Carolina Sosa

La naturaleza, motor de vida

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Pablo Rivara

Uno de sus recuerdos más nítidos de la infancia es la primera vez que fue al cine. Su mamá la llevó a ver El Rey León. Carolina Sosa (34) tenía cuatro años entonces y aquella experiencia significó mucho más que ver una película. “Tengo grabado en la memoria que la vi 131 veces más. Me marcó para toda la vida. Sigue siendo una de mis favoritas”, admite. Su amor por los animales y la naturaleza viene de allí, y la pasión por el cine, la fotografía y por contar historias, también.

Dueña de un espíritu curioso, no demoró en conocer las revistas y documentales de National Geographic, y a la vez que devoraba sus contenidos, alimentaba el sueño de acercarse un día al universo que le contaban los exploradores. “Nada me hace más feliz que ver y tocar un animal. Tocaría a un cocodrilo si pudiera”, confiesa.

Las ansias por conocer el mundo crecieron junto a ella. Cuando cumplió 17 años se lo planteó abiertamente: quería ser parte de la organización que admiraba. “Vi en ellos la pasión por descubrir, dar a conocer y proteger las maravillas del mundo; y les creí. Desde entonces, todas las grandes decisiones de mi vida han sido con ese único objetivo. Después de mucho estudio y trabajo, con 32 años, finalmente logré mi sueño. Me convertí en exploradora de National Geographic al ganar el fondo Explorer Level I de National Geographic Society. Muchos años de proyección y determinación constante tuvieron fruto. Pero todo gracias a la pequeña Carolina, que cuando vio El rey león, quiso ser una leona que canta Hakuna Matata y ayuda a mantener el equilibro natural de la vida”.

Como buena exploradora, comenzó a viajar sola siendo muy joven. Estuvo un tiempo de intercambio en Argentina, vivió en México, Estados Unidos y Australia, país que recorrió durante diez meses, de punta a punta. “Fueron más de 30 mil kilómetros transitando por playas, selvas, y montañas; durmiendo en lugares recónditos, sin señal, sin lujos, sin compañía. Logré mi mayor estado de plenitud, conectada con la naturaleza, sin miedo a nada, lista para morir mordida por una serpiente o comida por un tiburón, pero feliz. En esos meses aprendí más de mí misma que en diez años. Y volví a confirmar las palabras de Gustave Nadaud que una vez vi en un aeropuerto, y me marcaron tanto como El Rey León: quedarse es existir, pero viajar es vivir”.

Hoy, está radicada en Montevideo, su ciudad natal, desde donde trabaja con ahínco para difundir Agua Invadida, su documental más reciente, relacionado con la naturaleza, los animales y su protección. “Una película tiene mucho más impacto que cualquier otro elemento artístico o informativo. Por ejemplo, yo comí carne durante veinte años. Y un día, después de ver un documental, mi cerebro hizo click y nunca más comí. Es cierto que no hubo otro documental hasta el momento, que me haya impactado tan brutalmente como ese, pero creo que un mensaje bien contado, en el momento justo, a la persona indicada, puede ser transformador. Eso es lo que busco humildemente con mi arte. Aún me falta mucho para perfeccionarlo, pero al final se trata de intentarlo”.

La idea de Agua Invadida comenzó en 2021 cuando leyó que venía NatGeo Pristine Seas por primera vez, a hacer una expedición marítima en Uruguay. Recuerda que buscó el nombre de los uruguayos que estaban detrás del proyecto, los contactó y aunque le respondieron que el equipo ya estaba armado, le abrieron la puerta a otro asunto de poca visibilidad: la pesca ilegal.

Comenzó a hacer su investigación, y entremedio le surgió un trabajo en México como productora de una serie sobre conservación de vida marina. Allí pudo comprobar la realidad del tema que tenía entre manos, y la motivó a querer ahondar con más ahínco, qué pasaba con la pesca ilegal en Uruguay.

Después de varios procesos de selección, en enero de 2024 obtuvo fondos económicos de la National Geographic Society y se convirtió en Exploradora de NatGeo. El documental Agua Invadida se estrenó en mayo pasado, en el Festival de cine Santiago Wild –el más importante del continente– en la categoría Nuevas Voces de Latinoamérica. De allí pasó a salas de cine en Montevideo, está recorriendo el interior del país y el pasado mes de noviembre se exhibió en el Palacio Legislativo ante representantes de las Comisiones de Frente Marítimo, Medio Ambiente, Ganadería, Agricultura y Pesca y de la Armada Nacional. El equipo de la organización Mar Azul Uruguayo acompañó a Carolina en la ocasión.

“La película siempre estuvo pensada desde el activismo, la búsqueda de modificar una ley, y por supuesto, concientizar al público. Nuestra misión es lograr que los uruguayos conozcan y valoren nuestro mar, que la pesca ilegal se vuelva un delito. Invito a informarse en www.aguainvadida.com Comenten y compartan @aguainvadida”.
Más en www.carolinasosa.net

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