pareció que no correspondía. Seguí aportando a la Caja Profesional para jubilarme, y en noviembre de 2024, cuando no salí reelecto, fui a una audiencia en Salto, pero me sentí incómodo. Durante esos cuatro años que no estuve, el Poder Judicial incorporó muchas cosas de gobierno electrónico, que está muy bien, pero vi que había cosas que ya no podía hacer. Salí de la audiencia y me dije, ‘esto no es lo mío’. No volví más a pesar de que me han llamado. Piensan, ‘Lust debe ser bueno’, pero no saben que soy bueno en una materia en la que la abogacía no se ejerce, que es el Derecho Constitucional”, aclara entre risas.

Sin embargo, su faceta de docente la mantiene. En la conversación recuerda que cuando comenzó la carrera, su primera materia fue Derecho Constitucional. “Me atrapó, y cuando me recibí, me crucé en la facultad con el doctor Aníbal Cagnoni, un gran catedrático de la época, y le consulté cómo se podía iniciar la carrera de docente. ‘¿Qué tenés que hacer ahora? Vení conmigo’ me dijo. Lo acompañé a la clase y empecé de oyente en el año 89’. Seguí y no paré, incluso siendo diputado, aunque ejercí de forma honoraria porque tampoco me parecía correcto cobrar”.

–¿Recuerda cuándo surgió su interés por la política?
–Desde niño. Mi madre era fanática de Wilson Ferreira y mi padre de (Oscar Mario) Aguerrondo, que era herrerista. Cuando venía Aguerrondo a Paysandú, mi padre me llevaba a verlo, y cuando lo hacía Wilson, iba con mi madre, entonces siempre estaba en el club Diego Lamas, el más antiguo del Uruguay. Cuando entré en la Universidad, en el 80’, me vinculé enseguida a los jóvenes blancos, a la CGU (Corriente Gremial Universitaria) y colaboré sin participación activa. Daba una mano en lo que me pedían.

–¿Cómo se produjo el salto a las elecciones de 2019?
–Yo estaba dando una charla en un evento académico, y a la salida, unas personas se presentaron y me invitaron a ser candidato a diputado por Cabildo Abierto. Fue sorpresivo, apenas faltaba un mes y medio para las elecciones. Me dijeron que su agrupación era muy modesta, habían obtenido 800 votos en las elecciones internas del partido. Hice unas consultas familiares, y cuando me reuní de nuevo con ellos puse algunas condiciones. ‘Yo aceptaría, pero tengo que advertirles algo antes. En la facultad enseñamos que la Ley de Caducidad es inconstitucional, y después de 30 años no voy a cambiar de opinión. Yo no tengo dinero para poner en política, y si llego a salir, cosa que no hay ni una posibilidad, ninguno de ustedes trabaja conmigo’. Me preguntaron por qué, y yo les dije, ‘no los conozco’. Me acuerdo que me respondieron ‘nosotros a vos tampoco’, ‘ah, pero ustedes me invitaron’ (se ríe). Respecto al dinero, me explicaron que no había problema porque la Corte Electoral paga una subvención, y lo que hicimos fue que yo lo cediera. Sacaron los cálculos, y con diez mil votos se cubrían los gastos; se necesitaban veinte mil para ser diputado. No teníamos sede, no teníamos nada. Una agrupación de Cabildo, que el escribano Domenech un poco regenteaba, nos prestó un rincón en un local de la calle 26 de Marzo. La campaña fue rara; fue gracias a los medios donde yo tenía cierta presencia por el tema de UPM. Además, la gente de los canales, a la cual le estoy muy agradecido, cuando había algún conflicto constitucional y no les interesaba llevar a un jurista que tuviera vinculación... Por ejemplo, el Frente Amplio llama al Profesor José Korseniak, que es frenteamplista; el Partido Nacional a Gonzalo Aguirre, y el Partido Colorado al doctor Max Sapolinski o a Miguel Semino. Yo era alguien que no demostraba pertenecer a ninguno y a veces, me llamaban para explicar algo: el desafuero de Sendic y cosas así. La noche de la elección me fui a dormir y a las 4:00 de la mañana me llamaron y me dijeron ‘felicitaciones diputado’; así me enteré. Fuimos la segunda lista más votada de Cabildo Abierto en Uruguay, fue increíble.

