La del sábado en el Clásico General Viamonte (G3) no era una carrera más para Labrado. Ese velocista diferente, único, que a fuerza de velocidad se ganó merecidamente los corazones de la afición. Esta nueva batalla del zaino, esta nueva carrera contra el viento, fue seguida especialmente por todo su entorno, ese que vive el día a día en Venado Tuerto con el excepcional hijo de Le Blues que ya, y mucho antes de su retiro, ocupa un lugar especial en el olimpo de los sangre de pura de carrera.
Allí en el Hipódromo de San Isidro y también a la distancia, siguiendo las alternativas del primero de los tres cotejos jerárquicos que le ofreció al público el escenario norteño, estuvieron los Bonetto (Don Luis, el propio Ángel y Martín), el veterinario Blas Basquetto, Lucas Pane (herrador y tusador), Cristian ‘Mosquito’ Vera, el fan Nº 1 Micky Olmos, Rubén ‘Poca’ Lamas (transportista), Nico Suñeto y por supuesto sus propietarios Fredy Vittorelli, y Ariel y Cristian Paniccelli. Todos con el corazón en la boca y a la espera de lo que le había pasado al Campeón Velocista en el Gran Premio Félix de Álzaga Unzué (G1) -cruzó 17º entre 24 a sólo 7 ½ cuerpos- fuera sólo una anécdota.
Y lo que le ocurrió aquella tarde al criado por El Paraíso en la gran final entre los sprinters, y no muchos lo saben, es que en los preparativos de la largada, el ejemplar encaró las puertas de las gateras al escuchar un ruido y dio de lleno su cabeza contra las rejas. Así y todo, atontado por semejante golpe y con un corte en el labio, se las arregló para llegar donde llegó. Para muchos un fracaso. Por lo sucedido, una hazaña.
Pero así son de lindas y apasionantes las carreras de caballos. Y así de nobles los equinos. De ahí que, en un trámite normal, Labrado volvió a ser el de sus mejores tardes el sábado en el que desafió al viento y volvió a ganarle. Con un Wilson Moreyra -también él estaba a la espera de esta revancha- que hasta le ahorró esfuerzos sobre el final. Y para que los corazones de su gente y de quienes lo quieren como si fuera suyo, volvieran a sus lugares. Ganó Labrado: ¡Volvió el rey, viva el rey!
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“Estamos muy contentos porque luego de lo del Unzué (G1) Labrado volvió a ser el mismo y lo vimos brillar. De ahora en más iremos evaluando con los propietarios los pasos a seguir. Pero está hecho un potrillo y por ahora la idea es que siga corriendo”, anticipó el entrenador Ángel Bonetto. Mientras que su jockey, Wilson Moreyra, agregó: “Por suerte esta vez no tuvimos inconvenientes. Estaba muy lindo y manso. Yo viajé para darle corrida y había andado espectacular. Corrió derecho y terminó ganando muy fácil”.
Agradecimiento a:
Por Héctor Raúl Torres - Revista Palermo para Ovación
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