Es paisajista y docente, natural de Rivera y residente en Laguna del Sauce, Maldonado. Con su estudio de diseño basado en Uruguay y el sur de Francia, Alejandro O'Neill suma más de quince años de trayectoria internacional. Trabajó en Europa en varios equipos, entre otros, en Scape Design junto a James Basson, especializado en jardines naturalistas mediterráneos. También participó en eventos en Japón, Rusia, Italia, Inglaterra y China, obteniendo medallas de oro en competiciones internacionales. La más reciente, en 2024, durante el International Landscape Festival de Shenzhen, en China.
En el presente desarrolla su trabajo entre Uruguay, Italia, Francia e Islas Baleares. Su método combina biodiversidad, restauración ecológica y diseño artístico. "En el arte, con la obra de Campo Sucio, estoy por empezar una serie de residencias artísticas, además de colaboraciones con otros artistas. En lo ecológico, me encuentro en vías de armar una reserva en un paraíso de montes serranos, montes de quebrada, y a su vez, también estoy avanzando con un proyecto de restauración de vegetación costera en José Ignacio. En lo residencial, tengo varios proyectos, desde edificios de autor, jardines costeros, estancias y chacras, hasta algunos proyectos en el Mediterráneo. En todo busco asegurar que la naturaleza sea protagonista y resaltar la importancia del carácter del paisaje local y de la ecología”, resume.
Heredero de una tradición familiar ligada al viverismo, la agricultura y el arte, O’Neill encontró en esta profesión un terreno fértil en el que creció su vocación. Según él mismo cuenta en su currículum, inició su camino montando un invernáculo en la azotea de su casa mientras estudiaba horticultura. Se formó en el Jardín Botánico de Montevideo, en la Escuela Municipal de Jardinería, hizo la Tecnicatura de Paisajismo y realizó sucesivas capacitaciones en Europa, donde vivió y trabajó durante una década. "Mi contacto con la naturaleza viene desde la infancia. De chico pasé mucho tiempo en los montes, en un campo de la zona de Minas de Corrales, donde transcurrieron mis primeros años. Era un lugar que daba al cerro Miriñaque y al arroyo Cuñapirú, rodeado de montes de quebrada y de ribera. Otra parte de mi infancia la viví en la Laguna del Sauce y, finalmente, durante mi adolescencia en Montevideo, tuve el privilegio de vivir en una casa-patio en Cordón, con un fondo enorme, donde comencé a reproducir plantas”.
El diseño de paisajes lo mantiene en contacto con sus raíces: un padre agrícola-ganadero y una madre artista. Así es como el paisajismo es para Alejandro la síntesis de su pasión por la naturaleza y el arte. También la mejor definición de la felicidad. “Es todo lo que está bien. Veo a la naturaleza como la fuente de inspiración más admirable, el diseño es clave en mi cotidiano y creo que es algo intrínseco en la vida. Me fascinan las formas y colores que veo día a día en donde vivo, y cuando voy a lugares silvestres. En todos lados hay belleza, en las plantas, las aves, los musgos, los líquenes, los hongos, en el agua, las piedras, las estrellas, no sé, todo me parece fascinante”.
En el presente, el uruguayo combina su quehacer con la docencia en la Cátedra de Paisajismo de Universidad ORT. A sus 39 años mira hacia atrás y siente alegría por lo que cosecha. “Tengo el privilegio de amar mi profesión. El término japonés Ikigai lo explica bien. Encontré la intersección entre lo que amo, lo que se me da bien, lo que el mundo necesita y por lo que me pueden remunerar. Esto no se me dio con facilidad. Tuve que atravesar el desierto en tiempos en que en Uruguay ni siquiera se sabía lo que era el paisajismo, y sacrificar mucho para irme a hacer carrera a Europa. Fue durísimo, pero gracias a la vida, que fue muy generosa conmigo, supe aprovecharlo. Hoy cosecho los frutos de mi esfuerzo. Me enorgullece todo esto y también haber sido fiel a mi filosofía y a mis principios como diseñador, manteniendo el respeto y la conexión con la naturaleza como eje de todo. Siento que al poder unir propósito y pasión me ayuda a ver la vida como una obra en sí misma, y homenajear a la naturaleza todos los días me parece tan digno como esencial”. Instagram/@aleoneillstudio