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“Hubo un operativo para un partido de fútbol, un clásico, y se produjeron errores. Le preguntaron al ministro cuáles habían sido las medidas, y el ministro lo declaró secreto por 15 años. Los sistemas ocultan cosas y eso no puede ser. Eso es para tapar errores y la Constitución no lo permite”.
Pablo Rivara.

–¿Que lo llevó a aceptar la propuesta de Cabildo?
–Cabildo fue un movimiento aluvional. No hay antecedentes de un partido que se formara en seis meses y obtuviera 250 mil votos: tres senadores y once diputados. A Guido Manini lo había conocido seis meses antes, en una reunión sobre un tema jurídico. Me pareció una opción valiosa, y además, era alguien nuevo. Nadie se conocía ahí; nos conocimos sobre la marcha pero cuando empezaron las definiciones, ya vi que yo estaba incómodo. Funcionábamos muy bien, y lo puedo decir porque iba a todas las reuniones. La interna de Cabildo era muy democrática; nos reuníamos en el Anexo del Palacio Legislativo, y ahí se resolvía, diría que por mayoría. Manini quedó en minoría varias veces e igualmente se votó lo que la mayoría resolvió. Eso habla bien de Cabildo. Luego aparecieron cosas, proyectos… Lanata, el periodista argentino, decía que si querés votar a alguien igual a vos, tenés que votar un espejo. Como eso no se puede, se vota lo más parecido, entonces, estuve de acuerdo en votar con Cabildo. Después, el partido empezó a promover proyectos que yo tenía que defender, pero no podía. Eran conceptos contrarios a lo que decía en facultad, cuestiones jurídicas que a la gente no le interesan, pero era algo personal. Por ejemplo, la Ley de Medios, con un consejo que revisara los contenidos. Al final, no se aceptó ese artículo, ni se votó. El plebiscito Por una deuda justa; yo ya no estaba en Cabildo, pero se hablaba, y para mí eso era el fin de la democracia. Algo gravísimo, como el plebiscito que promovió el PIT-CNT. La objeción era la misma, un tema jurídico: no hay plebiscitos hacia atrás, siempre son hacia el futuro, y en estos dos casos se proponían cosas con efectos hacia el pasado. Después hubo temas internos propios de la política, habituales, deslealtades, y yo estaba incómodo. Me reuní con Manini y Domenech, y les hice el planteo. Con el tiempo me di cuenta que Manini se alegró. Cuando él me preguntó las razones, le dije: ‘mire, Cabildo es usted’. La frase ya la había dicho Domenech. ‘Si usted se va, Cabildo no existe, y usted no puede tener una persona como yo, que lo cuestione. Está bien que tengamos diferencias menores, pero llegó el momento en que para proteger su proyecto, lo mejor es que yo no siga’. Domenech, me preguntó qué iba a hacer con la banca, un tema siempre importante. En la facultad enseñamos que no hay norma escrita que resuelva el tema. Cuando se le consultó a la Corte Electoral, respondió que no era competencia de ellos pronunciarse. Al final, el problema lo zanjó la doctrina, que sostiene que la banca es del legislador. La mayoría sostiene eso, y armé un grupo nuevo.

–El Partido Constitucional Ambientalista.
–Sí. Nos presentamos en las elecciones pasadas; no obtuvimos nada y nos retiramos. El partido tiene un slogan: ‘ajustar la administración a la Constitución’. Es algo medio complejo. La Constitución uruguaya es del 67’, y es muy buena. Ya son 50 años, y el tiempo ha ido leyendo algunos artículos de maneras diferentes, pero hay quienes no admiten otra lectura que la original. Nosotros no proponíamos reformar la Constitución, sino interpretarla como lo hace la Cátedra. Ese era el objetivo y teníamos soluciones puntuales. Además de ese tema, incluimos un aspecto ambiental porque entendí que eso no le importa a nadie. Nos interesa cuando tenemos la volqueta en la puerta del edificio, pero después, Casupá solo le preocupa a los de allí, lo mismo Arazatí; esa es la sensación que tengo. Entonces formamos un grupo con ese perfil, que es pro Coalición, y sumamos esas cuestiones que entendíamos que los partidos tradicionales no tratan, y sobre los que podíamos hacer un aporte. La verdad es que estoy contento porque aunque no salimos nada, obtuvimos 12 mil votos. Fue una buena experiencia.

–Volviendo a la Constitución, ¿qué vigencia tiene hoy para el legislador?
–En muchos aspectos es cada vez menor, pero hay principios que no hay que cambiar. Por ejemplo, que la presidencia no tenga competencias, es clave. Es la piedra angular del sistema. Cuando el constituyente redactó la Constitución, le dio al presidente cinco competencias absolutamente menores. Tan es así que no se lo puede controlar, y eso tiene lógica. Si alguien no puede hacer nada, ¿para qué controlarlo? El presidente puede nombrar al secretario y al prosecretario, a los ministros, que al final, los resuelven en los partidos… Entonces, ¿qué hicieron todas las presidencias? Crear secretarías. Hoy, la presidencia hace todo, hasta cobra la patente. El SUCIVE es de presidencia; Derechos Humanos para el pasado pasado; Derechos Humanos para el pasado reciente; Compras Estatales; tenía la URSEC y la URSEA; ¡Deporte! ¿Qué tiene que ver deporte con la presidencia? Hay 22 secretarías.

–Es una duplicación de la administración.
–Absolutamente. Nosotros proponíamos eliminar todas las secretarías y lo que fuera compatible con un ministerio, que pasara al ministerio. Cuando se elimina un cargo, la persona queda destituida automáticamente. Si elimino el cargo de chofer, se elimina el puesto y no hay sumario, no hay nada.

–¿Por qué no se utiliza más esa herramienta para reducir el volumen del Estado?
–Porque acomodan gente. El Estado es una agencia de colocación y es así porque lo dicen directamente. Volviendo a las competencias del presidente, en este período, durante la pasada discusión de la Ley de Presupuesto, el Partido Nacional propuso que presidencia fuera al Parlamento para poder ser interpelada. El Frente Amplio, con razón, se opuso porque es inconstitucional. Ahí sí el Frente se valió de la Constitución. Con respecto a los legisladores y la Constitución, hay temas que son discutibles, pero otros que no, y eso es de lo que el sistema se ha apartado… Por ejemplo, hay artículos que dicen que no se incorporarán en la leyes de Rendición de Cuentas, soluciones que traspasen el período de gobierno en el que se dictan. ¿Para qué? Para que el que viene después tenga libertad. Con la aparición de los contratos públicos, que se hacen por 50, 60, 70 años, dijeron: ‘los hacemos sin ponerlos en la Ley de Presupuesto, porque la ley lo prohíbe’. Eso es una solución intermedia, pero ese contrato no puede ser secreto. Hay cuestiones que sí: si se contrata con, por ejemplo, el diario EL PAÍS, el patrimonio de la empresa puede ser secreto, no le interesa a nadie. Lo que no puede ser secreto es a qué se obliga el diario EL PAÍS, y a qué no. Esto se ha desvirtuado tanto que hay una corriente constitucional que se llama la Privatización del Derecho Público, y trata sobre cómo el Derecho es llevado a esferas privadas.

–¿Son constitucionales los contratos secretos? ¿No es derecho del ciudadano saber?
–No son constitucionales, pero hay una ley que declara que los contratos pueden ser secretos, reservados o confidenciales, y dice qué circunstancia es cada uno. Cuando era diputado presenté un proyecto para derogar parte de esa ley; no toda porque hay cosas que está bien. Por ejemplo, Uruguay manda a hacer un barco de guerra; qué ametralladora va a tener y cuál es el sistema de radares, no tengo por qué saberlo. Pero hay cosas que sí. Hace un tiempo, fueron a subir al dique un barco de la Armada, se cayó, y rompió el casco. Un diputado le solicitó a la ministra de defensa el informe sobre el incidente. La ministra le respondió que era secreto porque ponía en riesgo la Defensa Nacional y cerró el expediente por 15 años. Hubo un operativo para un partido de fútbol, un clásico, y se produjeron algunos errores. Le preguntaron al ministro cuáles habían sido las medidas, y el ministro lo declaró secreto por 15 años. Los sistemas van ocultando cosas y eso no puede ser. Eso es para tapar errores y la Constitución no lo permite a texto expreso, y también de otra forma. Hay cosas que el constituyente no las puede prever, pero con mucha sabiduría incluyó en el año 42’ un artículo extraordinario que dice que todo lo que no está en la Constitución, pero que aparezca en la vida real, si tiene que ver con las bases constitucionales de una república, se considera parte de la Constitución. Por ejemplo, en 1830 se incluyó un artículo, que hoy es el 29, pero que en aquella época era otro, que dice que es absolutamente libre la expresión del pensamiento por cualquier medio que sea, quedando responsable el autor, si al hacerlo, comete un delito. En 1830 existía solo el diario, pero ese artículo sigue vigente a pesar de Instagram, WhatsApp, Facebook, porque expresamente señala ‘cualquier medio que sea’. En virtud de ese texto, que en algunos tramos es algo vago a propósito para no tener que modificarlo a cada rato, el sistema se ha apartado. Cuando se dice que algo es inconstitucional, es generalmente una opinión como de la Cátedra, que como hila fino en el tema, lo dice.

También hay posturas que admiten las dos lecturas, como el caso del doctor Ojeda. ¿Lo que hizo violó la Constitución? El Frente dice que sí, los blancos que no y los colorados con más razón. Yo pienso que no violó la Constitución y tengo mis razones. Para mí el tema está en la transparencia, que se dejó de lado. Hay que rendir cuentas, no hay que hacer cosas ocultas.

–¿La creación de un Ministerio de Justicia es inconstitucional?
–Está anunciado pero hay que ver cuál es el texto. La Suprema Corte de Justicia ya dijo que lo va a declarar inconstitucional. Claramente, tendría injerencia y violaría la separación de poderes, hasta por el nombre. Por lo que se sabe hasta ahora no tiene los votos; está en el Senado y no está en Diputados. La Corte parte de un principio, que es discutible, y que es más bien un deseo: ‘el legislador no aprueba leyes inconstitucionales’. Y en Uruguay la gente tiene algo con la Constitución. Yo no le encontré explicación aún, pero pongo estos ejemplos. En Uruguay hubo 27 plebiscitos desde 1918 en adelante. El plebiscito es la herramienta para modificar la Constitución, es decir que el uruguayo es muy modificador; puede que salga o no, pero propone. No hubo un año electoral desde 1934 sin una propuesta de reforma. Somos el único país del mundo que le dedicó las calles de un barrio a los constituyentes de 1830: Chucarro, Masini, Barreiro, Benito Blanco. El monumento más importante de Montevideo es el Obelisco, que es en homenaje a los constituyentes de 1830. El primer mundial de fútbol lo organiza Uruguay para festejar el centenario de la Constitución. En 2010, Mujica sale electo presidente y promueve una ley para anular la Ley de Caducidad mediante una reforma constitucional...

–¿El tema no había sido laudado en una consulta popular?
–Sí, pero había sido por referéndum. En 1989 se hizo una consulta al cuerpo electoral para saber si una ley que está vigente, continuaba o no. El plebiscito reforma la Constitución, no la ley, y ellos querían poner en la Constitución una disposición que anulara la ley, que también es un caso único en el mundo. Mujica gana la elección y pierde el plebiscito. Hubo gente que lo votó, pero no votó el plebiscito. Ese es el olfato uruguayo con la Constitución. Si nosotros transmitimos eso, nos tiene que ir bien. Manini con La Deuda Justa, proponía no pagar la tarjeta. Cabildo Abierto proponía una reforma constitucional en la que para pedirle la firma a la gente, le decía ‘si firmás no pagás la tarjeta’, ¡y la gente no firmó! Es increíble. El uruguayo permanentemente cita la Constitución. Tenemos que aprovechar, en el buen sentido, el amor a ese texto y empezar a ponerlo en primer lugar. Eso es lo que tiene que hacer el político. En la ciencia del Derecho Constitucional, que es pura filosofía, los constitucionalistas se preguntaban cada cuánto podía hacerse un referéndum por el mismo tema. Ellos decían que nunca iba a pasar, pero que si a alguna sociedad se le antojara preguntar de nuevo el mismo tema, había que dejar pasar una generación. ¿Qué hizo Uruguay? Planteó ese nuevo referéndum de la Ley de Caducidad en 2010, cuando habían pasado 20 años, una generación. Claro que fue de rebote, el Frente no se planteó esperar ese tiempo, y la nueva generación votó lo mismo que en 1989; que había que dejarla. Después, el Poder Legislativo con 16 senadores y 50 diputados en una mayoría automática que tenía el Frente Amplio, votó la derogación. ¿Hay algún artículo en la Constitución que diga que una ley que se sometió a referéndum no puede ser tratada por el Parlamento? No, y en eso se basó la Suprema Corte para decir que no fue inconstitucional. Pero a la Constitución hay que entenderla en el texto y en el contexto, y si la ciudadanía se pronunció en esos institutos del plebiscito y del referéndum, las competencias de los gobernantes se dejan de lado. El cuerpo electoral resolvió legislar directamente, ponerse en el lugar del legislador. Cuando eso sucede, el legislador –que está un escalón por debajo del cuerpo electoral- no puede decir lo contrario, le guste o no lo resuelto. Esa es la solución jurídica. La Corte, que yo digo que son jueces de transición porque medio que acompañan a los gobiernos de turno, dijo: ‘la Ley de Caducidad es constitucional; desde el año 1989 a 2009’. Todos los ministros que pasaron durante 20 años decían eso. Cambiaron los ministros durante mucho tiempo y con una integración distinta, manifiesta: ‘ahora decimos que es anticonstitucional’. Eso es poner lo político por encima de lo jurídico, que es la doctrina Mujica.

–Contrario al estado de derecho…
–Está mal y no es un estado de derecho. Por eso digo que Uruguay tiene un sistema paralelo a la Constitución, tiene una Constitución invisible, que es la que ellos aplican.

–¿Por qué el ciudadano lo acepta?
–El ciudadano lo desconoce, no tiene esa formación. Debería tenerla desde primero de escuela, habría que dar Derecho Constitucional y Filosofía, obviamente, adaptadas a su nivel.

–¿Cuáles entiende que son los desafíos o necesidades más preocupantes que tiene hoy el país?
–Necesidades son las de siempre. La gente necesita cosas sencillas. Nadie pide becas en la universidad de Berkeley, quieren ir a la escuela. Cuando era diputado, fui a Piedras Coloradas, un pueblo en el interior de Paysandú, y me reuní con el alcalde y la gente de la zona. En un momento de la charla le pregunto al alcalde, ‘si dependiera de mí resolver el problema de Piedras Coloradas, ¿cuál sería?’. El alcalde se quedó pensando y me dijo ‘acá no hay desocupación porque estamos rodeados de aserraderos; están los forestales, los campos, los tambos. Acá todos trabajan. Tenemos una buena escuela y para estudiantes de liceo, hay un ómnibus que todos los días los lleva y los trae a Guichón. Inseguridad no hay; Mevir hizo una cantidad de casitas nuevas. Lo que nos haría falta es una barométrica’. Hablé con el directorio de OSE, y se los conté. El presidente me comentó que había un plan de asistir con barométricas y lo resolvieron. Es un ejemplo muy rústico, pero se puede multiplicar por mil. ¿Qué quiero decir con esto? Que cuando uno ve gente que corta la ruta, que prende fuego cubiertas, está pidiendo cosas sencillas, y eso para mí, se resuelve con dinero. Acá hay dinero para mucha cosa. Como el mundo cambió en muchos aspectos, el Estado tiene que dar las herramientas para seguir adelante, que es lo que dice la Constitución en lo que se llaman sus normas programáticas. Todos los uruguayos tienen derecho a una vivienda digna. Punto y aparte. El Estado velará para crear las herramientas para que el uruguayo acceda a ella. Entonces se inventó el Banco Hipotecario y las cooperativas. En ningún lado dice que hay que darle una vivienda. La gente quiere lo básico, lo dicen las encuestas: seguridad, trabajo, salud, educación. El sistema político falla porque a la gente hay que satisfacerla en lo elemental, y el gobierno está en condiciones de hacerlo. En el resto hay que dejarla medio libre. El sistema político uruguayo está más preocupado por ganar que por resolver, y le pasa a todos los partidos.

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“Hace dos meses dije que el presidente Orsi había renunciado a la jefatura de gobierno y se dedica a ser jefe de Estado. El jefe de Estado es el presidente, viaja, corta la cinta en la escuela. El jefe de gobierno es el presidente y los ministros. ¿Cómo un presidente puede ser jefe de gobierno si no se reúne con los ministros?”.
Pablo Rivara.

–¿Cómo ve a esta administración, que ya ganó?
–Este es el gobierno de los mentirosos. Eso no lo dice solo el cartel (de las calles), lo dije yo hace meses. Con el cartel no tengo nada que ver, pero creo que a mí la gente me escucha. Hace dos meses dije que el presidente Orsi había renunciado a la jefatura de gobierno, y se dedica a ser jefe de Estado. El jefe de Estado es el presidente, viaja, corta la cinta en la escuela. El jefe de gobierno es el presidente y los ministros. ¿Cómo un presidente puede ser jefe de gobierno si no se reúne con los ministros? Yo empecé a decir en mi programa (en YouTube), que el presidente renunció a la presidencia de hecho, porque al no reunirse con los ministros, cada uno hace lo que le parece, y le avisa. ‘Mirá que me voy a quedar con la mitad del FONASA de la gente’. ‘Mirá que voy a hacer esto o lo otro’. Ahora expresó que se va a reunir con los ministros cada 15 días. Yo pensé, ‘me habrán escuchado’.

–¿En quién recaería entonces la jefatura de gobierno?
–En Pacha Sánchez, Jorge Díaz y los ministros. La prensa lo publica todo el tiempo. El presidente de la República dio su discurso el 1° de marzo, manifestando lo que iba a hacer, y el 7 de marzo, Sánchez anunció que van a hacer cosas que el presidente no sabía. Orsi dice ‘me parece bien la idea’, pero no estaba al tanto. El presidente no preside, es así. Lo que tiene de bueno es que él mismo lo dice. El otro día un periodista le preguntó ‘¿por qué ahora va a reunirse cada 15 días con los ministros?’. Contestó, ‘porque ellos me lo pidieron’. Lo leí en EL PAÍS. Un presidente no puede decir eso. El presidente Lacalle Pou, con todos los aciertos y errores, reunía al Consejo de Ministros, y cuando no lo hacía, los ministros iban a la Torre Ejecutiva. Ahora no va a nadie. Este es el gobierno de un presidente que puso José Mujica para ganarle a Carolina Cosse, y que renuncia de hecho a su función. Ahora va a pasear a Colombia, después a Japón. Él viaja y el gobierno lo hacen sus secretarios. El Ministerio de Justicia es un invento de Jorge Díaz, que quiere poner 200 abogados que militen para él. En 2029 hay elecciones. Creo que es esa la idea, y en este aspecto estamos ante la crisis institucional más grave desde el caso Marset, que provocó la renuncia de tres ministros.

–¿Ameritaba esas renuncias?
–Para mí, no. Yo era diputado en ese momento, y estaban todas las pruebas para decir que el pasaporte había sido otorgado en forma correcta. Hubo desprolijidades, también lo digo. Pero hoy el gobierno uruguayo está sufriendo la crisis institucional gravísima, en la que el presidente cedió una función que no puede ceder. A veces lo recuerda, y entonces dice, ‘yo decidí’, pero nadie le cree. Con respecto a lo que han hecho desde que asumió, han mentido. Si en el debate del balotaje, Orsi hubiera dicho: ‘voy a subir impuestos; voy a poner IRPF a las inversiones de los uruguayos en el extranjero; voy a poner impuesto a las compras en Temu; me voy a quedar con la mitad del FONASA; no tengo plan de seguridad, y no vamos a cumplir el programa de gobierno prometido; ¿salía presidente? Cuando a (Martín) Vallcorba, el padre de la bancarización obligatoria, que fue a España a estudiar cómo se quedaban con la plata de la gente, y la implantó acá con Astori, un militante desesperanzado le pregunta de buena fe, ‘¿por qué no cumplen con lo que prometieron?’, él le contestó porque es irrealizable’, ¡Vallcorba confesando que mintieron!. El comité de base más importante de la Costa de Oro es el de Shangrilá, y afuera tienen colocado un cartel que dice ‘cumplan’; lo piden ellos mismos. El año pasado, la bancada de diputados del Frente Amplio llamó a Sánchez y al ministro Oddone al Parlamento, –esto está en actas– y les intimaron a mandar proyectos porque no tenían nada que tratar. Cambian nombres de escuelas, tratan licencias, pero no trabajan en nada. Lacalle Pou, en los primeros meses de gobierno, y aún con el virus, mandó el presupuesto, mandó la LUC. Fue una patriada lo que hizo; este gobierno no ha hecho nada. La LUC es otra mentira del Frente. En la historia del Uruguay hubo solo cuatro referéndums: el último al presidente Lacalle Pou por la LUC. Yo pensé, ‘el Frente gana, y el 2 de marzo mandan un proyecto para derogarla, porque a ellos no les importa lo que haya salido en el referéndum, ya han derogado leyes. Sin embargo, no tocaron nada de la LUC. Se dieron cuenta de que el alquiler sin garantía estaba bueno; que la defensa propia del policía era conveniente; que agilizar el trámite de adopción de niños era positivo. No hubo un desalojo express y no pasó nada de lo que habían hablado en contra. Ellos gobiernan con las leyes de los partidos tradicionales.

–Pero hay revisionismo, Arazatí, Cardama…
–Cardama no es nada. No hay nada; hasta en eso mienten. El Frente no solo mintió sino que también engañó e indujo en error con el programa.

–¿El ciudadano es tan inocente?
–El frenteamplismo es una religión. Sendic le dice a los votantes de su partido, ‘ponemos una heladera y ustedes nos votan’. Es un desprecio tremendo, una ofensa gravísima hacia su electorado. Ese tipo de votante está en el entorno de los 700 mil. Ahora, hay una población flotante, que va para un lado y el otro, que le hizo ganar la elección a la Coalición y que ahora se la hizo perder. Son los votos de Cabildo: 250 mil votos que pescó de los blancos, de los colorados y del MPP. En los datos que brinda la Corte Electoral se ve que en los barrios donde votó mejor fueron los muy pobres, con gente militando entre las tropas, gente humilde y buena. Ahora, esos votos volvieron a su lugar de origen; se perdieron por los apartamentos de Irene y varias razones. Para mí, no son relevantes pero no es lo mismo que Lacalle, Ojeda o el Pacha digan ‘se acabó el recreo’, a que lo dijera el General Manini. Simbolizaba terminar con la corrupción, ir por “la recta vía”, como decía el Dante en La Divina Comedia. Esa es la razón por la que la Coalición pierde esos votos. Yo estaba seguro de que la Coalición ganaba. Esa población flotante, es la que hay que rescatar para la elección de 2029, y las condiciones están dadas para que eso suceda. Nunca en la historia del Uruguay un presidente tuvo en el primer año de gobierno un 70 por ciento de no aprobación. El 46 lo rechaza expresamente y el otro 30 ni si, ni no. Los mismos votantes frenteamplistas dicen que no están cumpliendo. El Frente se dio cuenta de eso, sobre todo Sánchez, que es el candidato para 2029, y se ‘derechizó’. Empezó a proponer leyes que ya están vigentes. Que los uruguayos sean accionistas de las empresas públicas es el artículo 285 de la LUC. Antes, todo el que robaba lo hacía porque el bisabuelo le había pegado una patada. Ya no es así, ahora es ladrón. La gente dormía en la calle porque tenía el derecho, ahora no lo tiene más. Empezaron con ese giro… ¿El votante blanco iba a dejar de votar a Valeria Ripoll, que es una comunista arrepentida, para votar a Carolina Cosse que es comunista militante? No tiene lógica; yo creo que al contrario, Valeria Ripoll fue una adquisición.

–¿Cómo encuentra la salud de la Coalición Republicana?
–Está activa; hay una coordinación del Partido Colorado, Partido Nacional y Partido Independiente. Cabildo Abierto se abrió, pero electoralmente desaparece. Creo que el error que cometió Manini Ríos fue no ser candidato a diputado. Él tendría que haber sido candidato a senador, y si no salía, candidato a diputado, entonces, en lugar de (Álvaro) Perrone, estaría él en la Cámara. Con Manini Ríos opinando en las sesiones, votando, marcando el perfil en la Cámara, era otra cosa. Bueno, pero yo estoy fuera de la política.

–Pero es muy activo en la materia desde redes sociales y medios…
–El otro día me reuní con nuestra gente y les dije, ‘el partido nuestro está como el oso, hibernando; no salimos nada, que cada uno siga adelante’. En 2028, cuando empiece la campaña, vamos a ver cómo estamos y ahí resolveremos qué hacer. Independientemente de uno, que tampoco afecta demasiado, la Coalición tiene que formarse. La prueba es la prueba; en los gobiernos departamentales donde se formó, ganó. Los blancos ganan todos los departamentos y en los que hay duda, se juntaron, como en Salto, y ganaron. Donde no lo hicieron como en Lavalleja, perdieron por 60 votos. Eso es una enseñanza. Dado el sistema electoral uruguayo, si hacés un lema que sea Coalición Republicana, y sublemas Partido Colorado, Partido Nacional, Partido Independiente, Cabildo Abierto, Partido Constitucional, todos los votos que sobran, van para lema. Nuestro sistema es así desde 1927 y no va a cambiar. El Frente, con el 44 por ciento de los votos tiene el 51 por ciento del Senado. Es ridículo, pero son las reglas de juego. El Frente es una coalición de 16 partidos, algunos grandes como el MPP y otros que no mueven la aguja. Para la Coalición Republicana hay que convencer a Pedro Bordaberry, que no lo está. Hay que hacer el partido Coalición Republicana, entonces todos los votos que sobran quedan dentro de la coalición, hay que solucionar el problema legislativo. Después, en la segunda vuelta, es distinto. Hay que trabajar bien todo esto que está haciendo mal el Frente y que los del propio partido reconocen. ¿Quién es la figura ahora? Sánchez. Ya no hay esas figuras grandes; desapareció Mujica, Astori. Los partidos en general están débiles de líderes; en el Partido Nacional, ahora es Lacalle Pou. Hay que aprovechar eso. Para mí, está ahí el secreto.

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